DON BOSCO

DON BOSCO
"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"

COMPRA DE ABORTIVOS


 EN LAS PROVINCIAS

 

NOTIVIDA, Año XXIV, Nº 1352, 10 de abril de 2024

 

Los abortivos ya no llegan a todo el país en la canasta de medicamentos del Programa Remediar, pero mientras no se derogue la inicua ley, los abortos se van a seguir haciendo.

 

Hasta diciembre la Dirección Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (DNSSR) compraba abortivos y los distribuía a las provincias, pero muchos distritos le sumaban a ese envío los insumos propios. Por ejemplo, según el proyecto Mirar, en 2022 Mendoza recibió de la DNSSR, 3.725 “tratamientos” para hacer abortos pero a eso le agregó los que compró la provincia.

 

Lo mismo pasa en la Ciudad de Buenos Aires donde el cambio de gestión no alteró la compra de abortivos.

 

A fines del año pasado el gobierno de Rodríguez Larreta realizó su última compra de misoprostol (16.200 comprimidos) por una contratación directa al Laboratorio Domínguez (Orden de compra: 401-18604-OC23). Jorge Macri hizo lo mismo en marzo de este año, pero esta vez fueron 21.600 comprimidos (Orden de compra: 401-2789-OC24). 

 

La provincia de Río Negro abrió una licitación para la compra de mifepristona el 29/12/2023.

 

Neuquén autorizó recientemente a las parteras a hacer abortos e incluyó a la mifepristona y el misoprostol entre los productos que pueden recetar. En enero la provincia adquirió 1.200 “tratamientos” de misoprostol, porque de Nación sólo reciben unos pocos insumos que “quedaron de la gestión anterior”, según estima Cristian D ´Alu, responsable del departamento de Salud Sexual y Reproductiva provincial.

 

Córdoba empezó a comprar misoprostol en enero, pero no mifepristona porque ‘es muy cara’.”

 

En Catamarca sólo utilizaban los abortivos que recibían de Nación, por lo que calculan que se quedarían sin insumos en un par de meses.

ELEMENTOS DE BIOÉTICA

 

En la declaración "Dignitas infinita", del Dicasterio de la Doctrina de la Fe


Aborto

Sobre el aborto, el documento afirma:

 

La aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en la misma ley es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido moral, que es cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida. Ante una situación tan grave, se requiere más que nunca el valor de mirar de frente a la verdad y de llamar a las cosas por su nombre, sin ceder a compromisos de conveniencia o a la tentación de autoengaño. A este propósito resuena categórico el reproche del Profeta: «¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal!; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad» (Is 5, 20).

 

Y advierte:

«...en el caso del aborto se percibe la difusión de una terminología ambigua, como la de “interrupción del embarazo”, que tiende a ocultar su verdadera naturaleza y a atenuar su gravedad en la opinión pública. Quizás este mismo fenómeno lingüístico sea síntoma de un malestar de las conciencias. Pero ninguna palabra puede cambiar la realidad de las cosas: el aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento»

 

Vientres de alquiler

 

Respecto a la maternidad subrogada se afirma:

«La Iglesia, también, se posiciona en contra de la práctica de la maternidad subrogada, mediante la cual el niño, inmensamente digno, se convierte en un mero objeto.

Y:

«La práctica de la maternidad subrogada viola, ante todo, la dignidad del niño... el niño tiene derecho, en virtud de su dignidad inalienable, a tener un origen plenamente humano y no inducido artificialmente, y a recibir el don de una vida que manifieste, al mismo tiempo, la dignidad de quien la da y de quien la recibe».

Y, además:

 

«La práctica de la maternidad subrogada viola, al mismo tiempo, la dignidad de la propia mujer que o se ve obligada a ello o decide libremente someterse. Con esta práctica, la mujer se desvincula del hijo que crece en ella y se convierte en un mero medio al servicio del beneficio o del deseo arbitrario de otros».

 

Eutanasia, suicidio asistido

 

La manera de abordar la crítica a la eutanasia del documento es igualmente contundente:

«Hay un caso particular de violación de la dignidad humana, más silencioso pero que está ganando mucho terreno. Tiene la peculiaridad de utilizar un concepto erróneo de la dignidad humana para volverla contra la vida misma. Esta confusión, muy común hoy en día, sale a la luz cuando se habla de eutanasia. Por ejemplo, las leyes que reconocen la posibilidad de la eutanasia o el suicidio asistido se denominan a veces «leyes de muerte digna». Está muy extendida la idea de que la eutanasia o el suicidio asistido son compatibles con el respeto a la dignidad de la persona humana. Frente a este hecho, hay que reafirmar con fuerza que el sufrimiento no hace perder al enfermo esa dignidad que le es intrínseca e inalienablemente propia, sino que puede convertirse en una oportunidad para reforzar los lazos de pertenencia mutua y tomar mayor conciencia de lo preciosa que es cada persona para el conjunto de la humanidad».

