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"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"
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PRESENTACIÓN DEL LIBRO "RAÍCES DE LA ECONOMÍA DE MERCADO EN LA ESCOLÁSTICA CATÓLICA"


Aica,  1 Ago 2017

Mañana, miércoles 2 de agosto, en el Auditorio de la Universidad Austral (Cerrito 1250, de barrio porteño de Recoleta) se presentará el libro “Raíces de la Economía de Mercado en la Escolástica Católica”, con reflexiones de la Escolástica Tomista tardía sobre Economía y Ética.

La obra de Alejandro Antonio Chafuen fue publicada por la Biblioteca del Instituto Acton, para el estudio de la religión, la libertad y la economía.


La presentación estará a cargo del profesor Gabriel Zanotti, director académico del Instituto Acton. 

FUTURO IMPERFECTO


Red Patriótica Argentina, 27 Mar 2017

RENTA BÁSICA

Hace no demasiado tiempo, diversos líderes de formaciones políticas ‘alternativas’ empezaron a engatusar a sus votantes con la promesa de una ‘renta básica universal’ de la que podría disfrutar toda persona carente de ingresos, por mero derecho de ‘ciudadanía’ (y ya se sabe que, cuando alguien invoca esta palabra, hay que echarse a temblar). De inmediato, desde los partidos hegemónicos se calificó a estos líderes alternativos de demagogos y populistas.

Han pasado desde entonces muy pocos años; y cada vez son más los líderes políticos hegemónicos que, misteriosamente, han hecho suya sin rebozo esta promesa. ¿Hemos de pensar que se han sumado a la misma estrategia demagógica? A simple vista así lo parece; pero se trata de una vista, en efecto, simplicísima. Unos y otros comparten, en efecto, estrategias; o, mejor dicho, unos y otros son serviles lacayos de la misma estrategia, diseñada por el Dinero, que ha tomado la irrevocable decisión de destruir, en los próximos quince o veinte años, decenas de millones de puestos de trabajo.

La renta básica no es, como algunos ingenuos piensan, una medida concebida por comprometidos benefactores de la Humanidad. Por el contrario, se trata de una ‘falsa bandera’ que tiene a su servicio a politiquillos de diversa adscripción ideológica, encargados de presentar este nuevo desmán como una ilusionante ‘conquista social’. Como a nadie se le escapa, la automatización favorecida por el desarrollo de la inteligencia artificial y los avances de la robótica han hecho superfluos muchos puestos de trabajo. Y en las próximas décadas este fenómeno alcanzará una magnitud pavorosa que ahora no podemos ni siquiera imaginar. Se calcula (según las previsiones más optimistas) que un cincuenta por ciento de los puestos de trabajo hoy existentes serán desempeñados por máquinas. Emergerá entonces un ejército de desempleados que rebasará las capacidades de control de los Estados; un ejército capaz de desencadenar revoluciones y disturbios… salvo que sea amansado.

Para lograrlo, ya no bastará -como basta hoy- con formatear los cerebros en la aceptación pasiva de los paradigmas culturales triunfantes, mediante la manipulación educativa y la ‘formación’ de la opinión pública. Ya no bastará con suministrar a las masas un flujo incesante de entretenimientos baratos y embrutecedores que anestesien sus anhelos espirituales. Ya no bastará con dividirlos y engolosinarlos con picazones de entrepierna de género difuso y cambiante. Habrá que garantizarles unos ingresos mínimos, mantenerlos en un estado de ‘pobreza sostenible’ que les permita sobrellevar una vida sin horizonte laboral, a la vez que disfrutar de algún caprichito modesto y prêt-à-porter (tanto más accesible cuanto menos procreen). El Dinero ya ha hecho sus cálculos: sabe cuántos trabajadores y consumidores necesita y cuántos le sobran; y sabe, sobre todo, cómo convencernos de los efectos benéficos de la robotización del trabajo, presentándonos un futuro halagüeño de vagancia y ociosidad, mientras las máquinas nos hacen el ‘trabajo duro’, de cuyos frutos nos podremos beneficiar opíparamente.

Naturalmente, se trata de un grosero embeleco. La robotización generará, en efecto, ingentes beneficios económicos, que sólo en una ínfima porción -a modo de filantrópica limosna- se destinarán a cubrir las ‘rentas básicas’ de una ingente población desempleada. El resto se sufragará ordeñando todavía más a la menguante población activa. Y esta robotización que dejará a millones sin trabajo no afectará solamente, como propone cierto engreimiento clasista, a los ‘oficios manuales’. Vertiginosas bases con billones de datos ya están generando recursos de inteligencia artificial que pronto harán obsoletas multitud de ‘profesiones liberales’, convirtiendo a ingenieros, programadores, periodistas o traductores en antiguallas de otra época.

Muchos verán, llegado el día, esta ‘renta básica’ como un mal menor; y hasta habrá ilusos que la consideren una gozosa liberación de la condena bíblica. Pero será una limosna indigna, no tanto en su cuantía (la indispensable para garantizar una ‘pobreza sostenible’) como en su concepto. pues el hombre necesita amar y sentirse vinculado a lo que hace; necesita comprometerse con el producto de su esfuerzo y crear tejidos asociativos a través del trabajo. Y, suprimido ese vínculo, sólo nos restará una vida de ociosas alimañas. Que es, a la postre, lo que postulan los defensores de la ‘renta básica’. No son demagogos ni populistas, sino serviles lacayos del Dinero.

Juan Manuel De Prada



LA CRISIS Y LO SAGRADO

                   
Lo que está en cuestión, no es el capitalismo financiero; ni siquiera es el capitalismo sin más, y tampoco es el mercado, regulado o no, especulativo al alza o a la baja. Lo que en este momento está en cuestión es algo mucho más fundamental: es el lugar de la economía tanto en nuestras vidas individuales como en el funcionamiento de nuestras sociedades.            
           
