DON BOSCO

DON BOSCO
"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"

Red de Votantes




Políticos argentinos firman Protocolo de protección integral de la vida y la familia

(AICA) Un grupo de políticos tucumanos, entre los cuales se encuentran Esteban Jeréz, candidato a gobernador de la provincia, José Constanzo, candidato a intendente de la ciudad de San Miguel de Tucumán, Pablo Berarducci, candidato a intendente de Yerba Buena, y otros candidatos a concejales de esta ciudad tucumana llamada “Capital nacional de las familias numerosas”, a los cuales se adhirió la senadora nacional sanluiseña Liliana Negre de Alonso, firmaron un documento, con el compromiso de llevarlo a su cabal cumplimiento, llamado “Protocolo por la vida y la familia”. El documento dice:

Protocolo por la vida y la familia

En consonancia con lo establecido en la Constitución Nacional y con numerosas normas de nuestro bloque legislativo federal, el objeto fundamental de este Protocolo es comprometernos, expresa y públicamente, con la protección integral de la vida y la familia, en nuestra acción política actual y futura.

Nuestro punto de partida es reafirmar que la familia es el núcleo fundamental y básico de toda comunidad política, por ser anterior al Estado, y desempeñar vitales funciones sociales es merecedora de especiales derechos y de una singular protección, acorde con los valores de nuestra cultura fundacional.

Entendemos que es indispensable que se adopten, en los tres niveles del Estado, políticas públicas de protección de la institución familiar en todas sus dimensiones.

Por todo esto expresamos que los principios rectores de nuestra acción son:

El derecho humano a la vida es inherente a toda persona, sin que lo invalide o lo mengüe circunstancias tales como falta de autonomía, enfermedad, vejez o carencia de algunas facultades. Este derecho es universal, es decir que debe ser respetado siempre, en todo lugar y bajo cualquier circunstancia. Su fundamento es la común pertenencia a la misma naturaleza humana.
El niño por nacer tiene derecho inalienable a la vida como primer derecho humano, fuente y origen de todos los demás; razón por la cual no puede quedar a merced de persona alguna. La garantía de este derecho en su máxima extensión es una obligación primordial del Estado en todos sus niveles y en todas las situaciones que se pudieran presentar.

La familia es la célula natural y fundamental de la sociedad, anterior a cualquier tipo de organización estatal. Se funda en el matrimonio, entendido como unión íntima, complementaria y excluyente de un varón y una mujer, libremente contraído y públicamente reconocido. Hombre y mujer gozan de una misma dignidad y de iguales derechos.
La familia es una unidad jurídica, social y económica, pero principalmente unacomunidad de amor y de solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales, psicológicos, espirituales y religiosos, valores éstos, esenciales para el desarrollo y bienestar de sus propios miembros y de la sociedad.

Los municipios, las provincias y la Nación deben reconocer a la familia y sus organizaciones el derecho a participar, de diferentes formas, en los organismos de representación y decisión sobre los temas de su interés y competencia.
El Estado y las Organizaciones Internacionales, deben proteger la familia con medidas de carácter político, económico, social y jurídico, que contribuyan a consolidar su unidad y estabilidad, para que pueda cumplir sus funciones específicas. La ayuda económica internacional, los pactos entre naciones o con organismos internacionales con el objetivo de promover el desarrollo de los pueblos y garantizar los derechos humanos, nunca deben incluir la aceptación de programas de contracepción, esterilización o aborto, de restricción a los derechos de los padres o de promoción de la ideología de género.

Por lo expresado, nos comprometemos a desarrollar las siguientes acciones en nuestra actuación política:

