DON BOSCO

DON BOSCO
"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"

MANIFESTACIÓN DEL 20 DE JUNIO EN ROMA: DEFENDAMOS A NUESTROS HIJOS



Observatorio Cardenal Van Thuân, 16-6-15
El 20 de junio a las 15.30 horas tendrá lugar en Roma, en la plaza de San Juan, la manifestación convocada por el comité “Defendamos a nuestros hijos”. Nuestro Observatorio se adhiere a la manifestación e invita a todos a participar en ella.

Poderes muy fuertes están actuando; poderes que están presentes y son activos en la política, en la economía y en la sociedad, que están imponiendo, de manera violenta aunque aparentemente democrática, una ética nueva e incluso una nueva visión del hombre y de la mujer, de la procreación y de la familia. La red de alianzas que obra con este fin está muy difundida y presente en la administración pública, en los sindicatos, en el asociacionismo y en la cooperación vinculada a los entes públicos, en los colegios de profesionales y también en la mayoría de los partidos. Se puede hablar de "bloque histórico", es decir de un bloque de intereses ideológicos y económicos que se vuelve prepotente y no tolera la oposición. La libertad de expresión y de conciencia está seriamente en peligro.

Los principales campos de acción de este bloque histórico son dos.
El primero es la educación y la escuela. Apoyados por las líneas guía de la OMS-Europa y del Ministerio de Igualdad-UNAR y adoptando las posibilidades que ofrece la Re.a.dy (la Red de la administración pública contra la discriminación de género), el bloque histórico de la nueva ideología penetra en los colegios públicos de manera silenciosa pero sistemática. Acuerdos de formación establecidos por los municipios, la red sanitaria local y los colegios estatales con el asociacionismo Gay y LGBT delegan de hecho a este asociacionismo, a menudo sin el conocimiento de los progenitores, la educación “afectiva” y “sexual” de nuestros niños y jóvenes desde la escuela infantil hasta los cursos superiores, enseñándoles que la homosexualidad y el transgénero son actitudes normales equiparables a la heterosexualidad. Los cursos son muy explícitos, los profesores no son admitidos en las clases y los padres, informados de manera aproximativa y genérica, no saben nada. Aprovechando la indiferencia y la inercia de la administración pública están llegando a nuestros jóvenes mensajes inaceptables.

El segundo es el ámbito legislativo. El Parlamento italiano está discutiendo, desde hace ya algún tiempo - pero algunas voces dicen que se están acelerando los procedimientos parlamentares por voluntad política - tres textos legislativos, todos ellos muy peligrosos. Si se aprueba el proyecto de ley Scalfarotto será penalmente perseguibile afirmar en público la unicidad de la familia natural; el proyecto de ley Cirinnà reconocerá las uniones civiles es decir, el matrimonio homosexual y, en consecuencia, por voluntad de la Unión Europea, Italia estará obligada a partir de ese momento a aprobar la adopción de menores por parte de parejas homosexuales; el proyecto de ley Fedeli impondrá la enseñanza de la ideología de género en todos los colegios. Con estas tres leyes se construiría un “sistema” jurídico, cultural, ético y educativo en el cual será muy difícil la coherencia con las propias convicciones de ética natural y religiosas.

El sistema de pensamiento que sostiene este ataque sistemático es la concepción del cuerpo como un instrumento, con un uso puramente técnico, fungible e intercambiable; la sexualidad como ejercicio indiferente de la identidad sexuada; la misma identidad sexuada como algo que se elige y no que se hereda; la indiferencia entre los distintos recorridos sexuales; la procreación como afirmación de un deseo; la maternidad y la paternidad como algo desvinculado de la propia fisicidad y que se puede elegir; la inexistencia de una naturaleza humana sexuada y de una naturaleza humana en cuanto tal; la fragmentación de la persona, que es privada de la continuidad entre los diversos actos vinculados a la sexualidad y a la procreación. Se trata de la ideación de una humanidad nueva que, mediante la fecundación heteróloga y el útero de alquiler, transformará totalmente la comprensión que se ha tenido hasta ahora de lo humano. Se trata de la ideación de lo posthumano.

Nuestro Observatorio sigue desde hace tiempo con muchísima atención estos fenómenos culturales, intentando entender su significado y los peligros más profundos. En este momento, en nuestro país se ha llegado ya al momento de la acción. Son muchos: profesores, progenitores, personal de la administración pública, trabajadores sociales, los que se oponen en su ámbito de vida y de trabajo a esta nueva reconstrucción de lo humano. Ahora ha llegado el momento de que se unan y hagan oír la propia voz al país.


LA TEOLOGÍA DE KARL RAHNER Y LAS DIFICULTADES DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA



En su reciente libro La Dottrina sociale della Chiesa. Una verifica a dieci anni dal Compendio (2004-2014) [Cantagalli, Siena 2015], el arzobispo Giampaolo Crepaldi responde, entre otras, a algunas preguntas sobre las dificultades con las que se encontró la Doctrina Social de la Iglesia después del concilio. 

Preguntado concretamente sobre la teología de Karl Rahner, Mons. Crepaldi identifica en la teología del jesuita alemán una de las fuentes principales de oposición a la Doctrina Social de la Iglesia, tal como Juan Pablo II deseaba relanzarla (cfr. págs. 31-32). Las conclusiones son claras: «En este marco [en la teología de Rahner, ndr] es muy difícil que la Doctrina Social de la Iglesia penetre, a menos que no se desmantele el carácter de corpus doctrinal, se elimine su esencia misionera y salvífica y se entienda sólo como una praxis de la acogida, la escucha y el caminar juntos pero sin la luz de la verdad que viene de lo que es externo a este mundo, de lo transcendente» (p. 32). Naturalmente, no es que no exista lo transcendente en Rahner, pero es entendido sólo en un sentido existencial y no metafísico.

