DON BOSCO

DON BOSCO
"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"

Tenemos alternativa


Por Alberto Asseff

No todo es sombrío en la Argentina. Reconozco que mi tendencia – como la de muchos otros – es a marcar las notas negras y marginar las blancas y hasta las grises. Quizás sea lo que corresponde para quienes nos alistamos en las filas ajenas a los corifeos del poder y sus coros. Nuestra función primordial es señalar desvíos, censurar demasías, exigir rectificaciones y proponer opciones. No aplaudir. Para batir palmas están los otros, máxime si los ha ganado esa añeja vocación por la obsecuencia.
Empero, hoy debo detenerme en esa Argentina que todavía se esperanza en su futuro. Esa que trabaja, estudia, investiga, emprende, cría hijos de familia, respeta la ley, aspira a la plena vigencia de la Constitución y sus instituciones – incluida en especial la independencia de la buena Justicia -, practica la solidaridad, reza – no porque no ubico primero a la oración la relego en prioridades -, ama a la tierra y a la cultura que de ella – y de los hombres – dimana, cree en la necesidad de un proyecto nacional con sus consiguientes políticas de Estado, está convencida de que nuestro país necesita tan profundas reformas como las que hizo Deng en la China de 1979 y confía que no es verdad de que no se pueda desmontar el entramado corrupto que ha tomado al Estado, la política, los sindicatos, a cierto empresariado, a segmentos de los profesionales, a algún periodismo y a partes de la policía y la Justicia.

En una cuenta pesimista, ¿cuántos son los argentinos desbordados por la codicia personal, que no hesitan en embandarse y cometer fechorías y saqueos contra el patrimonio común, ese gran maltratado? ¿Un millón? Pues entonces existen 39 millones de bien nacidos. ¡Nada menos! ¡Cómo, entonces, no abrigar sueños, ambición, de cambio!
Dediquémonos a los 39 millones. Exhortémoslos a que asuman responsabilidades, a que se apeen de la apatía, a que retomen la confianza, a que hagan buena política como única e indispensable sustituta de la política espuria, a que sean cívicos, más que individuos.
Esos 39 millones deben hacerse oír. Es inadmisible que nos tengan anestesiados con el pasado. Que nos priven del estímulo del futuro. Todos los santos días rememoran por TV un magno entierro de 1952, un bombardeo de 1955 o algún discurso desde el balcón. Pero, ¿cuándo nos convocarán para construir 2 millones de viviendas, levantar un millón de nuevas Pymes, erradicar de cuajo la desnutrición, apostar al trabajo digno y no a la ayuda, hacer excelente la educación, enseñar respeto y tanto más?

Los 39 millones aguardamos, cada vez más apetentes, que se establezcan - ¡por Dios, de una vez ¡- la doce políticas de Estado y así inhumemos para siempre a los patológicos vaivenes y zigzagueos que han atrasado a la Argentina. Cada turno político una nueva fundación. ¡Enfermante!
Los 39 millones están hastiados de las letanías. Quieren ideas, propuestas, caminos, alternativas, vías hacia adelante. También tienen hartazgo con otra actitud, paradójica: hay muchos críticos que se satisfacen con indicar los males y carencias de los dirigentes más encumbrados, pero ocultando que existen alternativas y argentinos volcados a las políticas públicas por genuina vocación. Así, suelen decir que “nadie se ocupa del plan de Desarrollo” o “ninguno formula una idea” o – gravísimo – “todos son iguales”. Es un modo de ahondar la patología nacional. Porque si a las oscuridades que nos envuelve el presente le adunamos la ausencia de opciones, la negrura nos invade. Ahí sí que estaríamos extraviados y perdidos.

Es inverosímil que no haya dirigentes probos e íntegros. Así como de los 40 millones rescatamos nada menos que 39, a la runfla que nos (des) conduce, que nos está degradando como personas y como pueblo nacional, le podemos contrastar una pléyade de argentinos que tienen aptitud y experiencia para guiarnos colectivamente.
Lo alentador es que la noche está muy cerrada y las tinieblas muy densas, sobre todo en la faz ética – que tanto incide en todo. Quiere decir que estamos próximos al amanecer. El mero hecho de que lo estemos escribiendo, que sea publicado y leído, permite vislumbrar que la buena Argentina está por desbordar los muros de la putrefacción que la contiene y, peor, la esteriliza como tierra de promesas y bendiciones.
Existe alternativa. La llave la tienen 39 millones de hijos leales a sus valores. Son los ‘nobles’ que perviven porque no fueron alcanzados por la abrogación de la Asamblea del XIII. Es la nobleza cívica capaz de producir el resurgimiento.