Reconocer el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Rechazo manifiesto a propuestas normativas, a la instrumentación de programas estatales o al financiamiento de acciones que, en forma explícita o implícita, procuren el aborto, la eutanasia, la contracepción, la manipulación genética y de embriones, la ideología de género y la educación sexual sin la supervisión y autorización de los padres.
Garantizar a los padres la titularidad originaria, primaria e inalienable de la potestad de educar, especialmente en los contenidos referidos a sus creencias, principios morales, valores humanos, tradición histórica y cultural, tanto en establecimientos de gestión estatal como privada. Así como el acceso al financiamiento de sus opciones educativas con fondos públicos, cualquiera sea la organización o modelo de gestión que adopte la institución escolar.
Promover la sanción de normas que hagan posible la conciliación entre la vida familiar, laboral y educativa. Valorar el trabajo de la madre en el hogar, el cual debe ser reconocido y respetado por los bienes que produce y aporta a la familia y a la sociedad.
Establecer beneficios a favor de las familias numerosas y de las que tienen miembros con capacidades diferentes. Condiciones apropiadas de acceso y disfrute de los bienes económicos, sociales y culturales: vivienda familiar, programas especiales de salud y becas estudiantiles entre otros.
Condicionar toda acción política a garantizar trabajo digno, vivienda apropiada, educación en valores, salud integral y seguridad para las familias como bienes sociales insustituibles.
En síntesis nos comprometemos a poner como centro y fundamento de todo nuestro accionar en la función pública a las familias, a sus necesidades y a sus sueños, reafirmando que defender la familia es defender la Nación














Intrucciones para la evaluación



Diplomatura en Ética Social


-El sábado 2 de julio, última clase, se entegarán los cuestionarios con 5 preguntas por materia.


-Cada cursante llevará los cuestionarios, para elaborar las respuestas en su casa, y entregarlas el día de la evaluación: 30 de julio, en el horario habitual, 10 a 12,30 hs.


-Cada pregunta será contestada en 2 o 3 párrafos, para lo cual utilizará el apunte o bibliografía indicada por el docente respectivo, deduciendo, de todo lo analizado en la materia, la respuesta, que nunca surgirá directamente del apunte.


-El objetivo es que exista una auto-evaluación (no una calificación del cursante), pues una vez entregados los cuestionarios contestados, el dia 30 cada docente irá indicando la respuesta correcta para cada pregunta, de modo que el cursante pueda advertir si entendió bien el tema o necesita volver a leerlo. En caso de dudas, podrá interrogar al docente para que amplie la respuesta.


-A quienes concurran el día 30-7 y hayan cumplido la asistencia mínima a clase, luego de terminada la jornada se les entregará el diploma.


-Se ha elegido este procedimiento, pues ya se expresó al comienzo del curso que el objetivo no era la formación –por ser demasiado breve- sino la orientación en los aspectos sustanciales de cada materia, de modo de contribuir a una mejor comprensión de las cuestiones tratadas, desde la perspectiva católica.

Consultas: cecivicos@gmail.com

Tomás Moro



CARTA APOSTÓLICA
EN FORMA DE MOTU PROPRIO
PARA LA
PROCLAMACIÓN DE SANTO TOMÁS MORO
COMO PATRONO DE LOS GOBERNANTES Y DE LOS POLÍTICOS

JUAN PABLO II
SUMO PONTÍFICE
PARA PERPETUA MEMORIA



1. De la vida y del martirio de santo Tomás Moro brota un mensaje que a través de los siglos habla a los hombres de todos los tiempos de la inalienable dignidad de la conciencia, la cual, como recuerda el Concilio Vaticano II, "es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella" (Gaudium et spes, 16). Cuando el hombre y la mujer escuchan la llamada de la verdad, entonces la conciencia orienta con seguridad sus actos hacia el bien. Precisamente por el testimonio, ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, santo Tomás Moro es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral. Y también fuera de la Iglesia, especialmente entre los que están llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana.

Recientemente, algunos Jefes de Estado y de Gobierno, numerosos exponentes políticos, algunas Conferencias Episcopales y Obispos de forma individual, me han dirigido peticiones en favor de la proclamación de santo Tomás Moro como Patrono de los Gobernantes y de los Políticos. Entre los firmantes de esta petición hay personalidades de diversa orientación política, cultural y religiosa, como expresión de vivo y difundido interés hacia el pensamiento y la conducta de este insigne hombre de gobierno.

2. Tomás Moro vivió una extraordinaria carrera política en su País. Nacido en Londres en 1478 en el seno de una respetable familia, entró desde joven al servicio del Arzobispo de Canterbury Juan Morton, Canciller del Reino. Prosiguió después los estudios de leyes en Oxford y Londres, interesándose también por amplios sectores de la cultura, de la teología y de la literatura clásica. Aprendió bien el griego y mantuvo relaciones de intercambio y amistad con importantes protagonistas de la cultura renacentista, entre ellos Erasmo Desiderio de Rotterdam.

