DON BOSCO

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"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"

ABORTO

 


 EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES: 1ER. SEMESTRE 2022

 

 

Reparten “píldoras del día después” a mansalva, colocan miles de anticonceptivos de larga duración y ligan trompas, aun así, el número de abortos (4.677) se incrementa continuamente en el distrito que registra la menor tasa  global de fecundidad del país.

 

Por Mónica del Río

NOTIVIDA, Año XXI, Nº 1305, 27 de octubre de 2022

 

Los datos consignados en este boletín fueron suministrados por la Coordinación de Salud Sexual, VIH e ITS del Ministerio de Salud porteño, en respuesta a nuestro pedido de informes.

 

De ellos se colige que, aún con el incremento de los métodos de larga duración que se colocan semestralmente (10.000 entre DIUs e Implantes en el 1er. semestre del 2022), de las ligaduras de trompas que se practican (913) y de las “píldoras del día después” que se reparten (16.840 “tratamientos”); los abortos (4.677) siguen creciendo en forma continua, esta vez un 10,4% respecto al 1er. semestre del año anterior.

 

También aumentaron las complicaciones reportadas (175): 79 por aborto incompleto, 34 por hemorragia, 20 por infección, 40 por “otros” y 2 por retención de restos ovulares. 

 

De los abortos practicados, 241 se realizaron en gestas de 15 semanas o más, la mitad de ellos superaba las 18 semanas en el momento en que la mujer se acercó al efector de salud. Cada caso puede inscribirse en más de una causal; 153 casos se encuadraron en Causal Salud; 7 casos en Causal Riesgo para la vida; 18 casos en Causal Violación y en 15 casos eran fetos incompatibles con la vida extrauterina.

.....

Hay 64 establecimientos públicos que practican abortos en la Ciudad:  47 CeSAC y 17 Hospitales

 

Durante el 1er. Semestre de 2022 se distribuyeron 5.480 “tratamientos” de misoprostol (12 comprimidos cada uno) y 970 Combipack (1 mifepristona + 4 misoprostol).

¿QUE ES UNA MUJER?

 


 el exitoso documental que cuestiona la ideología de género y que la crítica boicotea

 

Claudia Peiró

 

Infobae, 22 de Octubre de 2022

 

El documental “What is a woman?” (¿Qué es una mujer?), estrenado en junio, tiene tanta audiencia como condenas de gente indignada con su temática. Es un largometraje muy exitoso desde que se estrenó, en junio pasado, en los Estados Unidos, en la web de noticias Daily Wire, creada en 2015 por el comentarista político Ben Shapiro y el director de cine Jeremy Boreing. “Es a la vez el documental más comentado y el más ignorado del mundo”, dijo el escritor y periodista Matt Taibbi, colaborador de Rolling Stone. La mayoría de los críticos de cine se negó siquiera a verla.

 

Dirigido por Justin Folk y protagonizado por Matt Walsh, consiste en un recorrido por varias ciudades estadounidenses -con un vuelo a Nairobi intercalado- y por diferentes escenarios para entrevistar a profesionales, especialistas y ciudadanos de a pie a los que se les formula una misma pregunta: ¿qué es una mujer?

 

Con ese simple recurso, el documental logra exponer las contradicciones y debilidades de la ideología de género que, para el protagonista y relator del documental, “es realmente un asalto a la mismísima verdad”. Es decir, la teoría que divorcia por completo la identidad sexual de la biología, que pretende que el sexo es “asignado” al nacer.

 

En el comienzo del film, Matt Walsh, escritor y analista político, se presenta a sí mismo como un padre de familia inquieto por sus hijos ante una realidad que describe así: “Nuestra cultura dice que las diferencias entre niños y niñas no importan, que si te identificas como ‘algo’ entonces eres ese algo”. Y se pregunta: “¿Cómo ayudamos a nuestros hijos a entender estas cosas cuando están siendo bombardeados con mensajes de género e identidad que están en conflicto?”

 

No se trata de los derechos de los trans, ni de discriminación, sino del postulado de que el género es una construcción social y por lo tanto fluido, que se lo puede cambiar casi a piacere, mientras que para el común de la gente y para la ciencia el género tiene una base biológica innegable. Negar el binarismo es negar la naturaleza que dota a las personas de órganos con diferentes funciones reproductivas. “El sexo ha sido binario por millones de años”, dice por ejemplo en el film el profesor canadiense Jordan Peterson, psicólogo clínico, cancelado por la universidad de Cambridge por no plegarse al pensamiento políticamente correcto.