El P. Velazco promueve el disenso en la Iglesia



Nuevamente, el P. Rafael Velazco, rector de la Universidad Católica de Córdoba, divulga sus opiniones en La Voz del Interior (El disenso en la Iglesia católica, 13-2-11). Como en oportunidades anteriores, este sacerdote distorsiona deliberadamente la recta doctrina cristiana.

1. Sostiene que únicamente es obligatoria en la Iglesia la adhesión a las cuestiones dogmáticas, pero los dogmas son más bien pocos. En realidad, los dogmas son 42 exactamente, y varios de ellos también son sometidos a debate por algunos teólogos modernistas. Por ejemplo el P. Jon Sobrino SJ, a quien el P. Velazco permitió disertar en el auditorio de la universidad, pese que pone en duda en sus obras la divinidad de Jesús
[1].

2. Asegura que:
Muchas de las aseveraciones magisteriales que provocan serias dificultades para ser aceptadas y vividas en muchos fieles de buena voluntad (como por ejemplo lo referente al uso de métodos artificiales de control de la natalidad, la ordenación de hombres célibes exclusivamente, o la prohibición de la ordenación de mujeres, e incluso la exclusión de la comunión sacramental a los divorciados y vueltos a casar) no son dogmas de fe. Son proposiciones que merecen respeto y un intento serio de comprensión. Pero si en conciencia se encuentra en dificultades para aceptarlas, el servicio más honrado que se puede prestar a la misma Iglesia es manifestarlo y proponer los argumentos para la discusión.

3. El P. Velazco cita varios párrafos del Catecismo, en respaldo de su posición. Omite, sin embargo otros párrafos que se refieren al magisterio de la Iglesia:

“El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo”, es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma (Nº 85).

Los fieles, recordando la palabra de Cristo a sus Apóstoles: “El que a vosotros escucha a mi me escucha” (Lc 10, 16; cf. LG 20), reciben con docilidad las enseñanzas y directrices que sus pastores les dan de diferentes formas (Nº 87).

Tienen el deber de observar las constituciones y los decretos promulgados por la autoridad legítima de la Iglesia. Aunque sean disciplinares, estas determinaciones requieren la docilidad en la caridad (Nº 2037).

Los ministerios deben ejercerse en un espíritu de servicio fraternal y de dedicación a la Iglesia en nombre del Señor (cf Rm 12,8,11). Al mismo tiempo, la conciencia de cada uno en su juicio moral sobre sus actos personales, debe evitar encerrarse en una consideración individual. Con mayor empeño debe abrirse a la consideración del bien de todos según se expresa en la ley moral, natural y revelada, y consiguientemente en la ley de la Iglesia y en la enseñanza autorizada del Magisterio sobre las cuestiones morales. No se ha de oponer la conciencia personal y la razón a la ley moral o al Magisterio de la Iglesia (Nº 2039).

4. Mucho antes (1964), el Concilio Vaticano II, a través de la Constitución Lumen Gentium, enseñaba:

“…los fieles, por su parte, en materia de fe y costumbres, deben aceptar el juicio de su Obispo, dado en nombre de Cristo, y deben adherirse a él con religioso respeto. Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento de modo particular ha de ser prestado al magisterio auténtico del Romano Pontífice aun cuando no hable ex cathedra.. "(25).

5. Por su parte, el Código de Derecho Canónico establece en el canon 752:

“Se ha de prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio auténtico, enseñan acerca de la fe y de las costumbres, aunque no sea su intención proclamarla con un acto decisorio; por tanto, los fieles cuiden de evitar todo lo que no sea congruente con la misma”.

6. La posición asumida por el P. Velazco no es original, coincide con el “Manifiesto de los teólogos alemanes” lanzado el 4 de este mes, y que ha merecido una dura respuesta del Episcopado de ese país. Pero ya hace 21 años, la Congregación para la Doctrina de la Fe advertía sobre “aquella actitud pública de oposición al magisterio de la Iglesia, llamada también disenso
[2].

“El disenso apela a veces a una argumentación sociológica, según la cual la opinión de un gran número de cristianos constituiría una expresión directa y adecuada del sentido sobrenatural de la fe”
[3].

[1] Congregación para la Doctrina de la Fe. Notificación sobre las obras del P. Jon Sobrino, 22-11-2006.
[2] Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo, 24-5-1990. p. 32.
[3] Ibíd., p. 35.

Futuras generaciones y principio de precaución



Por mons. Giampaolo Crepaldi*

La puesta en práctica de políticas de tutela del ambiente tiene que ver también con nuestra responsabilidad frente a las nuevas generaciones. También este aspecto califica el problema en sentido moral.