Partiendo de aquí, queremos verificar más a fondo los motivos teológicos según los cuales la teología de Rahner está incluida entre las mayores dificultades a las que se ha enfrentado la Doctrina Social de la Iglesia recientemente, dificultades que pueden llegar incluso a impedirla en su misma posibilidad.

El “ojo de la cerradura” 

El primer aspecto que hay que verificar es el instrumento filosófico utilizado por Rahner. La filosofía, de hecho, es la gramática de la teología y es la que dicta el método[1]. Ahora bien, la filosofía de Rahner, como escribió el padre Cornelio Fabro, parte de la “aceptación del transcendental moderno”[2]. Con esto quiere decir que nuestro conocimiento está siempre orientado por estructuras que, a priori, le preceden y le constituyen. No podemos conocer nunca las cosas tal como son en sí mismas, dado que el conocimiento acaece en el interior y a-partir-de estas estructuras transcendentales que, como un horizonte a nuestras espaldas, nos condicionan.

Escribe Rahner: «Cuando amo, cuando estoy atormentado por las preguntas, cuando estoy triste, cuando soy fiel, cuando siento nostalgia, entonces esta realidad de la existencia humana es una unidad, una unidad originaria, hecha de realidad y de su propio ser-en-sí-misma»[3]. De por sí no se conoce nada, sino siempre dentro de esta unidad originaria, por lo que cuando se conoce algo se conoce también nuestro conocer, que forma parte de lo que se conoce, «se con-conoce siempre el conocer del sujeto»[4]. Este conocimiento prístino «se desarrolla, por así decirlo, a espaldas del conocido»[5], es decir, es una estructura apriorística y atemática. Se dice atemática porque no es algo particular, sino el horizonte que permite conocer las cosas particulares. Es lo que sucede cuando miramos por el ojo de la cerradura. Rahner llama a este con-conocimiento «experiencia transcendental»[6]. Este no puede ser nunca representado objetivamente, pero nos permite representar objetivamente al resto. Lo que hay en esta parte del ojo de la cerradura es y será siempre un misterio, pero mientras tanto me permite ver lo que hay más allá del ojo de la cerradura como algo definido.

En esta experiencia transcendental hay ya un conocimiento anónimo y atemático de Dios[7], al menos y sobre todo como pregunta. Por consiguiente, «existe un cristianismo anónimo, implícito»[8]. La experiencia originaria de Dios no consiste en conocer un objeto, sino en tener una experiencia. Esta experiencia es evidente dado que todos los otros conocimientos derivan de ella, pero es incomprensibile porque está a nuestras espaldas. Puesto que ella no se reduce nunca a las cosas conocidas, se puede decir que es transcendente y que todos hacemos experiencia de la transcendencia cuando experimentamos que cada uno de nuestros conocimientos individuales necesita este horizonte que le precede. La transcendencia, por lo tanto, está detrás de nosotros y no delante, o bien por encima. Transcendencia en cuanto precede al ojo de la cerradura. Transcendente y transcendental coinciden. De este modo la transcendencia en sentido metafísico es sustituida por la transcendencia en sentido existencial.

En Rahner hay un planteamiento filosófico muy distinto e incluso contrario al expresado por Juan Pablo II en Fides et ratio. Ésta última puede ser considerada como una “filosofía del ser”[9] y de la verdad como adaequatio[10]. La Fides et ratio no sólo admite sino que necesita de la metafisica[11] y sostiene la capacidad de la razón humana no solo de plantear preguntas o interpretar[12], sino de conocer lo universal y de componer el cuadro unitario del saber[13]. Rahner, en cambio, niega la metafísica, que es sustituida por la hermenéutica, dado que cada hombre se encuentra solo y siempre en un contexto interpretativo, dada la imposibilidad de eliminar el apriori que precede y hace posible todo conocimiento. Detrás de la filosofía de Rahner están Kant (por la fundación apriori del conocimiento), Hegel (por la dimensión estructural histórica del conocer) y sobre todo Heidegger (por la interpretación que da del transcendental moderno). En él tenemos la plena aceptación del planteamiento de la filosofía moderna.

El “giro antropológico”

Según Karl Rahner, Dios se autocomunica en esta experiencia transcendental, se autocomunica en el hombre y se autocomunica a todos porque esta experiencia transcendental es propia del hombre en cuanto tal, por lo tanto, de todos los hombres. Pero no se autocomunica proponiéndonos contenidos o informándonos de hechos que tienen que ver con Él, pues de este modo Dios se convertiría en una cosa entre las otras cosas y sus palabras se convertirían en palabras entre otras palabras. Más bien él se autocomunica como el Silente, el Sin Rostro. «Él se entrega a nosotros como uno que es rechazado, mediante el silencio y la lejanía del que se mantiene constantemente en un estado de no expresividad»[14], el Anónimo. Y de este modo la Palabra, el Logos de Dios se convierte en el «mudo reclamo de nuestra experiencia transcendental»[15] y la Luz absoluta se convierte en el Abismo y la Oscuridad. Si hasta ahora hemos pensado que Dios nos ha “dicho algo”, nos hemos equivocado – sostiene Rahner – porque Dios es Aquel que calla, precisamente porque no puede reducirse a una cosa dicha, siendo Él mismo la condición de cada cosa que se dice. A lo sumo Dios suscita preguntas, pero no puede dar nunca respuestas. Esto explica, entre otras cosas, una actitud muy frecuente actualmente: si Dios no puede ser conocido de manera objetiva, entonces he aquí «la tendencia actual a hablar no de Dios, sino del prójimo; a predicar no el amor de Dios sino el amor del prójimo; a no decir Dios, sino Mundo y responsabilidad hacia el mundo» [16].