 

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Los críticos de cine adoptaron frente al documental la misma actitud que los entrevistados por Walsh, que indignados cortan la charla apenas empiezan las preguntas “difíciles”, recibidas como una agresión. Muchos críticos se negaron a verlo aunque era tendencia en redes y pese a que fue la transmisión en vivo de más tráfico en la historia del Daily Wire. Lo descalificaron como transfóbico y tildaron a su realizador de fanático e intolerante.

 

Una excepción fue el citado Matt Taibbi, que es progresista, y que cuestionó la actitud de sus colegas: “La película, que intenta y no consigue que los activistas trans, los académicos y los profesionales de la medicina ofrezcan una definición de la feminidad, es tendencia”. Y ello a pesar de los críticos, acotó. “Ese es el problema: que nadie del otro lado, ningún crítico de cine prominente, tiene ni la libertad ni el valor de cubrir esto. Me parece extraño que todo el mundo tenga tanto miedo”, señaló.

 

Hay personas que verdaderamente sufren de disforia de género, es decir, una distorsión entre su identidad sexual y su cuerpo; pero es un número ínfimo de casos. Acá se trata de otra cosa: “Este aumento de la identificación transgénero no se debe a la disforia de género”, dice Walsh, sino a un “contagio social” y a una “moda”.

 

Según el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DMA, publicación de la American Psychiatric Association) de EEUU, se calcula que entre el 0,005 y el 0,014% de los varones y el 0,002 a el 0,003% de las mujeres entran en los criterios diagnósticos de disforia de género. Pero muchos cultores de la ideología de género pretenden que las transiciones se hagan con la sola expresión de la voluntad de la persona, sin ningún período previo de evaluación, ni intervención de profesionales. Denuncian que lo contrario es “patologizar” el transgenerismo; cuando la intención que ellos tienen es naturalizarlo.

 

Las entrevistas de Walsh revelan hasta qué punto esta ideología ha penetrado en ambientes médicos, académicos y en el público en general.

 

Es especialmente impactante escuchar a Michelle Forcier, una pediatra especialista en “transiciones” (de un sexo a otro), cuando Walsh le pregunta si decir que un niño es varón porque tiene pene es una asignación arbitraria de sexo, responder: “Decirle a una familia, basándose en ese pequeño pene, que su criatura es absolutamente cien por ciento varón, sin importar qué más pueda ocurrir en su vida, eso no es correcto”.

 

Cuando Walsh le menciona sus “gametos masculinos”, ella es categórica: “No, tu esperma no te hace varón”. Para Forcier, hasta la gallina tiene un sexo asignado -porque pone huevos-, pero “no tiene identidad de género”. Menos mal.

 

El sexo es biológico e incambiable, aun si la persona hace una transición. “Soy una mujer biológica. Nunca seré un hombre”, le dice Scott Newgent, un hombre trans, a Walsh.

 

Matt Walsh entrevista a profesionales y políticos y todos pasan a un estado de incomodidad cuando él les pide sencillamente que digan qué es una mujer. O caen en tautologías, como Patrick Grzanka, profesor asociado de la Universidad de Tennessee, que respondió que una mujer es “una persona que se identifica como mujer”. Enojado, le cuestionó al documentalista el porqué de esa pregunta... El diálogo con este académico es muestra de una tendencia a la que pocas universidades escapan: la proliferación de especializaciones, maestrías, doctorados, etc., en estudios de género de dudoso rigor. Basta ver la poca solidez del especialista ante las preguntas del entrevistador. Reacciona indignado. Se molesta especialmente cuando Walsh le dice que busca la verdad: “Esa es una palabra incómoda, transfóbica…”, le espeta.

 

Pero no hay que creer que la pregunta es antojadiza: en la audiencia de confirmación de la jueza Ketanji Brown Jackson, como magistrada asociada a la Corte Suprema de EEUU, la senadora republicana Marsha Blackburn, de Tennessee, le pidió que definiera a una mujer. Jackson se negó: “No en este contexto. No soy bióloga”.

 

¿Por qué es tan difícil o incómoda esa pregunta? Es que la corrección política ha instalado un clima de terror por el que nadie quiere ser calificado de transfóbico. Como el dogma dice que las mujeres trans son mujeres, y los hombres trans, hombres, se cae en eufemismos como personas menstruantes o personas con vagina o con útero y ya no se puede llamar mujer a una mujer.

