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"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"
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LOS ABORTOS DEL 2024

 


 EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES (I)

 

El número de abortos realizados en los centros públicos de salud durante el 2024 (9.646) es similar al del 2023. En esto no hay grandes cambios entre la gestión de Jorge Macri y la de Rodríguez Larreta.

 

Mónica del Río

 

Adquisición de abortivos

Muchos gobiernos provinciales salieron a comprar abortivos cuando el Gobierno nacional dejó de enviarlos a través del programa Remediar. La Ciudad de Buenos Aires venía comprando misoprostol desde enero de 2019 y en 2024 incorporó la compra de mifepristona.

 

En marzo de 2024 compraron 21.600 unidades de misoprostol  y en julio 10.800 unidades.

 

En septiembre realizaron otra compra de 64.000 unidades de misoprostol junto a 3.600 unidades de mifepristona ($316.376.000).

 

La última fue ampliada en un 50% este año, es decir, en 2025 se adquirieron  32.000 unidades más de misoprostol y 1.800 unidades más de mifepristona ($158.188.000).

 

Todas las compras se hicieron al Laboratorio Domínguez que comercializa el misoprostol con el nombre de Misop 200 (presentación x 20) y la mifepristona como Mifep (presentación x 15).

 

Crecimiento vegetativo negativo

Conforme al último Anuario de Estadísticas Vitales, durante 2023 en la Ciudad de Buenos Aires se produjeron 23.988 nacimientos y 29.489 defunciones. Es decir, es una ciudad con crecimiento vegetativo negativo (más defunciones que nacimientos).

 

El promedio de hijos por mujer está por debajo del nivel de reemplazo (2,1) desde hace décadas. Buenos Aires tiene una población envejecida y un comportamiento demográfico similar al de los países europeos menos fecundos.

 

La cantidad de perros que hay en los hogares porteños supera a la población de niños menores de 14 años.

 

Abortos registrados en 2024

En respuesta a un pedido de informes, el Ministerio de Salud del GCBA, notificó a este medio que durante 2024 “se realizaron 9646 procedimientos de IVE/ILE” en los centros públicos de salud. Prácticamente el mismo número que en 2023.

 

Complicaciones reportadas en el acceso a aborto

Se reportaron 436 complicaciones (4,5%) sobre el total de los abortos registrados. Las complicaciones se incrementaron un 37% respecto al año anterior (318).

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NOTIVIDA, Año XXV, Nº 1381, 12 de mayo de 2025

HORMONIZACIÓN Y CIRUGÍAS DE GÉNERO

 

 un libro afirma que la medicina está olvidando su juramento de no dañar

 

Claudia Peiró

Infobae, 19 de abril de 2025

 

La medicina bajo el dominio de las ideologías identitarias: el nuevo libro de Caroline Eliacheff y Céline Masson

 

Cuando en 2022 escribieron La fábrica del niño transgénero -preocupadas por la rapidez con la cual cierta medicina derivaba a menores a tratamientos de hormonización para cambiar de género-, las francesas Caroline Eliacheff, psiquiatra infantil, y Céline Masson, psicoanalista, creyeron -“ingenuamente”, dicen hoy-, que “un consenso se formaría en lo atinente a los menores”.

 

En cambio, sucedió lo contrario: fueron boicoteadas, canceladas e insultadas. Eso no las desalentó, como lo demuestra su nuevo libro: Le sermon d'Hippocrate. La médecine sous l'emprise des idéologies identitaires (El sermón de Hipócrates. La medicina bajo el dominio de las ideologías identitarias), todavía no traducido al castellano.