Jean-Pierre Dupuy
El Manifiesto, 6 de octubre de 2016
     
Cómo muchos, encuentro la arrogancia de los economistas insoportable. (…) Actúan y hablan como si ellos tuvieran el monopolio sobre lo que se ha llegado a llamar “la crisis”. Todo pasa como si ellos solos- apoyados por “políticos” que no son más que especies de economistas aplicados – tuvieran el derecho de formular prescripciones sobre la supuesta manera de “salir de la crisis”. No quieren darse cuenta de que su miopía constitutiva sobre los asuntos humanos es un factor causal del desorden del mundo.

Lo que está en cuestión, no es el capitalismo financiero; ni siquiera es el capitalismo  sin más, y tampoco es el mercado, regulado o no, especulativo al alza o a la baja. Lo que en este momento está en cuestión es algo mucho más fundamental: es el lugar de la economía tanto en nuestras vidas individuales como en el funcionamiento de nuestras sociedades. Este lugar es inmenso, totalmente desproporcionado y parte del problema es que lo encontramos normal. 

La economía tiende a invadir el mundo y a ocupar todos nuestros pensamientos. Por supuesto, ella es perfectamente incapaz de desvelar el sentido de este fenómeno masivo y extraordinario: no se puede ser juez y partido. Sólo una mirada alejada, que hubiera logrado desprenderse de la economía, pudiera asombrarse de lo que parece evidente y banal al ciudadano moderno, metamorfoseado integralmente -aunque sea a sus espaldas– en homo oeconomicus.
Mis investigaciones en filosofía de la economía durante los treinta últimos años están guiadas por mi convicción de que, si uno quiere entender la economía, la tiene que analizar con las categorías de lo religioso. Más precisamente, la economía ocupa el lugar dejado vacío por el proceso de desacralización del mundo que caracteriza la modernidad. Es en ésta perspectiva larga que hay que inscribir el momento actual.

Violencia y economía

La crisis actual hizo añico uno de los pilares de la teoría económica: el concepto de incitación.
Explicación:
I. Justificación del concepto de incitación por los economistas
 Muy pocos teóricos liberales creen en la justicia de las sanciones del mercado. La mayoría de ellos, empezando por John Rawls, el autor de la Teoría de la justicia[1], afirman que no son ni justas ni injustas, calificativos que, según ellos, carecen de sentido aquí. Insisten en que las valorizaciones efectuadas por el mercado están indiferentes al mérito, al valor moral o a las necesidades de los agentes. Nos invitan, por ejemplo, a imaginar un médico “merecedor”  que se mata trabajando, pero que no prospera porqué es  incompetente en algo – quizás en contabilidad. Acaba siendo barrido por la competencia. ¿Es injusto? La justicia no tiene nada que ver aquí, nos siguen explicando. Las reglas son las mismas para todos, el proceso es anónimo, sin intención, sin sujeto. La sanción del mercado, según los economistas, incita a los agentes sin éxito a cambiar de actividades.

II. La crisis revela la disyuntiva entre las acciones de los agentes económicos y las supuestas “sanciones del mercado”
Los mismos teóricos pretenden que, entre las acciones de los agentes económicos y las sanciones del mercado, existe una liga lógica. Es precisamente la incitación, es decir la relación entre agentes económicas y sanciones del mercado que supuestamente incita a aquellos a hacer opciones razonables. Entretejidas con las opciones de los otros, contribuirían al bien común. Volviendo a la fábula del médico incompetente, argumentan que su fracaso lo incitará a cambiar de profesión y, descubriendo sus verdaderos talentos, los pondrá al servicio de sus intereses propios y, con ello, al servicio de los demás. Es precisamente esa liga inteligible entre lo que uno hace y la respuesta del mercado que la crisis ha destruido. Más que eso: ha demostrado su carácter ilusorio. Todo ocurre ahora como si los agentes económicos fueran títeres sometidos a los caprichos de divinidades escondidas. Ésta crisis es una crisis de pérdida de sentido. El desamparo que provoca es total.

La violencia inherente de la economía no es un descubrimiento reciente. En tanto a su variante capitalista, la demostración de Marx, con sus análisis de la alienación y de la explotación, es más válida que nunca. En lo que se refiere a la variante soviética de la violencia económica, la historia del siglo XX ilustra su horror.
Los mayores economistas liberales ya habían reconocido, a su manera, que la economía es nefasta, tóxica y brutal. Adán Smith, por ejemplo, decía que es la fuente de la “corrupción de los sentimientos morales”. Por su parte, John Maynard Keynes analizó los mecanismos que pueden llevar la economía a congelarse en estados nocivos para todos los actores, como cuando el desempleo y la ausencia de oportunidades se refuerzan mutuamente en vez de favorecer  un retorno al equilibrio de pleno empleo.
Las críticas más recientes a la economía no tienen menos vigor y pertinencia. La escuela de Fráncfort, la crítica de Illich, la ecología política, la de los “hijos de Heidegger” (Hannah Arendt, Günther Anders, Hans Jonas), elucidaron distintos aspectos de la violencia de la economía. Todo eso ha sido bien documentado y debatido.
Abordaré ahora un tema que ha permanecido en la sombra de esas críticas.