 

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Esto se ha extendido al punto de llevar a la cancelación de personas que están muy lejos de ser “conservadoras” (como sí lo es Matt Walsh), como la autora de Harry Potter, J.K. Rowling, por quejarse de que no se llame “mujer” a una “mujer”. Por eso no sorprende que los críticos de cine estadounidenses no hayan querido ni siquiera ver el documental.

 

“What is a Critic?”, ironizó un comentarista, porque mientras el film de Walsh recibía las mejores calificaciones del público en Rotten Tomatoes, el numero de críticas era ínfimo.

 

Ya sabemos que el progresismo, hoy hegemónico en el plano cultural, es tanto o más autoritario que “la derecha” a la que siempre denunció por represiva y censuradora. El que se atreve a cuestionar sus postulados, es racista, homófobo, transfóbico, sexista, intolerante, etc, etc.

 

Cuando Walsh le dice a la pediatra Michelle Forcier que Lupron, la droga que bloquea la pubertad, es la misma que se usa para la castración química de violadores, ella se ofende: “Cuando usas ese lenguaje estás siendo maligno y dañino”.

 

De ahí a la censura hay poco trecho. Walsh denunció en su cuenta de Twitter que la Asociación Médica Americana les está pidiendo a las Big Tech y al Departamento de Justicia “que censuren, desplacen, investiguen y persigan a los periodistas que cuestionan la ortodoxia de las cirugías de género radicales para menores, argumentando que la crítica pública es ‘desinformación’”

 

¿No tienen derecho los padres, el público en general, a interrogarse sobre estos tratamientos que antes que invasivos son castradores? La pediatra Forcier le explica a Walsh que las “afirmaciones de identidad” -esta ideología ama los eufemismos- empiezan cuando el paciente está listo. Recordemos que está hablando de menores. “Esto puede suceder en una chica que está en el comienzo de la pubertad y entra en pánico porque le crecen los senos, o un chico cuyo pene se está haciendo más grande y más activo”, dice a modo de ejemplo. Ahí entran en acción las “afirmaciones”: terapias hormonales que bloquean la pubertad y que, según Forcier, no tienen efectos secundarios ni permanentes… De acuerdo a esta pediatra, es como poner en pausa la reproducción de un video… Luego se da play en cualquier momento y acá no pasó nada. Pero muchos especialistas cuestionan la supuesta inocuidad de esos tratamientos. Sin mencionar las cirugías.

 

Otra especialista dice: “¿Cómo pueden hacer mastectomías a adolescentes de 16? ¿Cómo puede estar pasando esto?”

 

Tres de las entrevistadas en el documental "¿Qué es una mujer?"

Buena parte del documental está dedicada a exponer este uso de bloqueadores hormonales de pubertad. ¿Qué adolescente no se inquieta cuando empieza el desarrollo de sus órganos sexuales? ¿Corresponde poner en duda su identidad por la sola incomodidad que generan los cambios típicos de esa edad? Cada vez más, estos tratamientos hormonales son usados con una liviandad que asusta, apenas un adolescente expresa dudas sobre su identidad sexual. Políticos, médicos y psicólogos promueven alegremente la idea de que los humanos pueden cambiar de sexo, cuando las cirugías y las hormonas solo modificarán la apariencia exterior de la persona y, además, no son tratamientos inocuos.

 

Walsh aborda el caso de un padre, Robert Hoogland, condenado a seis meses de prisión en Canadá por oponerse a la hormonación de su hija para cambiar de sexo. “Se considera violencia criminal usar el pronombre equivocado”, dice Hoogland que fue condenado por negarse a llamar “hijo” a su hija. La madre de la adolescente tiene de su lado al gobierno y a la ley. El hombre está en libertad bajo fianza. No crean que estos temas nos son ajenos, porque en Argentina el Congreso ha votado una Ley de Identidad de Género que habilita la transición hormonal y quirúrgica de niños.

 

En el film se ve también el testimonio de Scott (Kellie) Newgent, transgénero, víctima de mala praxis, que ha creado TReVoices, para oponerse a la transición médica de niños; él desmiente categóricamente que la hormonación sea inocua y reversible.

 

Entrevistado por National Review, Matt Walsh dijo que el transgenerismo es “como la vaca sagrada” y que los activistas trans “se sienten autorizados a decir cualquier cosa y a amenazarte”, porque “si los cuestionas eres la peor clase de blasfemador”.