 

Ideología de género

 

La teoría o ideología de género recibe también una consideración muy negativa por parte del documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe:

«Con respecto a la teoría de género, sobre cuya consistencia científica se debate mucho en la comunidad de expertos, la Iglesia recuerda que la vida humana, en todos sus componentes, físicos y espirituales, es un don de Dios, que debe ser acogido con gratitud y puesto al servicio del bien. Querer disponer de sí mismo, como prescribe la teoría de género, sin tener en cuenta esta verdad fundamental de la vida humana como don, no significa otra cosa que ceder a la vieja tentación de que el ser humano se convierta en Dios y entre en competencia con el verdadero Dios del amor que nos revela el Evangelio».

 

Se constata que la ideología de género «pretende negar la mayor diferencia posible entre los seres vivos: la diferencia sexual. Esta diferencia constitutiva no sólo es la mayor imaginable, sino también la más bella y la más poderosa: logra, en la pareja varón-mujer, la reciprocidad más admirable y es, por tanto, la fuente de ese milagro que nunca deja de asombrarnos que es la llegada de nuevos seres humanos al mundo».

 

Transexualidad

 

Dignitas Infinita condena los procedimientos para el cambio de sexo:

«...toda operación de cambio de sexo, por regla general, corra el riesgo de atentar contra la dignidad única que la persona ha recibido desde el momento de la concepción. Esto no significa que se excluya la posibilidad que una persona afectada por anomalías genitales, que ya son evidentes al nacer o que se desarrollan posteriormente, pueda optar por recibir asistencia médica con el objetivo de resolver esas anomalías. En este caso, la operación no constituiría un cambio de sexo en el sentido que aquí se entiende».

DOCUMENTO MENSURAM BONAM

 

https://www.fpablovi.org/images/Inversiones/MensuramBonam_Castellano.pdf

LA LECCIÓN DE LEJEUNE

 

El aborto marca el hundimiento de la medicina

 

Ermes Dovico

 

Brújula cotidiana, 01_04_2024

 

 

Dentro de unos días, el 3 de abril, se cumplirán treinta años de la muerte de Jérôme Lejeune (1926-1994), gran genetista y pediatra francés cuyas virtudes heroicas ha reconocido la Iglesia. Para celebrar este aniversario, los días 17 y 18 de mayo se celebrará en Roma una conferencia internacional titulada “Jérôme Lejeune y los desafíos de la Bioética en el siglo XXI”. Tomando como punto de partida el pensamiento de Lejeune, la conferencia debatirá algunos de los logros (para bien y para mal) de la medicina moderna, los principales aspectos éticos de la genética, la biotecnología y la neurociencia, desde el diagnóstico prenatal hasta los embriones con “tres padres”, pasando por los tratamientos hormonales para la disforia de género y el transhumanismo.

 

El abanico de ponentes es amplio y de alto nivel: bioeticistas, profesores universitarios, filósofos, juristas, médicos e investigadores. Un debate multidisciplinar, por tanto, pero “unido” por el legado científico y moral de Lejeune. La Brújula Cotidiana ha entrevistado a la filósofa Aude Dugast, postuladora de la causa de canonización de Lejeune y una de las organizadoras del congreso.

 

Señora Dugast, empecemos por el tema general del Congreso: ¿Por qué es importante redescubrir el pensamiento de Jérôme Lejeune para afrontar los retos de la bioética en el siglo XXI?

Porque Lejeune fue un gran científico católico con una mirada verdaderamente profética sobre la ciencia y la medicina. Esta mirada profética le venía por su altísimo nivel científico, por su excelencia académica reconocida en todo el mundo y por su gran amor por los pacientes y sus familias. Cuando leemos sus conferencias y sus artículos parece que está hablando de hoy. Por ejemplo, cuando hablaba de la eutanasia hace cuarenta años, parece estar describiendo lo que ocurre hoy en Francia y en el mundo: en los medios de comunicación, en la política y en la medicina. Él predijo antes que nadie el hundimiento de la medicina y de la sociedad. De hecho, aseguró: “El aborto es la interrupción de una vida que molesta. La edad no tiene nada que ver. Los ancianos corren el mismo riesgo que los jóvenes”. Partió de un discurso de la razón, comprensible para todos: recordó el Juramento Hipocrático, por tanto 400 años antes del nacimiento de Jesucristo, argumentando que todos los médicos, creyentes y no creyentes, están obligados por este Juramento, que impide procurar la muerte.

 

El Parlamento francés ha incluido el derecho al aborto en la Constitución y existe el riesgo de que otros países sigan su ejemplo. Lejeune era un firme opositor al aborto. ¿Cuánto hace falta en Francia y en el mundo una figura como él?

