DON BOSCO

DON BOSCO
"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"

EUTRAPELIA



Carlos Ialorenzi - Myriam Mitrece



La Prensa, 02.04.2020

Virtud olvidada, si las hay, es definida en el diccionario de la Real Academia Española como la que modera el exceso de las diversiones. Es  también, jocosidad urbana e inofensiva y juego u ocupación inocente, que se toma por vía de recreación honesta con templanza.

Aristóteles con su doctrina del justo medio la ubicaba en ese lugar dorado entre lo que hoy diríamos el entretenimiento idiotizante y la excesiva severidad.

Decía Tomás de Aquino, comentando al estagirita:

“Tiene el juego cierta razón de bien, en cuanto que es útil a la vida humana. Porque así como el hombre necesita a veces descansar de los trabajos corporales desistiendo de ellos, así también se necesita a veces descanse de la tensión del alma, con la que el hombre encara las cosas serias, lo que se hace por el juego"

El sentido del humor
La cuarentena impuesta nos pone ejemplos a cada paso: se multiplican los memes y los challenge divertidos y ruedan los mensajes de whatsapp que aún en medio del miedo despiertan carcajadas.

El sentido del humor es una de las fortalezas humanas y fuente de resiliencia. Su demostración pública –la risa- es una, manifestación universal e innnata que desde los primeros meses de vida pone en contacto a un humano con otro. La respuesta sonriente, tal como la describía el psicoanalista austro-estadounidense René Spitz en los años 50, es un indicador de la organización de la personalidad y marca el inicio de los vínculos interpersonales.

Hoy las actuales investigaciones en psiconeuroinmunología afirman que la risa alivia el estrés y la ansiedad, estimula la mente,  mejora el sistema inmunológico y por lo tanto actúa como un escudo protector frente a los agentes patógenos. Una cara sonriente alienta a los otros a responder de la misma manera. También transmitiendo alegría, cuidamos la salud de los demás.

Ya sabemos sobre la importancia del buen talante y que el exceso de gravedad es un peso insoportable que solo lleva a la depresión, la impotencia y en definitiva a la profecía autocumplida de la enfermedad y la muerte. 

De todos modos, el sentido del humor, no debería impedir cuestionar o reflexionar sobre una cuestión grave que la pandemia pone sobre el tapete.

Colectivismo y control

Si esto que está pasando no fuera un drama mundial, parecería que la humanidad estuviera participando de una especie de Gran Hermano Global.

Todos adentro y controlados por los diferentes Estados nacionales con sus millones de cámaras de seguridad y efectivos policiales o de las fuerzas armadas como en algunos países.

El último cuarto de siglo trajo aparejado de la mano de la tecnología y de las comunicaciones, la posibilidad que los diferentes Estados por intermedio de sus organismos oficiales, empresas y grupos de poder, tengan la posibilidad de acceder a un gran cúmulo de información personal de los habitantes del planeta.

Información que se  suministra a través de las tarjetas bancarias y de transporte de pasajeros, cámaras de seguridad, teléfonos celulares que delatan la ubicación y guardan la información de todo lo que enviamos y recibimos, buscadores, plataformas digitales, servicios de mensajería electrónica, redes sociales, cámaras para reconocimiento facial y para labrar infracciones de tránsito, lectores de huellas dactilares, registración para hacer trámites ante organismos oficiales, envío de encuestas para poder acceder a ciertos servicios, etc

Todo este cambio abrumador, ha ido incorporando y fomentado a la forma ciudadana de vida, ciertas comodidades y beneficios. En los grandes centros urbanos y también en otros, la inmensa mayoría posee un dispositivo con acceso a internet.

Gracias a este, se puede acceder a realizar gran variedad de acciones desde los hogares. Desde pedir una pizza, trasladar la oficina y trabajar en red, jugar o comprar artículos en cualquier país del mundo. 

Las pantallas atrapan, consumen y controlan. Permiten ver el mundo desde casa o desde la oficina o desde donde sea y permiten que nuestra vida sea vista.

