DON BOSCO

DON BOSCO
"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"

JUAN IGNACIO GRANDE

 

 «La doctrina social de la Iglesia no es una ideología entre capitalismo y socialismo»

 

Ana Campos

 

El Debate, 16/10/2022

 

¿Soy libre? ¿Existe la justicia? ¿Tener hijos va en contra del planeta? Estas y otras preguntas centrarán los episodios de Luz del Mundo, un nuevo podcast de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y el Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala. Conducido por la periodista Ana Campos, el programa busca ahondar en las respuestas que da la doctrina social de la Iglesia (DSI) a cuestiones como la defensa de la vida, la economía o la relación con la naturaleza.

Los capítulos de Luz del Mundo se publicarán cada dos semanas en plataformas como iTunes, Spotify o el canal de YouTube de la ACdP. En el primer episodio, el secretario general del Instituto, Juan Ignacio Grande, dibuja las líneas básicas de la DSI y lamenta que esta no sea más conocida: «Constato un gran desconocimiento de la doctrina social de la Iglesia, incluso entre los propios católicos».

–¿De qué hablamos cuando decimos «doctrina social de la Iglesia»?

 

–De que a lo largo de la historia la Iglesia ha ido forjando un pensamiento abundantísimo como respuesta a los problemas sociales que iban surgiendo. El fruto de esta reflexión profunda es la doctrina social de la Iglesia. Pero atención: no se trata de una doctrina política ni económica, y tampoco es una ideología intermedia entre el capitalismo y el socialismo, sino una reflexión sobre qué necesita una sociedad para que podamos llevar una vida plenamente humana. Una existencia donde prime la dignidad de las personas y predomine la caridad evangélica.

–Algunos pensarán que la Iglesia no debe meterse en temas sociales.

–En la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, San Pablo VI hablaba de la fuerte conexión entre evangelización y desarrollo humano. Este Papa decía que entre ellos hay un vínculo antropológico -porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un hombre concreto, con problemas cotidianos- y uno de orden teológico: el plan redentor de Dios debe llegar a situaciones muy concretas, a injusticias que hay que combatir para restaurar la justicia. Por eso la Iglesia a veces se ve obligada a denunciar todo lo que pudiera haber de inhumano o contrario a la dignidad de la persona y sus derechos. Todo lo que no coincida con el proyecto de Dios para el hombre.

–¿Cuándo nace la doctrina social de la Iglesia?

–Esta nace realmente del llamamiento de Jesucristo, de la misión que nos da Dios: que pongamos su amor en acción, ocupándonos de las pobrezas de nuestros hermanos -materiales y espirituales- y dando preferencia a los más vulnerables, los más frágiles y los más necesitados. La predicación de Jesús acerca del Reino nos ha dejado claro la dignidad de todas y cada una de las personas, desde su concepción hasta su muerte. Todos somos hijos de Dios, hechos a su imagen y, por tanto, hermanos.

La DSI es dar existencia concreta a las decisiones coherentes con los valores del Reino de Dios

 

–¿La doctrina social de la Iglesia se dirige solo a los cristianos?

–Como decía, esta doctrina es el fruto de una atenta reflexión por parte del magisterio de la Iglesia sobre la vida del hombre en sociedad, y lo hace a través de la fe, sí, pero también de la razón natural. Precisamente por esto último, la doctrina social de la Iglesia tiene un carácter universal, se dirige a todos los hombres: todos podemos entender que la verdad, la justicia, la libertad, la paz o la caridad son valores que han de encarnarse en nuestra cultura y creencias.

–En este sentido, razón y fe se complementan

–Lo decía muy claro San Juan Pablo II, cuando explicaba que la razón y la fe son las dos alas con las que se eleva el espíritu humano para contemplar la verdad. La fe ilumina y completa nuestra razón, que es limitada, pero la doctrina social de la Iglesia se sirve también de las ciencias sociales. Eso sí, con cautela, porque muchas veces estas incluyen aspectos hostiles, que no son neutrales o que asumen visiones antropológicas distintas a la cristiana.

–¿Qué metodología sigue la doctrina social de la Iglesia?

–Se resume en tres palabras: ver, juzgar y actuar. «Ver» es percibir la realidad con sensibilidad, y preocupación, atentos a los rostros humanos. Es percibir con la inteligencia de la razón y la fe las situaciones de injusticia y los sistemas que se convierten en estructuras de pecado. «Juzgar» es valorar esta realidad, interpretando qué es y qué no es proyecto de Dios. «Actuar», por último, es comprometerse en actuaciones concretas, dar existencia concreta a las decisiones coherentes con los valores del Reino de Dios.

–¿Qué se incluye, en concreto, dentro de la doctrina social de la Iglesia?

–Primero, una serie de valores fundamentales de la vida social, como la verdad, la libertad, la justicia o la caridad. También se recogen una serie de principios de reflexión que deben presidir la construcción de una sociedad digna del hombre: están los principios originarios sobre Dios, Jesús o la dignidad humana- y luego los que se desprenden de estos, como el principio de solidaridad, el de subsidiariedad, el de justicia social o el del destino universal de los bienes. Encontramos también criterios de juicio para analizar la realidad social –prudencia, capacitación profesional, experiencia, una conciencia formada…–y directrices para orientar la acción, como el respeto a la persona, el compromiso con la paz o el ejercicio del diálogo.

–¿Dónde se encuentra la doctrina social de la Iglesia?