 

Cuando dicen “lo atinente a los menores”, las autoras se refieren a una situación análoga a la de la Argentina en materia de tratamiento a niños y adolescentes que se declaran trans, que dicen ser del sexo opuesto al de nacimiento. En ambos países la legislación es ultra permisiva, abundan servicios de salud que aplican tratamientos con bloqueadores de pubertad a niños de 10 u 11 años (para frenar el desarrollo sexual), luego, hormonización cruzada para desarrollar caracteres sexuales del género deseado -a partir de los 15 ó 16 aproximadamente- y, finalmente, cirugías (mastectomías, histerectomía, castración, fabricación de seudo órganos sexuales, etc). Todo ello a partir de aceptar la autopercepción de adolescentes que se autodiagnostican a partir de interacciones en las redes donde el lobby transgenerista es muy activo; allá también, escuela y autoridades preconizan la llamada “transición social” aceptando como algo natural e incluso festejable la declaración de un niño o niña o de un adolescente de pertenecer al sexo opuesto al de nacimiento.

 

Esta autodeterminación de niños y adolescentes es sostenida por el discurso de la autonomía progresiva cuya contracara es la defección de los adultos respecto de su responsabilidad.

 

Un enfoque médico temerario acepta como diagnóstico la autopercepción de género de adolescentes que se auto-diagnostican a partir de interacciones en las redes (Imagen Ilustrativa Infobae)

 

“No habíamos tomado conciencia de la amplitud de la presencia proselitista [de las asociaciones militantes] (yo de sus defensores) en todos los mecanismos del Estado, en los partidos políticos, en la universidad, en los Ministerios (en particular en Educación y Salud), en los municipios, en otros organismos dependientes del Estado (...) y por supuesto en los servicios de salud dedicados al tema”, reflexionan hoy Eliacheff y Masson, a partir de las agresiones que recibió luego de su primer libro.

 

La prensa, escrita y audiovisual, también ha sido copada por “los discursos trans-afirmativos”, advierten. Es decir, la idea de que basta la expresión de la voluntad personal para iniciar una transición de género, así se trate de un menor de edad o de una persona afectada por otras comorbilidades.

 

La transición de género es presentada como “un viaje al encuentro de sí mismo”, o como una terapia de prevención del suicidio, a la vez que se ocultan o minimizan los efectos secundarios de estos tratamientos y el carácter irreversible de la mayoría de ellos. Los bloqueadores de pubertad son comparados al botón pausa de un reproductor de video. Se detiene el desarrollo por algunos años y luego se lo reanuda sin problema...

 

En aquel primer libro (febrero de 2022), analizaban el crecimiento exponencial de casos de disforia de género entre adolescentes, sobre todas las mujeres, dato que los promotores de estas prácticas relativizan. Y que se repite en otros países, incluido el nuestro, como lo confirman las cifras de los casos recopilados por la asociación MANADA (Madres de Niñas y Adolescentes con Disforia Acelerada).

 

En su nuevo libro (febrero de 2025) Eliacheff y Masson se preguntan por qué tantos médicos ponen en práctica métodos dañinos para esos menores, denuncian el abandono de la responsabilidad adulta -siempre en nombre de la autonomía progresiva- y postulan una alternativa al tratamiento que se da a la disforia de género adolescente que incluye una distinta definición del malestar.

 

La mayoría de las adolescentes tratadas como trans “no reúnen los criterios de diagnóstico de la disforia de género”, dicen. Hay un sobrediagnóstico que oculta otros trastornos.

 

En el posfacio del libro, el catedrático Didier Sicard, profesor honorario de medicina interna en la Universidad de Paris Cité, que por casi una década presidió el Comité consultivo nacional de ética, señala que la medicina va camino a dejar de ser un humanismo y eso es alentado “por la financiarización creciente en detrimento del cuidado”.

 

La modificación del humano es una actividad mucho más lucrativa que el cuidado, asegura. Es que, como sucede en Argentina donde estos costosos tratamientos están incluidos en el Plan Médico Obligatorio (PMO), allá también la cobertura total de las transiciones constituye “un factor evidente de aliento; si me lo pagan, es que es algo seguro”, dice este profesor.