Su sensibilidad religiosa lo llevó a buscar la virtud a través de una asidua práctica ascética: cultivó la amistad con los frailes menores observantes del convento de Greenwich y durante un tiempo se alojó en la cartuja de Londres, dos de los principales centros de fervor religioso del Reino. Sintiéndose llamado al matrimonio, a la vida familiar y al compromiso laical, se casó en 1505 con Juana Colt, de la cual tuvo cuatro hijos. Juana murió en 1511 y Tomás se casó en segundas nupcias con Alicia Middleton, viuda con una hija. Fue durante toda su vida un marido y un padre cariñoso y fiel, profundamente comprometido en la educación religiosa, moral e intelectual de sus hijos. Su casa acogía yernos, nueras y nietos y estaba abierta a muchos jóvenes amigos en busca de la verdad o de la propia vocación. La vida de familia permitía, además, largo tiempo para la oración común y la lectio divina, así como para sanas formas de recreo hogareño. Tomás asistía diariamente a Misa en la iglesia parroquial, y las austeras penitencias que se imponía eran conocidas solamente por sus parientes más íntimos.

3. En 1504, bajo el rey Enrique VII, fue elegido por primera vez para el Parlamento. Enrique VIII le renovó el mandato en 1510 y lo nombró también representante de la Corona en la capital, abriéndole así una brillante carrera en la administración pública. En la década sucesiva, el rey lo envió en varias ocasiones para misiones diplomáticas y comerciales en Flandes y en el territorio de la actual Francia. Nombrado miembro del Consejo de la Corona, juez presidente de un tribunal importante, vicetesorero y caballero, en 1523 llegó a ser portavoz, es decir, presidente de la Cámara de los Comunes.

Estimado por todos por su indefectible integridad moral, la agudeza de su ingenio, su carácter alegre y simpático y su erudición extraordinaria, en 1529, en un momento de crisis política y económica del País, el Rey le nombró Canciller del Reino. Como primer laico en ocupar este cargo, Tomás afrontó un período extremadamente difícil, esforzándose en servir al Rey y al País. Fiel a sus principios se empeñó en promover la justicia e impedir el influjo nocivo de quien buscaba los propios intereses en detrimento de los débiles. En 1532, no queriendo dar su apoyo al proyecto de Enrique VIII que quería asumir el control sobre la Iglesia en Inglaterra, presentó su dimisión. Se retiró de la vida pública aceptando sufrir con su familia la pobreza y el abandono de muchos que, en la prueba, se mostraron falsos amigos.

Constatada su gran firmeza en rechazar cualquier compromiso contra su propia conciencia, el Rey, en 1534, lo hizo encarcelar en la Torre de Londres dónde fue sometido a diversas formas de presión psicológica. Tomás Moro no se dejó vencer y rechazó prestar el juramento que se le pedía, porque ello hubiera supuesto la aceptación de una situación política y eclesiástica que preparaba el terreno a un despotismo sin control. Durante el proceso al que fue sometido, pronunció una apasionada apología de las propias convicciones sobre la indisolubilidad del matrimonio, el respeto del patrimonio jurídico inspirado en los valores cristianos y la libertad de la Iglesia ante el Estado. Condenado por el tribunal, fue decapitado.

Con el paso de los siglos se atenuó la discriminación respecto a la Iglesia. En 1850 fue restablecida en Inglaterra la jerarquía católica. Así fue posible iniciar las causas de canonización de numerosos mártires. Tomás Moro, junto con otros 53 mártires, entre ellos el Obispo Juan Fisher, fue beatificado por el Papa León XIII en 1886. Junto con el mismo Obispo, fue canonizado después por Pío XI en 1935, con ocasión del IV centenario de su martirio.

4. Son muchas las razones a favor de la proclamación de santo Tomás Moro como Patrono de los Gobernantes y de los Políticos. Entre éstas, la necesidad que siente el mundo político y administrativo de modelos creíbles, que muestren el camino de la verdad en un momento histórico en el que se multiplican arduos desafíos y graves responsabilidades. En efecto, fenómenos económicos muy innovadores están hoy modificando las estructuras sociales. Por otra parte, las conquistas científicas en el sector de las biotecnologías agudizan la exigencia de defender la vida humana en todas sus expresiones, mientras las promesas de una nueva sociedad, propuestas con buenos resultados a una opinión pública desorientada, exigen con urgencia opciones políticas claras en favor de la familia, de los jóvenes, de los ancianos y de los marginados.