Hay un principio en la doctrina social de la Iglesia que se llama “destino universal de los bienes”, según el cual todos los bienes de la creación están destinados a todos, incluido nuestros hijos y nietos. Hay, por tanto, un deber de dejarles en herencia un ambiente habitable y que ellos puedan a su vez humanizar y trabajar para su propio desarrollo. Pero es necesario entender correctamente la cuestión.

No debemos pensar que dejamos a nuestros hijos la naturaleza tal y como la hemos encontrado nosotros, ni debemos pensar en dejarla completamente devastada y contaminada de un modo irremediable. Se trata de dos extremos incorrectos.
Nosotros debemos gestionar adecuadamente la naturaleza, para hacerla apta a la satisfacción de las necesidades de un desarrollo auténticamente humano, y dejarla en tal modo que también nuestros sucesores lo puedan hacer. Una naturaleza intacta no le sirva a nadie. No es esta su vocación. Muchas teorías actuales son contrarias al desarrollo en sí mismo, hablan de decrecimiento y quisieran interrumpir no sólo un cierto tipo de desarrollo para sustituirlo con otro tipo de desarrollo. Quisieran que la humanidad volviera hacia atrás, a una sociedad natural, fundada en la sobriedad, el autoconsumo, el intercambio con la naturaleza. Estas ideologías quieren dejar la naturaleza tal y como está y muestran por tanto una gran falta de confianza en el hombre, en su creatividad y en su inteligencia. Muchos otros denuncian la superpoblación como principal fuente de daño ambiental, quisieran limitar los nacimientos sobre todo en los países pobres porque piensan que la naturaleza, para soportar tal masa de habitantes sobre la tierra, debería aceptar una degradación irreversible. Ha habido y hay muchas previsiones catastróficas sobre el destino del planeta a causa de la superpoblación, que han animado a políticas neomalthusianas de contención de los nacimientos, a través del uso de anticonceptivos distribuidos a granel o a través del aborto. He aquí algunos ejemplos de ideologías ambientalistas muy negativas, que terminan dañando al hombre antes que promover el desarrollo.

Nuestra responsabilidad hacia las futuras generaciones no implica la actuación de políticas de este tipo. Hay sobre la tierra recursos para alimentar a los muchos billones de personas, si quisiéramos cultivar la creación con sabiduría. Estas ideologías absolutizan la naturaleza, olvidándose que esta es para el hombre y no creyendo que el hombre la deba gestionar y sabiamente administrar y no sólo conservar como si fuese un museo. En este sentido no son verdaderamente responsables hacia las generaciones futuras, las que, antes que nada, tienen interés en existir, sin ser previamente anulados para la salvaguarda de presuntos equilibrios naturales. La política ambiental necesita información para poder proceder y la fuente de información en este sector es la ciencia. Solo que la ciencia no siempre da informaciones exhaustivas y completas; a veces los científicos están influenciados por las ideologías y los intereses políticos, por lo que todo político, en particular el político católico porque su fe lo defiende más de estas ideologías, debe saber gestionar con prudencia y sabiduría las informaciones que vienen de las ciencias.

Los datos sobre la contaminación atmosférica motivan hasta las políticas de tráfico; aquellos del agujero en la capa de ozono exigen intervenciones en las emisiones de los óxidos de carbono; los datos sobre el calentamiento global piden inversiones para reconvertir la industria; los datos sobre el aumento de la población exigen políticas demográficas y así todo lo demás. Parece que la política depende de la ciencia, pero a menudo la ciencia es poco fiable y orientada ideológicamente. El IPCC de la ONU está haciendo marcha atrás en las previsiones del calentamiento del planeta; muchas previsiones de superpoblación insostenible están equivocadas: hay muchos casos de error y de incertezas de la ciencia. Por tanto la política debe tener en cuenta a la ciencia pero no puede depender de ella ciegamente. Es necesaria en esta sociedad la conciencia del riesgo que supone que los expertos no siempre son fiables y de que es posible crear un nuevo riego a través de intervenciones incorrectas. Ciertas políticas ambientales equivocadas crean un nuevo riesgo ambiental, frente a los posibles riesgos ambientales ha sido elaborado el llamado principio de precaución.

Los progresos de las ciencias y de las técnicas de la naturaleza, la extraordinaria potencia de la que el hombre dispone en el campo de la biotecnología, la presencia de muchos ecologismos ideológicos y la carencia en el campo de la ecología natural han dado lugar “a una peligrosa agresividad frente a la naturaleza, la persona humana incluida”con la consiguiente aguda experimentación de múltiples situaciones de riesgo. Tal riesgo es percibido fuertemente por la opinión pública ya que mientras la ciencia actúa y permite resolver situaciones críticas como enfermedades hasta ahora incurables, a la vez revela la inseguridad y la ambivalencia en su propio camino de descubrimiento. Mientras ilumina, explica y permite dominar, también oscurece, inquieta y nos deja perdidos.