Por otra parte, Dios puede ser conocido en la dimensión de la mundanidad. De la autocomunicación de Dios - es decir, de la transcendencia - se hace experiencia en la existencia; por consiguiente, todos hacen esta experiencia que, por lo tanto, será una experiencia mundana. El padre Cornelio Fabro nos recuerda que Santo Tomás llama a la teología “Sagrada Doctrina”. El término sagrada indica el origen sobrenatural de la teología. «Las fuentes de la verdad teológica no están en la tierra, sino en el cielo»[17], decía él. Para Karl Rahner, en cambio, están en la tierra, porque el hombre es un ser histórico y Dios no se revela desde lo alto sino desde lo bajo, desde el interior de la vida mundana del hombre.

El padre Garrigou Lagrange decía que «para saber lo que es el dogma no hay que estudiar las necesidades actuales de las almas, sino el dogma mismo y su estudio nos permitirá descubrir y suscitar en las almas aspiraciones mucho más profundas que las necesidades hodiernas de las que se habla»[18]. Continuaba así: «Debemos, por lo tanto, en la medida de lo posible, estudiar el dogma en sí mismo y no en función de las necesidades actuales. Si por otra parte estas necesidades se convirtieran en la norma de nuestras afirmaciones, ¿que quedaría de la Verdad revelada?»[19]. Pero después de Karl Rahner el recorrido se hace al contrario: para entender el dogma hay que mirar a nuestra existencia y al mundo.

Se ha defendido que el Concilio Vaticano II habría cambiado la relación entre la Iglesia y el mundo mediante un "giro antropológico". Esta interpretación del Concilio se hace a menudo a través de la lente de la filosofía de Rahner. El giro antropológico como lo entiende Rahner hace que la Doctrina Social de la Iglesia, tal como fue pensada tradicionalmente por el Magisterio, sea inútil. La vida de fe es una dimensión totalmente mundana porque es en el mundo donde Dios se revela a todos los hombres. La Iglesia no debe iluminar la construcción del mundo mediante la Doctrina Social de la Iglesia, sino que debe vivir en el mundo y, en él, escuchar junto a todos los hombres la autorrevelación de Dios. No hay contenidos que difundir, sino experiencias que hay que hacer junto a todos los hombres.

La historia de la salvación

Si Dios se autocomunica a todos en la existencia humana, en el mundo, entonces la historia de la salvación coexiste con la historia de la humanidad. El mundo y su historia ya no son algo distinto de la historia de la Iglesia y de la vida religiosa. La distinción entre historia sagrada e historia profana ya no tiene sentido.

La historia de la revelación no comienza con Abraham y Moisés: «El cristiano no tiene ningún derecho a limitar el acontecimiento efectivo de la salvación a la explícita historia veterotestamentaria y neotestamentaria»[20]. «La historia de la salvación no está limitada a la historia de las realizaciones positivas y negativas de la religión, sino que abraza también la historia puramente profana de la humanidad y del individuo»[21]. Ya no hay distinción entre lo sacro y lo profano.

La gracia de Dios actúa ya en el mundo, porque Dios se autocomunica en la existencia. Esta autocomunicación está dada primero por las decisiones religiosas y puede suceder que asuma también una forma conceptual no religiosa y «puede ser tan general, tan atemática y tan arreligiosa que se verifique - de manera anónima pero real - allí donde dirijamos nuestra existencia»[22].

Esta concepción de la salvación como historia, y como historia de la salvación, así como de la misma revelación como historia y experiencia transcendental está en el origen de las distintas “teologías del genitivo” – empezando por la teología de la revolución de Richard Shaull – que, a partir de los años sesenta y setenta del siglo pasado obstaculizaron y sustituyeron a la Doctrina Social de la Iglesia. Ésta parte de la fe apostólica y de una revelación transcendente; esas, en cambio, de una revelación y una salvación que se expresan en la situación. También en el ateísmo y en el nihilismo hay revelación de Dios y también ellos son ocasiones de la historia de la salvación.  Según estas premisas, la concepción de la Doctrina Social de la Iglesia como el compromiso, sobre todo mediante los cristianos laicos, de reabrir un lugar para Dios en el mundo resulta incomprensible.

El pecado y sus estructuras

La autocomunicación de Dios acaece en nuestra experiencia, en la compleja dialéctica entre el horizonte apriorístico (transcendental) y las cosas y situaciones de vida individuales (categorial). Dios no revela su voluntad dándonos preceptos, indicaciones, contenidos, por lo que se convierte casi en imposible saber cuándo somos pecadores. El sujeto «no posee nunca una seguridad absoluta sobre la cualidad objetiva y por lo tanto moral de sus acciones»[23]. Efectivamente, las ciencias humanas se han vuelto tan refinadas que dan muchas explicaciones a lo que nosotros llamamos pecado: «no sabemos nunca con extrema seguridad si somos realmente pecadores»[24].

No podemos indicar nunca un punto de nuestra existencia en el que se pueda decir que ha habido un no radical a Dios, pero sabemos también que la vida es inevitablemente una respuesta a la pregunta en la que Dios se presenta y, por lo tanto, puede darse un no a Dios.  Puede darse, pero no sabemos cuando está. La doctrina no dice en qué caso el no a Dios se ha convertido en realidad. El Infierno es una ilustración plástica de la perdición. Es más, puede suceder que bajo un supuesto crimen no haya nada o haya otra cosa, mientras que «detrás de la fachada de una respetabilidad burguesa puede esconderse un no a Dios»[25].