En este contexto es útil volver al ejemplo de santo Tomás Moro que se distinguió por la constante fidelidad a las autoridades y a las instituciones legítimas, precisamente porque en las mismas quería servir no al poder, sino al supremo ideal de la justicia. Su vida nos enseña que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de virtudes. Convencido de este riguroso imperativo moral, el Estadista inglés puso su actividad pública al servicio de la persona, especialmente si era débil o pobre; gestionó las controversias sociales con exquisito sentido de equidad; tuteló la familia y la defendió con gran empeño; promovió la educación integral de la juventud. El profundo desprendimiento de honores y riquezas, la humildad serena y jovial, el equilibrado conocimiento de la naturaleza humana y de la vanidad del éxito, así como la seguridad de juicio basada en la fe, le dieron aquella confiada fortaleza interior que lo sostuvo en las adversidades y frente a la muerte. Su santidad, que brilló en el martirio, se forjó a través de toda una vida entera de trabajo y de entrega a Dios y al prójimo.

Refiriéndome a semejantes ejemplos de armonía entre la fe y las obras, en la Exhortación apostólica postsinodal Christifideles laici escribí que "la unidad de vida de los fieles laicos tiene una gran importancia. Ellos, en efecto, deben santificarse en la vida profesional ordinaria. Por tanto, para que puedan responder a su vocación, los fieles laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres" (n. 17).

Esta armonía entre lo natural y lo sobrenatural es tal vez el elemento que mejor define la personalidad del gran Estadista inglés. Él vivió su intensa vida pública con sencilla humildad, caracterizada por el célebre "buen humor", incluso ante la muerte.

Éste es el horizonte a donde le llevó su pasión por la verdad. El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Ésta es la luz que iluminó su conciencia. Como ya tuve ocasión de decir, "el hombre es criatura de Dios, y por esto los derechos humanos tienen su origen en Él, se basan en el designio de la creación y se enmarcan en el plan de la Redención. Podría decirse, con expresión atrevida, que los derechos del hombre son también derechos de Dios" (Discurso 7.4.1998, 3).

Y fue precisamente en la defensa de los derechos de la conciencia donde el ejemplo de Tomás Moro brilló con intensa luz. Se puede decir que él vivió de modo singular el valor de una conciencia moral que es "testimonio de Dios mismo, cuya voz y cuyo juicio penetran la intimidad del hombre hasta las raíces de su alma" (Enc. Veritatis splendor, 58). Aunque, por lo que se refiere a su acción contra los herejes, sufrió los límites de la cultura de su tiempo.

El Concilio Ecuménico Vaticano II, en la Constitución Gaudium et spes, señala cómo en el mundo contemporáneo está creciendo "la conciencia de la excelsa dignidad que corresponde a la persona humana, ya que está por encima de todas las cosas, y sus derechos y deberes son universales e inviolables" (n.26). La historia de santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política. En efecto, la defensa de la libertad de la Iglesia frente a indebidas ingerencias del Estado es, al mismo tiempo, defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político. En esto reside el principio fundamental de todo orden civil de acuerdo con la naturaleza del hombre.

5. Confío, por tanto, que la elevación de la eximia figura de santo Tomás Moro como Patrono de los Gobernantes y de los Políticos ayude al bien de la sociedad. Ésta es, además, una iniciativa en plena sintonía con el espíritu del Gran Jubileo que nos introduce en el tercer milenio cristiano.

Por tanto, después de una madura consideración, acogiendo complacido las peticiones recibidas, constituyo y declaro Patrono de los Gobernantes y de los Políticos a santo Tomás Moro, concediendo que le vengan otorgados todos los honores y privilegios litúrgicos que corresponden, según el derecho, a los Patronos de categorías de personas.

Sea bendito y glorificado Jesucristo, Redentor del hombre, ayer, hoy y siempre.

Roma, junto a San Pedro, el día 31 de octubre de 2000, vigésimo tercero de mi Pontificado

IOANNES PAULUS PP.II






¿Por qué los cristianos creen en la Trinidad?