La naturaleza se hace más compleja, así como la sociedad, el saber se fragmenta y casi se pulveriza en muchos y pequeños trozos, la naturaleza y la sociedad se integran progresivamente y a menudo se unen inextricablemente: todo esto no permite ver con claridad los riesgos que implica. La intervención en el ADN abre nuevas posibilidades de curación de enfermedades genéticas, pero al mismo tiempo abre horizontes inquietantes sobre la posibilidad de seleccionar la humanidad futura en un laboratorio. Las previsiones se vuelven imposibles y la ciencia, que en el proyecto moderno debería garantizar la seguridad frente a la violencia y a la imprevisibilidad de la naturaleza se convierte ella misma en fuente de inseguridad y ansia por nuestro futuro.

Frente a esta nueva percepción del riesgo, el pensamiento contemporáneo ha creado “el principio de precaución”, según el cual antes de emprender una operación de alto riesgo sobre la naturaleza y en situación de inseguridad por la carencia de información científica y/o informes sobre las consecuencias, es necesario asumir las consecuencias de la prueba. Si hasta ahora la carga de la prueba la asumía quien defendía el no actuar contra la naturaleza, con el principio de precaución las consecuencias las asume quien ha decidido actuar. Quien actúa contra la naturaleza debería preventivamente tutelar la prueba del riesgo. El principio de precaución es una cosa distinta de la “prudencia” y también “del principio de responsabilidad”. En un cierto sentido la actuación humana se coloca en situaciones complejas e inciertas. Es justo la contingencia y la complejidad de la realidad concreta en la que estamos llamados a actuar ponen en tela de juicio la virtud de la prudencia.

¿Qué diferencia el principio de precaución del juicio prudencial? Lo que aquí se da no es sólo el asumir la responsabilidad de las consecuencias, sino demostrar la imposibilidad de aquellas dañinas. Por tanto, esto es imposible por dos cosas, uno de los dos está ligado a las características de la acción humana en cuanto tal, y el otro esta vinculado a la acción humana en el actual contexto de complejidad. Es imposible prever todas las consecuencias de una acción, cualquier que sea. Y si alguien quisiera sopesar todas las consecuencias no actuaría nunca. Hoy, por tanto, tal imposibilidad es algo todavía más imposible por la complejidad de las intervenciones humanas sobre la naturaleza y por el hecho de que en cada intervención se abren infinitos motivos de riesgo en una red imposible de controlar, con la posibilidad de que eventuales consecuencias negativas vuelvan a emerger con la distancia del tiempo y de una forma imprevisible tras un largo trayecto subterráneo.

El juicio prudencial se fundaba en la asunción de la responsabilidad por parte del sujeto agente. Asunción de responsabilidad de dos tipos: sobre la conformidad de la acción con la ley moral universal y sobre las consecuencias del bien que de allí derivan. El principio de precaución, en vez de esto, no se funda sobre la asunción de responsabilidad, sino sobre la demostración de que las consecuencias no serán dañinas. Además de arriesgarse a bloquear la acción, el principio de precaución podría transformar la acción humana en una demostración consecuencialista. Es decir nada menos, que la obligación de demostrar la bondad de las acciones basándose en la no peligrosidad de las consecuencias.

Para evitar estos aspectos poco convincentes del principio de precaución, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia lo acepta pero precisa sus características. El principio de precaución, dice el Compendio, no es “una regla para aplicar, sino una orientación dirigida a gestionar situaciones de inseguridad”. Si no es una regla de aplicación, quiere decir que no se utiliza de manera rígida, sino que se asume como una necesidad general de seguridad dada la gran potencia de los instrumentos que tenemos en nuestras manos.

Una especia de “manejar con cuidado”. Lo que cuenta, en todo caso, es que el Compendio no lo considera una regla moral a la que atenerse obligatoriamente. Esto, además, “manifiesta la exigencia de una decisión provisional y modificable en base a las nuevas informaciones que vengan recogidas”. Se trata, en otras palabras, de una especie de método de prueba y error. Un método, no una norma moral vinculante.

Entre los riesgos que el principio de precaución debe tener en cuenta proporcionalmente, está también el riesgo derivado de la no decisión: “por ejemplo la decisión de no intervenir”. Esto para evitar que el principio de precaución sea asumido como excusa para la no intervención o cargado de motivaciones ideológicas abstencionistas.