De repente, del individualismo (que cada cual haga lo que quiera) se pasó a un colectivismo extremo en el que se exige absoluta vigilancia de los actos de los otros en vistas al bien social. 

¿Cambiará la idea de libertad después de la pandemia? La restricción de las libertades individuales y el advenimiento de nuevos totalitarismos podrían generar consecuencias muy graves. Esto no es para tomarlo a la chacota. 

Sin caer en la excesiva circunspección del bibliotecario Jorge de Burgos en la memorable novela El nombre de la rosa de Humberto Eco, no podemos tomarnos esta cuestión con liviandad, ya que nada tiene de liviana.

Buen giro
Desmenuzando nuestra palabrita de marras: “eu” significa bueno y “trapelia” se traduce como movilidad, agilidad, sustantivo que proviene de vuelta y giro. Quizás sea el momento justo de poner en valor a la eutrapelia en nuestra vidas. Ni zonzismo hilarante, ni preocupación fatalista. Se trata de vivir lo que nos toca, buscando hacernos bien y haciendo el bien a los demás.

MILES DE ARGENTINOS SIN TRABAJO EN EL EXTRANJERO



será difícil su repatriación: qué opciones analiza el Gobierno


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Dilema moral: que miles de jóvenes que emigraron voluntariamente -no para estudiar o perfeccionarse-, para trabajar en otros países cosechando kiwi, dando clases de esquí, sirviendo en hoteles o restaurantes, o call centers, ahora que perdieron sus trabajos pretendan volver al país que abandonaron, ocasionando gastos adicionales, debería ser motivo de profunda reflexión.

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Por Román Lejtman
Infobae, 2 de abril de 2020

Felipe Solá pasa horas en la Cancillería tratando de desactivar una bomba de tiempo que la crisis global del coronavirus armó en escasos días: atender los reclamos de miles de argentinos que tenían trabajo en el exterior, que ahora están desocupados por la pandemia y que pretenden regresar al país.

En el Ministerio de Relaciones Exteriores aún no tienen un número exacto de la categoría varados-desocupados que solicitan su repatriación, a lo que habría que sumar cerca de 10.000 argentinos que también quieren regresar tras sus fallidas vacaciones alrededor del mundo.

Solá enfrenta dificultades sanitarias, políticas, económicas y logísticas para satisfacer la demanda de los argentinos que llegan a la Cancillería a través de contactos personales, mails, chats, Instagram, Facebook, cables cifrados de la embajadas, llamadas a los consulados y Twitter.

El Ministro tiene un gabinete de crisis que recopila todos los reclamos y considera preparar un mapa caliente para fijar las prioridades y decidir si corresponde resolverlas -o no- a cuenta y orden del Estado Nacional.

Argentinos varados-desocupados hay en New Zeland, Andorra, Barcelona, México, Miami, Los Ángeles, Nueva York, Roma y Madrid, entre otras ciudades. Estaban allí cosechando kiwi, dando clases de esquí, atendiendo en los hoteles frente al mar, sirviendo comidas rápidas o en un call center. Fueron despedidos y su situaciones económicas no siempre son similares.

En este contexto, Solá tiene que tomar una decisión bajo un concepto difícil de diseñar y complicado de ejecutar. Si la Argentina decide repatriar a todos los argentinos que se quedaron sin trabajo, la cifra del gasto será millonaria en dólares. Y si sólo se decidiera pagar el alojamiento, la comida y el regreso en avión a los que alegan no tener los fondos suficientes, no habría forma de probar esa declaración unilateral.

Por ejemplo, en Andorra hay casi 2.000 argentinos varados-desocupados que trabajaron en los centros de esquí y cobraron en euros. Entonces, cómo resuelve Cancillería la asignación de los recursos públicos para garantizar su repatriación. Todavía no hay una solución en el Palacio San Martín.

