DON BOSCO

DON BOSCO
"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"

HORA CRUCIAL EN URUGUAY

ELECCIONES NACIONALES EL 26 DE OCTUBRE. 
Seguirá habiendo Estado de Derecho en Uruguay?



Por Carlos Álvarez Cozzi


Estamos a pocos días de las elecciones nacionales en Uruguay. En las mismas se decidirá no quien será el presidente y vice en los próximos cinco años como indica la Constitución sino que ello ocurrirá el último domingo de noviembre en el balotaje. Y ello porque nadie tendrá mayoría y seguramente pasarán a la segunda vuelta el candidato oficialista y ex presidente Tabaré Vázquez y el candidato del opositor Partido Nacional Luis Lacalle Pou.

Sí es el 26 de octubre un día fundamental para la composición del Poder Legislativo. Y de esa composición dependerá que haya mayorías no abortistas para derogar la funesta ley de aborto de 2012 y modificar la ley de reproducción humana asistida de 2013, a fin que no se permita el abortivo descarte de embriones.

Y por eso, no debe votarse partido o lista con legisladores que sean abortistas o hayan votado ambas leyes en la legislatura que está feneciendo.
De ello dependerá que en Uruguay siga habiendo o no Estado de Derecho. Porque en un país donde los más débiles e indefensos son asesinados, mientras que la Constitución no sólo prohíbe la pena de muerte sino también la prisión perpetua, no puede afirmarse que exista tal Estado de Derecho. 

Con la aprobación de ambas leyes se ha producido “técnicamente” un golpe de Estado porque si no se protege el derecho a la vida de los indefensos e inocentes se está violando no sólo los arts. 7 y 72 de la Constitución de la República sino también el art. 4º de la Convención Americana de Derechos Humanos, ratificada por el país.
Resulta lamentable que importe más, al parecer en Uruguay, si por plebiscito, que tendrá lugar el mismo 26 de octubre, se reformará o no la Constitución para bajar o no la edad de imputabilidad penal de 18 a 16 años, que si en el país se seguirá o no matando impunemente a inocentes no natos menores de 12 semanas de gestación porque se lo considera un “derecho de la mujer”!!!

Por eso lo del título: seguirá habiendo Estado de Derecho en Uruguay?

ESCUELA DE FORMACIÓN DE LAICOS


EN LA PARROQUIA DE BEZANA

  Oct 14, 2014 

Este próximo miércoles 15 de octubre se inaugura la Escuela de Formación de Laicos durante un acto que se celebrará, a las 20 horas, en el Centro Parroquial de la iglesia de Santa Cruz de Bezana.

Esta iniciativa, abierta a todos los laicos, ahondará en su primer año, sobre la Doctrina Social de la Iglesia a la luz de la popular exhortación apostólica del Papa Francisco, “Evagelii Gaudium” (La alegría del Evangelio), que ha despertado una gran acogida en el seno de la Iglesia.

Aunque la nueva Escuela de Formación se centrará este primer año en enseñar los contenidos de la Doctrina Social de la Iglesia, su cometido será también el de “mejorar la formación y vida de fe” de los laicos.

Así, con esta iniciativa, se ayudará a los seglares a “ser cristianos en el corazón del mundo” y facilitará el conocimiento sobre la Iglesia, su doctrina y la vida de fe, y enseñará a orar “con mayor sencillez y profundidad” y a responder “mejor a las demandas sociales”, entre otros objetivos.

Calendario

Cada mes se celebrará una sesión, que siempre recaerá en un viernes, y a las 20,00 horas, y serán varios los especialistas que se encargarán de desarrollar, hasta junio, los contenidos, que serán sencillos y muy adaptados para los participantes.

Esta Escuela nace en el seno de las parroquias que forman el arciprestazgo de la Virgen del Mar, las cuales reúnen a una población de unas 34.000 personas que residen en municipios costeros adyacentes a la ciudad de Santander. Por este motivo, las personas interesadas en recibir más información, se podrán dirigir a sus parroquias.

Pero la organización de esta iniciativa también atiende a una de las propuestas de la Asamblea Diocesana de Laicos que se celebró en junio del pasado 2013 en el Seminario de Corbán y que se desarrolló bajo el lema, “Cristianos enraizados en la sociedad”.

Su objetivo fue el de realizar una “amplia reflexión sobre la identidad, la vocación y la misión de los laicos en la Iglesia Diocesana de Santander”.