En la teología de Rahner, tanto el pecado de los orígenes como el pecado como tal se sustraen del contexto y no necesitan de la Doctrina Social de la Iglesia. León XIII había fundado la Doctrina Social contra la apostasía de la modernidad, que había rechazado el pecado, convirtiéndolo en algo natural e incluso útil al progreso.[26]. Pero con Rahner una visión como esta es improbable y la Doctrina Social de la Iglesia ya no sirve para la salvación del minuto después de la caída inicial y de los pecados humanos que se convierten en “estructuras de pecado”[27]: el centro de la historia de la salvación ha transitado de la Iglesia al propio mundo, en cuya complejidad histórica y existencial el pecado se convierte en indescifrable.

Conclusión

La teología de Karl Rahner ha sido definida como una “nueva Escolástica” y en verdad tiene una intención sistemática, es una reconsideración global de la fe cristiana en la modernidad y según ésta. La dogmática se convierte en historia de los dogmas; la pastoral precede a la doctrina; el pecado es sustituido por distintos niveles de bien; la relación iglesia-mundo está pensada en términos de igualdad o incluso de prioridad del mundo como lugar de la revelación y de la salvación; lo sagrado y lo profano son unificados y la laicidad se convierte también en el estilo de la Iglesia; los dogmas son desmitificados para hacerlos comprensibles al hombre secularizado de hoy; la secularización es vista no sólo como positiva e inspirada por el cristianismo sino como el contexto óptimo para una fe que parte del mundo; la metafísica es sustituida por la hermenéutica y la doctrina es historicizada y hecha nacer de la situación. 

Todo ello comporta el abandono de la Doctrina Social de la Iglesia tal como fue propuesta desde León XIII en adelante, pues se la considera pasada y por lo tanto inadecuada. El contraste es evidente en todos los puntos y explica la gran resistencia que encontró Juan Pablo II cuando quiso relanzarla, como justamente observa el arzobispo Crepaldi en el libro citado al principio.

[1] «Si el teólogo rechazara servirse de la filosofía, correría el riesgo de hacer filosofía sin saberlo» (JUAN PABLO II, Carta Enc. Fides et ratio, n. 77).

[2] FABRO, Cornelio, La aventura de la teología progresista, EUNSA, Ediciones Universidad de Navarra, 1976. Ver también: FABRO, Cornelio, La svolta antropologica di Karl Rahner, EDIVI, Segni 2011.

[3] RAHNER, Karl,  Curso fundamental sobre la fe. Introducción al concepto de cristianismo, (primera edición Freiburg i. B. 1976), Herder, Barcelona, 1977.

[4] Ivi, p. 37. La tesis retoma a Heidegger según el cual el hombre que se interroga es parte del problema.

[5] Ibidem.

[6] Ibidem, p. 40.

[7] Cf Ibidem, p. 41.

[8] Ibidem, p. 393.

[9] «Si el intellectus fidei quiere incorporar toda la riqueza de la tradición teológica, debe recurrir a la filosofía del ser» (Fides et ratio, n. 97. Véase todo el párrafo).

[10] Cf Ibidem, n. 82.

[11] Cf Ibidem, n. 83.

[12] Cf Ibidem, n. 84.

[13] Cf Ibidem, n. 85.

[14] RAHNER, Karl,  Curso fundamental sobre la fe, op. cit., p. 95.

[15] Ibidem, p. 173.

[16] Ibidem, p. 196.

[17] FABRO, Cornelio, La aventura de la teología progresista, op. cit., p. 74.

[18] GARRIGOU-LAGRANGE, Reginald, El sentido común, la filosofía del ser y las fórmulas dogmáticas, DEDEBEC, Ediciones Desclée de Brouwer.

[19] Ibidem, p.

[20] RAHNER, Karl, Curso fundamental sobre la fe, op. cit.,  p. 200.

[21] Ibidem, p. 196.

[22] Ibidem, p. 181.

[23] Ibidem, p. 136.

[24] Ibidem, p. 145.

[25] Ibidem, p. 142.

[26] DEL NOCE, Augusto, I cattolici e il progressismo, Leonardo, Milano  1994, p. 150.

[27] JUAN PABLO II, Carta Encíclica Sollicitudo rei socialis (1987), nn. 16, 36.


Osservatorio Internazionale Cardinale Van Thuân, junio 14 de 2015.

UNA INVASIÓN DE IMBÉCILES

 a Eco no le convencen las redes sociales

Por Elisabetta Piqué 
| LA NACION, 14-6-15
  
 Hace unos días el famoso semiólogo italiano Umberto Eco, autor del best seller El nombre de la rosa, entre otras novelas y varios ensayos, desató una polémica en las redes sociales al lanzar un ataque durísimo en su contra. De hecho, las acusó de haber generado una "invasión de imbéciles", frase que se volvió viral en Twitter.

"Las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad", dijo. "Enseguida (a éstos) los callaban, mientras que ahora tienen el mismo derecho de palabra de un premio Nobel.

 Es una invasión de imbéciles", agregó, en un breve encuentro con la prensa en Turín, luego de recibir un doctorado honoris causa en "comunicación y cultura de los medios". Eco explicó que si "la televisión había aprobado al tonto del pueblo, ante el cual el espectador se sentía superior", el "drama de Internet es que ha aprobado al tonto del pueblo como el portador de la verdad".