La ausencia de método institucional para resolver el rescate de los desocupados-varados tiene una complicación logística extra. No hay aviones disponibles de línea: todos los vuelos están cancelados y los pilotos no quieren viajar en medio de la pandemia. Para conseguir un transporte desde el lugar de origen -Wellington, Ciudad de México o Los Ángeles- es necesario un acuerdo político. Y eso lleva su tiempo de negociación y de trámite burocrático.

Cuando Solá tenga los nombres de todos los desocupados-varados que decidió repatriar por cuenta del Estado, más los 10.000 argentinos (número aproximado) de turistas que aún sueñan con volver, deberá sentarse con Ginés González García para obtener la autorización sanitaria del ministro de Salud. Es decir: González García decide cuántos vuelven y qué día.

No se trata de un capricho político del ministro de Salud. Si la mayoría de los contagiados tienen su origen en el extranjero, González Garcia no quiere multiplicar las consecuencias de la pandemia autorizando a miles de argentinos que llegarían desde Oceanía, Estados Unidos, América Latina y Europa.

El Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) abre la posibilidad a dos vuelos diarios para traer a varados (turistas, estudiantes o desocupados) por día. Pero no se trata de una obligación, sino de una probabilidad establecida por una norma de emergencia. No habrá dos vuelos por día: no hay aviones, no hay pilotos, no están las listas definitivas, no hay una autorización en blanco de González García, ni los fondos habilitados por la cartera de Economía.

Solá pasa horas en la Cancillería tratando de desarmar la bomba de relojería. Está acompañado por embajadores, cónsules y funcionarios diplomáticos alrededor del mundo que trabajan todo el día, que han sufrido contagio y que no piensan rendirse.

Todavía no han encontrado la solución a esta inesperada trampa del coronavirus.

MESSORI



“La Iglesia ‘en salida’ ahora se ha atrincherado por miedo”

Por INFOVATICANA | 02 abril, 2020

(Brújula Cotidiana)- “Es verdad que hay sacerdotes capaces de gestos heroicos, pero son iniciativas personales, no existe la movilización del clero que caracterizó a la Iglesia durante otras plagas”. “Más bien tenemos la percepción de una Iglesia atrincherada, las puertas que cierran la Plaza de San Pedro son el emblema”. “¿El cierre de Lourdes? Me dolió mucho, es la primera vez en la historia, pero entiendo que hay un riesgo real, no se puede desafiar a Dios”. “Obedecer a las autoridades civiles es un deber, si son legítimas y no van en contra de la fe; pero eso no quita que bajo ciertas condiciones se puedan celebrar misas”. 
Éstas son algunas de las opiniones del escritor católico más conocido del mundo, Vittorio Messori, sobre la Iglesia en la época del coronavirus.

“No me escandaliza que la Iglesia siga las disposiciones del Gobierno, lo que creo que falta es lo que siempre ha hecho la Iglesia durante las plagas: movilizar sus tropas”. Vittorio Messori, el escritor católico más conocido en el mundo, el que ha redescubierto la apologética, da su punto de vista sobre el tema de la Iglesia en la época del coronavirus y sobre la paradoja de lo que pretendía ser una “Iglesia que sale a las calles y a las plazas” y en cambio hoy aparece en su totalidad una “Iglesia atrincherada”, asustada, “aunque no falten los testimonios personales”, añade Messori.

Recordemos la imagen de fray Cristóforo en el Lazzaretto, junto con las víctimas de la peste, con las que muere por esta enfermedad. Es una imagen fuerte la de Manzoni en el libro “Los novios”, un clásico de la literatura italiana. ¿Le gustaría que todos los sacerdotes fueran así?