Las 60 propuestas aprobadas en la asamblea final, fueron el trabajo desarrollado previamente por 1.600 fieles de diferentes parroquias de la Diócesis durante los años 2012 y 2013; una labor que comenzó después de que se realizara una encuesta entre 6.500 diocesanos para conocer la opinión sobre “su Iglesia y sobre su identidad como laicos”, sondeo que incluyó a no creyentes y a personas alejadas de la fe.


Una de las propuestas aprobadas en esta magna asamblea fue la de profundizar en el conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia, por su vigencia en los actuales tiempos y por la riqueza de sus contenidos.

CUANDO NOS QUIEREN COLAR EL CAMBIO CLIMÁTICO COMO SI FUERA DOCTRINA DE LA IGLESIA



JORGE SOLEY

La Gaceta, 20-10-14


El cambio climático (primero fue el calentamiento global, ¿recuerdan?, pero tras varios años de heladas se pasó al más general cambio climático) es uno de los dogmas más intocables en el discurso dominante de lo políticamente correcto. Que el clima cambia no es ninguna novedad: siempre lo ha hecho. Lo nuevo es atribuir en exclusiva este cambio a las acciones del ser humano y proclamar el deber de corregir nuestro comportamiento para evitarlo. El único problema es que el supuesto “consenso científico” no es tal y cada vez hay más datos y científicos que advierten de que las cosas no son tan sencillas.

No obstante, tras esto del cambio climático hay algo más, algo que supera el mero debate científico. Si no fuera así, no se entienden las pasiones que levanta, las excomuniones fulminantes que provoca en todo aquel que se atreve a dudar de las consignas catastrofistas y demasiado a menudo antihumanas de personajes como Al Gore y su coro de fans malthusianos. En un mundo relativista, el cambio climático se presenta como un dogma intocable.
La Iglesia, por su parte, siempre ha recordado que la Creación es un don de Dios al hombre y que, en consecuencia, éste debe servirse de ella, cuidarla y entregarla a sus hijos en las mejores condiciones posibles. Las presiones para que la Iglesia católica adaptase su discurso a las máximas políticamente correctas han sido fuertes, pero hasta ahora sin éxito: en la encíclica de Benedicto XVI “Caritas in Veritate” no se recoge el concepto de “desarrollo sostenible” y sí el de “desarrollo humano integral”, que para fastidio de los ideólogos del “cambio climático” mantiene al hombre en el centro de la Creación y no lo reduce a una factor más de la vida del planeta.

Dos recientes intervenciones de los cardenales Parolin, en la ONU, y Maradiaga, en la Cumbre de las religiones sobre el clima, parecen indicar que algunos en la Iglesia quieren plegarse al discurso dominante en materia climática. La revista Science, comentando un congreso organizado por la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, ha podido escribir que la Iglesia, por fin, había abrazado el concepto malthusiano de sostenibilidad.
No es tampoco nada nuevo: desde hace años algunos episcopados (sobre todo en Francia y Alemania) y ONGs católicas promueven la inclusión del concepto de “desarrollo sostenible” en la Doctrina Social de la Iglesia. El problema, repetimos, es que este concepto, relativamente nuevo (aparece en el Informe de la Comisión Brundtland, Our Common Future, en 1987) considera que el mundo está superpoblado y que consumimos muchos más recursos de los que la naturaleza puede ofrecernos. Para evitar las catástrofes que de ello se derivan, sería indispensable el control mundial de la población.

El cardenal Parolin basó su intervención en la ONU en la asunción del dogma del cambio climático antropogénico, esto es, causado por el hombre, del que dijo que existe consenso científico. Esta afirmación le habrá valido la sonrisa y la palmadita en la espalda de los organizadores del acto, lo cual siempre es muy agradable, pero por desgracia es falsa. La verdad es que no hay consenso científico. De hecho, decenas de miles de científicos (que entre ellos tienen, a su vez, discrepancias) se han puesto de acuerdo en denunciar la histeria de la ideología del calentamiento global y han mostrado su apoyo al Global Warming Petition Project. Más allá de que las verdades científicas no dependan del número de científicos que las sostienen, la asunción de esa postura como propia de la Iglesia católica es una muestra de imprudencia e hipoteca la credibilidad de la Iglesia en un asunto que no es de su directa incumbencia.