El principio de precaución, de hecho, puede ser instrumentalizado por algunas ideologías ecologistas que he descrito antes, sobre todo las que se mueven por un pesimismo antropológico. Estas observaciones sobre el principio de precaución son muy importantes para el católico que trabaja en política. Este debe hacer elecciones marcadas por el principio de responsabilidad moral, mientras que a menudo el principio de precaución es un modo para no actuar y por tanto evitar toda la responsabilidad moral. El hecho de que el principio de precaución tenga muchos aspectos ideológicos es una cosa probada por el hecho de que sus partidarios no lo aplican, sin embargo, en el campo de la bioética y frente a la simple posibilidad de que el embrión sea humanos ellos no recurren al principio de precaución.


*Monseñor Giampaolo Crepaldi es arzobispo de Trieste, Presidente de la Comisión “Caritas in veritate” del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y Presidente del Observatorio Internacional “Cardenal Van Thuan” sobre la Doctrina Social de la Iglesia.

ROMA, viernes 18 de febrero de 2011 (ZENIT.org).-

Primer bebé nacido en un matrimonio igualitario


La primera beba de un matrimonio igualitario de CórdobaVilla Nueva. Valeria y Daniela se turnan para auparla. Angelina pide mamadera porque ya es otra vez la hora de comer. Su llanto suave es el centro de atención de una casa chica, pero en la que los corazones son muy grandes. La primera beba nacida de un matrimonio homoparental en la provincia de Córdoba no sabe ni le interesa si es noticia. Sólo quiere tomar su leche y dormir. Los lentes de las cámaras apuntan a ella y sus madres casi no pueden hablar de la emoción.

“Esto es algo increíble. No te lo podés imaginar”, confiesa con la voz quebrada Valeria del Valle Frus. Ella la tuvo en su vientre los últimos nueve meses hasta el martes último, cuando nació Angelina.

“Siempre supimos que queríamos tener un hijo. Lo que ella nos devuelve, no tiene precio”, agrega Valeria, que a sus 36 años sabía lo que implicaba tratar de ser madre primeriza.

Cuando se decidieron por la fertilización asistida, cuentan que se encontraron con rechazos de médicos y clínicas de Córdoba, hasta que dieron con el médico José Ordóñez. “Fue excelente, muy humanizante para nosotras”, agradecen.

La obra social también las acompañó al cubrir todo el proceso de embarazo y nacimiento de Angelina, que ya fue incorporada al grupo familiar junto a las mamás.

La sanción de la ley de matrimonio igualitario les dio un respaldo que faltaba. “Es lo que esperábamos toda la vida. Ahora somos parte de la sociedad y del mundo. Antes no teníamos cabida en ningún lado”, define Daniela Bianciotto (26), la más joven de las dos. Este viernes iniciarán los trámites para inscribirla en el Registro Civil de Villa María, pegada a Villa Nueva, donde pedirán ponerle los dos apellidos maternos para que pueda llamarse Angelina Frus Bianciotto.

Mostrarse y abrir su intimidad es una elección para “que todos vean que somos una familia igual que cualquier otra. Tenemos un trabajo, una casa y ella va a crecer como cualquier otro niño”, asegura Valeria. “Se tratará de darle lo mejor. Los primeros años queremos tenerla las 24 horas con nosotras y luego irá a guardería, a Jardín, y a todo”, completa Daniela. Pero de esas cuestiones se ocuparán más adelante. Por estas horas, las felices madres están pendientes de llenar de mimos a la pequeña Angelina.

La Voz del Interior, 18-2-11

Católicos no deben votar jamás por candidatos que apoyen aborto


El Arzobispo de Arequipa (Perú), Mons. Javier del Río Alba, afirmó que votar por un candidato que apoya el aborto es un pecado mortal, algo que un católico no puede hacer jamás.

En entrevista vía telefónica concedida hoy a ACI Prensa, el Prelado dijo que si bien el voto por un candidato abortista es una falta grave, esto no genera que la persona incurra en excomunión latae sententiae (automática), en la que sí incurre la persona que practica un aborto o participa en él como lo establece el Código de Derecho Canónico.

Con el aborto, explicó, se atenta contra seres humanos indefensos a los que "se mata de una forma muy cruel en el vientre de su madre".

Por ello, "como católicos, no podemos nunca avalar a un candidato que propone el asesinato de niños indefensos y atenta contra el bien común de la sociedad, atentando contra la institución del matrimonio", haciendo también referencia a las propuestas electorales de instituir el mal llamado "matrimonio" gay.