La economía nos protege de nuestra propia violencia
Algunos pensadores argumentaron que la economía es el único medio que queda a las sociedades en vía de desacralización para contener la violencia de los hombres. Lo extraordinario es que los argumentos que aducen para justificar esta tesis son los mismos que los críticos de la economía invocan para condenarla. El historiador de la economía Albert Hirschman tiene el gran mérito de haberlo mostrado en su libro The Passions and the Interests. Political Arguments for Capitalism before its Triumph [2]. Lo que expone en este libro, es el destino, el auge y el declive de la idea siguiente:

El comportamiento económico, entendido como la persecución privada de la mayor ganancia material, es un remedio a las pasiones que empujan a los hombres a la desmedida, a la discordia y a la destrucción mutua.
En una sociedad en crisis, desgarrada por las guerras y la guerra civil, desprovista de la instancia reguladora que era la religión, la idea que la economía pudiera contener  las pasiones hubiera nacido, según Hirschman, de la búsqueda de un sustituto a lo sagrado, capaz, como él, de disciplinar los comportamientos individuales y de evitar la descomposición colectiva. Ironía de la historia: como lo escribe Hirschman, “el capitalismo ha sido alabado por cumplir aquello mismo que le será reprochado como su peor característica” [3]. 

Se trata de la “unidimensionalización” de los seres, reducidos a su capacidad  de cálculo económico, a su aislamiento, al empobrecimiento de sus relaciones, a la previsibilidad de sus comportamientos, en breve a todo lo que hoy se describe como la alienación de las personas en la sociedad capitalista. Hubo una época en la que lo que hoy calificamos de alienación se concebía positivamente, como lo único que podía poner fin a la lucha sangrienta e irrisoria de los hombres por la grandeza, el poder y el reconocimiento. La indiferencia recíproca y el confinamiento egoísta al dominio privado eran los remedios imaginados contra el contagio de las pasiones violentas. Los autores que Hirschman moviliza en apoyo a su tesis son Montesquieu y ciertos miembros de la Ilustración escocesa, como James Steuart y David Hume.

Llegados a este punto del análisis –y suponiendo que no tengamos nuestra propias convicciones-, no sabemos a cuál de esas dos tesis opuestas dar fe. ¿Es la economía la violencia, como lo afirma una tradición que va de Marx a la crítica contemporánea del capitalismo? O, ¿es la economía un remedio contra la violencia, como lo piensan los miembros de la tradición liberal? ¿Es el remedio, o es el veneno?

La economía y lo sagrado
Hace treinta años, mis reflexiones no lograban rebasar ésta contradicción, hasta que vislumbré una manera de rebasarla en la antropología de la violencia y de lo sagrado de René Girard[4]. Lo que identifiqué en ella era la misma estructura, pero en forma de paradoja: la violencia se pone a distancia de si misma mediante lo sagrado, para auto-asimilarse. En términos bíblicos: “Satán expulsa a Satán”.
Lo que hace Girard, es reanudar el hilo con una larga tradición de antropología religiosa interrumpida por la segunda guerra mundial y, luego, por decenios de estructuralismo y post-estructuralismo “desconstructivista”. Eso le permite volver a plantear de manera absolutamente novedosa la cuestión del origen de la cultura. Como para Durkheim, Mauss, Freud, Frazer, Hocart y otros teóricos de la sociedad, para Girard, esta pregunta es inseparable de la cuestión del origen de lo sagrado. Su hipótesis consistió en postular que lo sagrado resulta de un mecanismo de auto-exteriorización de la violencia de los hombres. Mediante éste mecanismo, la violencia se proyecta fuera del dominio de la voluntad humana bajo la forma de prácticas rituales, de sistemas de reglas, de prohibiciones y de obligaciones y logra así contenerse a si misma. Lo sagrado sería así la “buena” violencia institucionalizada, capaz de imponer reglas a la “mala” violencia anárquica que, aparentemente – y sólo aparentemente – es su contrario.

El movimiento de desacralización del mundo que constituye lo que llamamos la modernidad está marcado por un saber que se inmiscuye progresivamente en la historia humana. Esta saber se manifiesta primero como una duda: ¿y si la buena y la mala violencia fueran la misma cosa? ¿Si, en el fondo, no hubiera diferencia? Y, ¿cómo esta duda- más que este saber – nos ocurrió? La respuesta de Girard es bien conocida: esas “cosas ocultas desde la fundación del mundo” han sido reveladas por la Pasión de Cristo y las narraciones e interpretaciones de ella por el Nuevo Testamento.

Sin embargo, no es esta hipótesis sobrecogedora lo que yo quisiera discutir aquí, sino la cuestión que la antropología girardiana abre pero no resuelve. El trabajo de la Revelación destruye progresivamente la eficacia de los sistemas sacrificiales y nos volvemos a enfrentar a nuestra propia violencia sin la contención de lo sagrado. Tal es la mala jugada del cristianismo, razón por la cual pareció tan peligroso a espíritus como el de Maquiavelo. ¿Cómo explicar entonces que la humanidad no haya – o no haya aún – sufrido la suerte que fue probablemente la de innumerables colectivos a lo largo de la historia: el aniquilamiento total (…) por la violencia intestina?

En un libro escrito hace más de treinta años con el filósofo canadiense Paul Dumouchel, contesté que la economía es la continuación de lo sagrado por otros medios. Como lo sagrado, la economía detiene y contiene la violencia por la violencia. Mediante la economía – como mediante lo sagrado – la violencia de los hombres se sitúa a distancia de si misma para autorregularse. Es la razón por la que, como lo escribió Hegel, la economía es “la forma esencial del mundo moderno”, un mundo en extremo peligro a causa del crepúsculo de los dioses.

Me parece que es en éste marco que hay que pensar la crisis para descubrir su sentido[5]. Hoy, todo pasa como si la economía hubiera, después de lo sagrado, perdido la capacidad de contener la violencia en los dos sentidos de la palabra. Por ello, la economía se torna pura violencia.

