DON BOSCO

DON BOSCO
"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"

CRIATURA QUE NO VENDRÁS

 



Juan Luis Gallardo


Criatura que no vendrás a nuestro suelo argentino

si el Parlamento aprobara cierto proyecto asesino.


Criatura que no entrarás a la fiesta de la vida

si dieran fuerza de ley a una reforma homicida.


Por la cual te negarán la deslumbrante experiencia

de correr esa aventura que supone la existencia.


Aventura extraordinaria, prolongada de tal suerte

que se extiende para siempre, hasta después de la muerte.


Aventura que involucra la gran posibilidad

de alcanzar, poniendo esfuerzo, la eterna felicidad.


Como trágica expresión de un mundo que se derrumba

el vientre de una mujer se transformaría en tu tumba.

ORACIÓN POR LA VIDA

 


 

Oh María,

aurora del mundo nuevo,

Madre de los vivientes,

a Ti confiamos la causa de la vida:

mira, Madre, el número inmenso

de niños a quienes se impide nacer,

de pobres a quienes se hace difícil vivir,

de hombres y mujeres víctimas

de violencia inhumana,

de ancianos y enfermos muertos

a causa de la indiferencia

o de una presunta piedad.

Haz que quienes creen en tu Hijo

sepan anunciar con firmeza y amor

a los hombres de nuestro tiempo

el Evangelio de la vida.

Alcánzales la gracia de acogerlo

como don siempre nuevo,

la alegría de celebrarlo con gratitud

durante toda su existencia

y la valentía de testimoniarlo

con solícita constancia, para construir,

junto con todos los hombres de buena voluntad,

la civilización de la verdad y del amor,

para alabanza y gloria de Dios Creador

y amante de la vida.

 

Dado en Roma, junto a san Pedro, el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, del año 1995, decimoséptimo de mi Pontificado.

 

IOANNES PAULUS PP. II

POR QUÉ ME GUSTAN TANTO


Chesterton… y la Navidad

 Sevillainfo, 25 diciembre, 2020

José María Arenzana-Periodista

 

Se pueden hacer muchas disquisiciones sobre la política y educación en nuestros días, pero a mí, a medida que pasan los años y las décadas, me resulta más difícil comprender que Gilbert K. Chesterton (Londres, 1874 – Beaconsfield, 1936) no haya figurado ni figure en los anales de enseñanza de nuestro tiempo, cada vez más necesario.

 

Como narrador era ameno, brillante y admirado por Borges, y su detective distraído, el Padre Brown, se convirtió en un icono del primer tercio del siglo XX, pero como ensayista, articulista y polemista no tiene final y sus reflexiones como “pensador del sentido común” se mantienen en pie cien años después.

 

Anglicano por tradición familiar, se hizo agnóstico y luego volvió al anglicanismo antes de convertirse al catolicismo, desde donde construyó una montaña de sensatez que traspasa toda su fe con un rayo de agudas, juiciosas y divertidas reflexiones que se sostienen por sí mismas.

 

Más allá que discutir de religión, Chesterton te hace pensar de manera gráfica y te enreda para descubrir razones y contradicciones, o directamente te las resuelve con un fogonazo. Sus argumentaciones, casi nunca hirientes, caen sobre el lector con todo el peso del grandullón que era y no te aplasta nunca, pero te obliga a esforzarte si quieres salir honradamente de debajo de esa mole de buen juicio y prudencia.

 

Defensor de una teoría económica que personalmente en muchos detalles no comparto entre el capitalismo y el socialismo, que se llamó “distributismo” y que constituyó la base de buena parte de la doctrina social de la Iglesia de nuestro tiempo, no rehuyó jamás ninguna discusión y se adentraba a debatir las razones de su propia conversión con una inteligencia fuera de lo común.

