DON BOSCO

DON BOSCO
"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"

OCTOGESIMA ADVENIENS

 

RESUMEN

CARTA APOSTÓLICA

OCTOGESIMA ADVENIENS

DE SU SANTIDAD EL PAPA

PABLO VI

AL SEÑOR CARDENAL MAURICIO ROY,

PRESIDENTE DEL CONSEJO PARA LOS SEGLARES

Y DE LA COMISIÓN PONTIFICIA «JUSTICIA Y PAZ»

EN OCASIÓN DEL LXXX ANIVERSARIO

DE LA ENCÍCLICA «RERUM NOVARUM»

Vaticano, 14 de mayo de 1971

 

3. Incluso en naciones donde a la Iglesia se le reconoce su puesto, a veces de manera oficial, ella misma se ve sometida a los embates de la crisis que estremece la sociedad, y algunos de sus miembros se sienten tentados por soluciones radicales y violentas de las que creen poder esperar resultados más felices. Mientras que unos, inconscientes de las injusticias actuales, se esfuerzan por mantener la situación establecida, otros se dejan seducir por ideologías revolucionarias, que les promete, con espejismo ilusorio, un mundo definitivamente mejor.

 

9. Se puede uno preguntar… con todo derecho, si, a pesar de todas sus conquistas, el ser humano no está volviendo contra sí mismo los frutos de su actividad. Después de haberse asegurado un dominio necesario sobre la naturaleza, ¿no se esté convirtiendo ahora en esclavo de los objetos que fabrica?

 

11. Urge reconstruir, a escala de calle, de barrio o de gran conjunto, el tejido social, dentro del cual hombres y mujeres puedan dar satisfacción a las exigencias justas de su personalidad. Hay que crear o fomentar centros de interés y de cultura a nivel de comunidades y de parroquias, en sus diversas formas de asociación, círculos recreativos, lugares de reunión, encuentros espirituales, comunitarios, donde, escapando al aislamiento de las multitudes modernas cada uno podrá crearse nuevamente relaciones fraternales.

 

14. Se debe admitir la función importante de los sindicatos: tienen por objeto la representación de las diversas categorías de trabajadores, su legítima colaboración en el progreso económico de la sociedad, el desarrollo del sentido de sus responsabilidades para la realización del bien común. Su acción no está, con todo, exenta de dificultades; puede sobrevenir, aquí o allá, la tentación de aprovechar una posición de fuerza para imponer, sobre todo por la huelga ―cuyo derecho como medio último de defensa queda ciertamente reconocido―, condiciones demasiado gravosas para el conjunto de la economía o del cuerpo social, o para tratar de obtener reivindicaciones de orden directamente político.

22. Al mismo tiempo que el progreso científico y técnico continúa transformando el marco territorial de la humanidad, sus modos de conocimiento, de trabajo, de consumo y de relaciones, se manifiesta siempre en estos contextos nuevos una doble aspiración más viva a medida que se desarrolla su información y su educación: aspiración a la igualdad, aspiración a la participación; formas ambas de la dignidad de la persona humana y de su libertad.

 

24. La doble aspiración hacia la igualdad y la participación trata de promover un tipo de sociedad democrática. Diversos modelos han sido propuestos; algunos de ellos han sido ya experimentados; ninguno satisface completamente, y la búsqueda queda abierta entre las tendencias ideológicas y pragmáticas. Toda persona cristiana tiene la obligación de participar en esta búsqueda, al igual que en la organización y en la vida políticas. El hombre y la mujer, seres sociales, construyen su destino a través de una serie de agrupaciones particulares que requieren, para su perfeccionamiento y como condición necesaria para su desarrollo, una sociedad más vasta, de carácter universal, la sociedad política. Toda actividad particular debe colocarse en esta sociedad ampliada, y adquiere con ello la dimensión del bien común.

25. La acción política ―¿es necesario subrayar que se trata aquí ante todo de una acción y no de una ideología?― debe estar apoyada en un proyecto de sociedad coherente en sus medios concretos y en su aspiración, que se alimenta de una concepción plenaria de la vocación del ser humano y de sus diferentes expresiones sociales.

 

26. El hombre o la mujer cristiana que quieren vivir su fe en una acción política concebida como servicio, no pueden adherirse, sin contradecirse a sí mismos, a sistemas ideológicos que se oponen, radicalmente o en puntos sustanciales, a su fe y a su concepción de la persona humana. No es lícito, por tanto, favorecer a la ideología marxista, a su materialismo ateo, a su dialéctica de violencia y a la manera como ella entiende la libertad individual dentro de la colectividad, negando al mismo tiempo toda trascendencia al ser humano y a su historia personal y colectiva. Tampoco apoya la comunidad cristiana la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder, y considerando las solidaridades sociales como consecuencias más o menos automáticas de iniciativas individuales y no ya como fin y motivo primario del valor de la organización social.