"Los obispos no intervenimos en política", precisó luego y explicó que, sin embargo, "como dice la doctrina de la Iglesia nos corresponde a los obispos enseñar en materia de fe y de costumbres".

En referencia a su homilía del 13 de febrero, que algunos medios consideraron solo como una mención al candidato presidencial Alejandro Toledo -que ha puesto sobre el tapete el tema de la despenalización del aborto- Mons. Del Río recordó que el Evangelio de ese domingo era explícito sobre el mandamiento de no matar, por lo que era importante abordar el problema porque "es de plena actualidad".

En su homilía dijo que "los católicos no podemos jamás dar nuestro voto a un candidato que con sus palabras o su testimonio de vida (...) anuncia que va a promover el aborto".

En diálogo con ACI Prensa, el Arzobispo de Arequipa exhortó luego a los católicos a meditar su voto y estudiar a los candidatos, tanto a las "propuestas concretas como al propio testimonio de vida".

El voto debe otorgarse tras "pensar en el conjunto de medidas", sin "dejarse llevar por la apariencia del candidato".

Tras subrayar que los obispos "hablamos para el pueblo fiel pero también para todos los hombres de buena voluntad", el Prelado lamentó que los políticos que han promovido el aborto, tras enfrentamientos verbales con obispos, "han callado, pero el tema sigue en el plan de gobierno".

En días recientes el candidato Pedro Pablo Kuczynski subrayó que en su alianza política "no creemos en el aborto, punto".

Alejandro Toledo, que actualmente lidera la preferencia electoral, se manifestó abierto a la despenalización del aborto al declarar que "nadie puede permitir que un ser humano nazca en circunstancias forzadas".

Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, señaló por su parte que no está a favor "de legalizar el aborto, soy mujer, madre de familia", pero sí se declaró a favor del mal llamado aborto "terapéutico".

Luis Castañeda, actualmente tercero en las encuestas, dijo que no es "partidario del aborto, salvo por razones terapéuticas. Ahí hay una vida de por medio que camina y no puedo ser partidario de ello".
REDACCIÓN CENTRAL, 16 Feb. 11 / 04:46 pm (ACI)



El mayor problema ambiental argentino



Por Ricardo Luis Mascheroni (*)

Tengo claro, que el que escribe o el que habla, siempre expone una manera de pensar, por lo tanto subjetiva y parcial, que se puede compartir o no, precedida de valores, creencias e intereses determinados y que por ello no puede contentar a todos.

Si algún periodista, comunicador, sociólogo o investigador social hiciera una encuesta entre las miles de ONGs, ambientalistas y ciudadanos de nuestro país, mediante la única pregunta: Cuál es el principal problema ambiental de la Argentina?, el resultado de la misma en líneas generales, mostraría entre los primeros lugares del ranking, lo siguiente:

- Mineras a cielo abierto
- Monocultivos
- Fumigación
- Deforestación
- Bosques artificiales
- Degradación y contaminación del agua
- Represas
- Usinas Nucleares
- Concentración urbana
- Contaminación industrial
- Basura
- Contaminación electromagnética

Coincido que todos ellos son de mucha gravedad, los que tomados en conjunto, generan una sinergia peligrosa para las actuales y futuras generaciones.
Sin perjuicio de ello, entiendo humildemente que el principal problema ambiental, hoy por hoy de la Argentina, no se encuentra entre los enumerados.

EL ENEMIGO PÚBLICO

Estoy convencido que el malo de la película, en materia ambiental es el transporte automotor, escasamente juzgado en todos sus impactos, salvo por unas pocas asociaciones en aspectos vinculados a la preservación de la vida humana.

Este transporte cobra negro protagonismo ante una seguidilla de luctuosos incidentes, pero, pasadas las catilinarias periodísticas y las imágenes en primera plana de autos retorcidos, cae nuevamente en letargo, hasta la ocurrencia de nuevos hechos.

Para que no se considere temeraria esta afirmación, debemos analizar holísticamente todas las aristas del problema, que insisto, no genera la oposición social que percibimos en otros temas.

Nuestros sentidos se alertan, al oír: pasteras, fumigación o minería a cielo abierto, etc.

No ocurre lo mismo cuando se habla del automotor, aunque los medios de comunicación nos inunden la vista y el oído con accidentes de tránsito.

A qué se debe ello?

El automotor precede a casi todos los problemas reseñados, salvo excepciones, extendiéndose como metástasis sobre el Planeta. Argentina no es la excepción y estos crecen como hongos después de la lluvia, ligados a una matriz petróleo dependiente.

Esa expansión descontrolada, es causante de la desaparición por año de casi 8.000 personas, los habitantes de una ciudad chica. Como si les arrojaran una bomba neutrónica.