No se puede pretender que todos los sacerdotes sean como el fraile de la memoria de Manzoni, pero fray Cristóforo es el emblema de una Iglesia que durante las plagas de todas las épocas siempre se ha comportado de la misma manera. Es decir, ha mandado a sus hombres en medio de las víctimas de la peste para tratar de ayudarlas, asistirlas durante la muerte, para confesarlas por última vez. Por supuesto, se puede decir que los tiempos han cambiado, que ya no es el tiempo de fray Cristóforo, pero el hecho es que en la historia cuando estas epidemias estallaban el clero siempre se movilizaba y muchos de ellos morían. No se trataba de un desafío a Dios, sino de la conciencia de una misión, la Iglesia se distinguió por su testimonio, ponía en marcha a los suyos para tratar de aliviar un poco el sufrimiento de los afectados. Esto no quita que muchos sacerdotes vivan así hoy en día, varias docenas han muerto también aunque no sabemos de qué manera, pero estos actos de heroísmo son más bien iniciativas personales del clero. Por el contrario, se tiene la percepción de una Iglesia asustada, con obispos y sacerdotes seguros en sus casas.

También la suspensión precipitada de las misas con gente y el desorden de las iglesias cerradas y luego reabiertas, y en todo caso la debilidad en pedir el libre acceso respetando las medidas de seguridad, da la idea de una “Iglesia en retirada”.

En una cosa me gustaría ser claro. No olvidemos que san Pablo dice que hay que obedecer a las autoridades siempre que sean legítimas y cuando sus órdenes no sean contrarias a la fe. Obedecer a las autoridades legítimas es un deber para nosotros. Por lo tanto, algunas medidas pueden ser discutidas, pero es un deber obedecer, también en este caso. Sin embargo, esto no quita que, precisamente de acuerdo con las instrucciones del Gobierno, en muchos casos se puedan celebrar misas con el pueblo teniendo en cuenta todas las medidas de seguridad, que obviamente se deben garantizar. Hay iglesias que tienen grandes atrios, y con las puertas abiertas y los altavoces, junto a personal de orden que controle a la gente de fuera, no es difícil organizar la presencia de público, por pequeña que sea. Pero aparte de eso, hay otros gestos que pesan mucho.

¿Por ejemplo?

Ciertamente las imágenes de la Plaza de San Pedro cerrada con las puertas dan una imagen terrible. Es la fotografía de una Iglesia que se atrinchera en sus edificios, y dice: “Bueno, escuchad, ocupaos vosotros, nosotros intentamos salvar nuestro pellejo”. Y es una impresión muy común.

Hablando de cierres, ha causado una gran impresión el del santuario de Lourdes, al que por cierto usted está muy apegado.  Un santuario que es más que ningún otro el santuario de las curaciones, cerrado por miedo a un virus…

Tengo que decir que, a pesar del dolor que me causa, no puedo enfadarme por esta decisión. Es una situación completamente nueva, permitir peregrinaciones sabiendo el peligro que suponen las multitudes para la propagación del virus, suena un poco a desafiar a Dios. No podemos pretender ser diferentes y no enfermarnos sólo porque vamos a Lourdes, no podemos jugar con la vida de la gente. También debemos pensar que no sólo existe el santuario, sino también el viaje en grupo, los hoteles donde la gente se aloja… A veces ciertos extremismos me parecen perjudiciales.

Sin embargo ya ha habido momentos históricos difíciles y el santuario de Lourdes siempre ha estado abierto, ésta es la primera vez que se ha cerrado.

Ciertamente, y de hecho la decisión me ha impactado mucho. Lourdes no cerró ni siquiera en la época de las leyes anticlericales en Francia, entre finales del siglo XIX y principios del XX, cuando todas las instituciones religiosas fueron confiscadas por el Estado y entregadas a los ayuntamientos. Lourdes también sufrió el mismo destino, pero el Ayuntamiento, que compró la zona del santuario, se aseguró de que no se cerrara ni siquiera un día. Y ni siquiera durante la Segunda Guerra Mundial se cerró. Los alemanes sabían perfectamente que muchos judíos habían encontrado refugio en Lourdes, pero no se atrevieron a cerrarlo. Además, quizás no todos sepan que Lourdes siempre ha estado abierta, día y noche. Así que puede entender lo impresionado y desconcertado que estoy por la noticia de su cierre. Por supuesto, es doloroso, pero no podemos pecar de orgullo pensando que todos podemos ir a Lourdes sin consecuencias, que el virus no nos tocará sólo porque vayamos a Lourdes. No podemos decir “mantengamos Lourdes abierta porque nadie se contagiará de esta enfermedad”, o “no contagiaremos a nadie que se acerque a nosotros cuando regresemos del viaje”. Por eso no puedo indignarme, aunque lo sienta mucho.

