Sandro MAGISTER, periodista
catolicos-on-line, 24-5-16
Son los párrafos clave de la exhortación post-sinodal
"Amoris laetitia". Y son también -a propósito- los más ambiguos, como
demuestran las múltiples y contrastantes interpretaciones y aplicaciones
prácticas que han tenido a continuación. Son los párrafos del capítulo octavo;
de hecho, abren el camino a la comunión a los divorciados que se han vuelto
a
casar.
Que el Papa quería llegar a esto, es algo que es
evidente para todo. Era algo que ya hacía cuando era arzobispo de Buenos Aires.
Pero ahora se descubre que algunas formulaciones clave de la "Amoris
laetitia" tienen una prehistoria argentina, copiadas tal cual de un par de
artículos de los años 2005 y 2006 de Víctor Manuel Fernández, ya entonces -y
aún hoy- pensador de referencia del Papa Francisco y escritor a la sombra de
sus textos principales.
Más abajo se pueden comparar algunos pasajes de la
"Amoris laetitia" con otros de esos dos artículos de Fernández. La
semejanza entre unos y otros es enorme.
Pero antes es mejor enmarcar los hechos. En esos años
Fernández era profesor de teología en la Universidad Católica Argentina de
Buenos Aires.
En esa misma universidad se llevó a cabo en 2004 un
congreso teológico internacional de profundización de la "Veritatis
splendor", la encíclica de Juan Pablo II "sobre algunas cuestiones
fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia", decididamente crítica
de la ética "de la situación", la corriente laxista presente entre
los jesuitas del siglo XVII y difundida hoy más que nunca en la Iglesia.
Atención. La "Veritatis splendor" no es una
encíclica menor. En marzo de 2014, en uno de sus raros y muy meditados escritos
como Papa emérito, Joseph Ratzinger, al indicar las encíclicas a su juicio
"más importantes para la Iglesia" de las catorce publicadas por Juan
Pablo II, primero citó cuatro, con pocas líneas para cada una, pero después
añadió la quinta, precisamente la"Veritatis splendor", a la que
dedicó una página entera, definiéndola "de inmutada actualidad" y
concluyendo que "estudiar y asimilar esta encíclica sigue siendo un deber
grande e importante".
En la "Veritatis splendor" el Papa emérito
ve que se devuelve a la moral católica su fundamento metafísico y cristológico,
el único capaz de vencer la deriva pragmática de la moral corriente, "en
la que ya no existe lo que es verdaderamente mal y lo que es verdaderamente bien,
sino sólo lo que desde el punto de vista de la eficacia es mejor o peor".
Pues bien, ese congreso del año 2004 en Buenos Aires,
dedicado en particular a la teología de la familia, se movió en la misma
dirección trazada después por Ratzinger. Y fue precisamente para reaccionar a
ese congreso por lo que Fernández escribió los dos artículos citados,
prácticamente en defensa de la ética de la situación.
Esos dos artículos fueron también la causa de que la
congregación para la educación católica bloqueara la candidatura de Fernández
como rector de la Universidad Católica Argentina, para doblegarse años más
tarde, en 2009, al entonces arzobispo de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio,
que hizo lo imposible para obtener el nihil obstat con el fin de que se promoviera
a su pupilo.
En 2013, apenas elegido Papa, Bergoglio le honró
nombrándolo obispo con el título de la extinguida sede metropolitana de
Tiburnia. Y desterró a la Biblioteca Apostólica Vaticana al principal
responsable del suspenso, el teólogo dominico Jean-Louis Bruguès, sin nombrarlo
cardenal, como es tradición para todos los Bibliotecarios de la Santa y Romana
Iglesia.
A partir de entonces Fernández pasa casi más tiempo en
Roma que en Buenos Aires, atareadísimo haciendo de escritor fantasma de su
amigo el Papa, sin haber aumentado mientras tanto sus credenciales de teólogo,
en absoluto brillantes desde el principio.
De hecho, el primer libro que reveló al mundo el genio
de Fernández fue: ""Sáname con tu boca. El arte de besar",
publicado en 1995 en Argentina con esta presentación al lector escrita por el
propio autor:
"Te aclaro que este libro no está escrito tanto
desde mi propia experiencia, sino desde la vida de la gente que besa. Y en
estas páginas quiero sintetizar el sentimiento popular, lo que siente la gente
cuando piensa en un beso, lo que experimentan los mortales cuando besan. Para
eso charlé largamente con muchas personas que tienen abundante experiencia en
el tema, y también con muchos jóvenes que aprenden a besar a su manera. Además
consulté muchos libros, y quise mostrar cómo hablan los poetas sobre el beso.