 

27. ¿Es necesario subrayar las posibles ambigüedades de toda ideología social? Unas veces reduce la acción política o social a ser simplemente la aplicación de una idea abstracta, puramente teórica; otras, es el pensamiento el que se convierte en puro instrumento al servicio de la acción, como simple medio para una estrategia. En ambos casos, ¿no es el ser humano quien corre el riesgo de verse enajenado? La fe cristiana es muy superior a estas ideologías y queda situada a veces en posición totalmente contraria a ella, en la medida en que reconoce a Dios, trascendente y creador, que interpela, a través de todos los niveles de lo creado, a la humanidad como libertad responsable.

 

29. Si hoy día se ha podido hablar de un retroceso de las ideologías, esto puede constituir un momento favorable para la apertura a la trascendencia y solidez del cristianismo. Puede ser también un deslizamiento más acentuado hacia un nuevo positivismo: la técnica universalizada como forma dominante del dinamismo humano, como modo invasor de existir, como lenguaje mismo, sin que la cuestión de su sentido se plantee realmente.

 

Los movimientos históricos

 

30. Pero, fuera de este positivismo, que reduce al ser humano a una sola dimensión ―importante hoy día― y que con ella lo mutila, la persona cristiana encuentra en su acción movimientos históricos concretes nacidos de las ideologías y, por otra parte, distintos de ellas. Ya nuestro venerado predecesor Juan XXIII en la Pacem in terris muestra que es posible hacer distinción: «No se pueden identificar ―escribe― las teorías filosóficas falsas sobre la naturaleza, el origen y la finalidad del mundo y del hombre con los movimientos históricos fundados en una finalidad económica, social, cultural o política aunque estos últimos deban su origen y se inspiren todavía en esas teorías. Las doctrinas, una vez fijadas y formuladas, no cambian más, mientras que los movimientos que tienen por objeto condiciones concretes y mudables de la vida, no pueden menos de ser ampliamente influenciados por esta evolución.

 

Por lo demás, en la medida en que estos movimientos van de acuerdo con los sanos principios de la razón y responden a las justas aspiraciones de la persona humana, ¿quién rehusaría reconocer en ellos elementos positivos y dignos de aprobación?».

 

31. Hoy día, los grupos cristianos se sienten atraídos por las corrientes socialistas y sus diversas evoluciones. Tratan de reconocer en ellas un cierto número de aspiraciones que llevan dentro de sí mismos en nombre de su fe. Se sienten insertos en esta corriente histórica y quieren realizar dentro de ella una acción. Ahora bien, esta corriente histórica asume diversas formas bajo un mismo vocablo, según los continentes y las culturas, aunque ha sido y sigue inspirada en muchos casos por ideologías incompatibles con la fe. Se impone un atento discernimiento. Porque con demasiada frecuencia las personas cristianas, atraídas por el socialismo, tienden a idealizarlo, en términos, por otra parte, muy generosos: voluntad de justicia, de solidaridad y de igualdad. Rehúsan admitir las presiones de los movimientos históricos socialistas, que siguen condicionados por su ideología de origen.

La vinculación concreta que, según las circunstancias, existe entre ellas, debe ser claramente señalada, y esta perspicacia permitirá a los grupos cristianos considerar el grado de compromiso posible en estos caminos, quedando a salvo los valores, en particular, de la libertad, la responsabilidad y la apertura a lo espiritual, que garantizan el desarrollo integral de hombres y mujeres.

 

32. Otros cristianos se preguntan también si la evolución histórica del marxismo no permitiría ya ciertos acercamientos concretos. Notan, en efecto, una cierta desintegración del marxismo, el cual hasta ahora se ha presentado como una ideología unitaria, explicativa de la totalidad del ser humano y del mundo en su proceso de desarrollo, y, por tanto, atea.

34. Si bien en la doctrina del marxismo, tal como es concretamente vivido, pueden distinguirse estos diversos aspectos, que se plantean como interrogantes a los cristianos para la reflexión y para la acción, es sin duda ilusorio y peligroso olvidar el lazo íntimo que los une radicalmente, el aceptar los elementos del análisis marxista sin reconocer sus relaciones con la ideología, el entrar en la práctica de la lucha de clases y de su interpretación marxista, omitiendo el percibir el tipo de sociedad totalitaria y violenta a la que conduce este proceso.