Tras la votación de la Ley del Velo, un periodista le preguntó a Lejeune si era su derrota. Él respondió: “No es mi derrota, es la derrota de los niños de Francia”. Estaba profundamente triste porque se trataba de algo muy concreto, algo que supondría la muerte de millones de niños. Era un dolor muy encarnado y concreto. Pero no se rindió, hizo un llamamiento a la acción. Y dijo: “El derecho a la vida no lo dan los gobiernos. Por lo tanto, los gobiernos no tienen el poder de quitarle este derecho a nadie. Para que la civilización siga existiendo, la política tendrá necesariamente que ajustarse a la moral: a la moral que trasciende todas las ideologías porque está escrita en nosotros por el decreto impenetrable que rige tanto las leyes del universo como la naturaleza de los seres humanos”.

 

Lejeune descubrió la causa del síndrome de Down. Pero como hombre y como pediatra, ¿qué ha significado para los niños con este síndrome y para sus padres?

Este descubrimiento fue una revolución: el primer descubrimiento mundial de una enfermedad con una causa cromosómica, un paso de gigante para la genética. De hecho, Lejeune ha sido llamado “el padre de la genética moderna”. Pero la revolución más importante fue la humana: un cambio total para las familias. Lejeune quiso cambiar el nombre de esta enfermedad y la llamó Trisomía 21 para dejar atrás el estigma y las falsas ideas que acompañaban al mongolismo, como se llamaba antes. Se pensaba que era contagiosa o que podía ser “la venganza de Dios” por los pecados de los padres. Así, las familias no sólo tenían un hijo discapacitado, sino que además sufrían la presión de la sociedad que los despreciaba. Gracias a Lejeune, la mirada de muchos padres sobre sus hijos cambió totalmente, y también la mirada de la sociedad. He conocido muchísimos testimonios de padres, de hermanos y hermanas que vivieron esto y que me dijeron que lo cambió todo, que pasaron de un sentimiento de vergüenza a la esperanza, gracias al profesor Lejeune, que quería tanto a sus hijos con síndrome de Down. Les impresionó la forma en que miraba a su hijo, con un amor incondicional. Con su mirada, también hizo que los padres aprendieran a querer a esos hijos suyos. Tanto es así que el día de su funeral en Notre-Dame, un joven con síndrome de Down, Bruno, atravesó la catedral de París para tomar el micrófono y pronunció ante las 2.000 personas presentes las siguientes palabras: “Gracias, profesor Lejeune, por lo que has hecho por mí. Gracias a ti, estoy orgulloso de mí mismo”.

 

¿Gracias a los estudios de Lejeune se ha avanzado en los tratamientos?

Para recoger su legado científico y cultural se creó la Fundación Jérôme Lejeune. Y ahora en París tenemos un ambulatorio con 12.000 pacientes, la mayor clínica de Europa para estos enfermos. También hemos abierto una en España y otra en Argentina. Y, al igual que Lejeune, también investigamos: investigación clínica con pacientes e investigación fundamental, por lo que colaboramos con muchos laboratorios de todo el mundo, que, gracias a nuestra ayuda financiera, han vuelto a trabajar en la Trisomía 21.

 

La genética avanza rápidamente, pero no siempre en un sentido verdaderamente humano. ¿Qué pensaba Lejeune de las pruebas prenatales realizadas con el objetivo de eliminar a los niños “imperfectos”?

Esta eliminación de los niños “imperfectos” le destrozaba el corazón, porque sus descubrimientos e investigaciones pretendían estar al servicio de los niños para intentar ayudarles; en cambio, había quien los utilizaba en su contra. Solía decir que “el racismo cromosómico es tan horrible como todas las formas de racismo” y también que “la medicina para abortar, es el aborto de la medicina”. Cuando algunos le preguntaban “¿pero por qué no hace pruebas prenatales?”, él respondía que una prueba prenatal para ayudar a la familia a acoger a un niño diferente está muy bien, pero sabía que por desgracia en la mayoría de los casos esa acogida no se producía. Y sigue sin producirse.

 

En cuanto al vínculo entre ciencia y fe en Lejeune, usted ha hablado de la “santidad de la inteligencia”. ¿Por qué?

Al estudiar la causa de canonización de Lejeune me llamó la atención esta santidad de la inteligencia. La fe es la virtud de la inteligencia apegada a la verdad. Y esto lo vemos realmente en Lejeune porque siempre permaneció fiel a la verdad. Tuvo claro que no hay contradicción entre la fe y la ciencia, porque la fe nos da la verdad revelada y la ciencia nos hace comprender cómo funciona el mundo: el mundo creado por el Creador. La verdadera ciencia no puede darnos conclusiones diferentes sobre lo que Dios ha hecho. Cuando parece que hay diferencias entre las conclusiones de la ciencia y las de la fe, decía que entonces hay que investigar más en el terreno de la Ciencia porque seguramente hay algo que se nos escapa, que no hemos entendido bien. Y cuando su inteligencia le mostró el camino a seguir, aunque fuera empinado como por ejemplo defender públicamente la vida de sus pacientes y arriesgarse a ataques violentos, no tuvo miedo: lo siguió. Defendió heroicamente la verdad de la Medicina. Su brújula era la verdad unida a la caridad. Y su ejemplo obró milagros.