¿No es ya bastante difícil creer que existe Dios como para añadirnos el enigma de que es «uno y trino»?

Por Raniero Cantalamessa, OFM Cap.

A diario aparece quien no estaría a disgusto con dejar aparte la Trinidad, también para poder así dialogar mejor con judíos y musulmanes que profesan la fe en un Dios rígidamente único.

La respuesta es que los cristianos creen que Dios es trino ¡porque creen que Dios es amor! Si Dios es amor debe amar a alguien. No existe un amor al vacío, sin dirigirlo a nadie. Nos interrogamos: ¿a quién ama Dios para ser definido amor?


Una primera respuesta podría ser: ¡ama a los hombres! Pero los hombres existen desde hace algunos millones de años, no más. Entonces, antes, ¿a quién amaba Dios? No puede haber empezado a ser amor desde cierto momento, porque Dios no puede cambiar.


Segunda respuesta: antes de entonces amaba el cosmos, el universo. Pero el universo existe desde hace algunos miles de millones de años. Antes de entonces, ¿a quién amaba Dios para poderse definir amor? No podemos decir: se amaba a sí mismo, porque amarse a uno mismo no es amor, sino egoísmo, o como dicen los psicólogos, narcisismo.

He aquí la respuesta de la revelación cristiana. Dios es amor en sí mismo, antes del tiempo, porque desde siempre tiene en sí mismo un Hijo, el Verbo, a quien ama con amor infinito, que es el Espíritu Santo. En todo amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une. Allí donde Dios es concebido como poder absoluto, no existe necesidad de más personas, porque el poder puede ejercerlo uno solo; no así si Dios es concebido como amor absoluto.

La teología se ha servido del término naturaleza, o sustancia, para indicar en Dios la unidad, y del término persona para indicar la distinción. Por esto decimos que nuestro Dios es un Dios único en tres personas. La doctrina cristiana de la Trinidad no es un retroceso, un pacto entre monoteísmo y politeísmo. Al contrario: es un paso adelante que sólo el propio Dios podía hacer que lo diera la mente humana.

La contemplación de la Trinidad puede tener un precioso impacto en nuestra vida humana. Es un misterio de relación. Las personas divinas son definidas por la teología «relaciones subsistentes». Significa que las personas divinas no tienen relaciones, sino que son relaciones. Los seres humanos tenemos relaciones -entre padre e hijo, entre esposa y esposo, etcétera--, pero no nos agotamos en esas relaciones; existimos también fuera y sin ellas. No así el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

La felicidad y la infelicidad en la tierra dependen en gran medida, lo sabemos, de la calidad de nuestras relaciones. La Trinidad nos revela el secreto para tener relaciones bellas. Lo que hace bella, libre y gratificante una relación es el amor en sus diferentes expresiones. Aquí se ve cuán importante es que se contemple a Dios ante todo como amor, no como poder: el amor dona, el poder domina. Lo que envenena una relación es querer dominar al otro, poseerle, instrumentalizarlo, en vez de acogerle y entregarse.

Debo añadir una observación importante. ¡El Dios cristiano es uno y trino! Ésta es, por lo tanto, asimismo la solemnidad de la unidad de Dios, no sólo de su trinidad. Los cristianos también creemos «en un solo Dios», sólo que la unidad en la que creemos no es una unidad de número, sino de naturaleza. Se parece más a la unidad de la familia que a la del individuo, más a la unidad de la célula que a la del átomo.

La primera lectura de la Solemnidad nos presenta al Dios bíblico como «misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad». Éste es el rasgo que reúne más al Dios de la Biblia, al Dios del Islam y al Dios (mejor dicho, la religión) budista, y que se presta más, por ello, a un diálogo y a una colaboración entre las grandes religiones. Cada sura del Corán empieza con la invocación: «En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo». En el budismo, que desconoce la idea de un Dios personal y creador, el fundamento es antropológico y cósmico: el hombre debe ser misericordioso por la solidaridad y la responsabilidad que le liga a todos los vivientes. Las guerras santas del pasado y el terrorismo religioso del presente son una traición, no una apología, de la propia fe.