–Se ha ido sistematizando en una serie de documentos, comenzando por la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, que estudia los problemas sociales que surgieron a finales del siglo XIX. Este texto abrirá un modelo que continuarán los pontífices posteriores hasta nuestros días, con el magisterio social del papa Francisco.

CATECISMO, NECESARIO Y OLVIDADO


Jorge Piñol

 

Religión en Libertad, 11-10-22

 

En este 11 de octubre se cumplen 30 años de la constitución apostólica Fidei depositum, con la cual San Juan Pablo II ordenó la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica.

Las palabras del Papa estaban llenas de satisfacción y entusiasmo por el trabajo realizado.

Latía el convencimiento de que el Catecismo “responde enteramente a una necesidad de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares”.

Leemos también en la Fidei depositum: “De todo corazón hay que dar gracias al Señor en este día en que podemos ofrecer a toda la Iglesia… este texto de referencia para una catequesis renovada en las fuentes vivas de la fe”.

Y más adelante: “Este Catecismo es una contribución importantísima a la obra de renovación de la vida eclesial, deseada y promovida por el Concilio Vaticano II”.

El Catecismo era necesario. Se veía particularmente necesario veinte años después del Concilio. La confusión generada en los años siguientes al Concilio era muy grande. Lo dijo con claridad el entonces cardenal Ratzinger: “Puesto que la teología ya no parece capaz de transmitir un modelo común de la fe, también la catequesis se halla expuesta a la desintegración, a experimentos que cambian continuamente. Algunos catecismos y muchos catequistas ya no enseñan la fe católica en la armonía de su conjunto, sino que buscan hacer humanamente interesantes (según las orientaciones culturales del momento) algunos elementos del patrimonio cristiano. (…) Consecuencia: no una catequesis comprendida como formación global en la fe, sino reflexiones y ensayos en torno a experiencias antropológicas parciales, subjetivas” (Informe sobre la fe).

El Catecismo era necesario porque es realmente determinante para el cristiano saber lo que cree. “Y puesto que la fe es un acto que abarca todas las dimensiones de nuestra existencia, siempre tiene que ser de nuevo reflexionada y de nuevo manifestada; por eso los grandes temas de la fe -Dios, Cristo, Espíritu Santo, Gracia y Pecado, Sacramentos e Iglesia, Muerte y Vida Eterna- nunca son temas ya superados, sino siempre son los temas que más profundamente nos afectan” (Joseph Ratzinger, Evangelio, catequesis, catecismo).

¿Cómo puedo decirme católico, si “mi fe” y “mi moral” están calcadas muchas veces sobre los imperativos de la cultura dominante y el mero sentimiento personal?

Con toda razón afirmaba el mismo sabio cardenal Ratzinger en 1985: “La regla de la fe, hoy como ayer, no se halla constituida por los descubrimientos (sean estos verdaderos o meramente hipotéticos) sobre las fuentes y sobre los estratos bíblicos, sino sobre la Biblia tal como es, tal como se ha leído en la Iglesia, desde los Padres hasta el día de hoy. Es la fidelidad a esta lectura de la Biblia la que nos ha dado a los Santos, que han sido con frecuencia personas de escasa cultura… y sin embargo han sido ellos los que mejor la han comprendido” (Informe sobre la fe).

Esta crisis acerca de la catequesis ya la había diagnosticado con claridad e insistencia San Pablo VI. Un buen ejemplo sintético lo tenemos en una alocución del 27 de abril de 1975: “La verdad debe ser la raíz de la acción, de la libertad. Lo dijo el Señor: 'La verdad os hará libres'. No va por buen camino quien antepone la acción al pensamiento, la praxis a la doctrina, el voluntarismo a la sabiduría”.

 

El Catecismo de la Iglesia Católica era necesario para tener “un texto de referencia seguro y auténtico para la enseñanza de la doctrina católica” (Depositum fidei), en el desconcierto del creciente relativismo mundano, introducido también en tantas mentes de católicos.

 

Aquella necesidad de hace décadas no cesó. En la medida en que las nuevas ideologías y sus poderosos recursos para “modelar” las opiniones y los deseos de los hombres se van imponiendo y extendiendo, nos encontramos en más grave estado de confusión y de vacío espiritual, y por consiguiente más perdidos en el mar de la historia.

A pesar de esta aguda necesidad, muy bien atendida por el Catecismo, no parece que en este momento haya una memoria viva y un importante reconocimiento de este texto magisterial, tan válido hoy como ayer.

En este “olvido” influirá seguramente el hecho de que en muchos ámbitos eclesiales se ha hablado mucho, con sentido dialéctico y sin más distinciones, de ser “pastores”, y no “doctrinarios”.

Según ese discurso, algunos opinan que afirmar las verdades de la fe y de la moral sería un acto inevitablemente intolerante, duro, farisaico. En todo caso manifestaría demasiada confrontación con la visión del mundo que se va imponiendo. Habría que silenciar toda referencia a la verdades de alcance universal.

En las últimas décadas se han escrito textos influyentes, para catequistas, con expresiones como estas: “Un cambio radical de la imagen del hombre”, “abrirse a las corrientes universales”, “hacia la superación de todo dogmatismo”, “el cristianismo se inventa de nuevo”…

Fuertes signos de un gran complejo o de una ingenua asimilación de la “cultura dominante”, con graves consecuencias para la fe y para el sentido común.

Un complejo que los santos de todos los tiempos, los Padres, los Doctores, los Pastores y los Mártires ciertamente no tuvieron. Sabían con toda convicción que necesitamos de la verdad tanto o más que de la luz del sol. Y creían con toda certeza que la Verdad total sobre Dios y sobre el hombre se nos ha revelado en Cristo. Precisamente de esto trata de modo claro, completo y autorizado el Catecismo de la Iglesia Católica.