 

¿Milagros?

Sí, en el sentido de conversiones. Conozco al menos dos ejemplos de médicos que tras escuchar sus discursos se convirtieron y cambiaron de vida, dejando atrás prácticas como el aborto y la inseminación artificial.

 

En la conferencia también se hablará del vínculo entre san Juan Pablo II y Lejeune. El Papa Wojtyła tenía en gran estima a Lejeune. Si tuviera que recordar un aspecto de esta estima, ¿cuál destacaría?

Había una amistad y una comunión espiritual muy profundas. Lejeune no se consideraba a sí mismo amigo del Santo Padre porque era demasiado humilde. En cambio, Juan Pablo II decía que Lejeune era un gran amigo suyo. De hecho, cada vez que Lejeune iba a Roma, Juan Pablo II le invitaba a asistir a una misa privada en el Vaticano. El Santo Padre también le pidió que fundara la Academia Pontificia para la Vida para la que Lejeune redactó los estatutos y la Declaración de los “Servidores de la Vida” que vinculaba a todo nuevo miembro. Posteriormente en 1994, el Papa le nombró primer presidente de la Academia, que Lejeune sólo pudo dirigir durante 33 días, porque en la mañana de Pascua de ese año, era el 3 de abril, entregó su alma a Dios.

 

¿A quién se dirige idealmente su conferencia?

Está abierta a todos: investigadores, médicos, científicos, filósofos, juristas, profesores y, en general, a todos aquellos, como los jóvenes, que necesitan tener las ideas claras sobre todos los retos de la Bioética actual.

 

 

AGENDA 2030

 

 por qué todos fingen creer en los 17 Objetivos de esta fantasía irrealizable

 

Claudia Peiró

 

Infobae, 31 Mar, 2024

 

Suele decirse que los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible (en adelante ODS) de la Agenda 2030 que la Organización de las Naciones Unidas lanzó en 2015 son incuestionables y que nadie podría oponerse a ellos.

 

Puede ser. Lo que también es cierto es que su lectura despierta incredulidad y hasta mueve a ironía. ¿Cómo es que la Asamblea General de la ONU, que en casi 60 años no ha logrado por ejemplo con sus resoluciones que Gran Bretaña entable un diálogo con Argentina por la soberanía de Malvinas, pudo de pronto anunciar que, en menos que canta un gallo (15 años), erradicaría la pobreza y el hambre, y pondría al alcance de todos educación y salud de calidad, agua potable, infraestructura, energía, empleo, etc., etc.? ¡Y todo ello sin afectar el medio ambiente!

 

Esta es la lista de los 17 ODS: erradicación de la pobreza, hambre cero, salud y bienestar, educación de calidad, igualdad de género, agua limpia y saneamiento, energía limpia y no contaminante, trabajo decente y crecimiento económico, industria innovación e infraestructura, reducción de las desigualdades, ciudades y comunidades sostenibles, producción y consumo responsables, acción por el clima, vida submarina, vida de ecosistemas terrestres, paz justicia e instituciones sólidas, alianzas para lograr los objetivos.

 

Como estos 17 ODS se subdividen en 169 metas, Bjorn Lomborg y Jordan Peterson escribieron una columna cuyo título lo dice todo: “Desarrollo Sostenible: hay poca diferencia entre tener 169 objetivos y no tener ninguno”. En criollo: la Agenda 2030 es poco seria.

 

En septiembre de 2015, en coincidencia con el momento en que la ONU presentaba su Agenda, el papa Francisco habló ante la Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York y pidió evitar “toda tentación de caer en un nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias”. “Debemos cuidar que nuestras instituciones sean realmente efectivas en la lucha contra todos estos flagelos”, agregaba.

 

Lomborg y Peterson (ambientalista danés e intelectual canadiense, respectivamente) recuerdan por su parte que ya estamos a mitad de camino del 2030 y es evidente que los ODS no se cumplirán.

 

Hay un motivo análogo al que trabó la Ley Ómnibus del gobierno de Milei. En palabras de Lomborg y Peterson, “(en la Agenda 2030) hemos equiparado objetivos fundamentales como la erradicación de la mortalidad infantil y la educación básica con otros bien intencionados pero periféricos, como el fomento del reciclaje y la promoción de estilos de vida en armonía con la naturaleza; si intentamos hacerlo todo a la vez, corremos el riesgo de hacer muy poco, como hemos hecho en los últimos siete años”.

 

Difícilmente alguien crea que los ODS son metas cumplibles en los plazos fijados. Por eso lo sorprendente es que la Agenda 2030 esté en boca de todos: políticos, referentes sociales, económicos, activistas medioambientales -y obviamente también las feministas- parecen creer en ella a pie juntillas.