 

A los que lo llaman “extremista” y “dinosaurio”, Walsh les recuerda que las cosas que él dice eran consideradas “hechos biológicos” hasta hace apenas dos décadas. “Esta es una lucha que podemos ganar”, dijo. Y aclaró: “Cuando digo ‘nosotros’, me refiero a las personas racionales y cuerdas... No hace falta ser conservador para darse cuenta de que los hombres son hombres y las mujeres son mujeres”.

 

Y en cuanto a cómo descoloca a sus entrevistados, dice que, si pueden “ser puestos de rodillas por una pregunta” es porque “ahí hay una verdadera debilidad”.

 

“Creo que la ideología de género puede ser vencida porque no resiste ningún tipo de escrutinio -insistió-. Lo único que hace falta es que tengamos un poco de audacia, que la miremos a la cara y hagamos algunas preguntas básicas”.

 

Sin embargo, son llamativas las entrevistas callejeras del documental -a jóvenes al azar y a mujeres en una marcha feminista- por la naturalidad con la que asimilan realidad a subjetividad: “Si es real para vos, entonces es real”...

 

En eso consiste su documental: tiene momentos desopilantes y otros angustiantes porque hay testimonios fuertes. Su principal mérito es exponer este pensamiento y mostrar hasta qué punto está impregnando las mentalidades.

 

Particularmente graciosa es su visita a una comunidad rural de Nairobi para indagar sobre estos temas. Los locales ni siquiera entienden de qué les está hablando Walsh, que entonces concluye que esto del transgenerismo es una preocupación exclusivamente occidental.

 

Otro momento insólito es cuando Gert Comfrey, psicoterapeuta, le dice que no puede definir qué es una mujer porque ella no lo es… cuando visiblemente sí lo es.

 

Debbie Hayton, periodista y docente británica trans, pero que cuestiona la ideología de género, sostiene que el documental crea conciencia sobre una realidad. Pero señala que Walsh “no explica por qué una idea tan extraña ha cautivado a la sociedad”. “¿Por qué tanta gente -especialmente joven- se identifica como transgénero o no binaria?

 

Es “la” pregunta que hay que responder.

 

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El film apunta contra Alfred Kinsey y sus estudios sobre la conducta sexual, y sobre todo contra John Money y su teoría de que el niño nace con un género neutro.

 

Algunos pocos críticos que sí vieron el film lamentan que Walsh no haya entrevistado a varias ensayistas que han realizado críticas exhaustivas de la ideología de género, como Helen Joyce, Kathleen Stock y Julie Blindel.

 

Debbie Hayton comparte sin embargo la preocupación del autor del documental por la multiplicación de intervenciones transgénero en niños. Walsh entrevista a Marci Bowers, mujer trans, cirujana que lleva practicadas unas 2000 vaginoplastias, operaciones de transición. Al respecto, Hayton dice: “Seamos claros en lo que esto significa. A un niño demasiado joven para tener un tatuaje se le extirpan los testículos y se le filetea el pene”.

 

Y en cuanto a la insistencia en que atletas trans compitan en la categoría femenina, Hayton dice: “Al imponer esta vil tontería a los estudiantes, al punto de obligar a las chicas jóvenes a compartir los vestuarios con los chicos, se los priva de la seguridad y la privacidad, y también de algo más fundamental, que es la verdad”. Este tema también es abordado en el film con testimonios de mujeres deportistas que están obligadas a callar por miedo a la sanción o la expulsión. Cuando se animaron a protestar, la respuesta fue: “Eres transfóbica”. O, en el mejor de los casos: “Podemos ayudarte a superar esto con psicoterapia”.

 

Por último, ¿qué hubiera respondido el propio Matt Walsh a su pregunta?: “Habría dado una respuesta biológica, porque esa es cien por ciento la respuesta. ¿Qué es una mujer?: una hembra humana adulta”.

BELEM DO PARA


 TIENE DICTAMEN EN DIPUTADOS

 

NOTIVIDA, Año XXI, Nº 1304, 20 de octubre de 2022

 

En un plenario de las comisiones de Relaciones Exteriores y de Mujeres y Diversidad, Diputados le dio dictamen al proyecto que le otorgaría rango constitucional a la Convención de Belem do Pará, un tratado internacional codiciado por los abortistas americanos. La iniciativa tenía despacho de la comisión de Asuntos Constitucionales y quedó lista para ser debatida en el recinto.