Más problemáticas son las palabras del cardenal Maradiaga, que sostiene que “los cambios climáticos son el principal obstáculo para erradicar la pobreza”. Inconsistente científica y económicamente, esta teoría culpabiliza a las industrias emisoras de CO2 de, por ejemplo, la malnutrición de los países pobres. Conozco Honduras, tierra natal del cardenal Maradiaga, y los problemas que sufre, y les aseguro que si, en mi próximo viaje a aquellas bellas y acogedoras tierras, cuando algunos amigos me hablen del problema del narcotráfico, de las maras, de la corrupción, del fracaso escolar, les respondo que todo eso es lo de menos, que el problema que tienen, en el fondo, es el cambio climático y que si los países del primer mundo cambian su tecnología de producción o pagan unas tasas en forma de derechos de emisión de gases ellos dejarían atrás la pobreza, me tomaran por un majadero o, como me conocen, creerán que estoy de broma.

Una vez más, no parece lo más adecuado ni prudente que la Iglesia tome parte en una discusión científica que no le compete. Eso no significa que la Iglesia no tenga nada que decir: William Patenaude, que trabaja como regulador climático y es moderadamente favorable a la teoría de que el cambio climático antropogénico es real, propone en The Catholic World Report algunas ideas. Como por ejemplo que la reflexión ecológica debe referirse a la Ley Natural. O que “el papel de la Iglesia en el mundo no es ser como el mundo, ni siquiera ser apreciada, sino penetrar y elevar el mundo”. O que siempre hay que proclamar el Evangelio. Claro que hablando así quizás no recibimos tantas sonrisas ni palmaditas en la espalda.



NO SE PUEDE OLVIDAR QUE EL PRIMER DEBER DE LA CARIDAD ES LA COMUNICACIÓN DE LA VERDAD


Card. Rouco Varela

ANALISIS DIGITAL, 18 Oct 2014

El Aula Pablo Domínguez de la Universidad Eclesiástica San Dámaso acogió el acto de presentación de la obra “Doctrina social de la Iglesia. Estudios a la luz de la encíclica Caritas in Veritate”, editada por la BAC, con la colaboración de AEDOS. Presidido por el Cardenal Antonio María Rouco Varela, Arzobispo Emérito de Madrid Administrador Apostólico, en el acto intervinieron el Rector de la Universidad, Javier Prades, y los coordinadores de la obra, Juan José Pérez-Soba, Profesor estable del Pontificio Instituto Juan Pablo II, Rafael Rubio de Urquía, titular de la Cátedra ‘Ángel Herrera Oria’ de Doctrina Social de la Iglesia y Catedrático de Teoría Económica, y José María Sánchez García, Catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado y abogado.

En su intervención, Prades manifestó su agradecimiento a AEDOS por el libro editado y por presentarlo en San Dámaso. A su juicio, se trata de una obra importante en la que tanto AEDOS como la BAC han querido estudiar a fondo la encíclica sobre la caridad del Papa emérito. Al tiempo que manifestaba su satisfacción por ello, dijo que el volumen reflejaba la clarividencia del Papa al decir que la cuestión social se ha convertido en una cuestión antropológica. El libro, apuntó, nos ayudará a descubrir los tesoros que encierra la encíclica de Benedicto XVI.

Por su parte, Juan José Pérez-Soba comenzó su presentación afirmando que la caridad no se debe dar por descontada. El mundo, aseguró, necesita una luz que él mismo no es capaz de crear, y la Doctrina Social de la Iglesia permite iluminar temas actuales y proponer una luz. Para Pérez-Soba, la encíclica Cáritas in Veritate es un documento que sigue estando de actualidad cinco años después de su publicación. A su juicio, eso significa que la encíclica sigue aportando algo.

Consideró como un elemento fundamental el carácter de la propositio del texto, lo que supone una novedad que hace que la encíclica tenga un lugar de estudio, lo que se ha procurado realizar con el volumen publicado. La clave del mismo es, aseguró, el amor, que es cognoscitivo, es decir, que afecta a cada rama del conocimiento humano. La obra, apuntó, tiene un carácter paradigmático, ya que no ha sido un libro sino pensar e investigar juntos, entre todos sus autores. El fruto ha sido el trabajo que lleva el volumen, en el que se refleja un pensamiento compartido desde ámbitos diversos, con una gran unión de fondo, y que sale para responder o proponer un camino.