SE PUBLICÓ LA LEY ANTIDISCRIMINATORIA



NOTIVIDA, Año XV, Nº 972, 10 de junio de 2015

Se publicó hoy en el Boletín Oficial de la Ciudad de Buenos Aires la nueva Ley antidiscriminatoria, lleva el Nº 5261 y quedó promulgada de hecho el 8 de mayo. La publicación acabó con las expectativas de las asociaciones provida que le pidieron el veto a Macri.


Con la ley votada por unanimidad en la Legislatura que preside María Eugenia Vidal, la Ciudad de Buenos Aires se convirtió en el primer distrito del país que amenaza con sanciones a los defensores del orden natural. La ley -vigente desde el día de la fecha- castiga la discriminación por “género”, “identidad de género” y “orientación sexual”; lo que pone en riesgo entre otros, el regular ejercicio de los derechos a la libertad de pensamiento y expresión, de enseñar y aprender, y de educar a los hijos conforme a las propias pautas morales y religiosas 
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Texto de la ley:



LA DESIGUALDAD ECONÓMICA EN EL CAPITALISMO


El demonio de Piketty   
    
ANTONIO MARTÍNEZ
El Manifiesto, 5 de junio de 2015    
      
A principios del siglo XIX, Pierre Simon de Laplace imaginó lo que luego se llamaría “el demonio de Laplace”: una mente tan poderosa, que, dentro de una visión estrictamente mecanicista del universo, podría conocer todo el futuro y todo el pasado a partir de los datos existentes en un momento dado, siempre que los conociéramos con suficiente precisión.

A principios del siglo XXI, diríase alumbrado un cierto “demonio de Piketty”: una mente esta vez tan sagaz, que ha descubierto en su célebre fórmula r > g la razón oculta de la intrínseca perversidad del capitalismo. El demonio de Piketty desenmascararía y denunciaría al demonio capitalista de la desigualdad: cuando la tasa de retorno del capital es mayor que la tasa de crecimiento de la economía, ese mal originario que es la desigualdad tiende inexorablemente a crecer. Los socialdemócratas europeos y los fustigadores del capitalismo parecen haber encontrado a su nuevo faro, a su nuevo gurú, a su nuevo Marx. En la persona de Thomas Piketty, que, levantando el Velo de Maya de la Economía, les ha revelado una de las grandes leyes ocultas de la historia.

Sin embargo, el propio Piketty ha reconocido recientemente que las cosas no son tan simples. Supongamos por un momento que la desigualdad es algo intrínsecamente perverso e indeseable (una idea apriorista que, por ejemplo, combatiría el aristocrático Nietzsche, amante de la desigualdad). Bien, de acuerdo; pero resulta que el crecimiento de tal desigualdad no descansa de manera única en factores económicos, sino, más allá de éstos, en razones de índole psicológica, muchas veces inconscientes, que atañen al Zeitgeist de una determinada época. Y es que, en efecto, la desigualdad se ha incrementado a lo largo de las últimas décadas también en ámbitos muy alejados de la pura economía.

Pondremos algunos ejemplos. En el mundo de la Literatura, está desapareciendo la “clase media” de los escritores, de manera que ahora existen unos pocos autores superventas y una masa de escritores que venden muy poco, obtienen escaso reconocimiento y apenas pueden vivir de sus libros. Lo mismo pasa con las tiradas medias de éstos: o bien ediciones monstruosas de cientos de miles de ejemplares, a lo Dan Brown o Stieg Larsson, o bien irrelevantes, por debajo de los tres mil. En cuanto al mundo de la educación, cada vez aparece más clara la brecha entre instituciones académicas de élite -colegios, institutos, universidades- y otras casi asistenciales, destinadas a la masa de alumnado que no puede acceder a los centros de alta cualificación. En cuanto al mundo del deporte, también aquí la separación entre la élite y la masa resulta cada vez más evidente: o equipos multimillonarios, o equipos de clase baja que a duras penas consiguen sobrevivir. Hace 30 años, un Nottingham Forest podía ganar la Copa de Europa. Algo así resulta hoy completamente impensable.

Podría realizarse todo un análisis cultural y sociológico de nuestra época, referido a los más distintos ámbitos, y comprobaríamos, fascinados y con estupor, que esta ley se cumple de manera casi universal: que los segmentos medios menguan y, en cambio, crecen los extremos. La tan comentada decadencia de la clase media, en beneficio de una elitista clase alta -el olimpo social- y de una masa depauperada de trabajadores en precario, constituye sólo un caso particular dentro de una fenomenología que, como decimos, es mucho más amplia. Cuando -un ejemplo más- en el mundo de la televisión nos encontramos con programas que son “buques insignia” y que producen un decisivo efecto arrastre en las audiencias de la respectiva cadena, junto a otros espacios casi irrelevantes en términos de share, tal vez añoramos las épocas en que aún existían programas “de clase media”. Lo mismo ocurre hoy, por cierto, en el ámbito cinematográfico, que se divide, cada vez más, entre blockbusters y películas de bajos coste, taquilla y difusión.