Pero, al igual que usted proponía una solución para poder seguir celebrando las misas, ¿no hay una manera de limitar la asistencia a Lourdes, evitando las multitudes?

Los que conocen Lourdes saben que no es fácil de gestionar. Estamos hablando del santuario más frecuentado del mundo y cada año van allí entre cinco y seis millones de personas. Y las reuniones son indispensables: como el territorio del santuario es muy vasto, se pueden ver multitudes de personas en todas partes que se encuentran con el grupo con el que han llegado. Estar unidos es indispensable para escuchar lo que dice el guía, para hacer cosas juntos. Por lo tanto, en esta situación es ingobernable. Debemos tener en cuenta las condiciones, tener fe no nos protege de ninguna desgracia o enfermedad. Notre Dame se ha quemado, la capilla de la Sábana Santa también se ha quemado. Los caminos de Dios no son nuestros.

Publicado en la Brújula Cotidiana.

BÉLGICA RECOMIENDA



dejar morir a los ancianos fuera de los hospitales

Infocatólica, 1-4-20

Si hace unos días las noticias sobre el desprecio a la vida de los mayores venían de Holanda, hoy son de Bélgica. Sociedades utilitaristas en las que la extensión y aceptación de la eutanasia provocan que directivas para «priorizar» a las personas jóvenes sobre las mayores no sean mal vistas.

La Sociedad Belga de Gerontología y Geriatría ha enviado una circular a los médicos que ejercen en residencias para la tercera edad de todo el país en la que les indica que en caso de contagio por coronavirus de alguno de los residentes no lo trasladen a un hospital, sino que privilegien la administración de cuidados paliativos en la misma residencia.

Como detalla Enrique Serbeto en ABC, la noticia ha pasado por las páginas de los diarios belgas con escaso revuelo, porque esta es una sociedad acostumbrada ya a la eutanasia como una fórmula cada vez más popular de terminar de pagar impuestos, aunque en las actuales circunstancias ha suscitado cierto debate entre la profesión médica.

La Sociedad Belga de Geriatría explica que la disposición que ha trasladado a los médicos concierne a los residentes más débiles, para los que se considera que el coronavirus puede ser fatal. La profesora Nele Van Den Noortgate, del Hospital Universitario de Gante (en la región flamenca) ha explicado que para estos pacientes de edad avanzada con COVID-19 «no podemos hacer nada más por ellos en los hospitales que proporcionar buenos cuidados paliativos, que también pueden tener en las residencias. Llevarlos al hospital para que mueran allí sería inhumano». La recomendación se dirige también a las familias de los pacientes que tienen problemas mentales (alzheimer) o que están tan débiles que se puede esperar que vayan a fallecer a lo largo de este año.

Van Den Noortgate ha asegurado que a su juicio, «en el caso de estos pacientes, el tratamiento hospitalario puede prolongar la vida, pero ofrece pocas posibilidades de recuperación», mientras que si se mantiene a los ancianos enfermos en las residencias, se evita la sobrecarga de los hospitales.

En este escenario, muchos ancianos belgas pueden estar viviendo aterrorizados ante la perspectiva de resultar infectados, porque en su caso eso equivale directamente a la muerte. La cuestión se ve de distinta manera en Flandes, donde el número de contagios por coronavirus ha sido mucho mayor y los hospitales están más saturados, que en Valonia o en Bruselas, donde la situación todavía es comparativamente menos grave. 

Benjamin Thorekens, que dirige una residencia en Mons cree que las indicaciones no eran necesarias: «no veo por qué estas personas que están en una casa de reposo no deberían ser hospitalizadas si su condición lo requiere».