Para Pérez-Soba, la crisis actual es antropológica. Las universidades, afirmó, han dejado de ser fábricas de pensamiento. En el mundo actual, advirtió, no prima el pensamiento. No se valoran tanto las capacidades humanas constructoras de sociedad. Eso hace del volumen publicado una obra sólida según el principio cristiano de que el amor construye, el amor es sociedad, nace de un don. El amor, apuntó, es un don recibido, un vínculo que estructura la sociedad, es la luz que ilumina todas las realidades humanas. Y concluyó manifestando su agradecimiento a la Universidad San Damaso su aliento, a través de la Facultad de Teología, para la elaboración del libro, y al Cardenal Rouco el prólogo de la obra.

La caridad y sus implicaciones

El profesor Rubio de Urquía explicó en su exposición que la obra supone una revisión articulada y puesta al día de los elementos principales de la Iglesia en la encíclica estudiada. En el texto, añadió, hay un elemento vertebrador que es el concepto de desarrollo humano e integral. Benedicto XVI liga esta estructura, dijo, en la que la caridad es elemento central. Así, el libro editado explica qué es la caridad y qué implicaciones tiene. A su juicio, el concepto de desarrollo humano es clave para comprender la evolución de las sociedades a la luz de la antropología cristiana, y habilita para la comprensión de la realidad.

A continuación, tomó la palabra el Catedrático Sánchez García, para quien la Doctrina Social de la Iglesia no puede ser una ideología, ni utopía intrahistórica, sino que es fruto del ministerio de la Iglesia. Recordó que para Benedicto XVI la Doctrina Social de la iglesia forma parte de la tradición.

El acto concluyó con las palabras del Cardenal Rouco, quien manifestó su satisfacción por la presentación del volumen en San Dámaso, y por la obra en sí. Se trata, dijo, de un volumen que merece la pena, en el que se pone de relieve lo que significa el papel de la Cáritas in Veritate en la Doctrina Social de la Iglesia. Citando las encíclicas sociales del siglo XX, explicó que en la del Papa Benedicto XVI el lenguaje es diferente. Aseguró que se proyectó antes de la crisis que desde hace unos años viene padeciendo la sociedad europea. En el desarrollo temático de la Caritas in Veritate, apuntó, hay un origen y una causa de la problemática de la crisis, que es la crisis moral y de fe. Esta idea, afirmó, se repite en las otras encíclicas sociales del XX. La novedad de la encíclica de Benedicto XVI está en que aborda la solución de los problemas sociales de forma diferente, ya que en ella la Teología juega un papel decisivo. En este sentido, recordó unas palabras que el Papa dijo a los miembros del Tercer Sínodo Diocesano de Madrid en la audiencia especial que les concedió en julio de 2005: “En una sociedad sedienta de auténticos valores humanos y que sufre tantas divisiones y fracturas, la comunidad de los creyentes ha de ser portadora de la luz del Evangelio, con la certeza de que la caridad es, ante todo, comunicación de la verdad”.


Para el cardenal Rouco, Cáritas in Veritate sigue siendo de mucha actualidad. Se trata, apuntó, de un texto que recupera la temática clásica y actual de la Doctrina Social de la Iglesia, “porque la Iglesia, o sigue ese camino, o no va a estar a la altura de lo que Dios, su obra, nos pide en este momento”, concluyó. 

JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN 2014


Mensaje de papa Francisco para la Jornada Mundial de la Alimentación (Ciudad del Vaticano, 16 de octubre de 2014)

Al Señor José Graziano da Silva
Director general de la FAO

1. Un año más, la Jornada Mundial de la Alimentación se hace eco del grito de tantos hermanos y hermanas nuestros que en diversas partes del mundo no tienen el pan de cada día. Por otra parte, nos hace pensar en la enorme cantidad de alimentos que se desperdician, en los productos que se destruyen, en la especulación con los precios en nombre del dios beneficio. Es una de las paradojas más dramáticas de nuestro tiempo, a la que asistimos con impotencia, pero a menudo también con indiferencia, «incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, [...] como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe» (Evangelii Gaudium, 54).