 

35. Por otra parte, se asiste a una renovación de la ideología liberal. Esta corriente se apoya en el argumento de la eficiencia económica, en la voluntad de defender al individuo contra el dominio cada vez más invasor de las organizaciones, y también frente a las tendencias totalitarias de los poderes políticos. Ciertamente hay que mantener y desarrollar la iniciativa personal. Pero los grupos cristianos que se comprometen en esta línea, ¿no tienden a su vez a idealizar el liberalismo, que se convierte así en una proclamación a favor de la libertad? Estos grupos querrían un modelo nuevo, más adaptado a las condiciones actuales, olvidando fácilmente que en su raíz misma el liberalismo filosófico es una afirmación errónea de la autonomía del ser individual en su actividad, sus motivaciones, el ejercicio de su libertad. Por todo ello, la ideología liberal requiere también, por parte de cada cristiano o cristiana, un atento discernimiento.

 

36. Por encima de todo sistema, sin omitir por ello el compromiso concreto al servicio de sus hermanos y hermanas, afirmará, en el seno mismo de sus opciones, lo específico de la aportación cristiana para una transformación positiva de la sociedad.

 

37. se asiste al renacimiento de lo que se ha convenido en llamar «utopías», las cuales pretenden resolver el problema político de las sociedades modernas mejor que las ideologías. Sería peligroso no reconocerlo. La apelación a la utopía es con frecuencia un cómodo pretexto para quien desea rehuir las tareas concretas refugiándose en un mundo imaginario. Vivir en un futuro hipotético es una coartada fácil para deponer responsabilidades inmediatas.

Efectivamente, «la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo» (23).

 

41. A partir del siglo XIX, las sociedades occidentales y otras muchas al contacto con ellas han puesto su esperanza en un progreso, renovado sin cesar, ilimitado.

Sin duda, se han denunciado, justamente, los límites y también los perjuicios de un crecimiento económico puramente cuantitativo, y se desean alcanzar también objetivos de orden cualitativo.

¿No está acaso el verdadero progreso en el desarrollo de la conciencia moral, que conducirá a la persona a tomar sobre sí las solidaridades ampliadas y a abrirse libremente a los demás y a Dios? Para cristianos y cristianas, el progreso encuentra necesariamente el misterio escatológico de la muerte; la muerte de Cristo y su resurrección, así como el impulso del Espíritu del Señor, ayudan a la persona a situar su libertad creadora y agradecida en la verdad de cualquier progreso y en la única esperanza que no decepciona jamás.

 

42. Frente a tantos nuevos interrogantes, la Iglesia hace un esfuerzo de reflexión para responder, dentro de su propio campo, a las esperanzas de hombres y mujeres. El que hoy los problemas parezcan originales debido a su amplitud y urgencia, ¿quiere decir que la persona se halla impreparada para resolverlos? La enseñanza social de la Iglesia acompaña con todo su dinamismo a hombres y mujeres en esta búsqueda. Si bien no interviene para confirmar con su autoridad una determinada estructura establecida o prefabricada, no se limita, sin embargo, simplemente a recordar unos principios generales. Se desarrolla por medio de la reflexión madurada al contacto con situaciones cambiantes de este mundo, bajo el impulso del Evangelio como fuente de renovación, desde el momento en que su mensaje es aceptado en la plenitud de sus exigencias. Se desarrolla con la sensibilidad propia de la Iglesia, marcada por la voluntad desinteresada de servicio y la atención a los más pobres; finalmente, se alimenta en una rica experiencia multisecular que le permite asumir, en la continuidad de sus preocupaciones permanentes, las innovaciones atrevidas y creadoras que requiere la situación presente del mundo.

 

Por una justicia mayor

 

43. Queda por instaurar una mayor justicia en. la distribución de los bienes, tanto en el interior de las comunidades nacionales como en el plano internacional. En el comercio mundial es necesario superar las relaciones de fuerza para llegar a tratados concertados con la mirada puesta en el bien de todos. Las relaciones de fuerza no han logrado jamás establecer efectivamente la justicia de una manera durable y verdadera, por más que en algunos momentos la alternancia en el equilibrio de posiciones puede permitir frecuentemente hallar condiciones más fáciles de diálogo. El uso de la fuerza suscita, por lo demás, la puesta en acción de fuerzas contrarias, y de ahí el clima de lucha, que da lugar a situaciones extremas de violencia y abusos ((27). Pero ―lo hemos afirmado frecuentemente― el deber más importante de la justicia es el de permitir a cada país promover su propio desarrollo, dentro del marco de una cooperación exenta de todo espíritu de dominio, económico y político.

 

Ciertamente, la complejidad de los problemas planteados es grande en el conflicto actual de las interdependencias. Se ha de tener, por tanto, la fortaleza de ánimo necesaria para revisar las relaciones actuales entre las naciones, ya se trate de la distribución internacional de la producción, de la estructura del comercio, del control de los beneficios, de la ordenación del sistema monetario ―sin olvidar las acciones de solidaridad humanitaria―, y así se logre que los modelos de crecimiento de las naciones ricas sean críticamente analizados, se transformen las mentalidades para abrirlas a la prioridad del derecho internacional y, finalmente, se renueven los organismos internacionales para lograr una mayor eficacia.