DOCUMENTO SOBRE EL AGUA



Una batalla para salvar vidas

Aica, 31 Mar 2020

El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral anunció la publicación de “Aqua fons vitae. Orientaciones sobre el Agua, símbolo del grito de los pobres y del grito de la Tierra”.
Se trata de un documento -difundido el 30 de marzo por la Oficina de Prensa de la Santa Sede- “enraizado en el magisterio social de los papas e inspirado en el trabajo realizado por miembros de la Iglesia nacional y local en diferentes países” y que está disponible, actualmente solo en inglés, en el sitio web del dicasterio.

3 dimensiones del agua
En el texto del documento se distinguen tres aspectos o dimensiones relacionados con el agua: “1) el agua para uso humano; 2) el agua como recurso utilizado en muchas actividades humanas, en particular la agricultura y la industria; 3) el agua como superficie, es decir, los ríos, los acuíferos subterráneos, los lagos y sobre todo, los océanos y los mares”.

Además, para cada aspecto, “el texto presenta los desafíos conexos y las propuestas operacionales para sensibilizar más sobre ese tema y sobre el compromiso local”. El final del documento “plantea una reflexión sobre la educación y la integridad”.
El Dicasterio anuncia, además, que se está definiendo una estrategia para abordar “la situación relativa al agua, a los servicios e instalaciones higiénicas en general, en las estructuras sanitarias pertenecientes a la Iglesia Católica”.
“Demasiados centros de salud en los países pobres y en desarrollo” no tienen un acceso adecuado al agua para las necesidades de limpieza e higiene más básicas: “Sin agua limpia, lavabos, jabones, inodoros y procedimientos de higiene, miles de millones de pacientes, personal de asistencia y familias corren peligro porque faltan las bases o las infraestructuras para prestar cuidados apropiados, seguros y de calidad. Nacimientos, cirugías, infecciones, epidemias: nada de esto se puede gestionar con seguridad sin agua”, resalta la nota.

Y la situación es particularmente alarmante “en estas semanas marcadas por la pandemia COVID-19”, pues “miles de instalaciones sanitarias están funcionando como pueden sin esa salvaguardia del agua que permite limpiar y proteger la vida”.

Batalla para salvar vidas
La nota señala que, tradicionalmente, la Iglesia Católica fue pionera en el compromiso con el sector de la salud y de la asistencia sanitaria en todos los continentes y que, al mismo tiempo “algunos líderes mundiales en el campo de la salud, incluidas las Naciones Unidas, tomaron cada vez más conciencia de esta cuestión. Coaliciones de organismos gubernamentales, organizaciones privadas y de beneficencia están elaborando planes de acción para enfrentar este problema con la mayor rapidez y eficacia posible”

Así, una vez realizadas las consultas con conferencias episcopales, organismos católicos de desarrollo, y expertos, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral “desea animar y apoyar a los que ya participan activamente en esta batalla para salvar vidas humanas”.

Trabajos y colaboración
Numerosos sistemas católicos de asistencia sanitaria están ya trabajando para definir el alcance y la complejidad del problema mediante un muestreo de estructuras sanitarias católicas. El Dicasterio, en colaboración con algunos organismos, como Catholic Relief Services y Global Water 2020, “ha decidido alentar este esfuerzo y contribuir a él, promoviendo -siempre que sea posible- investigaciones adicionales en algunos países”, prosigue el texto.

Y los resultados de este estudio, así como los de otras encuestas realizadas recientemente por organizaciones sanitarias católicas, “se utilizarán como punto de partida para planes de ejecución y de recaudación de fondos para sostener los planes operacionales”.