Valgan estas líneas como modesto homenaje y recordatorio de este don de la Madre Iglesia para alimento de la fe, la esperanza y la caridad de sus hijos.

 

Jorge Piñol, CR es doctor en Teología con la tesis 'Revelación, redención y recapitulación en los misterios de Cristo, según el Catecismo de la Iglesia Católica'.

LA LITERATURA


 y la Doctrina Social de la Iglesia

 

Fabio Trevisan

 

Observatorio Van Thuan, 14-10-22

 

Boletín N° 3/2022

 

La doctrina social de la Iglesia siempre ha tenido la capacidad de responder, con sus principios y valores fundamentales, a los diversos ámbitos de la vida humana y social, incluida la literaria. La gran literatura se ha puesto en relación de influencia recíproca con la doctrina social y el Magisterio de la Iglesia y este número del Boletín destaca su aporte y aporte mutuo, a través del examen de algunos autores, católicos y no católicos, provenientes de diferentes áreas del mundo. La fecundidad de esta relación entre la literatura y la doctrina social de la Iglesia no sólo nos permite descubrir algunos elementos quizás poco conocidos de los autores tratados, sino que nos brinda la oportunidad de captar más profundamente esa circularidad entre fe y razón que nutre la literatura. camino, la investigación y el crecimiento humano y espiritual. La intención de este folleto es, pues, que, más allá de la imposible pretensión exhaustiva de considerar los innumerables aspectos de la comparación/relación "literatura y doctrina social de la Iglesia", verifique cuánto algunos temas de la gran literatura pueden hacernos comprender mejor los principios y los valores propuestos por la doctrina social y, viceversa, en qué medida estos mismos argumentos pueden haber sido tomados prestados de la enseñanza social de la Iglesia.

 

Sub speciae aeternitatis

 

La escritora estadounidense Flannery O'Connor ha asumido, en su obra, la perspectiva de mirar el mundo a través de la categoría sub speciae aeternitatis, poniendo en juego su propia libertad y convirtiéndose en co-actriz de la gracia divina. En su última visión, O'Connor quiso captar los signos de un plan providencial incluso en una humanidad desfigurada por el pecado, en la que la marginación de la fe había llevado a la pérdida progresiva de las raíces cristianas. Interpretando la vida y su quehacer como una lucha por hacer un mundo mejor, Flannery O'Connor se planteó como provocadora para sacudir conciencias y sobre todo para recuperar a fondo esa libertad que, como hijos de Dios, tuvimos y que en parte tenemos. perdió. Concibiendo la vida como un don, la poeta estadounidense no solo no se quedó como espectadora inerte en la lucha entre el bien y el mal, arrojándose con fuerza contra el principio de autodeterminación que ha caracterizado cada vez más a nuestra sociedad, sino que ha radicalizado el concepto mismo de la libertad como una elección entre el cielo y el infierno. Para renovar seriamente el tejido social, recordó Luca Fumagalli, es necesario recuperar con O'Connor "el discreto encanto de empolvar", lo que equivale a decir que para animar cristianamente la tempestad, es necesario recuperar la decisión de ensuciarse también las manos y la cara, es decir, sudar, luchar, luchar por la mayor gloria de Cristo, también socialmente.

 

Ni me muero si me matan

 

Giorgia Pinelli recordó el compromiso de Giovannino Guareschi en defensa de los principios innegociables (defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, de la familia como unión indisoluble entre un hombre y una mujer y la educación de los hijos). El padre literario de los célebres Don Camilo y Pepón analizó de manera original la delicada relación entre misericordia y justicia, tanto desde el punto de vista del individuo como de la comunidad. En la paradójica expresión: "No muero aunque me maten" , Guareschi expresó y reiteró su permanecer vivo internamente en las condiciones de un prisionero en los campos de concentración alemanes, ofreciendo así a toda la humanidad la posibilidad de redención contra aquellos que habían aniquilación material planificada y espiritual.

Aún en las condiciones de estar abrumados por el hambre, el frío y la nostalgia, las tres musas inspiradoras de la Fábula de Navidad (obra concebida y escrita en cautiverio), Guareschi concibió y llevó a cabo la reconstrucción de una civilización humana y cristiana, un mundo ordenado, un archipiélago de la humanidad, permitiendo que la brutalidad del campo de concentración sacara a relucir la visión sobrenatural del hombre. En esta dimensión trascendente, acertadamente señaló Pinelli, Guareschi elaboró ​​una doctrina social en el campo de concentración, como atestiguan las páginas de su diario clandestino .

 

La ortodoxia y la doctrina social de la Iglesia

 

El sentido de la gratitud y el alto valor de la libertad acompañaron la existencia y obra literaria de Gilbert Keith Chesterton. Todos los principios y valores expresados ​​por la Doctrina Social de la Iglesia están dispersos, como señaló Marco Semarini, en las novelas, ensayos, poemas y hasta en los dibujos del gran autor inglés. No fue un escritor aislado y polémico, hostil a la vida social; Chesterton supo dialogar verdaderamente con todos, preservando la ortodoxia y armonizando, de manera original y profunda, los principios de la doctrina social cristiana.