Cuando la economía contenía la violencia
En el corazón de la economía está lo que llamé la exteriorización de los terceros. Ésta figura es concomitante del debilitamiento general del sistema de prohibiciones y obligaciones de solidaridad. La revelación de la arbitrariedad de la violencia sacrificial y el debilitamiento concomitante de los sistemas de prohibiciones y obligaciones que dependen de ella se pueden atribuir a la influencia del cristianismo. A causa de la desolidarización de la comunidad, ya no puede producirse la crisis sacrificial, es decir la polarización (…) de las rivalidades miméticas que desembocaba en la persecución de una víctima única. 

Los hombres son más que nunca fascinados por sus dobles, que odian abiertamente y veneran secretamente, pero esas rivalidades no abrasan la totalidad del espacio social. Los terceros son individuos  tan implicados en sus propias fascinaciones que se sienten exteriores a las rivalidades de los otros. No toman partido  y ven demasiado bien la verdad sobre la violencia, a saber su reciprocidad: nada separa los violentos, sino su odio. Eso, los violentos lo ven en todos los otros, pero jamás en ellos mismos.
En la sociedad dominada por la economía, los hombres son terceros mutuamente exteriores. Como todos se sustraen a sus obligaciones de solidaridad por seguir sus fascinaciones,  dan la espalda a los vencidos de los antagonismos de los otros. El orden económico es la construcción social de la indiferencia a las desgracias de los demás. En este orden, no son las relaciones entre rivales que son vectores de las mayores violencias, sino las relaciones entre cada individuo y los otros, es decir las relaciones entre terceros. 

Es la negativa a sostener a los perdedores que sanciona el fracaso de los terceros y, más que los golpes de los vencedores, transforma éste en una verdadera muerte social y, a veces, física. Hemos analizado en éstos términos la revolución industrial del siglo XVIII en Inglaterra y el arreglo resultante de los bienes raíces.  Es en ésta época que surgió por primera vez la pregunta que está siempre entre nosotros: “pero, ¿de donde vienen los míseros, mientras la riqueza no deja de  aumentar?”
Los “excluidos” de la sociedad económica no son para nada víctimas sacrificiales, porque, lejos de ser el foco de la fascinación general, mueren de la indiferencia de todos.  Oigo una objeción a mi argumento: ¿No estamos obsesionados por la pregunta que plantean lo perdedores, los míseros, lo que un poco abusivamente llamamos “las víctimas”? Por cierto, pero cuidado: los “excluidos” de la sociedad económica no son víctimas sacrificiales. Lejos de ser el foco de la fascinación general, mueren de la indiferencia de todos. Admitido, pero ¿no estamos obsesionados por la pregunta que plantean? Sin duda, pero nos interesan mientras los tomamos por víctimas, ahí está toda la diferencia. Nosotros los modernos estamos obsesionados por la cuestión de las víctimas, pero esa opinión nuestra sobre ellos no contribuye para nada en mejorar su situación. Las víctimas son tan importantes para nosotros que es en nombre de las víctimas que nos perseguimos y atormentamos  mutuamente. 

Una variante cómica de esta perversa inversión es la “political correctness” de los americanos. Entre más acumula uno signos victimarios, más seguro está de acceder a los privilegios. Cómo lo escribe Girard, citando a Chesteron: “El mundo moderno está lleno de ideas cristianas vueltas locas”.

La auto-trascendencia  de la economía y su hundimiento en el pánico
Como lo sagrado antes de ella, en este momento, la economía está perdiendo su capacidad de producir reglas que limiten lo que llamaría su auto-trascendencia. Tal es el sentido profundo de la crisis. La mitología griega dio un nombre a lo que ocurre cuando una estructura jerárquica – en el sentido etimológico de orden sagrado –  se derrumba sobre si misma: es el pánico. En un pánico, ya no hay exterioridad. Los grandes “phynancieros” del planeta se auto-atribuyeron la tarea de “re-fundar” el sistema financiero internacional o hasta, en una versión aun más grandiosa, el capitalismo. Me hacen irresistiblemente pensar en la Escena 3 del segundo Acto del Bourgeois Gentilhomme. Desde lo alto de su magisterio, el maestro de filosofía pretendía arbitrar entre las pretensiones del maestro de música, del maestro de danza y del maestro de esgrima. Cada uno se peleaba para que su disciplina sea reconocida como la mejor. Acaban riñendo  entre los cuatro.
 La arrogancia de los economistas y financieros es que creen que pueden, tal Napoleón, ceñirse ellos mismos de la corona del Emperador. Es decir que se imaginan que pueden colocarse ellos mismos en posición de exterioridad, es decir de autoridad. 

Cada día vemos lo que nos cuesta ésta arrogancia: “autoridades” que inyectan cantidades astronómicas de dinero supuestamente destinado a “tranquilizar los mercados” producen el efecto contrario, ya que los mercados “sacan la conclusión” de qué sólo el pánico puede explicar tales excesos. Hacer planes de “reconstrucción del capitalismo” mediante la regulación de los mercados es de una ingenuidad escalofriante. Supone que se ha resuelto el problema absolutamente inaudito de la desaparición de toda exterioridad. Al pretender ocupar todo el lugar, la economía se condenó a si misma.

 [1] Seuil, 1987.
[2].  Princeton University Press, 1977.
[3].  Ibid, p. 132.
[4] René Girard, La violence et le sacré, Grasset, 1972.

[5] Como traté de mostrarlo en mis dos últimos libros: La marque du sacré, Carnets Nord, 2009 ; L’Avenir de l’économie, Flammarion, 2012.

EL TRABAJO EN SANTO TOMÁS


Infocaótica, 22 y 24-9-2016

El análisis filosófico del trabajo según Santo Tomás.