A pesar de los avances que se están realizando en muchos países, los últimos datos siguen presentando aún una situación inquietante, a la que ha contribuido la disminución general de la ayuda pública al desarrollo. Pero más allá de los datos, hay un aspecto importante del problema que no ha recibido todavía la debida consideración en las políticas y planes de acción: quienes sufren la inseguridad alimentaria y la desnutrición son personas y no números, y precisamente por su dignidad de personas, están por encima de cualquier cálculo o proyecto económico.

También el tema propuesto por la FAO para la presente Jornada – Agricultura familiar: Alimentar al mundo, cuidar el planeta – pone de relieve la necesidad de partir de las personas, como individuos o como grupos, a la hora de proponer nuevas formas y modos de gestión de los diferentes aspectos de la alimentación. En concreto, es necesario reconocer cada vez más el papel de la familia rural y desarrollar todas sus potencialidades. Este año dedicado a la agricultura familiar, que ahora concluye, ha servido para constatar de nuevo que la familia rural puede responder a la falta de alimentos sin destruir los recursos de la creación. Pero, para ello, hemos de estar atentos a sus necesidades, no sólo técnicas, sino también humanas, espirituales, sociales y, por otra parte, tenemos que aprender de su experiencia, de su capacidad de trabajo y, sobre todo, de ese vínculo de amor, solidaridad y generosidad, que hay entre sus miembros y que está llamado a convertirse en un modelo para la vida social.

La familia, de hecho, favorece el diálogo entre diversas generaciones y pone las bases para una verdadera integración social, además de representar esa deseada sinergia entre trabajo agrícola y sostenibilidad: ¿quién se preocupa más que la familia rural por preservar la naturaleza para las próximas generaciones? ¿y a quién le interesa más que a ella la cohesión entre las personas y los grupos sociales? Ciertamente las normas y las iniciativas en favor de la familia, en el ámbito local, nacional e internacional, distan mucho de colmar sus exigencias reales y esto es un déficit que hay que atajar. Está muy bien que se hable de la familia rural y que se celebren años internacionales para recordar su importancia, pero no es suficiente: esas reflexiones tienen que dar paso a iniciativas concretas.

2. Defender a las comunidades rurales frente a las graves amenazas de la acción humana y de los desastres naturales no debería ser sólo una estrategia, sino una acción permanente que favorezca su participación en la toma de decisiones, que ponga a su alcance tecnologías apropiadas y extienda su uso, respetando siempre el medio ambiente. Actuar así puede modificar la forma de llevar a cabo la cooperación internacional y de ayudar a los que pasan hambre o sufren desnutrición.

Nunca como en este momento ha necesitado el mundo que las personas y las naciones se unan para superar las divisiones y los conflictos existentes, y sobre todo para buscar vías concretas de salida de una crisis que es global, pero cuyo peso soportan mayormente los pobres. Lo demuestra precisamente la inseguridad alimentaria: si bien es cierto que, en diversa medida, afecta a todos los países, la parte más débil de la población mundial recibe sus efectos antes y con más fuerza. Pensemos en los hombres y mujeres, de cualquier edad y condición, que son víctimas de sangrientos conflictos y de sus consecuencias de destrucción y de miseria, entre ellas, la falta de casa, de atención médica, de educación. Llegan incluso a perder toda esperanza de una vida digna. Para con ellos tenemos la obligación, en primer lugar, de ser solidarios y de compartir. Esta obligación no puede limitarse a la distribución de alimentos, que puede quedarse sólo en un gesto “técnico”, más o menos eficaz, pero que se termina cuando se acaban los suministros destinados a tal fin.

Compartir, en cambio, quiere decir hacerse prójimo de todos los hombres, reconocer la común dignidad, estar atentos a sus necesidades y ayudarlos a remediarlas, con el mismo espíritu de amor que se vive en una familia. Ese mismo amor nos lleva a preservar la creación como el bien común más precioso del que depende, no un abstracto futuro del planeta, sino la vida de la familia humana, a la que le ha sido confiada. Este cuidado requiere una educación y una formación capaces de integrar las diversas visiones culturales, los usos, los modos de trabajo de cada lugar sin sustituirlos en nombre de una presunta superioridad cultural o técnica.

3. Para vencer el hambre no basta paliar las carencias de los más desafortunados o socorrer con ayudas y donativos a aquellos que viven situaciones de emergencia. Es necesario, además, cambiar el paradigma de las políticas de ayuda y de desarrollo, modificar las reglas internacionales en materia de producción y comercialización de los productos agrarios, garantizando a los países en los que la agricultura representa la base de su economía y supervivencia la autodeterminación de su mercado agrícola.