De modo que hace bien Thomas Piketty cuando corrige a la baja el poder explicativo de su famosa fórmula. La desigualdad crece, ciertamente; pero diríamos que lo hace por motivos casi metafísicos, operantes en los estratos más profundos de la psique occidental contemporánea, de manera que la creciente desigualdad económica sólo sería un efecto más de un fenómeno de índole general. Y, ¿dónde estaría la raíz psíquico-metafísica de tal tendencia? Responder cumplidamente esta pregunta exigiría un desarrollo que desborda los límites de un simple artículo; pero creo que, al menos, es posible ofrecer un atisbo de ese motivo oculto: la desigualdad crece en la medida en que el universo espiritual, psíquico, cultural, social y económico de Occidente es cada vez menos un “cosmos”, un todo unitario cuyas diversas partes están todas ellas vinculadas a un eje central que mantiene su cohesión. En efecto: la desigualdad sólo constituye una consecuencia visible de una creciente desunión invisible. Y esa desunión se identifica con el pathos de la posmodernidad, que concibe el mundo como una nube amorfa de átomos que se mueven al azar. Cuando ya no existe un círculo cohesionado por la común referencia a un centro irradiador y vertebrador, entonces la desorientación y el miedo conduce a un desarrollo hipertrófico de los extremos. Es lo que sucede, por ejemplo, con la creciente ansiedad de los padres occidentales por la formación académica de sus hijos. Hace unas décadas, podían confiar en que el sistema público de enseñanza les proporcionaría las capacidades necesarias para acceder a las clases medias ilustradas y, por vía meritocrática, tal vez también más arriba, ascendiendo en la escala social. Hoy en día la situación es mucho más dramática. La carrera empieza en el parvulario, y cualquier retraso puede producir efectos perturbadores. De manera que o el paraíso de arriba, o la ciénaga del empleo precario de abajo, de los sueldos de 600 euros. La zona intermedia se encuentra cada vez más despoblada.

Entonces, ¿qué se puede hacer? Si la desigualdad nos parece indeseable (aunque tal vez no lo sea: podemos entenderla, simplemente, como una saludable consecuencia de la libertad individual), entonces, ¿cómo luchar contra ella? Desde luego, creo que no debe hacerse por vía coactiva. Hace unos años, los suizos rechazaron en referéndum la limitación legal de las diferencias salariales entre los sueldos más altos y más bajos de una empresa -se habló entonces de una proporción máxima de doce a uno-, e hicieron bien al votar en tal sentido. Hayek nos lo recordó en su momento: en esa dirección sólo hay un camino de servidumbre. La fiscalidad fuertemente progresiva, que tanto gusta al socialismo francés de Hollande y a la demagogia que demoniza a los ricos, es injusta e ineficaz a este respecto. Y el Estado del Bienestar puede hacer ciertas aportaciones al respecto, pero tampoco es la solución.

¿Cuál es, entonces, esa “solución”? Una vez más, la pregunta, compleja, no puede responderse de manera simple. Sin embargo, me parece que un ejemplo bien conocido puede clarificar bastantes cosas. Supongo al lector enterado de que, en fechas recientes, la Liga inglesa de fútbol ha firmado un suculento contrato de televisión que va a convertir a los equipos de la Premier League en los más ricos del mundo. Y lo más interesante es que el reparto de los derechos económicos se encuentra bastante equilibrado, con diferencias no demasiado grandes entre los equipos de arriba y los de abajo.

¿Por qué se ha hecho esto así? ¿Es socialdemócrata la Premier League, “no le parece justo” que el Chelsea o el Manchester United cobren mucho más que el Everton o el Southampton? No: resulta, simplemente, que todos los equipos de la Premier forman parte de un mismo universo, el “universo del fútbol inglés”, y que el atractivo irresistible de la Liga inglesa reside justamente en que constituye un cosmos completo, del mismo modo que, por ejemplo, los deportes gaélicos lo son en Irlanda. Esa común pertenencia a un único universo es lo que limita las desigualdades a múltiples niveles, incluido el económico. Y tal es el modelo que deberíamos copiar a gran escala. Convirtamos el mundo en una tupida red de microcosmos integrados todos ellos en un gran universo total integrador. En vez de una nube, hagamos de él un árbol. Y, entonces, las desigualdades subsistentes cambiarán de naturaleza de una manera radical.


Thomas Piketty no es el Isaac Newton de la economía socialdemócrata. La Naturaleza ama las desigualdades, como manifestación de la variedad dionisíaca del mundo; pero, a la vez, las integra en un gran todo orgánico. Y ése es el desafío que también nosotros debemos afrontar.

LA VIOLENCIA NO TIENE GÉNERO


por Agustín Laje
• 05/06/2015 – Informador Público

No puede negarse que la violencia contra la mujer constituye una problemática seria en nuestra sociedad. Los datos empíricos muestran que la cantidad de mujeres que han resultado víctimas de lo que ha empezado a denominarse “violencia de género” es significativa. Ello impulsó la gestación de un lema que corrió, como reguero de pólvora, por los medios de comunicación y terminó materializado en una manifestación: #NiUnaMenos.

Dado que la política está hecha de palabras, las palabras encierran poder. Y si éste debiera medirse en función de cuánta gente es capaz de ser hegemonizada por esas palabras, es evidente entonces que el eslogan que movilizó a la marcha feminista del 3 de junio tuvo un peso específico importante. Y ello no en referencia a la convocatoria en estricto sentido cuantitativo; sino a la capacidad de movilización emotiva que generó #NiUnaMenos en las masas, que tornaron cualquier duda al respecto en una muestra de execrable “machismo”.

“Cuando todos piensan igual es porque ninguno está pensando” decía Walter Lippman. Yo agregaría que, cuando uno no puede dar una visión alternativa respecto de determinado asunto sin por ello ser condenado al ostracismo, es porque se ha bloqueado socialmente cualquier posibilidad de diálogo. ¿Podemos atrevernos a pensar que, en verdad, la violencia no tiene género?
Plantear la pregunta no implica sugerir que se reivindica la violencia contra la mujer, ejercida por bestias que se dicen hombres; ante el fanatismo de los eslóganes, siempre es bueno dejar algunas cosas claras. Plantear la pregunta tampoco conlleva la intención de relativizar la problemática en cuestión; al contrario, lo que encierra la pregunta es la intención de complejizar la problemática. Y es que sólo admitiendo que la violencia no tiene género, podemos empezar a ver una situación mucho más completa de la que presenta una visión que recorta la realidad social por los bordes del género.