¿Cómo se puede matar en nombre de un Dios al que se continúa proclamando «el Misericordioso y el Compasivo»? Es la tarea más urgente del diálogo interreligioso que juntos, los creyentes de todas las religiones, deben perseguir por la paz y el bien de la humanidad.

diario7.com.ar/ 20-6-11

Un experto derriba mitos anticatólicos sobre las Cruzadas



El historiador doctor Paul F. Crawford del Departamento de Historia y Ciencias Políticas de la Universidad de Pennsylvania (Estados Unidos), desmiente cuatro mitos anticatólicos sobre Las Cruzadas, según lo informa un cable de la agencia Aciprensa emitido desde su redacción central en Lima. Uno de esos mitos es el que afirma que quienes participaron en las Cruzadas se habrían llenado de riquezas cuando en realidad lo que sucedió es que muchos terminaron en bancarrota.

La información de Aciprensa dice que el investigador de las Cruzadas señala que con frecuencia "las cruzadas son mostradas como un episodio deplorablemente violento en el que libertinos occidentales, que no habían sido provocados, asesinaban y robaban a musulmanes sofisticados y amantes de la paz, dejando patrones de opresión escandalosa que se repetirían en la historia subsecuente".

"En muchos lugares de la civilización occidental actual, esta perspectiva es demasiado común y demasiado obvia como para ser rebatida", prosigue.

Sin embargo, precisa el experto autor del libro "The Templar of Tyre", la "unanimidad no es garantía de precisión. Lo que todo el mundo ‘sabe’ sobre las cruzadas podría, de hecho, no ser cierto".

Seguidamente rebate, uno a uno, cuatro mitos que terminan por mostrar algo que, en realidad, no fueron las Cruzadas.

Primer mito: "Las cruzadas representaron un ataque no provocado de cristianos occidentales contra el mundo musulmán"
Crawford señala que "nada podría estar más lejos de la verdad, e incluso una revisión cronológica aclararía eso. En el año 632, Egipto, Palestina, Siria, Asia Menor, el norte de África, España, Francia, Italia y las islas de Sicilia, Cerdeña y Córcega eran todos territorios cristianos. Dentro de los límites del Imperio Romano, que todavía era completamente funcional en el Mediterráneo oriental, el cristianismo ortodoxo era la religión oficial y claramente mayoritaria".

Hacia el año 732, un siglo después, los cristianos habían perdido la mayoría de esos territorios y "las comunidades cristianas de Arabia fueron destruidas completamente en o poco después del 633, cuando los judíos y los cristianos por igual fueron expulsados de la península. Aquellos en Persia estuvieron bajo severa presión. Dos tercios del territorio que había sido del mundo cristiano eran ahora regidos por musulmanes".

Lo que sucedió, explica el experto, sí lo sabe la mayoría de la gente pero solo lo recuerda cuando se les "precisa un poco": "La respuesta es el avance del Islam. Cada una de las regiones mencionadas fue sacada, en el transcurso de cien años, del control cristiano por medio de la violencia, a través de campañas militares deliberadamente diseñadas para expandir el territorio musulmán a expensas de sus vecinos. Pero esto no dio por concluido el programa de conquistas del Islam".

Los ataques musulmanes contra los cristianos siguieron ya no solo en esa región sino contra Europa, especialmente Italia y Francia, durante los siglos IX, X y XI, lo que hizo que los bizantinos, los cristianos del Imperio Romano de Oriente, solicitaran ayuda a los Papas. Fue Urbano II quien envió las primeras cruzadas en el siglo XI, después de muchos años de recibir el primer pedido.

Para Crawford, "lejos de no haber sido provocadas, las cruzadas representan el primer gran contraataque del Occidente cristiano contra los ataques musulmanes que se habían dado continuamente desde el inicio del Islam hasta el siglo XI, y que siguieron luego casi sin cesar".

En cuanto a este primer mito, el experto hace una sencilla afirmación para entender un poco mejor el asunto: "Basta con preguntarse cuántas veces fuerzas cristianas han atacado la Meca. La respuesta, por supuesto, es nunca".

Segundo mito: "Los cristianos occidentales fueron a las cruzadas porque su avaricia los motivó a saquear a los musulmanes para hacerse ricos"
"Nuevamente –explica Crawford– no es verdad". Algunos historiadores como Fred Cazel explican que "pocos cruzados tenían suficiente dinero para pagar sus obligaciones en casa y mantenerse decentemente en las cruzadas".