Algunos de los textos más importantes del Angélico sobre el trabajo manual son obras de circunstancia, escritas para defender a los frailes de las ordenes mendigantes contra ciertas críticas: sus adversarios les echaban en cara la pereza y la explotación del pueblo cristiano; en vez de ganarse la vida trabajando, los frailes preferían pedir limosna, para dedicarse completamente al estudio y quitar a los seglares los puestos en la enseñanza universitaria. Uno de estos textos es la Quaestio quodlibetalis VII, q.7, a.1.
En su respuesta a aquellas críticas Santo Tomás procede metodológicamente. 

En el primer artículo se estudia el problema sobre si es precepto divino que todos los hombres trabajen de sus manos, —lo que san Pablo parece decir en 2 Tesal. 3, 10 («él que no quiere trabajar, no coma»)—, texto que era el grito de combate de los seglares en su lucha contra los mendigantes. Ahora bien, escribe Santo Tomás, para juzgar de una cosa, hace falta considerar su fin. El fin del trabajo manual es triple: cesar de holgazanear; subyugar el cuerpo; ganarse la vida. Las dos primeras finalidades pueden ser alcanzadas igualmente ocupándose con cosas espirituales. Con relación a la tercera finalidad el trabajo manual parece imponerse, y tanto más que la naturaleza ha instituido las cosas de tal modo que el hombre ha recibido su intelecto y sus manos para producir lo que le hace falta para vivir. Por consiguiente, la labor manual ha sido ordenada por la ley natural.

Sin embargo hace falta distinguir en las ordenaciones de la ley natural entre preceptos que tienen por objeto remediar insuficiencias de los hombres individuales (alimentarse; practicar las virtudes); otros, al contrario, que tienden a remediar insuficiencias de los hombres en su totalidad. El precepto de Génesis 1, 28 «Procread y multiplicaos, y henchid la tierra» vale para los hombres en cuanto constituyen el género humano, pero no prescribe que cada individuo debe engendrar descendientes. Los hombres son considerados como una comunidad en la cual las tareas pueden y deben dividirse. Esta diversificación resulta en primer lugar de la providencia divina, pero también de las disposiciones y habilidades distintas de los individuos. 

Desde luego, por su labor manual uno puede satisfacer las necesidades tanto propias como las de otras personas. Si uno encuentra una manera en la cual puede ganarse lícitamente la vida, el precepto no le obliga a trabajar con sus manos.
Si uno objeta que sería fatal si todos los hombres se substrajesen a la obligación del trabajo manual (como los mendigantes), santo Tomás responde que el trabajo espiritual es tan difícil que es reservado a pocos elegirlo. Esto vale también para la vida contemplativa. No trabajar por pereza es malo.
Después de esta exposición fundamental Santo Tomás propone una división de los sentidos de la expresión «labor manual». La mano es un instrumento del espíritu. La labor manual presupone siempre una actividad intelectual. Así cualquier trabajo que se hace con instrumentos está también entendido como «labor manual» y además cualquier otro «trabajo» que el hombre ejecuta para ganarse lícitamente la vida. Por consiguiente las artes liberales son también formas de trabajo manual.

Efectivamente entre la labor manual en un sentido estricto y la contemplación se encuentra un grupo de actividades que llamamos «trabajo intelectual». La vida contemplativa ocupa el rango más alto.
En efecto, todas las demás actividades están organizadas en atención a la felicidad del hombre que consiste en la contemplación. A medida que crece el componente intelectual del trabajo, llega a ser más grande su dignidad...
Resulta de este análisis que la labor manual tiene su propia dignidad donde el origen está en el hecho de que procede de la persona humana: el hombre trabajando intenta producir una perfección más grande en el mundo. Así alcanza una semejanza más grande con Dios quien es la Causa primera de todas las cosas. Puesto que el trabajo procede de la persona humana, exhibe una variedad muy grande de modalidades. El animal, al contrario, actúa siempre de la misma manera.

[...] según Santo Tomás, la labor manual no solamente es necesaria para los hombres sino que tiene su dignidad y sus méritos: provee a las necesidades propias y ajenas; ayuda a evitar los vicios; colabora con Dios en el perfeccionamiento del mundo. En los casos en que un hombre trabaja al servicio de otro, nota el Angélico, que el hombre no es jamás esclavo de su dueño en su espíritu. El obrero que trabaja para su dueño tiene derecho a una justa recompensa. Santo Tomás subraya que debe hacerse una proporción entre la utilidad de trabajo y la remuneración. El pago debe ser equivalente a la cantidad del trabajo, su calidad, su grado de dificultad y las circunstancias del obrero.

En el opúsculo Contra impugnantes Dei cultum et religionem reitera su posición sobre la obligación de la labor manual. No es razonable afirmar que cada uno debe trabajar con sus propias manos puesto que es lícito que el hombre viva de lo suyo o de lo que le es debido. Quienes sirvan al bien común por trabajos espirituales tienen el derecho de ser sustentados por los demás. Esto es evidente porque la utilidad espiritual es más importante que la utilidad material.
El fin del trabajo es el descanso. El descanso definitivo se alcanza solamente cuando el hombre llega a su destinación eterna. Es preciso interrumpir a ciertos intervalos el trabajo, porque el hombre necesita el descanso del cuerpo y del espíritu. Tampoco puede utilizar el hombre sus facultades espirituales sin cansarse en virtud de la necesaria colaboración de sus facultades orgánicas. Necesita el descanso también en este trabajo.

Una reflexión teológica sobre el trabajo.

El análisis filosófico propone los elementos principales de una reflexión sobre el trabajo. Sin embargo, para comprender el trabajo en el contexto de la vida humana histórica hace falta además una consideración teológica [...] la teología católica ha dedicado poca atención a la consideración del trabajo como una operación que se inhiere en la marcha del hombre hacia su fin celestial. En nuestro siglo la revolución de las estructuras del trabajo por un lado, la ideología marxista del homo oeconomicus por otro, han provocado una reflexión más intensa. Para Santo Tomás la Sagrada Biblia es la fuente principal de su teología del trabajo. Ciertos textos bíblicos proponen los principios que sostienen e iluminan el análisis. 