 

Durante la reunión de Comisión que encabezaron Eduardo Valdés (presidente de RREE) y Mónica Macha (presidente de Mujeres y Diversidad) obtuvieron dictamen los proyectos que pretenden darle jerarquía constitucional a la “Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer”, más conocida como Convención de Belem do Pará.

 

Algunas recomendaciones a favor del aborto del Comité de Seguimiento de la Convención (MESEVIC) se pueden ver en Notivida Nº 1247.

 

Para el feminismo es violencia, por ejemplo, tratar de impedir o dilatar un aborto; esa interpretación sesgada e ideologizada de la violencia podría ser izada ahora hasta la cúspide de la pirámide jurídica.

 

Plenario de las comisiones

 

Mónica Macha (Fdt, BsAS): “Todas las herramientas que nos permitan ir en un proceso de erradicación de la violencia por motivos de género nos van a encontrar trabajando en esa línea”

 

Marcela Campagnoli (CC, BsAs): adelantó su acompañamiento al dictamen, pero llamó la atención sobre “el silencio del Gobierno con lo que ha pasado con las mujeres en Irán”.

 

Julio Cobos (UCR, Mza.): recordó que este tema en el Senado obtuvo dictamen y llegó al recinto, pero en la sesión el senador Mayans pidió la vuelta a Comisión. Basándose en ese antecedente le sugirió a Valdés hacer algunas “gestiones” antes de que llegue recinto.

 

Los proyectos de ley considerados en el dictamen

 

1808-D-2021 de Hernán Pérez Araujo (FdT, La Pampa).

 

2075-D-2021 de Estela Neder (FdT, Sgo. del Estero).

 

2322-D-2021 de las radicales Brenda Austin, Gabriela Lena, Claudia Najul, Josefina Mendoza y Lidia Ascárate.

 

0247-D-2022 de las diputadas del FdT: Pamela Calletti, Ana Aubone, Lía Caliva, Ma. Rosa Martínez, Estela Neder, Nancy Sand, Varinia Marin, Gabriela Pedrali, Anahi Costa, Ma. Luisa  Montoto, Eugenia Alianiello, Tanya Bertoldi, Silvana Ginocchio y Mabel Caparros.

 

0588-D-2022 de los diputados de la Coalición Cívica: Paula Oliveto, Marcela Campagnoli, Maximiliano Ferraro, Mónica Frade, Juan Manuel Lopez, Mariana Stilman y Mariana Zuvic.

 

0754-D-2022 de Silvia Lospennato (PRO, BsAs).

 

1037-D-2022 de Mónica Fein (PS, Sta.Fe).

 

2178-D-2022 también del FdT firmado por: Jorge Verón, Paola Vessvessian y Gustavo González.

 

3027-D-2022 de Eduardo Valdés (FdT, Ciudad de BsAs).

 

4225-D-2022 de Karina Banfi (UCR, BsAs).

NO ME PUEDO CALLAR MÁS


José María Simón Castellví


Presidente emérito de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC)

 

Infocatólica, 19-10-22

 

Se acerca la Fiesta de San Juan Pablo II, en muchos sentidos llamado también el Papa de la Vida y de la Familia. Él creó la Pontificia Academia para la Vida con el fin de estudiar en profundidad maneras de defender la vida humana y su transmisión desde la concepción hasta la muerte natural.

 

La FIAMC colaboró muchas veces con la Academia y organizamos congresos en común de un altísimo nivel científico. También publicamos en revistas científicas de impacto. Eran tiempos en los que, dejando aparte legítimas discusiones académicas u organizativas, tanto sus presidentes como todos sus miembros defendían la vida humana como Dios les daba a entender.

 

Hubo presidentes que sabían lo que era el ADN, la buena obstetricia y la comunicación de los aspectos seguros de la Doctrina y de las leyes de la naturaleza.

 

El Prof. Jérôme Lejeune, descubridor de la causa de la trisomía 21 y defensor de la vida de los no nacidos y de la dignidad de los nacidos con el síndrome, fue el primer presidente. Mantuve durante muchos años una buena amistad con su viuda Birthe, que siempre lo tenía en sus labios a él y a sus «trisomiques».

