DON BOSCO

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"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"

La triple frontera de la droga



Miguel Durán

La camioneta se desplaza en la inmensidad del desierto blanco. El motor del vehículo ahuyenta a cientos de flamencos rosados que buscan la orilla opuesta de la laguna, sin límites visibles. El resplandor del sol en el piso de cristal, por momentos, enceguece a los periodistas. Desde hace tres horas, no se advierte movimiento alguno. Éste es el panorama en horas de la siesta. Al atardecer, y cuando aparece la luna, el inhóspito mundo de sal cobra vida. Los testigos dicen que aparecen las 4x4 con hombres armados y aterrizan avionetas que dejan cocaína al por mayor.

Por esta época, las Salinas son el lugar elegido por los narcotraficantes, porque el terreno es muy firme. Cuando llega la época de lluvias, la cocaína se descarga en campos enormes, muchos de ellos sin explotación alguna, ubicados en lo que podría denominarse el “triángulo de las Bermudas” de la droga, conformado por poblaciones del norte de Córdoba, limítrofes con localidades de Catamarca y Santiago del Estero.

Periodistas de este diario recorrieron la región y ratificaron la existencia de narcoaviones a través de testimonios de lugareños embargados por el temor a las represalias de gente vinculada al tráfico de estupefacientes.

Por aquel dicho popular de que “el miedo no es zonzo”, nadie olvida en la zona de Recreo (Catamarca), Lucio V. Mansilla y Pozo Nuevo (Córdoba) la misteriosa muerte de una mujer y dos de sus hijos. Sus cadáveres fueron encontrados el domingo 8 de agosto de 2004 por Ramón Herrera y su sobrino Eduardo López, en medio de las Salinas, a un kilómetro del cruce de las rutas 157 (que viene de Córdoba) y 60 (que lleva a Catamarca).

Las víctimas y una criatura de 4 ó 5 años que nunca apareció habían sido vistos por última vez varias semanas antes, cuando pidieron permiso para ingresar al baño en “el rancho del Gordo José”, ubicado sobre la ruta 60, en Quilino. Entre los restos, se encontraron cuadernos y comprobantes de documentos de identidad con identidades falsas.

Desde entonces y hasta hoy, eso fue todo, salvo lo que en su momento investigó el comisario José Adrián Lajmadi, de Recreo. Cuando trasladaron a ese oficial, la causa no se movió más. Hasta la fecha no se conoce una sola medida que haya adoptado la Justicia para identificar a los muertos o a sus asesinos. El estremecedor caso cobró actualidad a partir de testimonios de baqueanos que vieron aterrizar avionetas para descargar droga que era transbordada a camionetas custodiadas por hombres armados.

Narcos mejicanos. La impunidad con que se mueven los narcotraficantes, a pesar del operativo Escudo Norte, que incluye un radar nuevo instalado en el aeropuerto de Santiago del Estero y dos aviones Pucará para interceptar a los contrabandistas aéreos, ha despertado el interés de los carteles mejicanos, que intentan adquirir grandes latifundios en nuestro país.

En mayo último, un diario de México denunció que el cartel de Sinaloa, que lidera Joaquín “el Chapo” Guzmán, amplió su campo de operaciones hacia las provincias más pobres del norte de la Argentina, donde estableció centros de producción, acopio y distribución de drogas.

Según la publicación, Guzmán estuvo en nuestro país escudado por dos o tres cultos religiosos. Eduardo Buscaglia, especialista e investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México, recorrió las provincias de Misiones, Formosa y Chaco siguiendo su rastro.

La información jamás fue negada por ningún funcionario del Gobierno nacional. Dos meses después, el intendente de Recreo, Daniel Polti, denunció la actividad de narcoaviones en las Salinas y de testaferros uruguayos que tenían interés en adquirir 30 mil hectáreas por encargo de ciudadanos mejicanos.

Santos Reynoso, fiscal federal de Catamarca, tomó cartas en el asunto y admitió que había “muchos indicios de que verdaderamente se trabajó con aterrizajes de avionetas en esa zona”. Mientras continúa la investigación, este diario entrevistó al intendente Polti, quien dijo que, gracias a su denuncia, los presuntos narcos mejicanos no pudieron adquirir los campos, porque la Provincia sacó una ley que prohíbe la venta de tierras a extranjeros.

El corpulento intendente de Recreo (mide 1,80 metro y pesa 130 kilos) es médico y no tiene pelos en la lengua. “Sabemos que acá y en Santiago bajan mucha droga, pero ustedes en Córdoba hablan de nosotros y, mientras tanto, reciben mucha más droga”, dice.

El hombre conoce a la perfección el norte de Córdoba porque fue director del hospital de Lucio V. Mansilla y no descarta que en algún momento la mafia, que compra voluntades de policías y funcionarios, le pase factura. “Son tan pesados que manejan ciertas cuestiones; saben cuánto cobra un comisario y la voluntad se tuerce con un ‘toco’ de plata”.

Polti está contento porque su “movida” repercutió profundamente en la Justicia federal y el Gobierno de Catamarca, y en breve, Recreo tendrá una Oficina Antidrogas con policías de la provincia y federales. Por estas horas, lo que más le preocupa es el alarmante crecimiento de drogadictos en su ciudad.

“Los chicos nuestros se contaminan por la proximidad con Frías (localidad de Santiago del Estero que también limita con Córdoba), donde es impresionante la cantidad de jóvenes con el vicio. El fenómeno profundiza la inseguridad, porque los adictos salen a robar para comprar droga. A mí, este año me asaltaron dos veces”.