Estudiando el Magisterio de la Iglesia, en particular el de León XIII, elaboró ​​la idea distributista de la difusión responsable de la pequeña propiedad, asumiendo también un compromiso político para preservar el orden natural de las cosas, que vio sacudido por la hegemonía capitalista. En la visión chestertoniana, pues, como acertadamente observó Semarini, la idea de colaboración entre los hombres y las familias y la de cooperación en el trabajo y la educación, han anticipado las demandas de sana libertad que, en nombre de un correcto principio de subsidiariedad y finalizados al verdadero bien común, se han realizado y se realizan todavía en el cuerpo social. En este sentido, debe considerarse fundamental el valor atribuido a la propiedad como instrumento de libertad y ejercicio concreto de la misma.

 

Vivir sin mentiras

 

En la obra de Aleksandr Isaevic Solzenycin encontramos, como observó Alessandro Gnocchi, los conceptos fundantes de toda vida civil: fe, martirio, memoria. En la tierra del Archipiélago Gulag, donde el escritor ruso fue condenado a veinte años de exilio, pueblo y destino confluyen en una geografía diseñada por la fe, por el retorno a la ortodoxia y al alma de la Santa Madre Rusia. En su célebre exhortación: “Vivir sin mentiras” , Solzenycin testimonia cristianamente que se niega a participar no sólo en la construcción de un totalitarismo mentiroso, sino a vivir para la verdad siguiendo a Cristo, Camino, Verdad y Vida. Indicó, como Guareschi, la posibilidad de resistir incluso dentro de los campos de concentración, salvando así el alma.

No es casualidad que, subrayó Alessandro Gnocchi, Solzenycin haya titulado “El alma y el reticulado” la parte del Archipiélago Gulag dedicada al propio renacimiento espiritual. Aquí, en esos lugares construidos para olvidar a Dios, podrían resonar los principios y valores inscritos en la doctrina social cristiana y fortalecerse los lazos más íntimos entre la Encarnación, la Cruz y la Resurrección mediante la acción fecunda del Espíritu Santo. Solzenycin tradujo el concepto de zemstvo por el de subsidiariedad, encontrando en el vínculo con su propia tierra, su propio suelo sagrado, el fundamento de toda realidad social no concebida como una yuxtaposición de individuos. La verdadera subsidiariedad para Solzenycin no radica tanto en la división de competencias entre el Estado y la sociedad civil, cuanto en la presencia del “Justo”, de aquel que, donde está, une el Cielo y la Tierra con su propia vida.

 

La bondad ilimitada de Dios

 

Joseph Roth hizo explícito en el ensayo "El Anticristo" el furor del mal en el mundo, subrayando la contribución "diabólica" de las herramientas de comunicación masiva. El escritor austríaco de origen judío expresó en sus obras una crítica radical al laicismo de la modernidad, lo que le llevó a declararse públicamente convertido al catolicismo, también por la falta de sentido que le produjo la inútil matanza de la Primera Guerra Mundial. Como observó Carlo Primerano, Roth alabó la ilimitada benevolencia de Dios y Su Logos, dándonos como criaturas la capacidad de usar la razón para investigar. En lo que Roth no dudó en llamar “la gracia de la razón” estuvo la excelente contribución que hizo para el redescubrimiento de los principios y valores inscritos en la Doctrina Social de la Iglesia, que permitió por un lado encontrar el infinito benevolencia divina y, de otro, percibir la pérdida de sentido, el desorden, el mal. Desde esta perspectiva, la nostalgia de Joseph Roth por un mundo perdido (el imperio austrohúngaro, pero no sólo) se expresa en la convicción de que Austria era, incluso antes de ser una patria, una religión que había que salvaguardar. En el apólogo de Andreas, el santo bebedor, como señaló Primerano, captamos la invocación a la misericordia y la idea del perdón cristiano en Joseph Roth y el papel de la Iglesia Católica y sus Divinos Sacramentos.

 

La sociedad orgánica de la Tierra Media

 

Paolo Gulisano encontró en la gigantesca obra de Tolkien, en particular en el célebre El Señor de los Anillos, una enérgica defensa de la ley natural e, implícitamente, de los principios de la doctrina social de la Iglesia: "El bien y el mal no han cambiado en el espacio de un año y no son una cosa entre elfos y enanos y otra entre hombres. Depende de cada uno de nosotros discernirlas”. Lejos de cualquier ideología, el legendarium de Tolkien expresa así una concepción del ser, una visión de la vida que refleja una teología providencial de la historia.

Gulisano también apuntó que en Tolkien la crítica a la modernidad, al globalismo, a la homologación masiva va de la mano con el renacimiento de la sociedad orgánica de la Tierra Media, de los pequeños hobbits que defienden su Comarca, su pequeño mundo. Por tanto, en la concepción católica de Tolkien, queda en un segundo plano la lucha entre el bien y el mal, la condición de la naturaleza marcada por el pecado original y la obra redentora de las pequeñas criaturas, los hobbits, asistidos por fuerzas y poderes sobrenaturales. La sensibilidad artística de Tolkien, proveniente de fuentes humanas y cristianas vivas, invitaba a todos sus innumerables lectores a privilegiar lo bello, lo bueno ya no sucumbir a la tentación del desánimo, la fealdad y el mal.

 

Las extrañas pietas del leopardo

 

Roberto Pecchioli ha examinado, en la obra de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, algunas frases y adjetivos que han provocado la incomprensión del escritor siciliano. Una de las frases más usadas es: “Si queremos que todo siga como está, todo debe cambiar”. Así como el adjetivo “leopardo” se ha convertido en sinónimo de traidores, “todo cambia” ha perjudicado una estrategia política que ha frenado el crecimiento del llamado “Mezzogiorno”. En la realidad de la novela Il Gattopardo, como observa Pecchioli, además de la recurrencia de la ineficacia de la apelación al pasado, surge una extraña pietas en el protagonista, el príncipe de Salina, que no se nutre de la trascendencia y por tanto queda atrapado en el patetismo de la belleza y de la nostalgia.