 

Sicard enumera algunos de posibles efectos secundarios de la hormonización sin motivos médicos de cuerpos adolescentes: cáncer de hígado, meningiomas, desmineralización ósea, esterilidad, ausencia de vida sexual. En definitiva, dice, se convierte a esos niños en “material de laboratorio, (lo que) parece ser la última de las preocupaciones de una medicina deshumanizada”.

 

Una muestra de cómo, a partir de la Ley Trans (2012), en la Argentina se viene facilitando y hasta promoviendo la autodeterminación de los menores para tomar decisiones tan drásticas e irreversibles como la transición de género.

El único argumento que esgrimen a los médicos en defensa de estos tratamientos es que buscan aliviar un sufrimiento. Un sufrimiento que es psíquico pero que no se busca tratar primero en ese plano. En cambio, se recurre a terapias destinadas a otros síndromes endocrinos, a la intersexualidad de nacimiento (hermafroditismo), a la pubertad precoz, etc. Pero en esos casos se trataba de la verdadera función de la medicina: corregir un desorden, no provocarlo.

 

Hoy muchos médicos dejan de lado el principio esencial primum non nocere (lo primero es no hacer daño).

 

Consciente de que estas prácticas están atravesadas por el debate ideológico izquierda - derecha, Sicard señala que “asimilar la defensa de niños y adolescentes a un comportamiento de ultra derecha es algo increíble”. La medicina no debe someterse a las modas del momento, sostiene.

 

El libro de Eliacheff y Masson denuncia una actividad médica que rosa lo delictivo porque responde a intereses económicos y llama la atención sobre el peligro que esto representa para el futuro de niños y adolescentes.

 

Cuando el tema de los menores trans llega a los medios, los servicios que promueven estos tratamientos imprudentes aseguran que toman todas las precauciones necesarias antes de proceder -hasta llegan a negar que se trate a menores de edad-, pero los testimonios de los pacientes y de sus familias contradicen estos argumentos y atestiguan de tratamientos hormonales tempranos, incluso en presencia de otros trastornos paralelos a la disforia. Es otra analogía con lo que sucede en nuestro país.

 

Eliacheff y Masson denuncian en el libro -y también esto vale para la Argentina- que no existe la suficiente información a los pacientes ya sus familias acerca de los efectos secundarios de los tratamientos y de la existencia de alternativas como una psicoterapia, además de recomendar una espera prudente, porque la mayoría de estas disforias repentinas en la adolescencia desaparecen con el tiempo. Las autoras están convencidas de que, “aunque su sufrimiento puberal es real, [esos adolescentes] no son 'trans' (si bien una minoría podrá serlo y hacer su transición más tarde)”.

 

Los transexuales existieron siempre, dicen, “en todas las civilizaciones, de forma muy minoritaria”. Como todas las minorías, tienen derecho a la no discriminación. Pero actualmente, “su postura victimista ha servido como caballo de Troya” de “un militantismo de género que trata de imponerse a toda la sociedad como un nuevo orden moral”.

 

La mayoría de los menores resuelven solos sus problemas de género cuando llegan a la edad adulta, siempre que no hayan hecho la transición social ni médica, dato que acentúa la irresponsabilidad de promover la transición temprana de púberes y adolescentes, advierten.

 

Pero los profesionales que piden prudencia, que sugieren por ejemplo una psicoterapia exploratoria, son sistemáticamente tratados de transodiantes, maltratadores, reaccionarios, charlatanes y, obviamente, ultraderechistas (como advierte Sicard).

 

Las asociaciones trans pretenden que los médicos aceptan sin demora ni condiciones la identidad de género de una persona, incluso menor de edad, y que las transiciones médicas dependen de su sola voluntad. También quieren imponer que los enfoques psicológicos sean solo afirmativos (seguirle la corriente al paciente), la despatologización (no derivar a terapia, salvo que la persona lo pida), y el derecho de los menores a la transición hormonal ya la cirugía.