¿Hasta cuándo se seguirán defendiendo sistemas de producción y de consumo que excluyen a la mayor parte de la población mundial, incluso de las migajas que caen de las mesas de los ricos? Ha llegado el momento de pensar y decidir a partir de cada persona y comunidad, y no desde la situación de los mercados. En consecuencia, debería cambiar también el modo de entender el trabajo, los objetivos y la actividad económica, la producción alimentaria y la protección del ambiente. Quizás ésta es la única posibilidad de construir un auténtico futuro de paz, que hoy se ve amenazado también por la inseguridad alimentaria.

Este enfoque, que deja ver una nueva idea de cooperación, debería interesar e implicar a los Estados, a las instituciones y a las organizaciones de la sociedad civil, así como a las comunidades de creyentes que, con múltiples iniciativas, viven a menudo con los últimos y comparten las mismas situaciones y privaciones, frustraciones y esperanzas.

Por su parte, la Iglesia católica, a la vez que continúa su actividad caritativa en los diversos continentes, está dispuesta a ofrecer, iluminar y acompañar tanto la elaboración de políticas como su actuación concreta, consciente de que la fe se hace visible poniendo en práctica el proyecto de Dios para la familia humana y para el mundo, mediante una profunda y real fraternidad, que no es exclusiva de los cristianos, sino que incluye a todos los pueblos.

Que Dios Omnipotente bendiga a la FAO, a sus Estados miembros y a cuantos dan lo mejor de sí para alimentar al mundo y cuidar el planeta en beneficio de todos.

Francisco
Vaticano, 16 de octubre de 2014


III ENCUENTRO DE LA RED LATINOAMERICANA DE SACERDOTES Y SEMINARISTAS POR LA VIDA (REDESSVIDA)



“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”
Juan, 10, 10

DECLARACIÓN DE GUADALAJARA, POR LA VIDA Y LA FAMILIA

Los sacerdotes y seminaristas participantes del III Encuentro de la Red Latinoamericana de Sacerdotes y Seminaristas por la Vida, reunidos en el evento organizado por HUMAN LIFE INTERNATIONAL, REDESSVIDA, ADAVIDA, y con el respaldo de LA ARQUIDIÓCESIS DE GUADALAJARA, con la participación de Delegaciones de México, Guatemala, Argentina, Perú, España, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Estados Unidos, Panamá y en las Instalaciones de la Universidad del Valle de  Atemajac; del 8 al 10 de octubre de 2014, hemos constatado que en toda América Latina está desplegada la “cultura de la muerte”, imponiendo políticas y leyes contra el ser humano en su dimensión personal a través de: el aborto, eutanasia, eugenesia, homosexualidad, ideología de género concretada hacia falsos derechos; y su dimensión social, a través de: el ataque contra el matrimonio natural, la esterilización voluntaria y forzada, la contracepción, la fecundación In vitro y la manipulación embrionaria.

Reunidos para el estudio de la realidad de la Vida y la Familia bajo sus aspectos biológicos, espirituales y sociales, reconociendo a la persona como un don de Dios y, por lo tanto, de la verdadera dignidad de la persona humana desde su concepción hasta su muerte natural, y movidos por la alegría del Evangelio y la urgencia de establecer la Cultura de la Vida:

Denunciamos la imposición de leyes inicuas por parte de los organismos del gobierno y de las instituciones oficiales y privadas, que están llamadas a defender la vida y la familia, pervirtiendo así su misión fundamental.
Por lo que, bajo el sustento filosófico, teológico, doctrinal, y científico, a la luz de la Revelación, en presencia de Nuestro Señor Jesucristo y la Santísima Virgen de Guadalupe, Emperatriz de las Américas, llegamos a las siguientes conclusiones:

Reafirmamos:
1.     La necesidad de la oración y la presencia pastoral activa y valiente para la defensa de la de la vida, la dignidad personal  y la familia.

2.     Que la Pastoral de la Vida y la Familia constituyen un pilar fundamental sobre el que se desarrollan todas las demás pastorales.

3.     La necesidad de que en los Seminarios y Centros de Formación Sacerdotal exista un estudio con enfoque actual de temas referentes a la vida, la dignidad, al matrimonio y la familia según el plan de Dios y la enseñanza de la Iglesia y que responda a los nuevos retos y paradigmas que genera la cultura de la muerte.