 

En su diatriba para explicar su conversión, afirmaba: “Nosotros realmente no queremos una religión que tenga razón cuando nosotros tenemos razón. Lo que nosotros [los católicos] queremos es una religión que tenga razón cuando nosotros estamos equivocados…” Y refiriéndose a la Iglesia añadiría: “No hay ningún otro caso de una continua institución inteligente que haya estado pensando sobre pensar durante dos mil años. Su experiencia naturalmente cubre casi todas las experiencias, y especialmente casi todos los errores. El resultado es un mapa en el que todos los callejones ciegos y malos caminos están claramente marcados, todos los caminos que han demostrado no valer la pena por la mejor de las evidencias; la evidencia de aquellos que los han recorrido”.

 

En sus artículos de prensa, recopilados y agrupados de mil formas diferentes en muchas ediciones, Chesterton no rehuía ningún asunto relacionado con la actualidad de su tiempo y la validez de sus reflexiones sigue vigente, razones casi intactas, como si estuviese hablando hoy desde un nítido posicionamiento conservador que a menudo desborda a sus lectores teóricamente más complacientes y pone en apuros a los más ajenos y distantes.

Casi cada año, por estas fechas (será por mis recurrentes y muy humanas dudas), a mí se me hace muy apetecible revisar algunas páginas de sus exhaustivas y prolíficas argumentaciones, en especial estas palabras dedicadas al espíritu de la Navidad, que, al parecer, ya en su momento, en mitad de los difíciles años 30, estaba siendo amenazado por la vacuidad y banalización de lo festivo y hedonista de los tiempos modernos. Y así de bien lo exponía:

 

“… Nadie había imaginado la posibilidad del Creador viviendo entre los hombres, hablando con funcionarios romanos y recaudadores de impuestos. Pero la mano del Dios que había moldeado las estrellas se convirtió, de pronto, en la manecita de un niño que gimotea en una cuna. Y ese hecho, admitido en bloque por la civilización occidental durante dos milenios, es, sin ninguna duda, el hecho más asombroso que ha conocido el hombre desde que pronunció la primera palabra articulada.

La Navidad, que en el siglo XVII tuvo que ser rescatada de la tristeza, tiene que ser rescatada en el siglo XX de la frivolidad. La Navidad, como tantas otras creaciones cristianas y católicas, es una boda. Es la boda del más indómito espíritu de gozo humano con el más elevado espíritu de humildad y sentido místico. Y el paralelo de una boda es bien válido en más de una manera; porque este nuevo peligro que amenaza la Navidad es el mismo que hace tiempo ha vulgarizado y viciado las bodas.

Es lógico que haya pompa y gozo popular en una boda; de ninguna manera estoy de acuerdo con los que querrían que fuera algo privado y personal, como la declaración de amor o el compromiso de matrimonio. Si una persona no está orgullosa de casarse, ¿de qué podrá enorgullecerse?, ¿y por qué se empeña entonces en casarse? Pero en casos normales todo este jolgorio que se organiza está subordinado al matrimonio porque existe “en honor” del matrimonio. Fueron a ese lugar a casarse, no a alegrarse; y se alegran porque se han casado. Sin embargo, en tantas bodas de famosos se pierden de vista por completo este serio objetivo y no queda nada más que la frivolidad. Porque la frivolidad es el intento de alegrarse sin nada sobre lo que alegrarse.

El resultado es que al final hasta la frivolidad como frivolidad empieza a desvanecerse. Quienes empezaron a juntarse sólo por diversión acaban haciéndolo sólo porque está de moda; y no queda ni siquiera la más débil sugestión de regocijo, sino tan sólo de ruido y alboroto. La gente está perdiendo la capacidad de disfrutar la Navidad porque la ha identificado con el jolgorio. Una vez que han perdido de vista la antigua sugestión de que la Navidad es por algo que ocurre, caen naturalmente en pausas en las que se preguntan con asombro si es que ocurre algo de verdad. Que se nos diga que nos alegremos el día de Navidad es razonable e inteligente, pero sólo si se entiende lo que el mismo nombre de la fiesta significa. Que se nos diga que nos alegremos el 25 de diciembre es como si alguien nos dice que nos alegremos a las once y cuarto de un jueves por la mañana. Uno no puede ser frívolo así, de repente, a no ser que crea que existe una razón seria para ser frívolo.