Por último, el comunicado informa que las organizaciones interesadas en sumarse a esta iniciativa “pueden ponerse en contacto con el dicasterio (a partir de mediados de abril) para solicitar más información o examinar las posibilidades de participación”. +

EL CORONAVIRUS NO ES INVENCIBLE




Se llama Máxima, tiene 100 años y se ha curado de COVID-19

Es.Aleteia, Mar 31, 2020

El Covid 19 tiene al mundo pendiente de las cifras en general y de los nombres en particular. De los datos oficiales por un lado y de la familia y de los amigos, por otro. Atónitos, miramos a nuestros gobiernos para ver y respetar las medidas que se han tomado. Extremamos nuestras medidas de higiene. Nos comparamos con otros países, en cifras, en medidas de aislamiento social, en recomendaciones, en alertas. Con más menos miedo, con más o menos inquietud, el mundo entera contempla lo que está pasando con incredulidad. Hospitales que se levantan en días, compras masivas de mascarillas, cuarentenas…

Y entre tanto dato alarmante, a veces, aparecen luces. La investigación de las vacunas, el afán de los sanitarios que luchan en primera línea e historias como la de Máxima, que a sus 100 años, un mes y nueve días le ha ganado la batalla al coronavirus.
Esta mujer centenaria de Albacete, una ciudad de Castilla la Mancha, en España, la tierra de Cervantes y Don Quijote, de viento, molinos y grandes llanos es hoy una heroína. Este viernes 27 de marzo recibía el alta médica, junto a más de 50 pacientes en toda la región, tras 15 días ingresada luchando contra el coronavirus. Ese que precisamente está llevándose la vida de cientos de personas mayores en decenas de países. Y precisamente por eso, hoy Máxima representa más que nunca la victoria y nos llena de esperanza. 
Máxima ingresó en el Hospital general de la ciudad y fue trasladada después a otro, para ingresar en la planta de geriatría. Su hijo, José Antonio, ha contado en la prensa de Albacete, en El Digital de Albacete, que durante la estancia hospitalaria de su madre el personal sanitario la ha cuidado y la ha mimado sin descanso. Asegura que se han desvivido por ella.

Un trato maravilloso como maravillosa ha sido la noticia del alta. La alegría es incalculable cuando los médicos te dicen que tu madre, de 100 años, ha vencido al coronavirus y puede dejar el hospital para volver a casa. Que se ha curado. Que lo ha logrado.
Máxima es ahora un icono de la ingente lucha contra el virus. Su hijo ha contado a la prensa con orgullo que el virus no ha podido con ella “por el genio que tiene”.

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Hombre de 101 años vence la muerte

 Rimini (Lunes, 30-03-2020, Gaudium Press)

 El paciente de ciento un años de edad es de la ciudad de Rimini, en Italia, y recibió alta del hospital donde había sido internado. La vice-prefecta Glória Lisi fue la portadora de la feliz noticia, para los medios de comunicación.
Su nombre no fue divulgado, pero el vencedor nació en 1919. Permaneció hospitalizado durante una semana. Testigos dijeron que el centenario luchó como un león contra la enfermedad. El cuerpo clínico del hospital, médicos y enfermeros, salieron fortificados y gratificados por lo ocurrido. Nuestro buen hombre se tornó "historia". Afirmó la vice-prefecta Lisi, que su restablecimiento es una esperanza para todos.

La resistencia de la vida, en un cuerpo fustigado por la larga existencia de más de cien años acabó venciendo.  Eso contraría las tristes crónicas de todos los días, cuando un virus asola sobre todo a los ancianos, concluyó. ¡La vida y la muerte están en las manos de Dios!

Es el diálogo del Creador con la criatura, algo que nos recuerda las palabras del Papa Emérito Benedicto XVI, cuando estuvo en Rimini en agosto de 2012: 

"la naturaleza del hombre es la relación con el infinito" [eso] significa entonces decir que toda persona fue creada para que pueda entrar en diálogo con Dios, con el infinito".  ¡Sí, estamos en las manos de Dios!