 

44. Bajo el impulso de los nuevos sistemas de producción están abriéndose las fronteras nacionales, y se ven aparecer nuevas potencies económicas, las empresas multinacionales, que por la concentración y la flexibilidad de sus medios pueden llevar a cabo estrategias autónomas, en gran parte independientes de los poderes políticos nacionales y, por consiguiente, sin control desde el punto de vista del bien común.

 

45. Hoy los hombres y mujeres desean sobremanera liberarse de la necesidad y del poder ajeno. Pero esta liberación comienza por la libertad interior, que cada quien debe recuperar de cara a sus bienes y a sus poderes. No llegarán a ella si no es por medio de un amor que trascienda a la persona y, en consecuencia, cultive dentro de sí el hábito del servicio. De otro modo, como es evidente, aun las ideologías más revolucionarias no desembocarán más que en un simple cambio de amos; instalados a su vez en el poder, estos nuevos amos se rodean de privilegios, limitan las libertades y consienten que se instauren otras formas de injusticia.

 

46. es cosa de todos sabida que, en los campos social y económico ―tanto nacional como internacional―, la decisión última corresponde al poder político. Este poder político, que constituye el vínculo natural y necesario para asegurar la cohesión del cuerpo social, debe tener como finalidad la realización del bien común.

La política ofrece un camino serio y difícil―aunque no el único―para cumplir el deber grave que cristianos y cristianas tienen de servir a los demás. Sin que pueda resolver ciertamente todos los problemas, se esfuerza por aportar soluciones a las relaciones de las personas entre sí. Su campo y sus fines, amplios y complejos, no son excluyentes. Una actitud invasora que tendiera a hacer de la política algo absoluto, se convertiría en un gravísimo peligro. Aun reconociendo la autonomía de la realidad política, mujeres y hombres cristianos dedicados a la acción política se esforzarán por salvaguardar la coherencia entre sus opciones y el Evangelio y por dar, dentro del legitimo pluralismo, un testimonio, personal y colectivo, de la seriedad de su fe mediante un servicio eficaz y desinteresado hacia la humanidad.

 

47. El paso al campo de la política expresa también una exigencia actual de la persona: mayor participación en las responsabilidades y en las decisiones.

 

48. En nuestra encíclica sobre el desarrollo de los pueblos insistíamos para que todos se pusieran a la obra: «Los seglares deben asumir como su tarea propia la renovación del orden temporal; si la función de la jerarquía es la de enseñar e interpretar auténticamente los principios morales que hay que seguir en este campo, pertenece a ellos, mediante sus iniciativas y sin esperar pasivamente consignas y directrices, penetrar del espíritu cristiano la mentalidad y las costumbres, las leyes y las estructuras de su comunidad de vida» (33). Que cada cual se examine para ver lo que ha hecho hasta aquí y lo que debe hacer todavía. No basta recordar principios generales, manifestar propósitos, condenar las injusticias graves, proferir denuncias con cierta audacia profética; todo ello no tendrá peso real si no va acompañado en cada persona por una toma de conciencia más viva de su propia responsabilidad y de una acción efectiva. Resulta demasiado fácil echar sobre los demás la responsabilidad de las presentes injusticias, si al mismo tiempo no nos damos cuenta de que todos somos también responsables, y que, por tanto, la conversión personal es la primera exigencia. Esta humildad fundamental quitará a nuestra acción toda clase de asperezas y de sectarismos; evitará también el desaliento frente a una tarea que se presenta con proporciones inmensas.

 

 

EL SONIDO DE LA LIBERTAD

 

 Obstáculos mundiales para luchar contra el tráfico sexual de niños

 

By Stefano Gennarini, J.D.

 

NUEVA YORK, 28 de Julio (C-Fam)

 

El mayor obstáculo para proteger a las mujeres y los niños de los traficantes sexuales puede ser los gobiernos que protegen la pornografía y la prostitución.

 

La inesperada película taquillera “Sound of Freedom” ha generado más de $100 millones en la taquilla de EE.UU. poniendo el foco en el tráfico sexual de niños.  Pero, ¿qué está haciendo la comunidad internacional para luchar contra el tráfico sexual y cuáles son algunos de los obstáculos para poner fin al tráfico sexual de niños?

 

La Asamblea General de las Naciones Unidas no ha estado inactiva a la hora de debatir y adoptar tratados y resoluciones contra la trata.

 

Hay dos tratados internacionales vinculantes contra la trata con fines de explotación sexual, el “Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas” y el “Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la pornografía infantil”, ratificado por casi todos los países de la tierra.