Así, tratando de sintetizar la inmensa riqueza de la vida, salieron estas
páginas a favor del beso. Espero que te ayuden a besar mejor, que te motiven a
liberar lo mejor de tu ser en un beso".
Mientras que en lo que concierne la consideración que
Fernández tiene de sí mismo basta una cita de hace un año, extraída de una
entrevista suya al "Corriere della Sera", en la que se mostró
desdeñoso hacia el cardenal Gerhard L. Müller, prefecto de la congregación para
la doctrina de la fe y, por consiguiente, examinador previo -pero ignorado
desde hace tres años- de los borradores de los textos papales:
"He leído que algunos dicen que la curia romana
forma parte esencial de la misión de la Iglesia, o que un prefecto del Vaticano
es la brújula segura que impide que la Iglesia caiga en el pensamiento 'light';
o bien que ese prefecto asegura la unidad de la fe y garantiza al pontífice una
teología seria. Pero los católicos, leyendo el Evangelio, saben que Cristo ha
asegurado una guía y una iluminación especial al Papa y al conjunto de los
obispos, pero no a un prefecto o a otra estructura. Cuando se oyen decir cosas
de este estilo parecería casi que el Papa es un representante suyo, o una
persona que ha venido a molestar y que debe ser controlada. […] El Papa está
convencido de que lo que ya ha escrito o dicho no pueda ser castigado como si
fuera un error. Por lo tanto, en el futuro todos podrán repetir esas cosas sin
miedo a ser sancionados".
Este es, por lo tanto, el personaje que Francesco
mantiene cerca de sí como su pensador de referencia, el hombre que ha puesto
por escrito extensas partes de la "Evangelii gaudium", el programa
del pontificado; de la "Laudato si'", la encíclica sobre al ambiente;
y, por último, de la "Amoris laetitia", la exhortación post-sinodal
sobre la familia.
He aquí, a continuación, los pasajes de la
"Amoris laetitia" en los que son evidentes la copia sobre las
formulaciones de Fernández de hace diez años.
Es útil leerlos teniendo presente lo que ha dicho
recientemente Robert Spaemann, gran filósofo y teólogo con el Fernández no
puede ser comparar en absoluto:
"El verdadero problema es una influyente
corriente de teología moral, ya presente entre los jesuitas del siglo XVII, que
sostiene una mera ética de la situación; ética que Juan Pablo II rechazó,
condenándola en su encíclica 'Veritatis splendor'. La 'Amoris Laetitia' rompe
también con este documento magisterial".
Comparación entre la "Amoris laetitia" y los
dos artículos de Víctor Manuel Fernández de hace diez años
Los textos con las correspondientes abreviaciones:
AL – Francisco, Exhortación apostólica “Amoris
laetitia”, 19 de marzo de 2016.
Fernández 2005 – V. M. Fernández, “El sentido del carácter
sacramental y la necesidad de la confirmación”, en "Teología" 42 n.
86, 2005, pp. 27-42.
Fernández 2006 – V. M. Fernández, "La dimensión
trinitaria de la moral. II. Profundización del aspecto ético a la luz de 'Deus
caritas est'", en "Teología" 43 n. 89, 2006, pp. 133-163.
Junto a las abreviaciones se indican, cada vez, el
número del párrafo en el caso de la "Amoris laetitia" y el número de
página en el de los artículos de Fernández.
“AMORIS LAETITIA” 300
(AL: 300 Se evita el riesgo de que un determinado
discernimiento lleve a pensar que la Iglesia sostiene una doble moral.
(Fernández 2006: 160) No se propone así una doble
moral o una “moral de situación”.
“AMORIS LAETITIA” 301
(AL: 301) Para entender de manera adecuada por qué es
posible y necesario un discernimiento especial en algunas situaciones llamadas
"irregulares", hay una cuestión que debe ser tenida en cuenta
siempre, de manera que nunca se piense que se pretenden disminuir las
exigencias del Evangelio. La Iglesia posee una sólida reflexión acerca de los
condicionamientos y circunstancias atenuantes. Por eso, ya no es posible decir
que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada «irregular»
viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante.