 

Difícil es también entender la masividad con la cual los políticos compran este paquete llave en mano. Salvo que sea por marketing, porque queda bien o por pereza. Se prefiere un activismo sin mucha brújula, una figuración cómoda, antes que el estudio de los problemas y la búsqueda seria de soluciones.

 

Cabe aclarar que la Organización de las Naciones Unidas no es un gobierno mundial. La Asamblea General (su órgano más democrático porque allí se sientan en pie de igualdad todos los países y cada voto vale lo mismo) tiene poco o nulo poder ejecutivo. Muchas de sus resoluciones son pour la galerie. Como la de Malvinas. El bacalao lo corta el Consejo de Seguridad, en especial sus miembros permanentes con poder de veto que son sólo cinco: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China.

 

Los organismos creados como especializaciones o subdivisiones de la ONU (FAO, OIT, OMS, Unesco; PNUD, etc., etc.) están colonizados por una gran cantidad de “partes interesadas” (o “stakeholders”, según el eufemismo usado para lo que son en realidad: lobbies o fachadas de intereses que no dicen abiertamente su nombre), financiados en su mayoría por las elites que gobiernan al mundo. Esa es la gente que redactó la Agenda 2030, como la propia ONU lo reconoce: “Los grupos principales y otros interesados fueron esenciales para el desarrollo y la adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, al mismo tiempo que trabajaron de manera activa en su aplicación a través de proyectos, iniciativas y actividades de promoción, intercambio de conocimientos y supervisión”.

 

Además, agregan que “los grupos principales y otros interesados suelen trabajar en colaboración con otros sectores, incluidas las autoridades gubernamentales”. A buen entendedor, pocas palabras. Esto último alude al financiamiento condicionado, como presión a las administraciones de ciertos países para influir en sus políticas.

 

Por lo tanto, cuando se escucha “la ONU dice…”, como fuente de autoridad, hay que tener presente que casi siempre se trata de documentos producidos por organismos subsidiarios de Naciones Unidas, que a su vez están influidos por estos grupos interesados. Detrás de una fachada de transparencia, todas las conferencias ONU, sus resoluciones, etc, son en buena medida fruto de operaciones y lobbies cruzados, de stakeholders, que tienen mucha espalda para promover sus objetivos y direccionar al organismo y sus filiales. Y que en muchos casos son agentes de gobiernos; organizaciones para-gubernamentales antes que “no gubernamentales”.

 

Recientemente, la Fundación NEOS, que preside Jaime Mayor Oreja, ex ministro del Interior de España, hizo un análisis crítico de los 17 ODS y las 197 metas de la Agenda 2030, que pone de relieve aspectos que en una primera lectura pueden pasar inadvertidos.

 

“La Agenda 2030 consiste en un caramelo envenenado revestido de una envoltura atractiva y seductora”, dice Mayor Oreja en la presentación del documento. La reacción ante los 17 ODS, señala, se divide entre quienes “han querido destacar las partes positivas de la Agenda” y los que directamente “denunciaban la maldad de la raíz y núcleo de esta propuesta”. El trabajo de NEOS zanja la cuestión señalando que “el propio texto de la Agenda”, en “más de 5 ocasiones” advierte “sobre el carácter integrado e indivisible de los objetivos y las metas de la misma”.

 

Es decir “o se acepta todo el contenido” o se está contra la Agenda. Tómalo o déjalo. No se puede discutir no sólo los 17 ODS sino tampoco el cómo y el cuándo alcanzar estas metas tan loables. Los ODS fijan plazos y acciones para alcanzarlas, y determinan los criterios de evaluación. Como si el camino para la solución de un problema fuese uno solo. Y se decidiera en la ONU.

 

En el discurso ya citado, el propio Francisco advertía contra esta pretensión de imponer un camino único: “La multiplicidad y complejidad de los problemas exige contar con instrumentos técnicos de medida. Esto, empero, comporta un doble peligro: limitarse al ejercicio burocrático de redactar largas enumeraciones de buenos propósitos –metas, objetivos e indicaciones estadísticas–, o creer que una única solución teórica y apriorística dará respuesta a todos los desafíos”.