 

Esta realidad se replica en casi todos los países occidentales. Sin embargo, los que han sido pioneros en esto han comenzado a revisar sus protocolos: Finlandia, Noruega, Suecia y Gran Bretaña han limitado los tratamientos aplicados a menores. Lo mismo sucede en 24 estados norteamericanos.

 

Pero, dicen las autoras, muchos servicios médicos siguen todavía con los ojos cerrados las directivas de la WPATH (World Professional Association for Transgender Health) cuyos postulados son que el niño sabe a qué género pertenece y no cambiará de opinión, que no hay contagio social y que el incremento de los casos se debe a la liberación de la palabra.

 

Aceptar la transición social favorece el desarrollo psíquico, afirma la WPATH, que también sostiene que los bloqueadores de la pubertad son reversibles y que negarle el tratamiento a una persona que se dice trans incrementa el riesgo de suicidio, que es ciertamente muy elevado entre esta población. Pero Eliacheff y Masson aseguran que no está demostrada la compensación entre transición médica y disminución de ese riesgo, esgrimido como amenaza ante la reticencia de padres o terapeutas.

 

En la Argentina se da el mismo fenómeno. Se desoyen las advertencias de los sistemas de salud de los países que están dando marcha atrás con estos tratamientos para proteger a los menores de estas terapias invasivas, irreversibles y para nada inocuas. Por caso, el Informe Cass, resultado del trabajo de 4 años de un equipo independiente de especialistas en el Reino Unido que llegó a la conclusión de que los tratamientos de transición están todavía en una etapa experimental y por el cual el gobierno de ese país suspendió los bloqueadores y hormonas en menores de edad, no fue prácticamente publicado aquí, ni mucho menos debatido ni siquiera entre los responsables de esta política.

 

Informe Cass: son las conclusiones de un estudio independiente, dirigido por la pediatra Hilary Cass, que revisó durante 4 años los protocolos para menores trans y su aplicación.

El 6 de febrero pasado, en nuestro país, el gobierno nacional promulgó el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 62/2025, prohibiendo los tratamientos hormonales y las cirugías de cambio de sexo en menores de 18 años.

 

Llamativamente, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) reaccionó expresando “profunda preocupación”, en un comunicado en el que citan los derechos de los niños, mencionan la “autonomía progresiva” del menor, califican de “avance” a la Ley de Identidad de Género (n° 26743), tildan de “documento controversial” al Informe Cass, reiteran toda la doctrina que justifica estos tratamientos, a saber que “la falta de acceso a la salud integral aumenta la prevalencia de depresión, ansiedad e intentos de suicidio”, mientras que los tratamientos de transición “mejoran significativamente la calidad de vida y el bienestar”.

 

Concluye evocando a sus más de 20.000 socios, lo que lleva a preguntarse si el contenido de este comunicado de la comisión directiva de la SAP es compartido por esa cantidad de pediatras a lo largo y ancho del país.

 

Nótese el eufemismo “acceso a la salud integral”, cuando están hablando de frenar el desarrollo puberal, dar hormonas del sexo opuesto a adolescentes e incluso practicar cirugías mutilantes en menores.

 

Eliacheff y Masson señalan justamente los eufemismos a los que apelan a quienes practican una medicina al servicio de una ideología. Por ejemplo, “torsoplastia” por ablación de los senos.

 

LOBOTOMÍA Y ESTERILIZACIÓN

Ofrecen “soluciones milagrosas, explotando la inmadurez afectiva frecuentemente asociada a trastornos psíquicos entre los jóvenes así como el desconcierto de los padres”, dicen las autoras, que además citan otros ejemplos de terapias que causaron más daño que curación, como la lobotomía, método inventado por un neurólogo portugués para curar enfermedades psiquiátricas consistente en cortar las fibras que ligan el lóbulo frontal con el resto del cerebro.