 

La Asamblea General encargó al sistema de las Naciones Unidas la lucha contra la trata en un “Plan de Acción Mundial” contra la trata a partir de 2010, y los países occidentales donan millones en ayuda bilateral. La Agencia de los EE.UU. para el Desarrollo Internacional, USAID, por sí sola ha proporcionado más de 370 millones de dólares para combatir la trata de personas en casi 90 países desde 2000. Decenas de eventos se llevan a cabo en la sede de la ONU cada año para hacer frente a la trata, a veces referido como “esclavitud moderna”.

 

A pesar de este torbellino de atención internacional, se reconoce ampliamente que el tráfico sexual sigue creciendo en frecuencia y brutalidad, especialmente hacia los niños.

 

Cada vez hay más pruebas de que la prostitución legal y la pornografía son factores que contribuyen a este aumento. Las pruebas demuestran que la prostitución y la pornografía aumentan el tráfico sexual, las desviaciones sexuales y contribuyen al tráfico sexual de niños.

 

Si bien muchos países tradicionales estarían encantados de reprimir la prostitución y perseguir a la industria de la pornografía, los países occidentales se resisten a los esfuerzos para arrojar la pornografía y la prostitución en una luz negativa.

 

De hecho, los países occidentales están a la vanguardia de la promoción de la libertad sexual sin restricciones, incluida la prostitución legal y la pornografía, y no han estado dispuestos a reconocer el papel que desempeñan en el tráfico sexual.

 

El tratado internacional contra la trata, por ejemplo, sólo aborda la “explotación de la prostitución ajena” y no la compra y venta de sexo como algo inherentemente degradante y criminal. En los últimos años, los países occidentales y las agencias de la ONU se han unido para promover la prostitución legal como necesaria para combatir el VIH/SIDA e incluso han caracterizado el “trabajo sexual” como una forma de empoderamiento femenino, atrayendo críticas de grupos contra la trata en todas partes.

 

Del mismo modo, con la pornografía, existe un tratado de 1923 contra el material obsceno, anterior a las Naciones Unidas, que ha languidecido durante 100 años con sólo un puñado de ratificaciones.

 

En lugar de luchar contra la pornografía, los países occidentales la aceptan como una forma de arte o entretenimiento, o como material protegido por la libertad de expresión. Incluso han alentado a los organismos de las Naciones Unidas a promover el uso de la pornografía para los niños como algo normal y saludable. Esto es un cambio con respecto a hace solo treinta años, cuando una conferencia histórica de la ONU sobre cuestiones de la mujer en Beijing condenó sin remordimientos la pornografía por cosificar a las mujeres.

 

Cabe señalar que la mayoría de la pornografía producida y consumida en los Estados Unidos es procesable con arreglo a la legislación federal. Los fiscales, tanto bajo la administración republicana como la demócrata, no han mostrado interés en seguir la ley.

 

A pesar de estas tendencias desalentadoras, hay indicios en muchas sociedades de que la predilección occidental por la autonomía sexual sin restricciones puede no durar para siempre. Hay un creciente movimiento internacional de base contra la pornografía y la prostitución, que llama la atención no solo sobre cómo estas contribuyen al tráfico sexual, sino sobre cómo dañan a las personas, las familias y la sociedad.

 

En otoño pasado, la Asamblea General se refirió por primera vez a la necesidad de castigar y contrarrestar la “demanda” de sexo en una declaración política contra la trata. Si bien esto está lejos de condenar la pornografía o la prostitución per se, puede ser el comienzo de abordar las causas profundas que alimentan el tráfico sexual.

 

Sound of Freedom es un thriller basado en la historia real de Tim Ballard, el fundador de Operation Underground Railroad, una organización sin fines de lucro dedicada a ayudar a las víctimas liberadas del tráfico sexual de niños. Según algunas estimaciones, el tráfico sexual de niños asciende a 150.000 millones de dólares. Los EE.UU. es el mayor mercado para el tráfico sexual infantil de acuerdo con los creadores de la película.

VERITATIS SPLENDOR


 El 30 aniversario de una encíclica olvidada

 

Stafano Fontana

 

Brújula cotidiana,  09_08_2023

 

El 6 de agosto de hace 30 años, Juan Pablo II publicó la encíclica Veritatis splendor “sobre algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia”. L'Osservatore Romano no ha mencionado el aniversario. Vatican News y Avvenire tampoco. Es cierto que se suelen recordar los 25 y 50 años de tales acontecimientos, como es el caso de las bodas, como también es cierto que la JMJ ha monopolizado la comunicación de la Iglesia estos días, pero tal olvido general deja a uno estupefacto. Esta actitud expresa bien el desprecio que la Iglesia oficial dedica a la encíclica sobre moral de un gran Pontífice.