A este asesinato serial, sumemos los heridos, discapacitados temporales y permanentes y los bienes destruidos, lo que traducido a términos económicos sería imposible de calcular en concepto de: indemnizaciones, seguros, pensiones, pérdida de capacidad laboral, internaciones y atención médica hospitalaria, rehabilitaciones, prótesis, daños morales y demás rubros a considerarse, que sin duda superan largamente todos los otros problemas.

Ello, supera con creces a otro conflicto, muy sensible a la opinión publicada y al ciudadano común, cuál es el de las víctimas de la inseguridad delictiva.

El automotor, en todas sus variantes, consume casi el 50% de la energía disponible en el país y emite la mayor cantidad de dióxido de carbono, causante del cambio climático.

Nos quejamos de la minería, sin pensar que si hay algo que encarna como nadie esa actividad es el automotor, que es minería pura, no sólo en su producción, sino en su funcionamiento.

Este adalid de la sociedad de consumo, no sólo mata en los accidentes, además fumiga el aire que respiramos con minerales y gases letales como el monóxido de carbono.

El asbesto que se desprende de las pastillas de frenos y embrague es cancerígeno. Estudios científicos afirman que caminar 30 minutos en micro-centros atestados de vehículos, equivale a fumar entre 15 y 40 cigarrillos por día.

Los aceites y fluidos que desecha, muchas veces van a los cursos de agua, generando la contaminación del recurso hídrico. Ni hablar de la polución acústica, causante de infinidad de daños auditivos. Por lo general, estos daños colaterales, rara vez son ponderados o presupuestados.

PLAN LAURA: Otra mentira que mata

Desde hace años, esta iniciativa es la apologista y publicista más destacada de este sistema de transporte irracional, funcional a los intereses del complejo industrial multinacional automotriz-petrolero y del caucho, que desde décadas viene arrasando con las soberanías económicas y políticas de los estados.

La propuesta, nada inocente, no sólo apunta a consolidar el modelo, sino a reproducirlo hasta el infinito.

Lewis Mumford, en su libro "La Carretera y la Ciudad", decía: "el transporte, es un asunto demasiado importante para ser dejado en manos de especialistas" "Cuando Norteamérica, votó un programa de 26 billones de dólares para carreteras, lo más caritativo que puede pensarse es que no tienen la menor idea de lo que están haciendo. Dentro de los próximos años, será demasiado tarde para corregir todo el daño causado a nuestras ciudades y campiñas, por este programa mal concebido y tan absurdo por lo desequilibrado". "Mientras los fondos y los subsidios se vierten sin restricción en mejoras para carreteras, el ferrocarril para largas distancias está languideciendo y hasta se permite que desaparezca."

El Presidente de los Arquitectos de Rosario Sr. Peccia, decía: "mientras los planificadores en los países avanzados ponen énfasis en el logro de una mejor utilización de la red ferroviaria existente, la preservación del entorno, el uso más racional de los recursos energéticos, desalentando el transporte individual como solución básica para el complejo problema urbano, propiciando deliberadamente el transporte público, en la Argentina se extiende el certificado de defunción al ferrocarril."

Un km de autopista ocupa 10 Ha , de buenas tierras, que se transforman en improductivas, contra 2 o 3 Ha del ferrocarril y con una vida útil de 7 contra 30 años de las vías.

Según datos de la U.E ., el número de muertos cada 1.000 millones de viajeros-km: es de 0,2 en tren, 0,4 en avión y 8,7 en carretera. En otras palabras, la carretera resulta 43 veces más letal que el ferrocarril.

SILENCIOS INEXPLICABLES, o no tanto

Por qué existe tan poca reacción individual en el tema y las ONGs., tan enérgicas en reclamos frente a otros problemas, casi no alzan sus voces en torno a esta cuestión.

Para ello hay diversas respuestas que trataré de explicitar.

Se ha generado una cultura del auto y en forma consciente o no, internalizamos al mismo como un paradigma de esta sociedad de consumo y un objetivo de vida en sí mismo. Y como somos parte del problema, no nos denunciamos a nosotros mismos. Como dice la máxima penal: “Nadie está obligado a declarar contra sí mismo”.

Los mecenas internacionales que apoyan gran cantidad de ONGs., nunca financiarían la oposición al más notable Caballo de Troya de la penetración capitalista planetaria.

Se imagina? a fundaciones, como: Ford, YPF, Rockefeller, Avina, o embajadas de Gran Bretaña y EE.UU, o empresas como Repsol, Oxy Petroleum, American Express, entre tantas, aportando fondos para campañas contra el automotor. Indudablemente que no.