 

La presentación que hace la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), una de las 5 comisiones regionales de la ONU, es decir otra de sus sucursales, es clara: “La Agenda 2030 es: universal, pues los beneficios del desarrollo deben ser para todos y es responsabilidad de todos los países su logro; indivisible, ya que insta a abordar los 17 Objetivos en conjunto, evitando fragmentaciones; integral, puesto que conjuga las tres dimensiones del desarrollo económico, social y ambiental; civilizatoria, dado que propone erradicar la pobreza extrema como imperativo ético, poniendo a la dignidad y a la igualdad de las personas en el centro; transformadora, ya que requiere aproximaciones alternativas a la forma habitual de hacer las cosas…”

 

Nótese la pretendida superioridad moral de este programa intocable (ética, civilización, dignidad…). ¿Pero cuál es esa aproximación novedosa y virtuosa a los problemas según Cepal? Respuesta: “La igualdad de género y de derechos está presente en toda la Agenda y el enfoque de múltiples interesados se hace imprescindible para su apropiación e implementación”. Traducción: ideología de género y vía libre a los lobbies. Claro que, entre los “múltiples interesados”, también forman fila los voluntariosos que creen estar bregando por un objetivo loable y en realidad están sirviendo a otros intereses.

 

“En una agenda es tan importante lo que se incluye como lo que se deja afuera -advierte el documento de la Fundación Neos. Por ejemplo, ni el envejecimiento de la población, ni la bajísima fecundidad –que no garantiza el reemplazo generacional y que supone serios problemas sociales– aparecen mencionados. Por el contrario, la salud sexual y reproductiva se presenta como una parte obvia del marco, algo que no se discute, siendo que normalmente es un eufemismo usado por las organizaciones internacionales para la promoción de la anticoncepción y del aborto”.

 

La expresión “salud reproductiva” refleja el antinatalismo en boga: el embarazo es una enfermedad, una epidemia que hay que combatir, la anticoncepción es el remedio y, si no alcanza, el aborto, que ha pasado de ser un recurso extremo -como lo vendían los promotores de su legalización- a una práctica banalizada y hasta propagandizada, en particular mediante el reparto indiscriminado de misoprostol y otras drogas abortivas.

 

Todo esto se promueve en un mundo en el que muchísimos países ya tienen una tasa de natalidad inferior a la “de reemplazo”, es decir, la necesaria para mantener una población estable. En Argentina, la curva de natalidad viene cayendo dramáticamente desde 2014, y no es por casualidad sino por política.

 

El documento de NEOS advierte: “La baja natalidad persistente lleva aparejada, a la larga, empobrecimiento económico, puesto que el capital humano de una sociedad tiende a deteriorarse en cantidad (menos gente) y calidad (la que va quedando, más envejecida en promedio), la mano de obra y los consumidores menguan en número y envejecen, hay un gasto creciente en pensiones y sanidad cubierto con ingresos fiscales de una fuerza laboral mermada y avejentada, etc.”

 

“Que la natalidad no sea considerada vital por la ONU en su Agenda 2030 es una clamorosa omisión que nos hace recelar de la misma (porque) pocas cosas hacen más insostenible a una sociedad humana y dificultan más su desarrollo futuro que su pérdida de población”, agregan.

 

También debería preocupar que estas cosas no estén en la agenda de los políticos.

 

La meta 3.7 del Objetivo 5, es “garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos los de planificación familiar, información y educación, y la integración de la salud reproductiva en las estrategias y los programas nacionales”. Es decir, imponer a los países esta política, lo cual es más fácil en los países en desarrollo mediante el condicionamiento de las ayudas y créditos a esta agenda.

 

Como lo demuestra el ODS n° 5 (“Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”), la Agenda 2030 es feminista. Parte de la base de que la mujer está en inferioridad de condiciones en todo aspecto y lugar. En palabras de la Fundación Neos, el objetivo 5 “es deudor de la ideología de género: [que] en su vertiente cultural, sostiene una visión del hombre y la mujer como dos realidades enfrentadas en la que el hombre es indefectiblemente un peligro para la mujer”.

 

En cuanto al objetivo 12 -modalidades de consumo y producción sostenibles-, el informe sostiene que se usa lo ambiental “como excusa para imponer políticas limitadoras del desarrollo”, con lo que “se condena a países en desarrollo a que su despegue sea más dificultoso” y “se proscriben ciertas fuentes de energía que podrían ser una manera económica y provisional de pasar de la indigencia al desarrollo”.

 

Los diagnósticos catastrofistas fomentan “una infundada eco-ansiedad en los jóvenes”, sentimiento que ha llegado también a estas orillas; pensemos si no en los activistas veganos que periódicamente irrumpen en la Rural.

 

Aquí interviene el concepto “desarrollo sostenible” o “sustentable”, es decir el que puede mantenerse en el tiempo sin afectar al medio ambiente ni extinguir los recursos; sería el desarrollo que permite satisfacer las necesidades de las actuales generaciones sin poner en riesgo la satisfacción de necesidades futuras. Se postula un uso renovable y no depredador de las riquezas naturales.

 

Suena bonito, pero en la práctica el equilibrio entre justicia presente y futura no es tan sencillo de determinar. Sin mencionar que este concepto puede encerrar una trampa para los países en desarrollo.