4.     La dignidad de la persona humana en su naturaleza sexuada diferenciada, complementándose, el varón y la mujer con el papel fundamental de cada uno en el seno de la familia y la sociedad, desde su natural femineidad y masculinidad y su vocación a la maternidad y paternidad.

5.     El apoyo y acompañamiento a las estrategias de los grupos y organizaciones Pro-vida y Familia para confrontar y revertir el daño provocado por la cultura de la muerte.

6.     El Derecho de los hijos a ser concebidos, nacer y  desarrollarse en una familia natural.

7.     Coordinar con la Conferencia del Episcopado de Guatemala la posibilidad de concretar la Celebración del IV Encuentro Latinoamericano de Sacerdotes y Seminaristas por la Vida, para el año 2016 en su país.

Dado en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. México, el 10 de octubre de 2014.

P. Shenan Boquet

Presidente de Human Life International.

OBJECIÓN DE CONCIENCIA

 FALLO HISTORICO. 

Por Carlos Alvarez Cozzi (·)

 

(Fuente de la noticia: diario El Observador de Montevideo)

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El Tribunal de lo Contencioso Administrativo (TCA), que conoce de las demandas de nulidad de actos administrativos,  resolvió este martes suspender la ejecución de 10 artículos del decreto reglamentario de la ley de despenalización del aborto en un primer fallo, a partir de un recurso de nulidad presentado por un grupo de ginecólogos que planteó la “restricción ilícita” del derecho a la objeción de conciencia.
“No es la sentencia definitiva. Los médicos piden la nulidad del decreto porque ven vulnerado su derecho a ejercer la objeción de conciencia”, explicó este martes a El Observador Agustín Amonte, uno de los abogados de los médicos.
Si bien el TCA tomó la decisión de forma unánime, no falló a favor de suspender el artículo 30 que establece que “queda excluido del derecho de objetar de conciencia el personal administrativo, operativo y demás personal que no tenga intervención directa en el acto médico respectivo”, por entender que quienes solicitaron la suspensión “no se encuentran legitimados” para solicitarla.
De todos modos, la suspensión de esos artículos no implica que otro profesional no pueda atender a los pacientes. “La suspensión de la aplicación de los artículos (…) no impedirá la derivación de la paciente, de manera que la interrupción del embarazo como procedimiento integral, en todas sus etapas, se lleve a cabo por parte de otro profesional no objetor”, sostiene la sentencia. 
Esta sentencia suspende parcialmente al decreto hasta que haya un fallo final. En diciembre de 2012 los médicos habían presentado un recurso administrativo ante el Poder Ejecutivo.
Ciertamente que no es una victoria sobre el fondo, porque para ello se debe aguardar la sentencia definitiva del Tribunal, pero lo que indudablemente resulta histórico es que el órgano jurisdiccional, que muy pocas veces ha hecho lugar a la suspensión del acto administrativo impugnado para que no pueda ejecutarse mientras dura el proceso, en este caso hizo lugar a la suspensión de nada menos que diez artículos del ilegal decreto reglamentario de la ley de aborto.

Dicho decreto reglamentario de la ley trató de poner trabas al derecho de objeción de conciencia que la misma ley les reconoce a los médicos, excediéndose con respecto al texto legal, lo que supuso una ilegalidad del decreto. Es claro que la ley es mala y deberá derogarse por parte de un próximo eventual gobierno de la actual oposición política a la izquierda gobernante, lo que puede concretarse en las elecciones nacionales de este año. Pero lo que resultaba tan indignante como la ley misma era el decreto reglamentario que ni siquiera respetaba el derecho de objeción de conciencia previsto en la ley!.
Ante ello, un grupo de médicos, concientes de su deber de salvar vidas y no de matarlas, accionó y logró esta victoria parcial pero muy alentadora.
El mensaje para el gobierno de parte de la Justicia, a nuestro criterio, es claro: no puede una norma de inferior nivel como un decreto, poner cortapisas al derecho de objeción de conciencia de los médicos, que por definición es libre y no debe ser limitado. El médico no tiene por qué dar mayores explicaciones cuando se niega a practicar abortos. La conciencia es la que debe mandar y no el decreto abortista del Estado.

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(·) Jurista uruguayo, miembro de la ex Comisión Nacional Pro Referendo contra la Ley de Aborto.