He aquí los principales: Génesis 3,17: «Con trabajo comerás de ella (la tierra) todo el tiempo de tu vida»; Ecclesiàstico 7,16: «No aborrezcas la labor por trabajos ni la agricultura que es cosa del Altísimo»; 31,3-4: «Fatígase el pobre por sus necesidades, y si descansa, es para verse en la indigencia»; 1 Cor 10,31: «Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis alguna cosa, hacedlo todo para gloria de Dios»; 1 Tes 4,11: «Os esforzéis para llevar una vida quieta, laboriosa en vuestros negocios y trabajando con vuestras manos como os hemos recomendado»; 2 Tes 3,10: «El que no quiere trabajar, no coma». Hay que añadir la doctrina del pecado original, el ejemplo de Cristo y de los apóstoles que trabajaban con sus propias manos.

Mientras que el economista considera el rendimiento inmediato del trabajo, el teólogo estudia su relación con la vida sobrenatural. Como un acto humano el trabajo debe inherirse en el orden de las virtudes: es obvio que la prudencia debe regir el tipo y el modo del trabajo que uno está por ejecutar. Cuando se trabaja al servicio de otros y se exige una remuneración es la justicia la que regula las modalidades.
En vista de las dificultades que provienen del cansancio y de las distracciones de atención deben intervenir también la fortaleza y la temperancia. En la vida espiritual el trabajo libera del ocio que según Santo Tomás es el origen de muchos males.

Pero el trabajo está también relacionado con las virtudes teológicas: por la fe el cristiano sabe que trabajando bien él colabora con Dios en su administración del mundo y prepara la Parusía del Señor. Es consciente que la providencia divina le ayuda y le dará lo que él y los suyos necesitan. En su esperanza cristiana aguarda el obrero «la recompensa conforme a su trabajo» (1 Cor. 3,8). Más importante todavía es la perspectiva del amor sobrenatural: si el trabajo del cristiano es animado por el amor posee un valor particular de mérito en vista de la visión de Dios. Nota Santo Tomás que el que trabaja con más caridad, recibirá un premio más grande, aunque su trabajo sea menos importante.

Con relación al amor con el cual el cristiano ejecuta su trabajo, hay que añadir que el trabajo tiene una función social: a través de su trabajo para los otros él rinde servicio, subviene a las necesidades de sus prójimos y tiene la posibilidad de dar limosnas. Así sigue el ejemplo y la doctrina de Jesús mismo que ha puesto su vida al servicio de todos y dijo que no había venido para dominar sino para servir.

El animal no trabaja porque no piensa, el ángel no trabaja porque no tiene cuerpo, pero para el hombre el trabajo es la expresión de su naturaleza. Lejos de ser una pena, el trabajo en todas sus formas es de por sí el acto más natural del hombre; es necesario para el género humano, la construcción de la sociedad y la promoción del bienestar y de la cultura. El trabajo es nuestro modo de trato con el mundo y la naturaleza. Pero, contrariamente a lo que afirma el marxismo, el hombre no está sometido a la materia y no se universaliza trabajando para el bien común. Al contrario, por el trabajo alcanza su propio perfeccionamiento. En vista de la urgente necesidad, en la que tantos hombres se encuentran, de trabajar mucho y casi sin parar, es preciso insistir sobre la finalidad del trabajo y el primado de la vida contemplativa.

Por otro lado, a medida que la tecnología y la economía contemporáneas permiten reducir la duración del trabajo conviene recordar las leyes de la vida moral y los peligros del ocio. La doctrina profunda y equilibrada de Santo Tomás nos procura los principios siempre válidos para semejante reflexión.
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Tomado de:

Elders, L. EL PENSAMIENTO DE SANTO TOMÁS DE AQUINO SOBRE EL TRABAJO, pp. 1075-1080.





EL 1 % DE LA POBLACIÓN MUNDIAL

 tiene la mitad de la riqueza y cada vez gana más

solidaridad.net, 8 julio, 2016


La riqueza mundial no es dispersa como el aire. Está concentrada en pocas manos. El 1% de la población mundial acapara casi la mitad de la riqueza global y su patrimonio crece cada vez más, según el informe sobre la riqueza editado por la consultora estadounidense Boston Consulting Group que calcula que la riqueza financiera mundial (excluyendo activos inmobiliarios) creció el año pasado un 5,2% hasta los 168 billones de dólares.

“Al contrario que en los últimos años, la mayor parte del crecimiento de la riqueza mundial durante 2015 fue impulsado más por la creación de nueva riqueza (como el aumento de las rentas de los hogares) que por el rendimiento de los activos existentes, ya que muchos mercados de acciones y bonos se mantuvo bastante liso o incluso descendió”, señala el informe difundido esta misma semana. La consultora proyecta que la riqueza financiera mundial crecerá a un ritmo del 5,9% hasta 2020 cuando alcanzará los 224 billones de dólares.

En términos de distribución de la riqueza, el informe revela que el número de hogares millonarios creció un 6% durante el año pasado. Estos acumulan el 47% de la riqueza financiera mundial y alcanzarán el 52% en 2020, según las proyecciones de BCG. El número de millonarios aumentó especialmente en países como China o India. Aunque los países con mayor concentración de potentados son Suiza y Liechtenstein.

Aquellos hogares millonarios que tienen al menos un millón de dólares acaparan en total 78,9 billones de dólares, una cantidad equivalente a la producción económica mundial en un añol, según cálculos de AFP. Esa cantidad equivale, además, al 47% de la riqueza financiera global. Y el resto de la riqueza se la reparten el 99% restante de la población mundial. El 1% de la población más rica ha aumentado de forma constante su riqueza desde el 45% del total del patrimonio financiero mundial en 2013 al 47% en 2015. Los expertos advierten sobre el injusto crecimiento de la desigualdad en el mundo.