En casi todas las películas y en los medios de comunicación, el auto es un protagonista de lujo, que nos preanuncia el éxito, nos hace poderosos, genera adrenalina y nos pone por encima del común, haciéndonos casi dioses. Cuando más grande y más rápido, mejor.

Nada es gratuito, el dinero escaso para muchas cosas, sobra, cuando de autos se trata.

No es casual que el dirigente gremial más importante del país, sea el del sindicato de camioneros.

Los gastos en este rubro, comprensivo de autos y camiones, nuevos, usados, repuestos, reparación, seguros, publicidad, puentes, rutas y autopistas, insumen una considerable porción del PBI del país.

Aunque muchos pudieran no entenderlo así, creo que no se puede hablar seriamente de un ambiente sano, o de justicia social, menos del socialismo del siglo XXI (tan en boga), mientras el huevo de la serpiente (automotor), siga rigiendo los destinos de los habitantes del Planeta.

Es una paradoja decir que estamos en contra la contaminación y el deterioro ambiental, cuando la verdadera causa de estos problemas se consolida y fortalece, aceptada por todos.

Quizás, parafraseando a Kennedy, cuando dijo: “La educación vial es un chupete para entretener a los norteamericanos, y no decirles que lo que mata es el auto”, debamos decir: la aspiración de un planeta sano, es un chupete para entretener a todos y no decirles que lo que degrada el ambiente es el automotor”.

Lamentablemente, muchos de nosotros, por falta de conciencia, tener nuestros cinco minutos de fama en los medios, desconocimiento o ser políticamente correctos, nos es más fácil arremeter contra las pasteras, la soja o las mineras, que denunciar en serio, el peor problema ambiental con que nos debemos enfrentar en los tiempos actuales.

Lo dejo para que lo piense y me despido hasta la próxima aguafuertes con estas reflexiones de Mahatma Gandhi de 1908: “Los médicos honestos le dirán a Ud. que el estado de salud general empeora en proporción al aumento de los medios de locomoción artificiales.”

(*) Docente e investigador

politicaydesarrollo.com.ar, 16-2-11

Planned Parenthood promueve la Semana del Condón



Mañana acaba en los Estados Unidos la Semana Nacional del Condón, que comenzó durante los años setenta en la Universidad de Berkeley (California) para evitar los embarazos no deseados. Cuarenta años más tarde, uno de sus principales promotores sigue haciendo propaganda del mismo a sabiendas de que falla en un alto porcentaje de casos.

¿Cabe imaginar algo más raro que un militante pro-aborto contrario al aborto? ¿Cabe imaginar algo más raro que un empresario abortista contrario a la práctica del aborto? ¿Cabría imaginar algo más raro que una red de empresas abortistas haciendo propaganda para evitar el aborto? Si bien resulta difícil comprender que una red de clínicas abortistas como Planned Parenthood siempre haga campaña para fomentar el uso de un dispositivo creado para prevenir la base de su negocio -esto es, el embarazo no deseado- la duda se disipa al comprobar que están haciendo campaña para promover precisamente el uso de algo que, según la propia Planned Parenthood, no evita el embarazo. Según recoge en su propia página web:

(http://www.plannedparenthood.org/esp/temas-de-salud/anticoncepcion/el-condon-10187.htm?link=homepage-big-feature-http://www.plannedparenthood.org/esp/centro-de salud/index.htm-button-1 )

esta entidad admite que cada año 2 de cada 100 mujeres cuya pareja use siempre un condón quedarán embarazadas aunque siempre usen los condones correctamente. Saben también que la cifra se disparará al 15 por ciento en el caso de mujeres cuya pareja use siempre condón, si no siempre usan los condones correctamente.
Naturalmente, en caso de embarazo no deseado siempre cuentan con las clínicas de Planned Parenthood, donde podrán deshacerse del bebé (pagando previamente) pues para la presidenta de Planned Parenthood, Cecile Richards, el aborto es un “asunto económico fundamental” debido -según ella- al “gran coste que suponen para la sociedad estadounidense los embarazados no deseados”.

Aunque quizá la Sra. Richards (que cobra un sueldo cercano a los 400.000 dólares anuales) debería afirmar más bien que el aborto es un asunto económico fundamental debido a los cientos de millones de dólares que Planned Parenthood recibe de la actual administración norteamericana, y que podría perder si es declarada culpable en el proceso penal que afronta en la actualidad, o si prospera la propuesta del Partido Republicano para prohibir toda financiación a las clínicas de Planned Parenthood.

Instituto Efrat, Madrid. 17 de Febrero de 2011.