 

Hoy escandaliza, parece delirante, pero Antonio Egas Moniz fue Premio Nobel de Medicina en 1949 “por el descubrimiento del valor terapéutico de la leucotomía para ciertas psicosis”.

 

El método fue llevado a los Estados Unidos por el neurólogo Walter Freeman que se unió a un cirujano e hizo millas de lobotomías, incluyendo la que dejó en estado casi vegetativo a una hermana de John F. Kennedy.

 

No todos los médicos creyeron en esto y hubo varias críticas desde el primer momento, sin embargo la lobotomía se siguió practicando casi hasta los años 80.

 

“Los médicos se creen en el campo del bien -dicen Eliacheff y Masson- al punto de descuidar todas las alertas que ponen en duda sus resultados, su comodidad, su notoriedad y los poderes adquiridos”.

 

También evocan el caso de la histeria, enfermedad nerviosa abrumadoramente femenina, tratada a fines del siglo XIX con métodos tan brutales como la ablación del clítoris y la histerectomía. Como con la lobotomía, entonces también hubo profesionales que denunciaron esto como una mutilación y nada más, y que preconizaron un tratamiento psicológico de ese trastorno.

 

En el siglo XX se produjo incluso un deterioro ideológico, advierten las autoras: la histeria pasó a ser vista como un problema genético y no orgánico. La esterilización evitaría su propagación. Era el surgimiento de las teorías eugenésicas.

 

“Si el eugenismo afectó a las histéricas del siglo XIX, el transhumanismo del siglo XXI no deja de tener relación con las demandas actuales de cambo de sexo”, afirman Eliacheff y Masson.

 

Citan a Pierre-André Taguieff, quien dijo que “eugenistas y transhumanistas comparten la idea--fuerza según la cual las creencias religiosas tradicionales deben ser reemplazadas por una nueva fe encuadrada en el deseo de mejorar la vida de las generaciones futuras a través de una remodelación de la naturaleza humana”.

 

¿No hay acaso un paralelo entre quitar los senos para aliviar el sufrimiento psíquico y castrar a las histéricas como creía el ginecólogo alemán Alfred Hegar que aseguraba que “la eliminación de las glándulas genitales suprimía el mal”'?, se preguntan las autoras.

 

Del juramento de Hipócrates se olvida el compromiso de “no dañar”; y se convierte en una persona básicamente sana en un paciente de por vida, estéril, y que muy posiblemente padecerá de anorgasmia.

 

UNA NUEVA PROPUESTA CLÍNICA

Eliacheff y Masson afirman que la transversión se basa en una ideología que “implica un corte con la realidad (la diferencia de sexos) y un cambio de paradigma”. Quienes la promueven necesitan convencer a la gente de que se puede cambiar de sexo para lo cual ejercen presión afectiva sobre las personas, neutralizan el debate y aíslan a los contradictores.

 

Por eso ellas sostienen que el aumento de casos no es resultado de la liberación de la palabra sino de la liberación de la oferta.

 

Con lógica despertó, se sostiene que hablar de sexo biológco es casi un delito, una violencia contra la comunidad LGBTQIA+, dicen. La crítica es equiparada a la ofensa. Toda diferencia es una injusticia a combatir. Hasta la biología es recusada por discriminadora, intolerante, incluso transfóbica.

 

Eliacheff y Masson no teorizan en abstracto; ambas han tratado y tratan casos. Sobre la base de esa experiencia y de sus constantes investigaciones, han elaborado una nueva propuesta clínica para el tratamiento de la disforia adolescente.

 

En primer lugar proponemos usar la expresión Angoisse de Sexuation Pubertaire (ASP), que se puede traducir como Angustia de Desarrollo Sexual Puberal.

 

Los síntomas son: angustia marcada y persistente que puede llegar hasta el ataque de pánico ante la aparición de los caracteres sexuales secundarios; preocupación excesiva (pensamiento rumiante), vergüenza de su físico, estrategias de ocultamiento de esos caracteres, miedo, ansiedad, tristeza, culpa, desvalorización, temor a la agresión ligada a ese desarrollo (burlas, comentarios), miedo a la sexualidad adulta, cambios de humor, enojos.