 

Bjorn Lomborg denunciaba en otro artículo la “hipocresía” de los países centrales: “Demasiados políticos del mundo rico y defensores del clima olvidan que gran parte del planeta sigue sumido en la pobreza y el hambre. Sin embargo, sustituyen cada vez más su ayuda para el desarrollo por gasto climático. El Banco Mundial (...) ha anunciado que desviará nada menos que el 45% de su financiación hacia el cambio climático. (...) “Esto huele a hipocresía, porque los países ricos obtienen casi cuatro quintas partes de su energía de combustibles fósiles, debido a la falta de fiabilidad y a los problemas de almacenamiento de la energía solar y eólica. Sin embargo, fustigan con arrogancia a los países pobres por aspirar a lograr un mayor acceso a la energía y sugieren que estos deberían ‘adelantarse’ de alguna manera a la energía solar y eólica intermitente, con una falta de fiabilidad que el mundo rico no acepta para sus propias necesidades”.

 

Y concluía: “Es fácil tratar el clima como la prioridad cuando tu vida es cómoda. (...) Los países pobres necesitan más acceso a la energía barata y abundante”.

 

Hace poco leí una crítica al ex presidente brasileño Jair Bolsonaro por “negar que el Amazonas es el pulmón del mundo”. Es muy gracioso que quieran convertir en verdad revelada lo que no es más que un intento de relativizar la soberanía de Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador y Bolivia, entre otros, sobre esa selva. También Lula Da Silva rechazó esta definición, consciente de sus posibles implicancias. “No queremos transformar la Amazonía en un santuario de la humanidad, queremos explotar de la Amazonía aquello que la biodiversidad puede ofrecer”, dijo, en agosto de 2022, frente a parlamentarios europeos.

 

Pareciera como si los países más desarrollados, habiendo agotado ya sus propios “pulmones”, empezaran a mirar a los ajenos con codicia disfrazada de ambientalismo.

 

La consigna sería: haz lo que yo digo pero no lo que yo hice. Ejemplo emblemático es el mítico Bosque de Sherwood, el de Robin Hood, que por poco desaparece. Se extendía de Nottingham a York, y hoy es apenas una manchita en el mapa, convertido en reserva para preservar lo poco que queda de él.

 

Obviamente, no se trata de promover la depredación del Amazonas, pero no corresponde que el discurso de la preservación ambiental -desarrollo sustentable- y demás prescripciones de la ONU sean sólo para los débiles. Como bien dice el informe de la Fundación Neos, “si eres un país poderoso como China puedes incumplir impunemente muchos de los aspectos de la Agenda 2030: sin embargo, si eres un país dependiente de las ayudas internacionales, no tienes alternativa”.

 

Y no se crea que la Argentina está exenta de los efectos de este discurso ambientalista: varias provincias argentinas han vedado o frenado proyectos de explotación minera por estos motivos. Un ejemplo es Chubut, que en 2021 había aprobado la producción de plata y oro y otros minerales en su meseta central, pero a raíz de protestas violentas contra la legislatura terminó vetando la ley y cerrando el camino al desarrollo de una región con gran potencial.

 

“A pesar de sus pretensiones, incluso quienes promueven la Agenda 2030 son conscientes de que muchas de sus metas son inalcanzables”, dice NEOS. La pregunta que se impone es: ¿qué pretende realmente la Agenda 2030?

 

Ésta establece de modo muy detallado, “las actuaciones (a) desarrollar para su efectiva realización, cómo medir su progresiva implementación y la forma en la que se seguirá y observará su cumplimiento”. Es decir que, si bien se la sabe irrealizable, se fijan mecanismos para su aplicación y control. ¿Con qué finalidad?

 

Una agenda ordena prioridades. Entre ellas, no se encuentra la familia por ejemplo, que en ningún momento es mencionada. “La palabra padre no aparece en la Resolución y la palabra madre sólo se emplea para referirse a la ‘madre tierra’”, dice el informe. Además de feminista y ambientalista, la Agenda es antiespecista (la ideología que da origen al veganismo) y de paso panteísta. Como dice Chesterton, cuando se deja de creer en Dios, se cree en cualquier cosa…

 

En el punto titulado “La visión antropológica de la Agenda 2030″, la fundación denuncia la promoción de “un sometimiento de toda la humanidad al bien superior de la “madre tierra”. “Toda forma de vida debe ser aceptada, promovida, protegida en pie de igualdad o, incluso, insinuando un lugar inferior para la humanidad”, agrega.

 

Para el antiespecismo, no existe diferencia entre el humano y el animal en materia de derechos; los animales tienen “conciencia”, aseguran. No se trata de respeto ni de la protección de los animales, sino de la degradación de la condición humana.

 

Otros rasgos de la antropología de la Agenda que enumera el documento son:

 

-el individualismo (el ser humano como “un ser asocial, como un individuo solitario”;

-el intervencionismo, que “nace de la desconfianza en la libertad humana: el hombre debe ser dirigido a su destino por unas élites (...)”;

-el totalitarismo, “todo aspecto de la vida de las personas tiene que estar bajo control para garantizar que se avanza por el camino correcto”;

-el globalismo, pues el dirigismo “exige eliminar las cortapisas al control global de la población”, en primer lugar, “las soberanías nacionales”;

-el ecologismo/ climatismo, “el ser humano es un componente más de nuestro medio; en ningún caso, superior a otros”.