 

Mons. Elio Sgreccia era un sabio de corazón puro cuyos tratados se utilizan ampliamente para la formación en Bioética. Mons. Ignacio Carrasco es médico de carrera civil y nunca paró de estudiar. Es cierto que en había unos cuantos académicos que creaban problemas, eran hipercríticos y acusaban al Santo Padre de esto o lo aquello. Se les podía haber aplicado el reglamento y asunto arreglado.

 

Sin embargo -hecho insólito bajo el sol- bajo la actual presidencia se expulsó a todos los académicos y posteriormente se nombró a los nuevos, incluidos algunos de los antiguos. Era como un nuevo comienzo, con los riesgos que supone para un investigador la inseguridad de su expulsión cuando quiera el presidente. Alguien convenció al Santo Padre de ello. Así, se nombraron y se siguen nombrando académicos abortistas, defensores de la eutanasia en algún grado o detractores de la Humanae vitae, justo lo contrario de lo que deseaba Juan Pablo II y de lo que es razonable para el bien de la Iglesia peregrinante en esta tierra. Y se dejaron de lado a valiosos científicos defensores de la Vida.

 

La presidencia de una academia pontificia es un cargo muy apto para un laico o para una mujer. ¿O es que no tenemos en la Iglesia a una mujer de trato agradable, casada, con 7 hijos, de sólida formación en Medicina, que hable idiomas y que pueda ir a Roma frecuentemente? ¿Tan mal estamos? No creo que sea bueno para nadie que las mujeres tengan cargos intermedios o se las nombre «diaconisas». Sí, es cierto que el hecho de que un clérigo competente sea nombrado presidente no es ningún pecado ni se le acerca. Pero es una oportunidad desaprovechada para que un laico o laica desarrolle una labor muy necesaria y de cierta visibilidad.

 

El aborto provocado es una ofensa a Dios, a las madres, a los hijos y a la Medicina. Es la anti-Medicina. Nunca puede ser aceptado ni promovido. En este sentido la revocación de la sentencia Roe versus Wade es una puerta abierta a la protección de la Vida en un país occidental muy importante desde diversos puntos de vista y creo que nos ayudará con el tiempo a revertir la lacra del aborto, le pese al lobby que le pese. Comprendo que hay que intentar dialogar con aquellos que son favorables a destruir la vida intrauterina y atraerlos a la causa de la Cultura de la Vida. Pero no se les puede ofrecer púlpitos para que difundan sus planteamientos. Ya tienen demasiados en el mundo civil y con una mayoría abrumadora.

 

Pablo VI pedía a los médicos y personal sanitario que nos hiciéramos con toda la ciencia necesaria para, respecto a la transmisión de la vida, dar a los esposos de nos consultan sabios consejos y directrices sanas que de nosotros esperan con todo derecho. Así, en lugar de perder el tiempo y la salud con los anticonceptivos o con discusiones que no sirven, deberíamos ayudar a las madres con problemas y a los esposos que necesitan espaciar un nacimiento por razones graves.

 

No quiero olvidar aquí poner por escrito una antigua oración en favor del Santo Padre y de sus colaboradores. Los cristianos tenemos que hablar pero también hay que orar: «el Señor lo proteja, lo bendiga y lo guarde, lo haga feliz en la Tierra y no lo entregue a la saña de sus enemigos».

JUAN IGNACIO GRANDE

 

 «La doctrina social de la Iglesia no es una ideología entre capitalismo y socialismo»

 

Ana Campos

 

El Debate, 16/10/2022

 

¿Soy libre? ¿Existe la justicia? ¿Tener hijos va en contra del planeta? Estas y otras preguntas centrarán los episodios de Luz del Mundo, un nuevo podcast de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y el Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala. Conducido por la periodista Ana Campos, el programa busca ahondar en las respuestas que da la doctrina social de la Iglesia (DSI) a cuestiones como la defensa de la vida, la economía o la relación con la naturaleza.

Los capítulos de Luz del Mundo se publicarán cada dos semanas en plataformas como iTunes, Spotify o el canal de YouTube de la ACdP. En el primer episodio, el secretario general del Instituto, Juan Ignacio Grande, dibuja las líneas básicas de la DSI y lamenta que esta no sea más conocida: «Constato un gran desconocimiento de la doctrina social de la Iglesia, incluso entre los propios católicos».

–¿De qué hablamos cuando decimos «doctrina social de la Iglesia»?