 

Estos síntomas pueden verse agravados por comorbilidades: trastornos alimentarios, ansiedad social, depresión, antecedentes de agresión y/o estrés postraumático, trastorno de atención (TDA/H) y trastornos del espectro autista.

 

Estos jóvenes, dicen, son presa fácil de un discurso mediático e incluso académico que ofrece una solución rápida y radical. Si te sentís mal con tu cuerpo es porque sos trans. Un autodiagnóstico que refuerza el rechazo al cuerpo y la imposibilidad de adaptarse a sus cambios.

 

Lo que se fomenta desde el activismo transgénero es afirmar la idea de haber nacido en el cuerpo equivocado, rechazar toda indagación sobre el origen del malestar y anunciar acerca de la existencia de pulsiones suicidas a fin de obtener bloqueadores de la pubertad.

 

El enfoque que proponen Eliacheff y Masson para la ASP es muy diferente: las hormonas deben estar vedadas hasta la mayoría de edad; se debe realizar una evaluación completa (individual, familiar y social) y preconizar un tratamiento psicoterapéutico, incluso psicofarmacológico de ser necesario.

 

El libro se abre y se cierra con el relato en primera persona ya dos voces de un caso de disforia de género acelerada: una chica y su padre cuentan esos tres años vividos desde que ella, a los 13, creyó haber nacido en el cuerpo equivocado y hasta que a los 15 se reconcilió con su sexo biológico.

 

El sitio LGBT al que acudió, cuenta Lou (nombre ficticio), “solo apoyaba la idea de que si un joven o una joven no entra en los estereotipos de género al cual pertenece, entonces forzosamente es trans”. Ella hubiera preferido que le dijesen que “es normal a esa edad sentirse incómoda con el propio cuerpo, que no tiene nada de malo ser un poco masculino, explorar otros estilos”.

 

Y deplora que hayan denunciado a su padre ante la justicia por insistir en que tenía una hija y no un hijo. También sucede en Argentina.

 

A sus 15 no era consciente de los peligros ni de la irreversibilidad de algunas decisiones. El enfoque trans-afirmativo lleva a jóvenes en situación de profundo malestar a optar por cosas que modificarán sus cuerpos de modo definitivo.

 

Lou, que hoy es mayor de edad, envía un mensaje a los jóvenes que padecen la misma angustia que vivió ella: “Hay que entender que existen otras maneras de vivir con esta disforia, de aliviarla, incluso vencerla”. Y agrega: “Hay que alentar a los jóvenes a tomar el camino de la exploración de su identidad y de su cuerpo, antes que el de modificarlo para igualarlo a los estereotipos del sexo opuesto”.

CASO BEATRIZ

 

la Corte Interamericana rechazó la pretensión de reconocer el aborto como un derecho humano

 

Débora Ranieri

Infobae, 22 Dic, 2024

 

Después de una larga espera, el pasado viernes 20 de diciembre, finalmente la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) con sede en Costa Rica, notificó la sentencia del caso “Beatriz y otros vs El Salvador”, entendiendo que la protección de una madre que atraviesa un embarazo de riesgo y con la concepción de un bebé con anencefalia debe lograrse con protocolos o directivas médicas adecuadas a esa circunstancia. Estas guías médicas, al mismo tiempo, no son incompatibles con una legislación que prohíbe el aborto en el derecho penal y protege la vida desde la concepción en la Constitución, situación en la que se encuentra el Estado salvadoreño.

 

Sin lugar a dudas, esta decisión constituye un hito trascendente para el derecho internacional de los derechos humanos y para la protección de toda madre e hijo en el seno materno en la región latinoamericana. A pesar de las múltiples presiones de las asociaciones feministas y abortistas que llevaron esto a la Corte (el caso recibió más de 100 Amicus Curiae), cinco jueces de los seis que integran el Tribunal realizaron de modo valiente una interpretación de la Convención Americana fiel a su espíritu y en respeto de la soberanía del Estado salvadoreño.