EL DESAFÍO ÉTICO


 respecto a los ancianos

P. Roberto Esteban Duque

Infocatólica, – 24/03/20

«La edad de los pacientes tiene mucha importancia en la determinación de si está indicado hacer el psicoanálisis. Por un lado, cerca o arriba de los 50, la elasticidad de los procesos mentales, por regla, se pierde. Los ancianos no son más educables». Posturas teóricas como la que manifiesta en este análisis Freud han pesado mucho en confirmar los prejuicios sociales hacia la vejez. 

El hecho mismo de la institucionalización del adulto para que lo «cuiden» mejor, es decir, para que no moleste, cuando no es absolutamente necesaria, proveniente de una mentalidad cultural hedonista e individualista que identifica lo viejo con lo regresivo e inútil, nos está llevando a una sociedad profundamente degradada y envilecida. Incluso, como sostiene Omar França-Tarragó en su Manual de Psicoética, existe una deficitaria formación universitaria en los futuros licenciados médicos o psicólogos, a quienes la «ideología» pedagógica no prepara para asistir a los ancianos, sin extrañar después que rehúyan de múltiples maneras enfrentar la realidad para la que no han sido preparados.

Lo sucedido en varias residencias de mayores, donde la Unidad Militar de Emergencias localizó cadáveres de ancianos abandonados en sus camas, debe hacernos reflexionar sobre el paradigma de sociedad que estamos dispuestos a construir. Margarita Robles, ministra de Defensa, ha manifestado que «todo el peso de la ley caerá sobre quienes no cumplan con sus obligaciones», cuando se sabe que el personal sanitario ha desaparecido, dándose de baja, al detectarse el virus. Unas palabras que no han gustado a José Manuel Ramírez, presidente de la Asociación de Directoras y Gerentes en Servicios Sociales, considerándolas de «desafortunadas» y «vergonzosas», reclamando que no se criminalice a los trabajadores del sector.

El desafío ético que se le presenta a la sociedad, salvado este escenario bélico, y a la medicina en particular, respecto a los ancianos, es un desafío ideológico: la responsabilidad de no reprimir cuanto nos recuerde la vejez, la enfermedad o la muerte. Sólo con relación a esa represión se explica la marginación, el abandono y la maleficencia que padecen tantos ancianos que tienen, según la Declaración de Hong Kong de la Asociación Médica Mundial sobre el maltrato de ancianos, «los mismos derechos a atención, bienestar y respeto que los demás seres humanos». La Asociación Médica Mundial reconoce que es responsabilidad del médico proteger los intereses físicos y psíquicos de los ancianos. Si se confirma que existe maltrato o se considera una muerte sospechosa, está obligado a «informar a las autoridades competentes», proporcionando una evaluación por los daños producidos por el abuso o el abandono.

Pero también es un desafío científico: las ciencias médicas están obligadas a investigar a fondo las distintas posibilidades de incidir en el mayor bienestar de la persona mayor, para que reciba la mejor atención posible sin claudicar ante la influencia de los valores sociales dominantes. Que no seamos una cultura africana, donde la ancianidad es un orgullo, no significa que aspiremos a ser una sociedad occidental eutanásica donde, como mantenía Ciorán, «la idea de poder salir de la vida es lo único que la hace soportable». No puede sorprender ni extrañar que en estas sociedades la edad sea un factor de profunda discriminación.

Finalmente, el desafío es ético, sensu stricto: el deber de la sociedad, cuando la persona mayor se encuentra en un declive incompatible con su autonomía, después de haber ayudado a conservar sus potencialidades de aportación a la comunidad humana, consistirá en garantizar el cuidado y la protección de su integridad física y emocional, eliminando cualquier género de maltrato. La asistencia digna de la persona mayor está vinculada a este inmenso esfuerzo de protección del anciano en cualquier ambiente. Si no se respeta la dignidad e integridad física del anciano, su intimidad y derecho a decidir sobre sí mismo, una justa distribución de los recursos, o el verse beneficiado por un tratamiento cuando lo necesita, estaremos abocados a convertirnos en una sociedad reprobada por nuestros descendientes después de haber sido parricida, de haber abandonado y maltratado a los propios progenitores.