En el palacio de Salina aún se reza el Rosario, aún se conservan las reliquias pertenecientes al pasado, pero falta la fecundidad de la vida cristiana, los principios y valores expresados ​​por la doctrina social de la Iglesia. El refugio de don Fabrizio en la astronomía testimonia que su actividad de escrutinio no es una observación de las estrellas en busca de un fin sobrenatural sino un repliegue, un repliegue sobre sí mismo en previsión de un fin inminente.

 

Principio de solidaridad y bien común

 

Clive Staples Lewis abordó los temas del afecto, el eros, la amistad y la caridad en el ensayo: “Los cuatro amores” . Lewis habló de la amistad extendiéndola al principio de la solidaridad y del bien común, según la Doctrina Social de la Iglesia. El carácter de sana amistad constituía así una relación entre las personas, en el sentido de mutua elevación desde el punto de vista espiritual y cultural, orientada hacia el verdadero bien común. En las treinta y una cartas escritas por el diablo Berlicche al joven e inexperto Malacoda, Lewis subraya con humor y sabiduría teológica los obstáculos que la inteligencia diabólica pone al bien común, a la salud y salvación del alma. El trabajo de Berlicche para alejar de la cabeza del hombre la realidad concreta, así como la constante tentación de proyectarlo en un futuro hipotético, tiene el sentido de hacerle abandonar el control de la realidad, los deberes del presente, la formación de una conciencia.

 

George Mackay Brown pasó la mayor parte de su vida en la pequeña comunidad del archipiélago escocés de Orkney, en exilio voluntario. En su obra, como señaló Luca Fumagalli, trató de describir la esencia de la realidad y el misterio que la impregna, hasta el punto de que podemos hablar de Lectio Divina. Para el escritor escocés, en quien la lectura del cardenal Henry Newman fue decisiva para su conversión, el catolicismo era un matrimonio perfecto entre belleza y verdad. Las Islas Orkney se convirtieron así en el emblema de un detalle que es reflejo de lo universal, es decir, de un pedazo de tierra que remite a Dios Todopoderoso.

Para Mackay Brown, la literatura no es solo un reflejo de la belleza sino que tiene un impacto social, en armonía con los principios expresados ​​por la doctrina social cristiana. Cuando él, como buen isleño, repetía que “ningún hombre es isla”, pretendía oponerse al individualismo y a las fuerzas centrífugas de la modernidad que llevaban a la destrucción de la sociedad tal como la entendía el cristiano y de ese modelo comunitario que amaba, de unidad en la diversidad, que se reflejó en la Iglesia universal.

 

 

 

 

 

 

 

LA LEY LUCIO

 


NOTIVIDA, Año XXI, Nº 1303, 13 de octubre de 2022

 

El proyecto que prevé la “capacitación obligatoria de funcionarios públicos en prevención y detección temprana de la violencia contra los niños” (Ley Lucio) obtuvo despacho en la Comisión de Familia, resta que lo estudie Presupuesto.

 

El expediente (4902-D-2021) fue promovido por el diputado Martín Maquieyra y cofirmado por más de una treintena de diputados de Juntos por el Cambio.

 

La presentación se hizo tras el crimen de Lucio Dupuy un niño de 5 años asesinado brutalmente por su madre Magdalena Expósito Valenti, de 24 años, y su pareja Abigail Páez, de 27 años. El equipo forense que realizó la autopsia detectó que el pequeño había sido torturado durante largo tiempo, presentaba fuertes golpes, quemaduras de cigarrillos y mordeduras. Algunas lesiones eran recientes y otras antiguas.

 

El dictamen unificó el proyecto de Maquieyra con los exptes. 5220/2022 de Paola Vessvessian (FdT, Sta Cruz) y 2940/2022 de Roxana Reyes (UCR, Sta.Cruz)

 

Durante la reunión de comisión realizada hoy Maquieyra agradeció la lucha de los abuelos de Lucio, presentes en la sala y destacó tres puntos de su proyecto: 1) la capacitación a todo el personal para que nadie deje de denunciar (Lucio tuvo 5 entradas distintas en el hospital), 2) las campañas de concientización para que todos conozcan las alertas tempranas y 3) la reserva de identidad para que nadie tenga temor a denunciar. Resaltó que en La Pampa hay una denuncia diaria por abuso infantil.

 

Vessvessian pidió seguir trabajando sobre las alertas tempranas y enfatizó que el proyecto rescata el derecho del niño a ser oído y el rol del Consejo Federal de Niñez.

AGENCIAS DE LA ONU


 y expertos ignoran las decisiones de la Asamblea General

 

By Rebecca Oas, Ph.D.

 

30 de Septiembre 2022 (C-Fam)

 

 La agencia de ONU Mujeres publicó recientemente un informe denunciando las restricciones legales al aborto como un obstáculo para lograr los Objetivos de Desarollo Sostenible (SDGs). Esta semana, un grupo de expertos en derechos humanos de la ONU publicó una afirmación declarando que el “aborto seguro” sea un derecho.

 

En ambos casos, los burócratas de la ONU y los expertos han ignorado e incluso contradicho los resultados acordados de las negociaciones entre los países miembros de la ONU, quienes nunca han acordado un derecho a abortar.