 

Varios son los puntos a destacar de esta decisión que conviene tener en cuenta para no malinterpretar el contenido de la sentencia y sus efectos para los Estados que aprobaron la Convención Americana de Derechos Humanos.

 

En primer lugar, los jueces reconocieron la realidad de los hechos del caso sin tergiversar con mirada ideológica los acontecimientos relevantes. Beatriz luego de tener a su primer hijo en el año 2012 y padecer una enfermedad de base (lupus eritematoso sistémico, nefropatía lúpica y artritis reumatoidea), decidió volver a ser madre quedando embarazada un año después. Al cursar la semana catorce de gestación se diagnosticó que su beba padecía anencefalia.

 

A partir de allí, varias asociaciones abortistas comenzaron a presionar al sistema de salud salvadoreño para que se le realizara un aborto. Tanto los tribunales judiciales que intervinieron como los Comités médicos, consideraron que había que cuidar la vida y salud de Beatriz al mismo tiempo que el derecho a nacer de su hija. Y así se hizo.

 

Beatriz dio a luz a la niña a través de una cesárea, le puso como nombre Leilany, la tuvo en sus brazos y cinco horas después la pequeña falleció por su condición vulnerable. Beatriz pudo dar sepultura a su hija y su vida continuó sin dificultad para su salud. Cinco años después Beatriz falleció por un accidente en la vía pública. La Corte reconoce entonces que no hubo nexo causal entre la muerte de Beatriz en 2017 y su embarazo de 2013, por lo que no se afectó su derecho a la vida.

 

En segundo lugar, se intentó generar que la Corte entendiese que la legislación de El Salvador, al penalizar todo aborto y proteger al niño en gestación, estaría desprotegiendo los derechos humanos de Beatriz. De ningún modo lo entendieron así los cinco jueces del voto mayoritario, considerando que el problema de la cuestión residió en los protocolos de atención para estos casos. De allí que la Corte en sus medidas de garantía de no repetición, pide a El Salvador que establezca protocolos que regulen cómo proceder en casos de embarazo de riesgo.

 

Conviene resaltar de modo claro que, en ningún párrafo de la sentencia, la Corte requiere a El Salvador cambiar ni su Constitución ni su Código penal. De allí, por lógica jurídica, debe entenderse que la Corte niega la supuesta existencia de un “derecho al aborto” de acuerdo al sistema interamericano de derechos humanos.

 

En tercer lugar, la Corte niega toda configuración de la figura de ¨tortura¨ en el presente caso, caracterización que fue pedida por la Comisión y varias asociaciones feministas. Llevar adelante un embarazo de riesgo y dar a luz a una hija con anencefalia, de ningún modo puede ser considerado tortura.

 

Por último, la Corte pone su foco en la necesidad de arbitrar los medios para una correcta atención de la maternidad vulnerable y advierte sobre la posibilidad de violencia obstétrica cuando esa atención desatiende las circunstancias especiales que rodean a estos casos. Reiteramos entonces que esa violencia obstétrica, según la Corte, no es consecuencia de la legislación penal sobre el aborto, sino como efecto de la regulación de las guías de atención médica.

 

Sin lugar a duda, habrá un antes y un después del caso Beatriz para la protección de los derechos humanos, las consecuencias jurídicas hacia los Estados parte del sistema interamericano son muy importantes, descartándose de modo claro toda posibilidad de instaurar al aborto como un derecho que pueda ser compatible con el sistema de derechos humanos de Latinoamérica.

 

La Corte entonces se ha pronunciado contra el aborto y a favor de la protección de toda madre y niño en gestación.