 

La Veritatis splendor no contiene toda la doctrina moral católica, su propósito era denunciar y corregir ciertas tergiversaciones de la moral católica sobre cuestiones fundamentales. Ahora esas tergiversaciones se han convertido en la norma en la Iglesia, de modo que conmemorar la encíclica se conviertiría en algo comprometedor. Mejor no hablar de ella, abandonarla en el torbellino del olvido, como si nunca se hubiera escrito. ¿Cómo se podría recordar estos días esa encíclica sin sonrojarse y sin darse cuenta de que choca por completo con la Amoris laetitia y, en general, con el estatus de la teología moral en la era del Papa Francisco? ¿Cómo hacer pasar por continuidad una diferencia tan evidente y sustancial? De hecho, para encontrar conmemoraciones de este 30 aniversario hay que remitirse a centros de pensamiento más o menos críticos con el abandono de esa perspectiva de la teología moral, como Catholic Thing o Crisis Magazine.

 

La condena de Veritatis splendor y la damnatio memoriae ordenada a su respecto no se han producido expresamente, sino en el gris de la sombra. En el actual pontificado no ha habido ningún documento que revise las enseñanzas de Juan Pablo II. En otras palabras: nunca se ha explicado por qué la Veritatis splendor debe quedar a la deriva. Nunca se ha explicado qué había de erróneo o inadecuado en ella. Simplemente han decidido pasar página. El tiempo pasa, la gente olvida, y quienes siguen teniéndola presente y señalando las contradicciones con las nuevas enseñanzas, tarde o temprano se cansarán y todo quedará en nada.

 

Pero la Iglesia que pasa página es como un ejército que deja a sus soldados en territorio enemigo, abandonándolos. La Veritatis splendor, y lo mismo puede decirse de Humanae vitae, no son sólo textos para abandonar en el olvido: sobre ellos muchos cristianos han construido la batalla de su vida. Olvidar esos documentos sin decir por qué, significa dejar solos a esos compañeros de viaje.

 

De esta vuelta de página en silencio, de este fingir que el convidado de piedra no existe, de este proceder como si todo comenzara después de la Veritatis splendor, dos aspectos llaman particularmente la atención. Uno se refiere al método y el otro al contenido.

 

La imposición desde arriba del nuevo rumbo de la teología moral católica antitético a la Veritatis splendor ha tenido lugar no sólo sin explicar por qué, sino también mediante golpes y maniobras políticas, mediante subterfugios y zancadillas, es decir, de manera poco decorosa. La historia del Instituto Juan Pablo II atestigua el desprecio por las personas, las maquinaciones políticas, una nueva situación jurídica inventada ad hoc y funcional a la transformación sustancial de la finalidad del Instituto. Se podrían haber elegido caminos menos lesivos para la memoria de Juan Pablo II y menos irrespetuosos con quienes se habían comprometido válidamente con esa institución.

 

Los nombramientos de controvertidos miembros de las Academias Pontificias, las provocadoras declaraciones sobre cuestiones de ética teológica del Presidente de la Pontificia Academia para la Vida, los creativos eslóganes pronunciados por Francisco en diversas entrevistas, la promoción en la Iglesia de personalidades alineadas con las nuevas perspectivas de la ética católica, la provocación y gestión de procesos revolucionarios como los sínodos sobre la familia, las notas a pie de página de la Amoris laetitia... Gracias a estas formas poco ortodoxas e irrespetuosas se cavó la tumba de la encíclica Veritatis splendor.

 

En cuanto al aspecto del contenido, hay que señalar que la damnatio memoriae ha sido completa, no se ha salvado ningún aspecto de la misma, ninguna misericordia para los vencidos. No se ha salvado la teología fundamental de referencia de la encíclica, la visión antropológica que subyace en ella, los problemas del conocimiento de la norma natural y revelada, la relación entre ambas, la relación entre la norma y la conciencia, la existencia de acciones que son siempre erróneas y que no deben hacerse en ningún momento, la valoración del papel de las circunstancias, el aspecto objetivo y público del pecado, la propia visión del pecado visto ahora como inadecuación en relación con un ideal, la posibilidad de reconocer jurídicamente acciones contrarias a la ley natural y la propia concepción de la ley moral natural.

 

Nada se salvó de la Veritatis splendor. La encíclica no existe. ¿Por qué conmemorarla?

LA DIGNIDAD HUMANA CONSERVADA EN FORMOL

 

Por Raul Magnasco *

 

La Prensa, 07.08.2023

 

Sabido es que los héroes reales existen, no usan capa, y habitualmente son anónimos.

 

Ese es el caso del Dr. Jorge Pérez, encargado del Servicio de Anatomía Patológica del Hospital de Rafaela, conocido recientemente por un fallo inédito, que ordena dar sepultura a 257 nonatos que fueron conservados durante años en frascos con formol.