–Hemos recorrido varios pueblos del norte de Córdoba y Recreo. Todos saben y cuentan, pero nadie quiere aparecer, por temor a terminar en una zanja. ¿Usted no tiene miedo, por esta cruzada que lleva adelante?

–No tengo miedo, pero sí precaución. O estoy muy loco o tengo mucho huevo.

–¿Qué propondría para atacar el flagelo?

–Hace falta una buena ley en el Congreso. Habría que despenalizar todo y se termina el negocio. Si el adicto quiere plantar en su casa, que lo haga. Así se acabarán los traficantes; ya no tendrán razón de ser y se reducirá la cantidad de viciosos.

En Córdoba. La recorrida de los periodistas demandó varios días. Uno de los lugares apuntados como “paraíso” de los narcos por la escasez de pobladores y de controles es Pozo Nuevo, comuna de 270 habitantes situada a 235 kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba, en el departamento Sobremonte. Para acceder, es necesario recorrer unos 35 kilómetros de un camino de tierra, con tramos intransitables, que nace al norte de San Francisco del Chañar.

Hay campos que abarcan importantes superficies de las Salinas y que ingresan en territorio santiagueño. “Los muchachos están acostumbrados a escuchar los aviones por las noches; eso es muy común acá, pero nadie quiere hablar ni dar la cara. Te puede pasar cualquier cosa, que nadie se va a enterar”, nos dice un empleado de la comuna que hizo las veces de guía.

“Acá no se olvidan de lo que le ocurrió a esa pobre gente cerca de Recreo, ni de lo que le pasó a ese muchacho (Nelson) Díaz, de Villa María de Río Seco”.

En la madrugada del 8 de junio de 2009, el cuerpo mutilado de Alexis Nelson Díaz (19) apareció tendido sobre la ruta 9, en plena salina santiagueña. El cuerpo fue embestido por un colectivo, pero a un kilómetro y medio antes del lugar del accidente apareció una de las piernas del joven. Todos piensan que el muchacho fue asesinado por algo que vio en relación con el tráfico de drogas. El juez santiagueño Abelardo Basbús, a cargo de la investigación, dijo a los familiares del joven que era “un caso raro” y estaba convencido de que Nelson había estado “en el momento y lugar equivocados”.

Pablo Duarte, el periodista dueño de FM Líder 102.1, de Villa de María, sigue el caso desde el primer momento, lo que le ha costado varias amenazas. “Si seguís hablando de estos temas, el que va a tener miedo sos vos”, fue el último apriete que recibió, a través de un mensaje de texto.

“El pibe trabajaba como disc jockey en el boliche Carter Disco, que es de un legislador provincial. En esa oportunidad, fueron tres muchachos a buscarlo al trabajo para ir a Santiago del Estero a comer un asado. Al otro día volvieron los amigos, pero el chico no. Lo extraño es que no le avisaron a la familia. Dijeron que no se quería venir, que estaba borracho. Al día siguiente encontraron el cadáver en el paraje San Gregorio, justo la zona donde hace poco unos cazadores que se perdieron en las Salinas vieron dos camionetas y un grupo de hombres, y se acercaron para que los guiaran. Al aproximarse, advirtieron que eran narcotraficantes que cargaban cocaína; se salvaron de milagro pero salieron despavoridos”, precisa el periodista, que supo ser cantante del grupo Los Galos.

Duarte fue el único que logró entrevistar al médico Eladio Tapia, quien practicó la autopsia del cadáver de Díaz. En el reportaje, el perito confesó que en sus años de forense “jamás vio un caso como ése” y se mostró “desconcertado, porque parecía que a la pierna se la habían cortado con una cuchilla”.

“Verlo cómo estaba golpeado fue impresionante. Si lo querían matar por bronca, le hubieran pegado un tiro, pero no hacerlo sufrir así. Lamentablemente, él se llevó el secreto a la tumba”, se lamenta Duarte, quien apuntó otro dato significativo: “También es extraño que los documentos y papeles del chico aparecieron bien acomodaditos al lado del cadáver”.

Silvina, hermana del joven, que vive en Alta Gracia, sostiene que a Nelson “lo mataron porque debe haber visto algo raro en el boliche de su patrón, o una gran cantidad de dinero o droga”.

En la causa judicial, están imputados los tres “amigos” de la víctima, por abandono de persona, y un colectivero de la empresa Plus Ultra, por homicidio culposo.

¿Lo mataron o murió embestido? Nadie se inclina por la segunda hipótesis.

El miedo en Villa de María se huele, se percibe a cada paso. Y no es para menos. Un comerciante que tiene a su hijo en rehabilitación por consumo de drogas y ruega no publicar su nombre revela que hay complicidad policial con el narcotráfico. “Un policía amigo –nos reservamos su identidad– estuvo investigando un campo ubicado en Santiago, cerca del río Dulce. Comprobó que bajaban aviones y cuando le pasó la novedad a su jefe, se acabó la investigación. El dueño del campo es de acá y hay otro en el pueblo; ambos se enriquecieron con la droga. Mientras ellos hacen fortunas y se rascan, yo trabajo todo el día, y estoy fundido, para pagar el tratamiento de mi chico”, dice el hombre de negocios.

En la inmensidad del desierto blanco pasa de todo, pero el silencio es salud. Encima, los testigos permanentes, que son los flamencos rosados, tampoco pueden hablar.

La Voz del Interior, 11-9-11