 

Los SDGs, el documento rector del sistema de la ONU, fueron el producto de meses de meticulosas negociaciones, incluyendo la involucración directa de jefes de estado. En el texto final, las referencias a “salud sexual y reproductiva” y “derechos reproductivos” fueron aceptados definidos explícitamente como no inclusivos de un derecho al aborto. Lo que es más, las leyes respecto al aborto se dejaron por determinar al nivel nacional.

 

Uno de los copresidentes del grupo de trabajo supervisando las negociaciones de SDG fue Csaba Kőrösi, un diplomático húngaro quien está actualmente sirviendo como el presidente de la Asamblea General de la ONU. Queda por ver si plantea lo que ahora es una contradicción flagrante entre las declaraciones de ONU Mujeres y los Estados Miembros de las Naciones Unidas.

 

El lenguaje de “salud reproductiva” estuvo entre lo último acordado durante la maratoniana sesión final de las negociaciones, la cual se extendió a lo largo de la noche y la tarde del día siguiente.

 

Desde 2019, ONU Mujeres ha publicado una “instantánea de género” siguiendo el progreso del logro de los objetivos SDG relacionados con mujeres y muchachas. La nueva publicación se refiere a “sorprendentes carencias” en el acceso de las mujeres a la salud sexual y reproductiva, incluyendo “restricciones legales, incluyendo la criminalización del aborto”.

 

Las ”instantáneas de género” previas se han enfocado en otros aspectos de la salud, incluyendo las tasas de mortalidad maternas, la presencia de personal cualificado durante el nacimiento y el acceso a la planificación familiar, los cuales son consistentes con los objetivos acordados y los indicadores oficiales de los SDGs. El aborto, y específicamente su estatus legal, caen fuera de ámbito de los SDGs, como se negoció por los Estados Miembros de la ONU.

 

También cae fuera del mandato de los expertos en derechos humanos de la ONU y comités, y los tratados de derechos humanos cuyos textos fueron también el resultado de largas y detalladas negociaciones por gobiernos nacionales. No obstante, un grupo de encargados de derechos humanos de la ONU emitieron una declaración esta semana commemorando el Día Mundial de la Contracepción y el Día Internacional del Aborto Seguro, conmemorados el 26 y 28 de Septiembre, respectivamente.

 

La declaración comienza refiriéndose a los “reveses al derecho a la salud sexual y reproductiva, incluyendo el derecho a un aborto seguro”. También cita a la Organización Mundial de la Salud en referencia a las muertes debidas al aborto “inseguro” como “causadas por el fallo en proporcionar aborto seguro”.

 

Este supuesto de que el aborto es inevitable y puede solamente ser “seguro” o “inseguro” contradice el acuerdo en ICPD, el cual afirma que a las mujeres se les deben proporcionar alternativas al aborto.

 

La declaración de los expertos avanza más allá en asuntos que han fracasado repetidamente en ser acordados por consenso insistiendo en que las “estrategias de salud sexual y reproductiva” sean adaptadas a las necesidades de “mujeres lesbianas y bisexuales, hombres trans, y todo género diverso de personas para quienes son relevantes”.

 

Queda por ver si la Asamblea General—y su presidente—tomarán acción para clarificar el estado del consenso internacional sobre estos controvertidos asuntos e intenten crear alguna responsabilidad para los expertos y burócratas que exceden sus mandatos.

LA PROPIEDAD PRIVADA

 


 

Mons. Giampaolo Crepaldi

 

Brújula cotidiana, 06-10-2022

 

"Es justo decir que el destino universal de los bienes se realiza a través del acceso a la propiedad privada, pero esto no significa que la propiedad privada sea sólo el instrumento para realizar el destino universal de los bienes. Dios ha fundado ambos principios para que no pueda haber un destino universal de los bienes sin el trabajo que legitima la propiedad". Son palabras de la Lectio magistralis de monseñor Crepaldi en la Jornada de Doctrina Social promovida por el Observatorio Van Thuan y la Brújula Cotidiana.

 

La Doctrina Social de la Iglesia siempre ha defendido y enseñado que el derecho a la propiedad privada es un derecho natural, por tanto indisponible, originario, verdadero, perfecto y estable. Podemos definirlo como el derecho a poseer y utilizar de forma exclusiva el fruto del trabajo y del ahorro en beneficio propio, de la familia y de la sociedad.

 

El hombre es un alma encarnada y, por tanto, necesita poseer algo para vivir, sin lo cual ni él ni su familia podrían ser libres. Como todos los derechos, el derecho a la propiedad surge de un deber, el de mantenerse a sí mismo y mantener a su familia. Además, se dice que es un derecho natural tanto porque está inscrito en la naturaleza humana como porque la razón lo reconoce .

 

Este derecho, por tanto, libera a los individuos y a las familias, los arraiga en relación con lo real y les permite disponer de un espacio vital, los acostumbra a vivir en un contexto concreto y a apreciar la tradición, al tiempo que los preserva de la dispersión del anonimato, permite la maduración de la responsabilidad respecto al uso de los bienes, y también funda la caridad mediante el compromiso moral con el prójimo. Sin el apego a la propiedad, los individuos y las familias serían meras terminales de un sistema político estatal o global y serían manipulables, condicionables y chantajeables.

 

La propiedad privada está relacionada con el trabajo, los salarios justos, el ahorro, la fiscalidad, el sistema bancario, la inflación, las concentraciones productivas y financieras, y el papel del Estado en la economía. Por lo tanto, este derecho es fundamental para la vida social y debe entenderse correctamente.