 

Se trata de 257 fetos que perdieron la vida de forma natural –no provocada- pero que gracias a la decisión y el coraje, pero sobre todo al sentido humano del Dr. Pérez, en lugar de terminar en el tacho de basura del hospital, como ocurre lamentablemente en la mayoría de los hospitales, fueron conservados hasta el día de hoy.

 

Ello le permitió al médico, junto a su abogado Pablo Possetto, recurrir a la justicia para que ésta determine el destino humano que debía darse a los restos de tantos niños que nunca llegaron a nacer, lo que se concluyó con un fallo que ordena notificar a las madres que puedan contactarse para que determinen, en primer lugar, si desean dar la sepultura conforme a sus creencias religiosas, y adicionalmente asentar las respectivas defunciones en el registro civil.

 

Es que mas allá del caso rafaelino, lo que se ha sentado es un precedente único, ya que la legislación nada dice sobre la lamentable práctica de tirar a la basura los niños no-nacidos de menos de 500 gramos o 20 semanas de gestación, incluso frente a la denuncia de tantos padres que reclaman los cuerpos de sus hijos para sepultarlos o cremarlos, y poder cerrar una herida, tal vez la mas dolorosa de todas las que puedan imaginarse, porque sabido es también que perder un hijo representa el dolor mas grande que existe.

 

Gracias al fallo judicial, pero sobre todo al heroico acto del Dr. Jorge Pérez durante tantos años, varias madres ya pudieron cerrar la herida abierta tiempo atrás, y algunas se encuentran en trámite para asentar a su hijo con su nombre real (ya que algunos fueron registrados como NN). Pero mas allá del derecho de los padres que pierden un hijo a poder sepultarlo, independientemente del ridículo criterio fijado arbitralmente –y contra el mismo Código Civil- en función del peso o la edad, lo que está en juego es nada menos que el Derecho Humano a la Dignidad e Identidad, derechos que nos alcanzan a todos incluso después de morir.

 

Hace mucho tiempo que los argentinos nos debemos este debate, tanto porque estan en juego los Derechos Humanos fundamentales, como por la necesidad de poner fin al dolor de tantos padres que pierden a sus hijos y desean para ellos un destino mas humano que un tacho de residuos patológicos.

 

Si este fallo da comienzo a es debate, el aporte del médico rafaelino, no solamente habrá salvado del dolor a tantas familias, sino también del infame destino dado a tantos seres humanos que no tienen la misma suerte que nosotros de nacer.

 

* Presidente de la Fundación Mas Vida

LA EUTANASIA COMO DERECHO

 


 

NOTIVIDA, Año XXIII, Nº 1332, 3 de agosto de 2023

 

“Reivindicar el derecho al aborto, al infanticidio, a la eutanasia, y reconocerlo legalmente, significa atribuir a la libertad humana un significado perverso e inicuo: el de un poder absoluto sobre los demás y contra los demás” (EV 20).

 

Se realizó hoy en la cámara baja un panel con el título “La eutanasia como derecho”, organizado por la diputada Mara Brawer (FdT, Ciudad de BsAs), autora de uno de los proyectos que tramita en el Congreso (expte. 4855-D-2022).

 

Al abrir la jornada Brawer dijo que “todos tenemos derecho a decidir cómo terminar nuestras vidas y a decirle no al sufrimiento irreversible” y agregó que su proyecto no es algo aislado, porque hay expedientes de distintos bloques. Mencionó a todos los autores y cofirmantes de los proyectos de Juntos por el Cambio.

 

Las exposiciones

 

Mario Pecheny, Vicepresidente de Asuntos Científicos del CONICET, impulsor y miembro de la “Red de Cuidados, derechos y decisiones en el final de la vida” de ese organismo.

 

“Tenemos derecho a la eutanasia y al suicidio asistido, en el marco del derecho a tener derechos”. “En el caso de la eutanasia es el derecho a tener derechos en el fin de la vida o en una situación de dolor o sufrimiento subjetivamente insoportable”, afirmó. Distinguió entre el dolor (que se puede paliar) y el sufrimiento que “para los que lo padecen puede ser insoportable”.

 

“La eutanasia requiere de la cooperación del sistema de salud para ponerla en práctica, como otros derechos, por ejemplo, los derechos reproductivos”. Remarcó que “nadie está obligado a una práctica con la que no está de acuerdo y que puede haber objeción de conciencia en tanto se garantice institucionalmente el derecho”. Resaltó el principio “ético-liberal-democrático” que requiere “la separación de la Iglesia y del Estado”.

 

Carlos “Pecas” Soriano, médico especialista en emergentología que colaboró con la redacción del proyecto de eutanasia que presentó la camporista Gabriela Estévez y se conoce como “Ley Alfonso”. Autor del libro “Morir con dignidad en Argentina”.