INTENTAN REGULAR

 


 LA GESTACIÓN POR SUSTITUCIÓN (altruista o comercial)


NOTIVIDA, Año XXIV, Nº 1369, 29 de octubre de 2024

 

Un fallo judicial reciente reabrió el debate sobre gestación por sustitución y el diputado Oscar Agost Carreño (Encuentro Federal, Córdoba) presentó esta semana un proyecto (expte. 6389/2024) para regularla.

 

El Proyecto de Reforma del Código Civil y Comercial (CCyC), preveía la figura de gestación por sustitución y así lo explicaba en el Senado Aída Kemelmajer de Carlucci, integrante de la Comisión Redactora: “Hemos tenido que regular la gestación por sustitución, porque no podemos distinguir entre matrimonios heterosexuales y homosexuales. Asimismo, entre los homosexuales no podemos distinguir entre lesbianas y gays, porque las lesbianas van a poder tener un hijo genéticamente propio, pero los gays siempre van a necesitar a alguien que les geste. Por lo tanto, siendo una figura tan discutida, tan resistida en el mundo, para solucionar los problemas no nos quedó más remedio que regularla” (VT Comisión Bicameral para la Reforma del CCYC,14/08/2012).

 

Pero en aquel momento el movimiento feminista, entre otros, planteó inquietudes sobre “la utilización del cuerpo de la mujer”, que pasaba a ser una suerte de “esclava o sierva” y la figura se eliminó. De modo tal que en el CCyC vigente la maternidad queda determinada por el parto (art. 562).

 

Con el proyecto de Agost Carreño la filiación quedaría establecida entre el niño y la persona o la pareja, que acudió a esta técnica de reproducción (comitentes).

 

En ningún caso la mujer gestante podrá reclamar derechos relativos a la filiación.

 

El acuerdo entre la gestante y los comitentes se registrará confidencialmente.

 

La partida de nacimiento no puede reflejar datos de los que se infiera que el niño ha nacido como consecuencia de una gestación subrogada.

 

Los antecedentes quedarán consignados en un legajo confidencial el cual solo podrá´ ser exhibido ante requerimiento judicial.

 

En los casos de filiación monoparental la gestación subrogada requerirá autorización judicial previa.

 

Gestación comercial

 

Si no media remuneración, debe estar garantizada la cobertura de salud de la mujer gestante desde el inicio y hasta un año después del nacimiento. Si media remuneración no puede estar “sujeta a condición resolutiva”.

 

Dice Agost Carreño en los fundamentos “la gestación puede hacerse de forma altruista, en la que la mujer que lleva a cabo el embarazo no recibe un pago por ello, o comercial, que es la más practicada, en la que obtiene una contraprestación económica” (.) Lo cierto es que, en la práctica, la totalidad de los países donde hay gestación subrogada, aunque digan que es altruista, se permite una compensación, aunque el Estado se desentienda de su fiscalización y control. Dicha situación ampliamente reconocida, me lleva a proponer que se regulen ambas posibilidades”.

 

Requisitos de las partes

 

Todas las partes involucradas deberán tener al menos dos (2) años de residencia ininterrumpida en el país, si no son argentinos o naturalizados.

 

Requisitos de la gestante

 

La gestante deberá tener entre 18 y 40 años; acreditar su aptitud física y psíquica; haber dado a luz, al menos, a un hijo propio; no haberse sometido a un proceso de gestación por sustitución más de 2 veces y contar con el “consentimiento del o de la cónyuge si fuere casada”.

 

Requisitos de los comitentes

 

Él o los comitentes deberán tener entre 18 y 45 años; poseer “imposibilidad material o médica de concebir o de llevar un embarazo a término”; aportar ambos sus gametos y designar a un tutor legal por si mueren antes del nacimiento.

 

Penalidades

 

Sufrirá prisión de dos a seis años el que “abusando de la confianza, estado de necesidad o vulnerabilidad, indujera indebidamente a una mujer gestante a acordar y llevar adelante un embarazo por gestación por sustitución”.