 

Hoy tenemos que ver la persistencia de viejas amenazas a este principio y la aparición de otras nuevas. Las viejas amenazas provienen, por ejemplo, de un retorno del comunismo en Occidente, especialmente en América Latina. Sin embargo, también están surgiendo nuevas amenazas, que, sorprendentemente, se intentan llevar a cabo en los propios sistemas políticos liberales. Las posibilidades que la tecnología, especialmente la digital, ofrece ahora para el control social motivado por emergencias sociales reales, o más a menudo construidas o al menos instrumentalizadas, proporcionan nuevos escenarios inquietantes. No hay que olvidar que cuando la propiedad privada fue abolida en la historia, en realidad no fue más que su traspaso a otras manos. Ahora hay formas de limitación, control y eliminación de la propiedad privada que no esperábamos. Incluso en el llamado Occidente "libre", el comportamiento se induce a través de recompensas o castigos en la gestión de las propias posesiones. Teniendo en cuenta estas novedades, me propongo hoy hacer algunas observaciones sobre algunos puntos controvertidos que necesitan ser aclarados sobre la naturaleza del principio del derecho natural a la propiedad privada. Me centraré en los tres aspectos que la situación que vivimos actualmente pone de manifiesto con especial viveza.

 

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Un primer aspecto que hay que aclarar se refiere a la relación entre el principio de la propiedad privada y el del destino universal de los bienes.

 

Las incertidumbres que también están presentes en el debate actual, y que pueden alimentar políticas equivocadas, se refieren a la cuestión de si una prevalece sobre la otra. El Magisterio de la Iglesia siempre ha enseñado que la propiedad privada "depende" del destino universal de los bienes. Sin embargo, sería un error entender la palabra "depende" como si esta fuera original y la propiedad privada fuera un principio derivado. Esto desvirtuaría su carácter natural, es decir, ligado a la naturaleza humana, y por tanto original, ya que lo esencial es también dado por Dios en el mismo momento en que la naturaleza se sitúa en la realidad a través de la creación. Si la propiedad privada es un derecho originario, como también enseña el Magisterio de la Iglesia, entonces no puede "depender" de nada más, está ahí desde el principio y por derecho propio. Más bien, la palabra "depende" significa que ese principio debe estar necesariamente conectado con el otro principio del destino universal de los bienes. Sin embargo, esto también debe ocurrir en el sentido contrario, es decir, el principio del destino universal de los bienes debe conectarse con la propiedad privada y, por tanto, "depender de ella".

 

La dependencia de uno sobre el otro no indica una prioridad de uno sobre el otro, sino una relación recíproca igual y complementaria, no accidental, sino sustancial, como exige la naturaleza específica de cada uno de los dos principios. Hay que evitar la tesis de que una es primaria y la otra secundaria. Se puede decir que una depende de la otra, pero no se puede decir que una sea secundaria a la otra.

 

También hay que señalar que esta reciprocidad no indica un principio único. Incluso este enfoque podría crear varios malentendidos. Los dos principios deben mantenerse distintos como igualmente originales, pero instituidos por Dios Creador "juntos": no primero uno y luego el otro, sino juntos, es decir, de modo que uno no puede permanecer sin el otro. Dios no dio a los hombres la tierra para que recibieran una parte -o cuota, o tajada- de ella en propiedad y luego explotaran esa porción recibida. Dios dio a los hombres la tierra para que con su trabajo la distribuyeran también entre ellos y la hicieran fructificar, con empeño, esfuerzo y justicia. No la dio para que luego y eventualmente lo trabajaran, sino que la dio como objeto de trabajo y estableció el trabajo como el acto del hombreque legitima su propiedad. Al mismo tiempo, fundó ambos principios de que no puede haber un destino universal de los bienes sin que el trabajo legitime la propiedad.

 

Esto advierte de otro posible peligro, el de entender los dos principios como instrumentales el uno del otro. Es correcto decir que el destino universal de los bienes se realiza a través del acceso a la propiedad privada. Pero esto no significa que la propiedad privada sea solo el instrumento para realizar el destino universal de los bienes. Esa sería otra forma de considerarlo un principio secundario. La propiedad privada ya existe en el destino universal de los bienes y viceversa.

 

Estas aclaraciones no se limitan a definiciones abstractas, ya que están vinculadas a planteamientos políticos concretos muy diferentes. En el período histórico que vivimos, en el que, como ya se ha señalado, se están produciendo diversas amenazas a la propiedad privada, afirmar su carácter secundario respecto al destino universal de los bienes corre el riesgo de alimentar los intentos que se están produciendo. Por otra parte, una simple reivindicación de la originalidad de la propiedad privada, si no va acompañada de la afirmación de su complementariedad sustancial con el destino universal de los bienes, nos pondría en manos de una libertad sin verdad.

 

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Paso ahora a un segundo aspecto que puede prestarse a malentendidos. Me refiero a la naturaleza tanto personal como social del derecho a la propiedad privada y a la famosa distinción hecha por León XIII y siempre confirmada por los papas, entre posesión y uso de la propiedad.