 

–De que a lo largo de la historia la Iglesia ha ido forjando un pensamiento abundantísimo como respuesta a los problemas sociales que iban surgiendo. El fruto de esta reflexión profunda es la doctrina social de la Iglesia. Pero atención: no se trata de una doctrina política ni económica, y tampoco es una ideología intermedia entre el capitalismo y el socialismo, sino una reflexión sobre qué necesita una sociedad para que podamos llevar una vida plenamente humana. Una existencia donde prime la dignidad de las personas y predomine la caridad evangélica.

–Algunos pensarán que la Iglesia no debe meterse en temas sociales.

–En la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, San Pablo VI hablaba de la fuerte conexión entre evangelización y desarrollo humano. Este Papa decía que entre ellos hay un vínculo antropológico -porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un hombre concreto, con problemas cotidianos- y uno de orden teológico: el plan redentor de Dios debe llegar a situaciones muy concretas, a injusticias que hay que combatir para restaurar la justicia. Por eso la Iglesia a veces se ve obligada a denunciar todo lo que pudiera haber de inhumano o contrario a la dignidad de la persona y sus derechos. Todo lo que no coincida con el proyecto de Dios para el hombre.

–¿Cuándo nace la doctrina social de la Iglesia?

–Esta nace realmente del llamamiento de Jesucristo, de la misión que nos da Dios: que pongamos su amor en acción, ocupándonos de las pobrezas de nuestros hermanos -materiales y espirituales- y dando preferencia a los más vulnerables, los más frágiles y los más necesitados. La predicación de Jesús acerca del Reino nos ha dejado claro la dignidad de todas y cada una de las personas, desde su concepción hasta su muerte. Todos somos hijos de Dios, hechos a su imagen y, por tanto, hermanos.

La DSI es dar existencia concreta a las decisiones coherentes con los valores del Reino de Dios

 

–¿La doctrina social de la Iglesia se dirige solo a los cristianos?

–Como decía, esta doctrina es el fruto de una atenta reflexión por parte del magisterio de la Iglesia sobre la vida del hombre en sociedad, y lo hace a través de la fe, sí, pero también de la razón natural. Precisamente por esto último, la doctrina social de la Iglesia tiene un carácter universal, se dirige a todos los hombres: todos podemos entender que la verdad, la justicia, la libertad, la paz o la caridad son valores que han de encarnarse en nuestra cultura y creencias.

–En este sentido, razón y fe se complementan

–Lo decía muy claro San Juan Pablo II, cuando explicaba que la razón y la fe son las dos alas con las que se eleva el espíritu humano para contemplar la verdad. La fe ilumina y completa nuestra razón, que es limitada, pero la doctrina social de la Iglesia se sirve también de las ciencias sociales. Eso sí, con cautela, porque muchas veces estas incluyen aspectos hostiles, que no son neutrales o que asumen visiones antropológicas distintas a la cristiana.

–¿Qué metodología sigue la doctrina social de la Iglesia?

–Se resume en tres palabras: ver, juzgar y actuar. «Ver» es percibir la realidad con sensibilidad, y preocupación, atentos a los rostros humanos. Es percibir con la inteligencia de la razón y la fe las situaciones de injusticia y los sistemas que se convierten en estructuras de pecado. «Juzgar» es valorar esta realidad, interpretando qué es y qué no es proyecto de Dios. «Actuar», por último, es comprometerse en actuaciones concretas, dar existencia concreta a las decisiones coherentes con los valores del Reino de Dios.

–¿Qué se incluye, en concreto, dentro de la doctrina social de la Iglesia?

–Primero, una serie de valores fundamentales de la vida social, como la verdad, la libertad, la justicia o la caridad. También se recogen una serie de principios de reflexión que deben presidir la construcción de una sociedad digna del hombre: están los principios originarios sobre Dios, Jesús o la dignidad humana- y luego los que se desprenden de estos, como el principio de solidaridad, el de subsidiariedad, el de justicia social o el del destino universal de los bienes. Encontramos también criterios de juicio para analizar la realidad social –prudencia, capacitación profesional, experiencia, una conciencia formada…–y directrices para orientar la acción, como el respeto a la persona, el compromiso con la paz o el ejercicio del diálogo.

–¿Dónde se encuentra la doctrina social de la Iglesia?

–Se ha ido sistematizando en una serie de documentos, comenzando por la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, que estudia los problemas sociales que surgieron a finales del siglo XIX. Este texto abrirá un modelo que continuarán los pontífices posteriores hasta nuestros días, con el magisterio social del papa Francisco.