Desde el principio mismo, recuerda Paul F Crawford, "las consideraciones financieras fueron importantes en la planeación de la cruzada. Los primeros cruzados vendieron tantas de sus posesiones para financiar sus expediciones que generaron una extendida inflación".

"Aunque los siguientes cruzados tomaron esta consideración en cuenta y comenzaron a ahorrar mucho antes de embarcarse en esta empresa, el gasto seguía estando muy cerca de lo prohibitivo", añade.

Tras recordar que lo que algunos estimaban iban a costar Las Cruzadas era "una meta imposible de lograr", el historiador señala que "muy pocos se hicieron ricos con las cruzadas, y sus números fueron empequeñecidos sobremanera por quienes quebraron. Muchos en el medioevo eran muy conscientes de eso y no consideraron a las cruzadas como una manera de mejorar su situación financiera".

Tercer mito: "Los cruzados fueron un bloque cínico que en realidad no creía ni en su propia propaganda religiosa, en vez de eso tenían otros motivos más materiales"
Este, señala el experto historiador, "ha sido un argumento muy popular, al menos desde Voltaire. Parece creíble e incluso obligatorio para la gente moderna, dominada por la perspectiva del mundo materialista".

Con una tasa de bajas que bordeaba el 75%, con una expectativa de volver quebrado y no poder sobrevivir, ¿cómo tenía resultado la prédica para que más personas se enrolaran?, cuestiona el historiador.

Crawford responde explicando que "las cruzadas eran apelantes precisamente porque era una tarea dura y conocida, y porque emprender una cruzada por los motivos correctos era entendida como una penitencia aceptable del pecado. Lejos de ser una empresa materialista, la cruzada era impráctica en términos mundanos, pero valiosa para el alma".

"La cruzada era el ejemplo casi supremo de ese sufrimiento complicado, y por eso era una penitencia ideal y muy completa", añade.

El historiador indica luego que "con lo complicado que puede ser para la gente actual creer, la evidencia sugiere fuertemente que la mayoría de los cruzados estaban motivados por el deseo de agradar a Dios, expiar sus pecados y poner sus vidas al servicio del ‘prójimo’, entendido en el sentido cristiano".

Cuarto mito: "Los cruzados le enseñaron a los musulmanes a odiar y atacar a cristianos"
Otra vez, aclara Paul Crawford, nada más alejado de la verdad. El historiador señala que "hasta hace muy poco, los musulmanes recordaban las cruzadas como una instancia en la que habían derrotado un insignificante ataque occidental cristiano".

La primera historia musulmana sobre las cruzadas no apareció sino hasta 1899. Por ese entonces, el mundo musulmán estaba redescubriendo las cruzadas, "pero lo hacía con un giro aprendido de los occidentales".

"Al mismo tiempo, el nacionalismo comenzó a enraizarse en el mundo musulmán. Los nacionalistas árabes tomaron prestada la idea de una larga campaña europea contra ellos de la escuela europea antigua de pensamiento, sin considerar el hecho de que constituía realmente una mala representación de las cruzadas, y usando este entendimiento distorsionado como una forma para generar apoyo para sus propias agendas".

Entonces, precisa el doctor Crawford, "no fueron las cruzadas las que le enseñaron al Islam a atacar y odiar a los cristianos. Muy lejos de eso están los hechos. Esas actividades habían precedido a las cruzadas por largo tiempo, y nos llevan hasta el origen del Islam. En vez de eso, fue Occidente quien enseñó al Islam a odiar las Cruzadas. La ironía es grande".+


Lima (Perú), 20 Jun. 11 (AICA)


Declaración de la Santa Sede,

ante la Declaración de la ONU sobre el Sida

Ofrecemos a continuación el “Declaración de Interpretación” hecho público el pasado Viernes por la Misión de la Santa Sede en las Naciones Unidas sobre la Declaración Política sobre el HIV y el Sida, que se ha pedido que se incluya en el informe de la plenaria de alto nivel de la Asamblea General.

* * *

Señor presidente

Respecto a la adopción de la declaración, la Santa Sede ofrece la siguiente declaración de interpretación. Pido que el texto de este comunicado, que explica la posición oficial de la Santa Sede, sea incluido en el informe de esta plenaria de alto nivel de la Asamblea General.