Fuente: El País

NUEVA ZELANDA

Renta básica: Una idea brillante sobre subsidios y clientelismo

Por Urgente24,  15 de marzo de 2016

En Nueva Zelanda, el Partido Laborista se plantea poner en marcha la renta básica universal para reducir la burocracia y eliminar el clientelismo: un único subsidio individual para cada ciudadano, eliminando todos los otros planes sociales. También Ontario (estado de Canadá) probará la renta básica universal dentro de su territorio.
La renta básica universal, una especie de sueldo que recibiría cualquier ciudadano por el mero hecho de serlo, podría ser realidad pronto en Nueva Zelanda, si prospera una propuesta del Partido Laborista para acabar con la panoplia de subsidios públicos y sustituirlos por ese pago único, explicó la web el Economista.
.Así lo ha confirmado el líder del partido, actualmente en la oposición, Andrew Little, que explica que la renta básica podría ser una buena herramienta para combatir el desempleo estructural.

La idea de Little se discutirá a finales de este mes en una conferencia del partido, que cuenta con opciones para acceder al Gobierno y por tanto para convertir la propuesta en realidad.

"La cuestión es si queremos un sistema de subsidios que hace que cada vez que estás desempleado tengas que pasar por un rosario de burocracia, justo cuando deberías estar ocupado buscando un nuevo trabajo", explica Little en declaraciones citadas por el diario Independent.

"Esperamos que en el futuro", añade, "habrá una parte significativa de la población activa que alternará con rapidez periodos de empleo con otros en paro. Es el momento de debatir si queremos un sistema que sea sencillo, con una renta básica que te permita entrar y salir del desempleo con rapidez.


Como recuerda el citado diario, en Occidente son varios los gobiernos que ya se están planteando introducir sistemas que se asemejan en mayor o menor medida a una renta básica universal, como es el caso de Holanda, Finlandia o el estado de Ontario, en Canadá.

EL PAPA EN MÉXICO


JULIO FAESLER
México, 22-2-16

Entre los muchos públicos a los que el papa Francisco se dirigió esta semana, se destacaron las reuniones con las cúpulas empresariales y con la juventud. En ellas, el Papa se refirió a la doctrina social de la Iglesia como respuesta a la brecha que en todo el mundo se ensancha entre ricos y pobres y que está minando la eficacia de los programas públicos y privados para mejorar las condiciones de vida de los pueblos.

Las metas de crecimiento socioeconómico no podrán realizarse, sin embargo, si se agudizan esas diferencias. Mientras las estrategias de desarrollo sigan enmarcadas dentro del principio de que cada actor económico ha de perseguir su propio provecho sin considerar a los demás, habrá insensibilidad y estancamiento.

La posición expresada por Francisco es clara: los intereses de la comunidad deben prevalecer sobre los intereses particulares. “Desgraciadamente —ha dicho— el tiempo que vivimos ha puesto la utilidad como paradigma de las relaciones personales y sociales… la mentalidad reinante propugna por la mayor utilidad posible a cualquier costo y de manera inmediata… provocando la pérdida de la dimensión ética en las empresas y la explotación de las personas como si fueran objetos para usar, tirar y descartar…”.

El problema es hondo. Hoy en día, todo el tinglado de la comunicación social está orientado, precisamente, a medir el mérito de nuestras acciones en términos monetizables. Esta visión racionalista pretende reducir el campo de las decisiones sólo al buen éxito económico. La intención de Adam Smith, el fundador en 1776 de la teoría clásica de la economía, no fue esa. Una sana decisión económica significa simplemente la combinación óptima de los recursos disponibles para su máximo aprovechamiento.

Hay muchas decisiones que escapan del criterio utilitario de la economía, como las que pertenecen a campos no cuantificables de índole social, cultural o el terreno de los valores morales, de cuyo estudio, por cierto, partió el propio Adam Smith.

La ciencia económica no pretende ser guía para toda clase de decisiones. La doctrina social de la Iglesia sostiene precisamente que el ser humano es el elemento más importante en cualquier sociedad. Nada hay en ello que contradiga las precisiones de la escuela clásica de la economía cuando el papa Francisco declara que “cada sector tiene la obligación de velar por el bien del todo social…”.

La empresa es el escenario más común en el cual se descartan los valores sociales para imponer simples criterios económicos. Es ahí donde el factor capital supedita al del trabajo. Las relaciones entre ambos, para ser exitosas, tienen que consensarse bajo un principio superior al de simples utilidades. “Tenemos que hacer del trabajo una instancia de humanización y del futuro, que sea un espacio para construir la sociedad y la ciudadanía…”. Lo anterior significa que los dueños de las empresas deben estar dispuestos a ajustar sus utilidades para dar paso a salarios y prestaciones dignos a sus trabajadores y sus familias. Los accionistas de una sociedad anónima deben entender que querer reducir salarios lo más posible es criar una fuerza de trabajo débil, de bajos ingresos, que obviamente debilita al mercado del que necesariamente ella misma vive.

Ante el argumento de que la competencia mercantil impide realizar metas idealistas, el Papa responde: “…es peor dejar que el mundo competitivo termine determinando el destino del mundo… el lucro y el capital no son un bien por encima del hombre, están al servicio del bien común…”.

En cuanto a la juventud de México, el Papa declaró que “uno de los flagelos que padecen los jóvenes es la falta de oportunidades de estudio y de trabajo sostenible y redituable que les permita proyectarse… esto genera situaciones de pobreza y marginación, que son el caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia… es un lujo que no nos podemos dar… no se puede dejar solo al presente y futuro de México”. Fue un potente llamado a impulsar programas de escuelas-industrias en combinación con las numerosas universidades técnicas con que contamos.