La violencia se ha desbordado por todas las grietas de nuestra sociedad, y eso es una verdad sobre la cual las estadísticas oficiales (sí, aún las oficiales) dan cuenta.   Los homicidios dolosos de las últimas dos décadas, por ejemplo, arrojan que más de siete personas son asesinadas diariamente en Argentina, aumentando la cantidad de casos año a año, a tal punto que el gobierno ha dejado de publicar datos al respecto. No hace falta remarcar que las víctimas de estos homicidios son de todas las edades, todos los géneros y todas las clases sociales.
También es sabido que, según los datos de la ONU, Argentina es el país con mayor cantidad de robos por habitante en toda América Latina. Las víctimas son de todas las edades, todos los géneros, todas las clases. Si bien el hecho de quitarle a alguien coactivamente su propiedad es en sí mismo un acto de inconmensurable violencia, estos robos siempre conllevan dosis extra de violencia física y psicológica.

La violencia, se quiera o no se quiera ver, es una nota distintiva de nuestra realidad. La vemos a diarios en los hombres que maltratan a las mujeres, pero la vemos también a diario en un sinfín de otras circunstancias: en la escuela, en la calle, en el fútbol, en el gobierno.
La violencia no conoce géneros. Es por ello que el foco debe ser puesto en la violencia, no en el género; lo contrario abre un espacio donde se entremezcla la ideología (sí: esa ideología que propone advertir una inexistente guerra entre hombres y mujeres). Por eso, mi consigna es ‪#‎NiUnaPersonaMenos: sea mujer u hombre, niño o anciano, persona nacida o persona por nacer. #NiUnaPersonaMenos, para poder ver el cuadro completo y no sólo una parte.

Si bien no tengo duda que mucha gente que apoya #NiUnaMenos lo hace con el expreso y excluyente objeto de repudiar la violencia de determinados hombres hacia las mujeres y peticionar por una reacción estatal (lo cual considero muy loable), premítaseme dudar respecto del discurso feminista que pretende hegemonizar la causa.
Horas antes de la marcha, escribí en mi muro que a no sorprenderse si advertían que se utilizaba esta causa para desplegar pancartas en favor del genocidio contra la persona por nacer, es decir, en favor del aborto. Muchos me saltaron a la yugular, pero sólo el tiempo me dio la razón: los grupos feministas se apoyaron en la legítima demanda de #NiUnaMenos que, como una pantalla, le brindó una visibilidad que pocas veces han tenido para manifestar lo que verdaderamente les interesa: la legalización de la violencia contra el niño por nacer.

No es casual, en efecto, que entre las peticiones más destacadas de la manifestación, se encontrara la “reglamentación de la totalidad de los artículos de la Ley Nacional 26845, de Protección Integral de las Mujeres, con asignación de presupuesto acorde”. Dicha ley, en su artículo 3 inciso e) establece el derecho de la mujer a “Decidir sobre la vida reproductiva, número de embarazos y cuándo tenerlos”. Es decir, a decidir matar o no matar al ser que, portador de un ADN diferente del suyo, se encuentra en su vientre.

Comoquiera que sea, nadie puede desconocer que el feminismo es un fenómeno ideológico complejo que aparece hoy como una de las patas del llamado “socialismo del Siglo XXI”. En efecto, la batalla cultural que está dando la renovada izquierda precisa de un pasaje de la lucha de clases característica del marxismo clásico, a una lucha de “posiciones de sujeto” no determinada por la variable económica: la “lucha de géneros” es sólo una de las nuevas divisiones que nos presenta esta izquierda culturalista.
Chantal Mouffe, importante teórica del postmarxismo, escribía en El retorno de lo político que “la política feminista debe ser entendida no como una forma de política, diseñada para la persecución de los intereses de las mujeres como mujeres, sino más bien como la persecución de las metas y aspiraciones feministas dentro del contexto de una más amplia articulación de demandas”. Es decir: el feminismo debe ser parte del proyecto del socialismo del Siglo XXI, y debe usar estos banderines como pantalla para ocultar esa “más amplia articulación” que no aparece frente a los ojos de los bienintencionados que apoyan sus causas.


Nuestra sociedad ya muy dividida está. No la sigamos dividiendo con arreglo a categorías que sólo sirven para quitar de la mirada pública a otras categorías. La violencia no tiene género; y si realmente se condena la violencia, entonces hagamos de #NiUnaMas un eslogan universalizador: #NiUnaPersonaMenos.

NEW YORK TIMES ACABA CON EL MITO DE LA SOBREPOBLACIÓN


Population Research Institute, 3-6-15

Seguramente usted, amable lector, se quedará atónito como lo estuvimos nosotros cuando leímos el artículo de portada del New York Times titulado “Los Horrores no Realizados por Explosión Demográfica" . No es fácil de asimilar que uno de los principales promotores del mito de la sobrepoblación esté ahora desacreditando el alarmismo provocado en parte por ellos mismos en los últimos 50 años. El articulo zanja el tema (varias décadas demasiado tarde) y echa el control de la población al botadero de las ideas absurdas.

El artículo incluye una entrevista con Paul Ehrlich, autor de The Population Bomb e investigador estrella de Stanford que asustó a decenas de millones con el fantasma de la superpoblación y el supuesto apocalipsis de la población que sobrevendría. Predijo que para 1970 la "bomba demográfica" explotaría, y cientos de millones de personas morirían de hambre en la India y en otros lugares. (India sigue ahí, y va muy bien, por cierto).