 

“El estado es el responsable de garantizar las libertades individuales”, dijo citando a Kant y enfatizó: “el estado somos todos”.

 

Mencionó que hace 40 años que trabaja en terapia intensiva y trata con moribundos, y está “apasionado con el tema de la muerte digna”. Describió su experiencia con Alfonso Oliva un joven cordobés con ELA que no tenía grandes dolores, pero sí un “sufrimiento existencial” por el que no quería que otros pasaran. Remató con un poema holístico de su autoría.

 

Mario Sebastiani, obstetra del Hospital Italiano que durante años bregó por la legalización del aborto y ahora lo hace con la eutanasia.

 

“Siempre que hablo de estor temas estoy pensando en lo que va a pasar en esta Casa” dijo refiriéndose al Congreso, entonces preguntó “¿de quién es tu vida?”. Y con énfasis respondió: “mi vida es mía”. “¿Dónde está el dolorímetro? ¿Dónde está el sufrientómetro?, añadió.

 

“Le estamos pidiendo a los legisladores que le saquen las esposas a los médicos para que puedan ayudad a morir, que es una de las cosas que tiene que hacer la medicina”.

 

“Estamos cerca de la eutanasia” “porque ya tenemos órdenes de no reanimación”, “hoy tenemos la adecuación del sostén vital”, “uno puede resolver cuando está en el terreno de la futilidad”.

 

Le pidió a los diputados que no describan las situaciones en las que se puede acceder a la eutanasia porque, según considera, los médicos saben trabajar. La otra cosa que “le preocupa” es el Comité, que “tiene que ser muy ágil” y espera que “no esté tocado por la Academia Nacional de Medicina”, “ni por la Academia de Moral”, “ni por el judaísmo, ni por el catolicismo, ni por los otros que nunca me acuerdo como se llaman” (sic).

 

Al final pidió quitar la palabra “muerte”, de los discursos, “porque en este mundo latino no impacta bien”. “No hablamos de la muerte, hablamos de la vida”. “Van a legislar sobre la libertad”.

 

Graciela Jacob, médica y socióloga; coordinadora de la “Red de Cuidados, derechos y decisiones en el final de la vida” del CONICET.

 

“¿De qué hablamos cuando hablamos de eutanasia?”. “Eutanasia es la muerte que pide una persona que tiene un sufrimiento insoportable y es administrada por un médico”. “¿Alguien puede decir qué es insoportable para otro? preguntó y agregó “seguramente no”.

 

Acá hablamos del “derecho de la persona” y precisó que “si los familiares le piden al médico la eutanasia, ya no es eutanasia, es un homicidio medicalizado”.

 

Mencionó cifras de España y dijo que, en 2021, 173 personas solicitaron la eutanasia y sólo 75 la efectivizaron, 18 murieron en el camino y según Jacob “eso habla de la burocracia y mala calidad de la ley española”, 16 pedidos fueron descartados por el comité médico, 14 fueron presentadas y denegadas por el comité revisor, 7 se arrepintieron y otros la postergaron.

 

Aída Kemelmajer, ex ministra de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza que acompañó a los diputados radicales cuando presentaron el proyecto de eutanasia en su provincia.

 

“Si este proyecto sale sería un nuevo hito en la secularización del derecho”. “Todas las críticas vienen de los de siempre, de los que se niegan al que el derecho sea laico, como tiene que ser”. Habló del libro “Morir en libertad”, del Observatorio de Bioética de Barcelona, “que es un netamente laico”. El libro lleva ese título, como explicó la directora del observatorio, porque esto tiene que ver fundamentalmente con la “autonomía de la persona”, cosa con la que Kemelmajer coincide.

 

Recordó que el jurista Carlos Nino, fundándose en Kant, decía que “la autonomía es la capacidad del ser humano de decidir qué queremos hacer con nuestras vidas”. “En la conducta sobre sí mismo el individuo es soberano”, subrayó. 

 

Narró que en el art. 60 del Código Civil, al hablar de directivas anticipadas, tuvieron que agregar “que no impliquen prácticas eutanásicas”, “a pedido de la Iglesia” y remarcó “la importancia de la secularización”.

 

El cierre

 

Tras las exposiciones tuvieron una breve intervención Elisa “Kuky” Lisnofsky, psicóloga social entrerriana, fundadora de la ong “Eutanasia, derechos y final de vida” y Adriana Stagnaro una abogada y antropóloga que padece ELA.

 

Brawer cerró proponiendo la construcción de una red nacional por el “derecho a la eutanasia y al suicidio asistido” y exhortando a “luchar para que todos los argentinos tengan una vida y una muerte digna”.

 

Brawer cerró proponiendo la construcción de una red nacional por el “derecho a la eutanasia y al suicidio asistido” y exhortando a “luchar para que todos los argentinos tengan una vida y una muerte digna”.