No hay que tener miedo a los cambios, fue uno de los mensajes más repetidos en todos los discursos que el papa Francisco nos dirigió durante los cinco días de visita a nuestro país. “No hay que conformarnos y dejarnos vencer por la resignación”, sentenció.


Se trata de que respondamos a la invitación que nos hizo a “forjar al México que su pueblo y sus hijos se merecen”.

A LARGO PLAZO, LAS MÁQUINAS HARÁN CASI TODO NUESTRO TRABAJO

Según el economista Erik Brynjolsson, autor de The second machine age.

"La tecnología hace crecer la torta porque multiplica la productividad de una forma gigantesca. Podemos salir ganando todos o un pequeño grupo de personas, lo que aumentaría la desigualdad. Es una decisión política. Yo he hablado con algunos millonarios y están de acuerdo en que la prosperidad debe ser compartida de forma amplia. No quieren una revolución. Si no la compartimos, va a haber mucha gente enojada. Eso no es bueno para nadie."

"Un mayor concentración de la riqueza provoca una desaceleración de la economía".

Fuente: Clarín, 10-1-16

LA OLA TECNOLÓGICA AMENAZA EL EMPLEO



Andrés Oppenheimer

La Nación, 26-1-16

Los titulares de la reciente reunión de unos 40 jefes de gobierno en el Foro Económico Mundial (FEM) de Davos se centraron en las amenazas de Estado Islámico, los precios del petróleo y la crisis de los refugiados en Europa. Pero lo que me pareció más interesante -y pasó mucho más inadvertido- fue un estudio divulgado en la reunión según el cual los robots inteligentes van a eliminar más de cinco millones de empleos en los próximos cinco años.


El estudio, "Reporte del futuro de los empleos", advierte que la robótica avanzada, la inteligencia artificial, los autos que se manejan solos, las impresoras 3-D, la genética y otras nuevas tecnologías tendrán un impacto mayor de lo esperado sobre el empleo en un futuro próximo. Y las nuevas tecnologías van a afectar por igual a los trabajadores de los países industrializados y a los de países en desarrollo, a menos que los países modernicen sus sistemas educativos.

Entre los empleos más amenazados estarán los vendedores en las tiendas, los cajeros de supermercados, los empleados administrativos, los trabajadores manufactureros y los taxistas. La creciente automatización de los procesos de pago en los comercios eliminará un gran número de puestos de cajeros en supermercados y las compras por Internet continuarán reduciendo los empleos de vendedores.


Al mismo tiempo, los robots inteligentes y las impresoras 3-D afectarán a las industrias manufactureras. Y la "Internet de las cosas" -las nuevas conexiones de Internet a través de las cuales los objetos se comunican entre sí, al igual que las personas lo hacemos hoy- impactará en muchas industrias, dice el estudio.

Mientras las máquinas expendedoras de refrescos en la mayoría de los países todavía son visitadas al final del día por un inspector que determina cuántas botellas deben ser sustituidas, ahora esta tarea se hará automáticamente a través de la comunicación directa por Internet entre la máquina expendedora y el camión de suministro. Y el camión pronto se conducirá solo.

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"Ahora es posible crear autos, camiones, aviones y barcos que se manejan de forma total o parcialmente autónoma, lo que podría revolucionar el transporte, si los reglamentos lo permiten, para el año 2020", dice el informe.

El estudio, basado en una encuesta a 371 empresarios de 15 países -entre ellos Estados Unidos, Francia, India, México y Brasil- llega a la conclusión de que los avances tecnológicos van a eliminar unos 7,1 millones de puestos de trabajo y a la vez crear dos millones de empleos en los próximos cinco años. O sea, habría una pérdida neta de 5,1 millones de puestos de trabajo.

Entre los empleos más requeridos en un futuro próximo estarán los relacionados con la instalación, reparación y mantenimiento de robots e impresoras 3-D, así como analistas de datos para prácticamente todas las industrias. Por consiguiente, habrá una gran demanda de arquitectos, ingenieros informáticos y matemáticos.

Intrigado, le pregunté a la directora para América latina del FEM, Marisol Argueta, si los avances tecnológicos impactarán por igual a los países ricos y a los emergentes. Definitivamente sí, dijo, citando el caso de las plantas automotrices que usan cada vez más robots. Lo que más me sorprendió fue su afirmación de que incluso la agricultura y ganadería latinoamericanas se verán sacudidas, entre otras cosas porque China abrirá su primera granja de producción masiva de vacas clonadas.

Efectivamente, un consorcio chino-coreano abrirá este año una granja de la clonación en la ciudad de Tianjin que producirá 100.000 vacas en una primera fase y un millón de vacas en una segunda fase, según un reciente artículo en el periódico oficial China Daily.

Mi opinión: no estoy entre quienes tienen la visión apocalíptica de que la tecnología causará una ola de desempleo mundial. Los pesimistas han estado diciendo eso desde la Revolución Industrial, hace dos siglos, cuando los trabajadores textiles destruyeron las máquinas a vapor con el argumento de que eliminarían la mayoría de los empleos, y no ha habido tal debacle. En general, la pobreza mundial se ha reducido en las últimas décadas.

Pero lo que resulta claro es que los países que no modernicen sus sistemas educativos para producir más ingenieros, arquitectos y graduados en humanidades más creativos y emprendedores pueden ser afectados por las nuevas tecnologías.


El 65% de los niños que entran en la primaria hoy van a terminar trabajando en empleos que no existen en la actualidad, según el estudio. Si no preparamos a nuestros niños para que tengan más habilidades técnicas y para ser más emprendedores e innovadores, van a estar más amenazados por la ola tecnológica que se viene.