Al proporcionar más de una cuarta parte de toda la atención hacia quienes padecen VIH y el SIDA,las instituciones sanitarias católicas conocen bien la importancia del acceso a los tratamientos, atención y apoyo para los millones de personas que viven con el HIV y el Sida y están afectados por él.

La posición de la Santa Sede acerca de las expresiones “salud sexual y reproductiva” y “servicios”, la Recomendación ILO nº200, y la estrategia global de la Secretaría General sobre la salud de las mujeres y de las niñas debe ser interpretadaen términos de su reserva en el Informe de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (ICPD) de 1994. La posición de la Santa Sede sobre el término “género” y sus varios usos debe interpretarse en términos de sus reservas en el Informe de la 4ª Conferencia Mundial sobre la Mujer.

La Santa Sede entiende que, al referirse a los “jóvenes”, la definición no disfruta del consenso internacional, los estados deben respetar siempre las responsabilidades, derechos, y deberes de los padres de proveer de una dirección y guía adecuadas a sus hijos, que incluyen la responsabilidad primaria de criar, desarrollar y educar a sus hijos (cf. Convención sobre los Derechos de los Niños, art. 5, 18 y 27,2). Los estados deben admitir que la familia, basada en la relación de igualdad entre un hombre y una mujer, y elemento fundamental y natural de la sociedad, es indispensable en la lucha contra el VIH y SIDA, la familia es donde los niños aprenden los valores morales que les ayudarán a vivir de manera responsable y donde se provee gran parte del cuidado y del apoyo (cf. Declaración Universal de Derechos Humanos, art. 16,3).

La Santa Sede rechaza referencias a términos como “poblaciones de alto riesgo” debido a que trata a las personas como objetos y puede dar la falsa impresión de que ciertos tipos de comportamientos irresponsables son, de alguna manera, moralmente aceptables. La Santa Sede no apoya el uso de preservativos u otro tipo de productos como parte integrante de los programas de prevención o clases/programas de educación en el sexo/sexualidad. Los programas de prevención o clases/programas de educación en sexualidad humana no debería centrarse en tratar de convencer al mundo de que un comportamiento de riesgo o peligros forma parte de un estilo de vida aceptable, sino que debe centrarse en evitar el riesgo, lo que es ética y empíricamente sólido. El único método seguro y fiable de prevenir la transmisión sexual del VIH es la abstinencia antes del matrimonio y el respeto y mutua fidelidad dentro del matrimonio, que es y debe ser siempre la base de toda discusión sobre la prevención y el apoyo.

La Santa Sede no acepta la llamada “reducción del daño” en los esfuerzos relacionados con el uso de las drogas. Este tipo de esfuerzos no respetan la dignidad de aquellos que sufren de adicción a las drogas ya que no tratan o curan a la persona enferma, sino sugerir falsamente que no pueden liberarse del ciclo de adicción. Estas personas deben recibir el apoyo espiritual, psicológico y familiar necesario para liberarse de la conducta adictiva y restaurar su dignidad y alentar su inclusión social.

La Santa Sede rechaza la caracterización de las personas que se dedican a la prostitución como “trabajadoras del sexo”, ya que dan la falsa impresión de que la prostitución puede ser una forma legítima de trabajo. La prostitución no se puede separar de la cuestión de la dignidad de las personas; los gobiernos y las sociedades no pueden aceptar tal deshumanización y cosificación de las personas.

Lo que se necesita es un enfoque basado en los valores para hacer frente a la enfermedad del VIH y SIDA, un enfoque que proporciona los cuidados necesarios y el apoyo moral a aquellos infectados y que promueve una vida conforme a las normas del orden moral natural, un enfoque que respete totalmente la dignidad inherente de la persona humana.

Gracias, señor Presidente.


NUEVA YORK, miércoles 15 de junio de 2011 (ZENIT.org).-

La unidad cultural de los católicos



Por monseñor Giampaolo Crepaldi*


¿Existe de hecho una unidad cultural de los católicos? ¿Puede existir de derecho? ¿Debería existir? La Iglesia no es una realidad desencarnada, tiene su propia cultura en cuanto a que el cristianismo produce cultura. La fe cristiana ha demostrado siempre que actúa frente a las culturas para purificarlas, produciendo una nueva cultura.

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