(Fernández 2005: 42) Contando con los
condicionamientos que disminuyen o suprimen la imputabilidad (cf. CCE 1735),
existe siempre la posibilidad de que una situación objetiva de pecado coexista
con la vida de la gracia santificante
(AL: 301) Los límites no tienen que ver solamente con
un eventual desconocimiento de la norma. Un sujeto, aun conociendo bien la
norma, puede tener una gran dificultad para comprender "los valores
inherentes a la norma" [Nota 339] o puede estar en condiciones concretas
que no le permiten obrar de manera diferente y tomar otras decisiones sin una
nueva culpa. [Nota 339: Juan Pablo II, Exhort. ap. Familiaris consortio (22
noviembre 1981), 33: AAS 74 (1982), 121].
(Fernández 2006: 159) cuando el sujeto histórico no
está en condiciones subjetivas de obrar de otra manera ni de comprender “los
valores inherentes a la norma” (cf. FC 33c), o cuando “un compromiso sincero
con respecto a una norma determinada puede no llevar inmediatamente a acertar
en la observancia de semejante norma” [Nota 45]. [Nota 45: B. Kiely, “La
'Veritatis splendor' y la moralidad personal”, en G. Del Pozo Abejon (ed.),
"Comentarios a la 'Veritatis splendor'", Madrid, 1994, p. 737].
(AL: 301) Como bien expresaron los Padres sinodales,
"puede haber factores que limitan la capacidad de decisión". Ya santo
Tomás de Aquino reconocía que alguien puede tener la gracia y la caridad, pero
no poder ejercitar bien alguna de las virtudes [Nota 341], de manera que aunque
posea todas las virtudes morales infusas, no manifiesta con claridad la
existencia de alguna de ellas, porque el obrar exterior de esa virtud está
dificultado: "Se dice que algunos santos no tienen algunas virtudes, en
cuanto experimentan dificultad en sus actos, aunque tengan los hábitos de todas
las virtudes" [Nota 342]. [Nota 341: Cfr Summa Theologiae I-II, q. 65, a.
3, ad 2; De malo, q. 2, a. 2].
[Nota 342: Íbid., ad 3].
(Fernández 2006: 156) Santo Tomás reconocía que
alguien puede tener la gracia y la caridad, pero no poder ejercitar bien alguna
de las virtudes “propter aliquas dispositiones contrarias” (ST I-II 65, 3, ad
2). Esto no significa que no posea todas las virtudes, sino que no puede
manifestar con claridad la existencia de alguna de ellas porque el obrar
exterior de esta virtud está dificultado por disposiciones contrarias: “Se dice
que algunos santos no tienen algunas virtudes, en cuanto experimentan
dificultad en sus actos, aunque tengan los hábitos de todas las virtudes”
(íbid., ad 3).
“AMORIS LAETITIA” 302
(AL: 302) Con respecto a estos condicionamientos, el Catecismo
de la Iglesia Católica se expresa de una manera contundente: «La imputabilidad
y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso
suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor,
los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales»
[Nota 343], En otro párrafo se refiere nuevamente a circunstancias que atenúan
la responsabilidad moral, y menciona, con gran amplitud, «la inmadurez
afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros
factores psíquicos o sociales» [Nota 344]. Por esta razón, un juicio negativo
sobre una situación objetiva no implica un juicio sobre la imputabilidad o la
culpabilidad de la persona involucrada [Nota 345].[Nota 343: N. 1735]. [Nota
344: Ibíd., 2352; cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Iura
et bona, sobre la eutanasia (5 mayo 1980), II: AAS 72 (1980), 546. Juan Pablo
II, criticando la categoría de "opción fundamental», reconocía que «sin
duda pueden darse situaciones muy complejas y oscuras bajo el aspecto
psicológico, que influyen en la imputabilidad subjetiva del pecador":
Exhort. ap. Reconciliatio et paenitentia (2 diciembre 1984), 17: AAS 77 (1985),
223]. [Nota 345: Cf. Pontificio Consejo para los Textos Legislativos,
Declaración sobre la admisibilidad a la sagrada comunión de los divorciados que
se han vuelto a casar (24 junio 2000), 2].