Pero el "periódico de referencia" de Estados Unidos, como le gusta catalogarse a sí mismo, guarda silencio sobre los horrores que sí ocurrieron. Es un informe tristemente incompleto. No hace mención de los costos humanos que ocasionaron los gobiernos que convirtieron el control poblacional en una prioridad. No hace mención tampoco del salvajismo de los abortos forzados y las esterilizaciones forzadas que siguieron. No hay mención de la muerte de los bebés por infanticidio femenino y aborto selectivo por sexo. No se menciona el dinero perdido, los desequilibrios de edad y sexo que continúan desarrollándose y serán evidentes en los próximos años. No se hace mención de cómo el pánico ante la supuesta sobrepoblación ayudó a impulsar el uso de anticonceptivos y el aborto.

Por el contrario, al citar que las tasas de natalidad han disminuido en todo el mundo, el artículo ofrece explicaciones benignas. En primer lugar, la mejora de los estándares de salud significa que las parejas ya no tienen que tener 5 hijos con la esperanza de que sobrevivan 3. En segundo lugar, las familias numerosas no son necesarias en la sociedad post-agrícola, ya que no son necesarias para trabajar la tierra, y sólo congestionarían las ciudades que están cada vez más pobladas. Tercero, y con el sello propio de New York Times viene el ataque a la maternidad: "Las mujeres en muchas sociedades son cada vez más independientes, social y económicamente; y ya no aceptan que su destino es estar eternamente embarazadas".

En otras palabras, el New York Times ni siquiera comienza a contar toda la historia. Los horrores de lesa humanidad de las campañas de control de la población continúan hoy y el New York Times calla.
Tomemos la India como ejemplo. Más del 60% de las mujeres de la India afirman haber sido expuestas a "mensajes de planificación familiar" en los últimos meses. Es una estadística impresionante teniendo en cuenta que sólo el 64% de las mujeres de la India saben leer y escribir. Las menos educadas han sido el blanco de las esterilizaciones. Mientras que 47% de las mujeres indias con menos de cinco años de educación han sido esterilizadas, sólo el 20% de las mujeres con doce o más años de educación han aceptado la esterilización. La falta de consentimiento, lesiones físicas y psicológicas así como la muerte por negligencia afectan desproporcionadamente a las mujeres más vulnerables de la India. Las mujeres indias no están teniendo menos hijos porque son cada vez "más independientes", sino porque están siendo obligados a someterse a la esterilización por programas de control poblacional abusivos, con propaganda de saturación y campamentos de esterilización.

"El mensaje central de [el libro de Ehrlich] acerca que el crecimiento poblacional era muy superior a la oferta de alimentos, le convenía a la élite de India”, señaló el economista Gita Sen al Times. "Ellos preferían creer que los pobres eran pobres debido a que tenían demasiados niños en lugar de ser víctimas de un sistema económico injusto y desigual."
En China, que ahora está por debajo del nivel de reemplazo generacional, la Política de Nacimientos Planificados permite al Estado controlar la maternidad. Cualquier persona embarazada sin un permiso de nacimiento válido es perseguida por la policía de planificación familiar.  El aborto y la esterilización por lo general es lo que sigue.
El activista de derechos humanos chino Chen Guangcheng dijo: "En la antigua cultura china se decía que tu casa era tu castillo, y que incluso al rey no se le permitía entrar sin permiso del dueño de casa. Pero ahora, en la China de hoy bajo el régimen comunista, ellos incluso ponen sus manos dentro de los cuerpos (de las mujeres) y sacan a sus bebés fuera de su seno, y los matan en su cara."

En Myanmar, otro país donde los niveles de fertilidad han caído por debajo del reemplazo generacional, el presidente Thein Sein acaba de aprobar la ley de "Control de la Población". Esta ley autoriza implícitamente el uso de la coerción y la discriminación, especialmente contra la perseguida minoría Rohingya sujeta a una política de dos hijos.
En la agonizante Uzbekistán, el gobierno autoritario está coaccionando a decenas de miles de mujeres a esterilizarse.
Un ex presidente de Perú fue acusado por crímenes contra la humanidad por una campaña de control de la población en la década de 1990 que esterilizó a más de 300.000 mujeres indígenas, muchas de ellas contra su voluntad.
Y la lista sigue y sigue.

Estos son los verdaderos "horrores" de la historia provocada por Ehrlich. El último medio siglo ha sido testigo de decenas de millones de hombres y mujeres esterilizadas sin su consentimiento y decenas de millones de mujeres que han abortado por la fuerza. A estos hombres y mujeres se les debe mucho más que tan solo un artículo en The New York Times diciendo: "Oh, perdón. Supongo que todos estábamos equivocados".

The New York Times convenientemente omite mencionar que ayudó a avivar las llamas del pánico por la supuesta superpoblación. Pero el archivo del “periódico de referencia” de Estados Unidos está ahí. Ellos abogaron por la creación de programas de control poblacional, y escribieron muchos editoriales para que reciban miles de millones de dólares en fondos que siguen alimentando el movimiento anti-población hasta nuestros días. Un mea culpa estaría bien, pero tendríamos que esperar sentados.
Y no lo olvidemos, el tenebroso juego de controlar la población humana continúa, aunque con un nombre diferente. Hoy en día, los esfuerzos para desactivar el sistema reproductivo de las mujeres son llamados programas de "salud reproductiva". Orwelliano, ¿no?
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