 

También aquí podemos encontrar instrumentalizaciones inadecuadas. Hay que considerar que estos dos aspectos, el personal y el social, están presentes desde el principio y esencialmente en el derecho de propiedad. La dimensión social no se añade "después" de la titularidad y el ejercicio del derecho, como si este no fuera social y requiriera una intervención posterior para adquirir esta dimensión. Cuando la persona, empleado o empresario, desarrolla su propiedad para el bien de su persona y su familia, también crea un valor social. Evidentemente, esto no se produce de forma automática, sino que se debe a que las cualidades morales del trabajador y empresario deben estar ya presentes desde el principio en su actividad de promoción inmobiliaria, y no añadirse a posteriori.

 

Pensar lo contrario sería separar la economía de la ética. Precisamente para evitar que se piense en términos automáticos, según los cuales toda forma de trabajar y toda forma de hacer negocios sería válida en sí misma, la Iglesia nos invita a distinguir -pero nunca a separar- el derecho y el uso. Sin embargo, hay que tener cuidado. El uso no puede tener efectos retroactivos en la ley. Un mal uso de la propiedad no justifica la negación de ese derecho.

 

Además, el uso social, como dimensión ética del derecho, afecta a ese derecho desde el principio; no lo justifica en el plano jurídico, sino que lo legitima en el plano moral. No es admisible, para la Doctrina Social de la Iglesia, separar el derecho y el uso, haciendo que el uso intervenga después e independientemente del derecho. Este enfoque se prestaría a muchas desviaciones en las políticas de propiedad privada. La principal es que atribuye al Estado o, en general, al poder político, la capacidad de garantizar desde arriba el buen uso de la propiedad privada, que en cambio es responsabilidad primera del trabajador o empresario.

 

De hecho, tienen el deber de mantener a sus hijos y, por tanto, no solo tienen el derecho a la propiedad, sino también la primera palabra sobre su uso. Los impuestos sobre la propiedad, motivados para corregir políticamente el mal uso de la propiedad privada o para garantizar su dimensión social, o las confiscaciones sin indemnización, son prácticas contrarias a la Doctrina Social de la Iglesia porque no respetan el principio de la propiedad privada y porque atribuyen al Estado un poder que no tiene, a saber, imponer un uso social arbitrariamente establecido por él mismo .

 

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Como último momento de esta charla, me gustaría decir unas palabras sobre la difusión participativa de la propiedad privada y su opuesto, la concentración de la propiedad en pocas manos . El Magisterio Social se ha ocupado de estos dos aspectos. En cuanto a la primera, siempre ha afirmado que la propiedad debe difundirse porque está relacionada con la familia, la libertad y las raíces del sentido. Esta es la mejor manera de realizar el destino universal de los bienes: fomentar la participación en la propiedad a través del trabajo. En cuanto a la segunda, siempre advirtió contra las tendencias inherentes a la propia economía hacia los monopolios y oligopolios que ponen el destino de muchos en manos de unos pocos.

 

Las encíclicas sociales no pretenden dejar de ver que hay ciertas necesidades del mercado de ampliar y fusionar empresas para lograr una mayor presencia en el mercado. Sin embargo, afirman que este fenómeno no debe abandonarse a su suerte, sino que debe equilibrarse y regirse por la valorización de la pequeña propiedad, de la pequeña empresa, especialmente de la empresa familiar, en la que el capital y el trabajo cooperan naturalmente entre sí. No olvidemos que el primer principio enunciado por León XIII en la Rerum novarum fue precisamente este, a saber, que el capital y el trabajo no deben chocar en el conflicto social sino cooperar entre sí.

 

En nuestra época, la concentración del poder económico, financiero y, por lo tanto, tecnológico, ha aumentado enormemente, con una justificada preocupación para todos. El campo más evidente es el de lo digital, donde unos pocos centros de poder compiten por un mercado planetario. Otro campo evidente es el de la distribución y la logística vinculadas al comercio en línea. Otro campo sobre el que me gustaría llamar su atención es el de las grandes Fundaciones de espectro global que, bajo la apariencia de hacer filantropía, guían las políticas mundiales dada su estrecha conexión con los gobiernos de los Estados más poderosos.

 

No puedo pasar por alto la concentración de ese poder particular llamado "conocimiento" que hoy concierne a los centros mundiales dedicados a la inteligencia artificial, la robótica y el transhumanismo. Algunos hablan de un Estado profundo global , es decir, de centros de poder transnacionales no institucionales, y por tanto invisibles, que sin embargo condicionan los niveles institucionales al determinar sus políticas. A estas concentraciones contribuyen las nuevas tecnologías que ahora prescinden del espacio, al que en cambio se vincula la pequeña propiedad. Cuando se piensa en la pequeña propiedad, se piensa en la granja y en la casa, realidades que hoy se abandonan ante el impulso del reparto globalista.

 

Estas concentraciones de riqueza y poder encierran muchos peligros. Hay un movimiento hacia el anonimato de las grandes concentraciones multinacionales y la nueva corporativización de los directivos internacionales, ajenos a cualquier contexto, pero aglutinados en la nueva ideología eficientista, que a menudo carga a los trabajadores y a sus familias.

 

La Doctrina Social de la Iglesia señala los peligros de estas tendencias y al mismo tiempo invita a no perder los vínculos "reales" de la economía con la vida, evitando caer en la red del artificio. Las tendencias globalistas actuales no anulan el sentido de la pequeña propiedad, de la pequeña empresa y de la empresa familiar, como tampoco anulan el sentido de las nuevas formas de cooperación empresarial orgánica y ascendente, redescubriendo incluso algunas sugerencias propuestas por el Magisterio Social hasta Pío XI y nunca negadas posteriormente . En la despersonalización y el conflicto endémico que caracteriza la vida económica actual, retomar estas consideraciones se convierte en una necesidad.