(Fernández 2006: 157) Esto aparece de un modo
explícito en el Catecismo de la Iglesia Católica: “La imputabilidad y la
responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a
causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos,
los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales” (CCE 1735). El
Catecismo menciona también la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos
contraídos, o un estado de angustia (cf. CCE 2352). Aplicando esta convicción,
el Pontificio Consejo para los Textos Legislativos expresó que, al referirse a
la situación de los divorciados vueltos a casar, sólo está hablando de “pecado
grave, entendido objetivamente, porque el (p. 158) ministro de la Comunión no
podría juzgar de la imputabilidad subjetiva” [Nota 42]. [Nota 42: Pontificio
Consejo para los Textos Legislativos, Declaración del 24-06-2000, punto 2a].
(Fernández 2005: 42) Por otra parte, puesto que no
podemos juzgar de la situación subjetiva de las personas [Nota 23] y contando
con los condicionamientos que disminuyen o suprimen la imputabilidad (cf. CCE
1735), existe siempre la posibilidad de que una situación objetiva de pecado
coexista con la vida de la gracia santificante. [Nota 23: Sobre este punto
algunas intervenciones recientes del Magisterio ya no dejan dudas. El
Pontificio Consejo para los Textos Legislativos expresó que, al referirse a la
situación de los divorciados vueltos a casar, está hablando de “pecado grave,
entendido objetivamente, porque el ministro de la Comunión no podría juzgar de
la imputabilidad subjetiva”: Pontificio Consejo para los Textos Legislativos,
Declaración del 24/06/2000, punto 2a. Igualmente en una reciente notificación
de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se sostiene que para la doctrina
católica “existe una valoración perfectamente clara y firme sobre la moralidad
objetiva de las relaciones sexuales de personas del mismo sexo”, mientras “el
grado de imputabilidad subjetiva que esas relaciones puedan tener en cada caso
concreto es una cuestión diversa, que no está aquí en discusión”: Congregación
para la Doctrina de la Fe, Notificación sobre algunos escritos del Rvdo. P.
Marciano Vidal, 22/02/2001, 2b. Evidentemente, el fundamento de estas
afirmaciones está en lo que sostiene el Catecismo de la Iglesia Católica en el
punto 1735, citado a continuación en el texto de este artículo].
“AMORIS LAETITIA” 305
AL: 305 A causa de los condicionamientos o factores
atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado – que
no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno – se pueda vivir
en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la
gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia [Nota 351]. El
discernimiento debe ayudar a encontrar los posibles caminos de respuesta a Dios
y de crecimiento en medio de los límites. [Nota 351: En ciertos casos, podría
ser también la ayuda de los sacramentos…].
(Fernández 2006: 156) Este dinamismo trinitario que
refleja la vida íntima de las divinas Personas, puede realizarse también en una
situación objetiva de pecado (p. 157) siempre que, debido al peso de los
condicionamientos, no sea subjetivamente culpable.
(Fernández 2006: 159) una “realización del valor
dentro de los límites de las capacidades morales del sujeto” [Nota 46]. Hay
entonces “objetivos posibles” para este sujeto condicionado, o “etapas intermedias”
[Nota 47] en la realización de un valor, aunque siempre orientadas al pleno
cumplimiento de la norma. [Nota 46: G. Irrazabal, “La ley de la gradualidad
como cambio de paradigma”, en "Moralia" 102/103 (2004), p. 173].
[Nota 47: Cf. G. Gatti, “Educación moral”, en AA.VV., "Nuevo Diccionario
de Teología moral", Madrid, 1992, p. 514].
(Fernández 2006: 158) No hay duda que el Magisterio
católico ha asumido con claridad que un acto objetivamente malo, como es el
caso de una relación prematrimonial, o el uso de un preservativo en una
relación sexual, no necesariamente lleva a perder la vida de la gracia
santificante, de la cual se origina el dinamismo de la caridad. (Fernández
2005: 42) Por otra parte, puesto que no podemos juzgar de la situación subjetiva
de las personas y contando con los condicionamientos que disminuyen o suprimen
la imputabilidad (cf. CCE 1735), existe siempre la posibilidad de que una
situación objetiva de pecado coexista con la vida de la gracia santificante.
(Fernández 2005: 42) ¿No justifica e
sto la
administración del Bautismo y la Confirmación a adultos que estén en una
situación objetiva de pecado, de cuya culpabilidad subjetiva no se puede emitir
juicio?