Un hombre podría organizar una fiesta si hubiera heredado una fortuna; incluso podría hacer bromas sobre la fortuna. Pero no haría nada de eso si la fortuna fuera una broma. No sería tan bullicioso, si le hubiera dejado puñados de billetes bancarios falsos o un talonario de cheques sin fondos. Por divertida que fuera la acción del testador, no sería durante mucho tiempo ocasión de festividades sociales y celebraciones de todo tipo. No se puede empezar ni siquiera una francachela por una herencia que es sólo ficticia. No se puede empezar una francachela para celebrar un milagro del que se sabe que no es más que un engaño de milagro.

 Al desechar el aspecto divino de la Navidad y exigir sólo el humano, se está pidiendo demasiado a la naturaleza humana. Se está pidiendo a los ciudadanos que iluminen la ciudad por una victoria que no ha tenido lugar. Hoy nuestra tarea consiste en rescatar la festividad de la frivolidad. Es la única manera de que vuelva a ser festiva. Los niños todavía entienden la fiesta de Navidad: algunas veces festejan con exceso en lo que se refiere a comer una tarta o un pavo, pero no hay nunca nada frívolo en su actitud hacia la tarta o el pavo. Y tampoco hay la más mínima frivolidad en su actitud con respecto al árbol de Navidad o a los Reyes Magos. Poseen el sentido serio y hasta solemne de la gran verdad: que la Navidad es un momento del año en el que pasan cosas de verdad, cosas que no pasan siempre. Pero aun en los niños esa sensatez se encuentra de alguna manera en guerra con la sociedad. La vívida magia de esa noche y de ese día está siendo asesinada por la vulgar veleidad de los otros trescientos sesenta y cuatro días”.

 

Por todo esto me gustan tanto Chesterton… y la Navidad.

 

He dicho.

EUTANASIA

 

 

Santiago Martin sobre la eutanasia

 “No hubiera sido posible sin el voto de muchos católicos practicantes”

Por INFOVATICANA | 24 diciembre, 2020

 

Santiago Martín, sacerdote español fundador de los Franciscanos de María, ha dedicado su último vídeo a la eutanasia. La semana pasada era aprobada la ley que la permite en España. Si esta cultura de la muerte “avanza de una forma tan destructiva”, dice Martín, “si esto es terrible lo es también muchísimo que esto sea posible debido a una parte de los católicos”.

“No me refiero a los paganos bautizados”, aclara el sacerdote, “me refiero a católicos practicantes”. “Porque estos partidos políticos que en España han aprobado esta ley de la eutanasia han sido votados, posiblemente más unos que otros, por católicos que van a misa”

“Van a misa, comulgan, dicen que tienen fe, y después votan a partidos políticos que están promoviendo la cultura de la muerte”, afirma el fundador español.

“Nosotros los católicos somos muy pocos, ya no tenemos capacidad para evitar la aprobación de leyes inicuas”, dice Martín, “es una desgracia, pero es una realidad”. Lo único que podemos hacer, asegura “es ofrecer una imagen coherente”. “No podemos permitirnos el lujo de la incoherencia”.

“Estos católicos practicantes que han votado a estos partidos políticos son responsables de la ley de la eutanasia, son responsables de la ley del aborto”, señala el sacerdote, “y hay que decirlo con toda claridad”.

“Me atrevo a decir una cosa: por favor, que se vayan, que se vayan de la Iglesia, que se vayan ya o que se conviertan”, afirma. Martin les invita a irse y a fundar su propia Iglesia, “la Iglesia asesina, por ejemplo”, “la Iglesia atea”, “la Iglesia abortista, lo que usted quiera, pero no la Iglesia católica”.

Además, dice Martín, muchos de estos católicos están todo el día hablando del Papa Francisco, pero cuando el Santo Padre “dice algo que no les interesa, lo olvidan”. Porque el Papa Francisco es “un clarísimo defensor de la vida”, “está absolutamente, como no podría ser de otra manera, en contra del aborto y en contra de la eutanasia”.