 

Una “agenda” es además un imperativo, un programa. La Agenda 2030 es impuesta como verdad revelada a todos los países. Sus objetivos no se cumplirán, pero sirven para crear una red de influencia y control sobre las políticas gubernamentales y, más todavía, sobre el pensamiento y el discurso público referido a estas temáticas.

 

“En la implementación no son sólo los países los que están involucrados -explica el documento-. Cada vez tienen más peso los llamados stakeholders (partes interesadas) que, en teoría, son exponentes de la sociedad civil con capacidad de influencia en la ONU”. “El tema -advierten- es que no cualquiera tiene esta capacidad. En realidad, los únicos que pueden acceder a la categoría de stakeholder son organizaciones y fundaciones con muchísimo dinero. Los multimillonarios pueden así, gracias a la Agenda 2030, imponer sus preferencias sobre las naciones soberanas”.

 

La Agenda 2030, dice Neos, “no distingue entre Estados de Derecho, tiranías o regímenes que conculcan los derechos humanos”, pese a que, “por ejemplo, para acabar con el hambre en Corea del Norte no hay que cambiar el tipo de cultivo ni apostar por la agricultura biodinámica, sino empezar por derrocar la tiranía comunista”.

 

La aplicación de la Agenda 2030 en Iberoamérica se realiza a través del Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre el Desarrollo Sostenible, “una estructura de implementación y control permanente que socava la soberanía y los procesos democráticos de los países de la región”, subraya el documento.

 

Poco después de la creación de ese Foro (2016), en Argentina, un decreto presidencial estableció que “en atención a lo aprobado por la Asamblea General de la ONU”, era “necesario designar un organismo encargado de coordinar las acciones necesarias para su efectivo cumplimiento (de la Agenda 2030)” y la elección recayó sobre el “Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales” que hoy depende del Ministerio de Capital Humano.

 

El decreto, firmado por Mauricio Macri, Marcos Peña y Carolina Stanley, invitaba a las provincias y municipios, “así como a las Organizaciones de la Sociedad Civil y del sector privado, con competencias y/o intereses en la materia, en pos del cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos”.

 

En un video institucional, la Auditoría General de la Nación explicó que “cada uno de los planes y proyectos de gobierno deben ser referidos, modificados, adaptados o reinterpretados a uno o varios de los diecisiete ODS”. O sea, una aceptación sin objeciones ni reservas. La Argentina ya presentó dos informes a la ONU sobre cómo estamos aplicando los ODS.

 

La Auditoría General de la Nación presenta la Agenda 2030

“La implementación de la Agenda 2030 busca, en esta etapa, un arraigo tal en la cultura local que asegure que el compromiso con ella se cumplirá aunque cambien los gobiernos”, dice el informe de la fundación de Mayor Oreja. En la Argentina nos encontramos en uno de esos momentos de recambio administrativo. Todavía es pronto para saber si el camino será de continuidad o de cambio en esta materia.

 

Decía el documento de NEOS: “No se trata de no querer reducir el hambre o la pobreza, sino de denunciar el engaño de que ése sea el principal objetivo de la Agenda 2030. Hay que ser claros en afirmar que existen formas mucho mejores de lograr aquellos objetivos formalmente buenos que propone la Agenda 2030, pero sin tener que ser víctimas del contrabando ideológico”.

 

En ese mismo sentido, Bjorn Lomborg y Jordan Peterson hacían algunas propuestas razonables y concretas, por ejemplo: “El hambre golpea con más fuerza en los primeros mil días de la vida de un niño, desde la concepción y durante los dos años siguientes. Podemos suministrar eficazmente nutrientes esenciales a las madres embarazadas. El suministro diario de un suplemento multivitamínico/mineral cuesta poco más de 2 dólares por embarazo”.

 

Y preguntaban con toda lógica: “¿Por qué no tomamos primero este camino?” No sin indulgencia, respondían: “Porque al intentar complacer a todo el mundo, gastamos un poco en todo, ignorando esencialmente las soluciones más eficaces”.

 

El documento de NEOS concluía: “Estos objetivos (de la Agenda 2030) se pueden lograr desde el respeto por la dignidad de las personas, las soberanías nacionales y las tradiciones religiosas, incorporando todos los elementos constitutivos de la persona humana, tanto interiores como relativas a su vida en sociedad, empezando por la familia”.

 

“Por lo tanto -remataba-, paradójicamente, si se quiere lograr todo lo que la Agenda 2030 dice ansiar conseguir, hoy por hoy, lo más prudente es oponerse a ella”.