“No podemos seguir así. Que en España haya una ley de la eutanasia, que sea el sexto país del mundo en aprobar esta ley, el cuarto país de Europa, es una tragedia. Es una tragedia para mí como español, y es una tragedia que tendrá después influencia en muchos países de América. Pero es una tragedia aún mayor porque esto no hubiera sido posible sin el voto de muchos católicos practicantes”, lamenta Santiago Martín.

LA DIVINA ELECCIÓN

 

 

 


DE LA NAVIDAD

La felicitación de nuestro Observatorio

 

Queridísimos...

La inminencia de la Santa Navidad nos sitúa ante el misterio de la Encarnación del Verbo Eterno en el seno de la Santísima Virgen María.

El Hijo del Padre asume una naturaleza humana en la unidad de su Persona Divina y se hace hijo de María.

Ese Niño que adoramos en la gruta de Belén es el Logos Eterno en el que todo ha sido creado; la Divina Sabiduría tiene, así, cuerpo y alma humanos.

Esta verdad tan grande, tan extraordinaria hasta el punto de dejarnos sin palabras, es el corazón dogmático de la Navidad y, también, la roca verdadera en la que se apoya la Doctrina social de la Iglesia. En Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios, se funda el derecho natural que, en el Logos Creador, tiene su razón última y en el que también se revela la misericordia de Dios para los hombres y la presencia personal de Dios en el mundo.

Al encarnarse, Dios declara la atención y el cuidado que presta al hombre en la totalidad de su alma y su cuerpo, de tal modo que a los ojos del cristiano ningún ámbito de la vida queda sustraído a Cristo.

La Divina Elección de nacer en una familia constituida por el matrimonio de José y María imprime a la realidad natural de la familia y el matrimonio el sello de la inmutabilidad divina. La Segunda Persona de la Santísima Trinidad nace en un pueblo (el de Israel), en una tribu (la de Judea), en una casa (la real de David), dentro de una tradición patria, con una genealogía. El Hijo de Dios no es un apátrida, no es un desarraigado, no tiene una identidad líquida. Como hombre, tiene una identidad étnica, religiosa y familiar concreta.

He aquí que la familia, la patria, el derecho natural, la unidad de la persona humana y de la vida social del hombre, en la llamada a una conformidad total a la ley de Dios, habitan en el misterio de la Santa Navidad.

En este 2020 tan difícil, que la luz del Niño que nace nos ilumine a todos y nos dé la fuerza de testimoniar públicamente esa Verdad Eterna que cada hombre, cada familia, cada cuerpo social y cada Estado debería reconocer como su propia Ley y su propio Rey. Que el Señor nos conceda la gracia de ser "hombres de buena voluntad" a los que les es prometida la paz: "Glória in excélsis Deo et in terra pax homínibus bonæ voluntátis".

A todos, mis mejores deseos de una Santa y serena Navidad y de un Feliz Año Nuevo.  

 

Don Samuele Cecotti

 

Vicepresidente del Observatorio Van Thuan, 24-12-20

SALUDOS

 

Al finalizar el año, el Centro de Estudios Cívicos saluda y agradece a sus socios, amigos y seguidores que nos acompañan habitualmente en nuestras actividades de difusión cultural.

Pese a las dificultades provocadas por la pandemia, hemos podido mantener actualizados nuestros blogs, publicado artículos, y cuatro números de la revista Orden Natural *.

Para paliar de algún modo la imposibilidad de reuniones presenciales, abrimos un canal de Youtube donde están archivados 10 videos dedicados al Ciclo “Hitos de la Historia Argentina”, que pueden verse en dicho sitio, buscando:

Centro de Estudios Cívicos

Esperamos poder continuar el año próximo con nuestra tarea.

Córdoba, 17-12-2020

Mario Meneghini

·         www.orden-natural.blogspot.com