DON BOSCO

DON BOSCO
"BUENOS CRISTIANOS Y HONRADOS CIUDADANOS"

¨Política: forma exigente de caridad


Cumbre en el Vaticano: El cardenal Martino presenta la contribución que puede ofrecer la Iglesia


La Iglesia puede dar una contribución esencial a la comunidad política conservando y promoviendo en la conciencia común el sentido de la trascendente dignidad de la persona humana, considera el cardenal Renato R. Martino.
El presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz dejó este mensaje al inaugurar en la mañana del viernes un seminario internacional que concluirá este sábado sobre "La política, forma exigente de caridad".
El encuentro, que tiene lugar en la sede de Justicia y Paz, ofrecerá orientaciones para una política orientada desde un punto de vista cristiano, en campos como la vida y la familia, los impuestos, la cooperación internacional, las biotecnologías, a la luz de la doctrina social de la Iglesia.
En el debate participan unos sesenta expertos en política, profesores universitarios, parlamentarios, procedentes de África, América y Europa.
En su discurso de bienvenida, el cardenal constató que "en el mensaje de Cristo, anunciado por la Iglesia, la comunidad humana puede encontrar la fuerza para amar al prójimo como a sí mismo, para combatir todo lo que va contra la vida, para admitir la igualdad fundamental entre todos, para luchar contra toda forma de discriminación, para superar una ética meramente individualista".
Refiriéndose al tema de la laicidad, en ocasiones entendida como exclusión de la religión en la vida pública, el presidente del Consejo vaticano expresó la convicción de que el catolicismo no podrá renunciar nunca a un papel público de la fe.
"Si la política --dijo-- pretende actuar como si Dios no existiera, al final se reseca y pierde la conciencia misma de la intangible dignidad humana".
El cardenal defendió el pluralismo democrático, reconociendo, sin embargo, que hay valores que no pueden ser negociados, como son el respeto por la vida humana, de la familia, o el derecho a la educación.
Por el contrario, advirtió, "cuando se reivindican individualistamente los derechos, sacándolos del marco de referencia de la verdad, solidaridad y responsabilidad, se corroe la misma democracia y se introducen elementos de contraposición".
El cardenal Martino concluyó constatando que una auténtica democracia tiene necesidad de alma: el valor incondicional de la persona humana, abierta a los demás y a Dios, en la verdad y en el bien.


CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 20 junio 2008 (ZENIT.org).-






Reconocimiento de errores





Teología de la liberación y vuelta al fundamento

Fr. Dr. Clodovis M. Boff, OSM. *

[Traducción: Colectivo Alas]

Síntesis: Se quiere demostrar que la Teología de la Liberación (TL) inició bien pero, a causa de su ambigüedad epistemológica, terminó perdiendo el camino: colocó a los pobres en lugar de Cristo. De esa inversión fundamental derivó un segundo error: la instrumentalización de la fe "para" la liberación. Errores fatales que comprometieron los buenos frutos de esta oportuna teología. En la segunda parte se expone la lógica de la conferencia de Aparecida, que ayuda a la TL a "volver al fundamento": tener a Cristo como punto de partida y, desde ahí, rescatar a los pobres.

En primer lugar, queremos hacer un cuestionamiento de fondo a la TL. La intención no es descalificarla, sino más bien definirla de manera más clara y refundarla sobre sus bases originales. Sólo así pueden garantizarse sus logros indiscutibles y su futuro.
En un segundo momento presentaremos la lógica que desarrolla el Documento de Aparecida, para mostrar la manera como la TL puede regresar a sus orígenes, ser incorporada en un horizonte más amplio y, así, reafirmar lo mejor que tiene.
Reconocemos que el análisis que haremos de la TL es un tanto laborioso y sinuoso, mientras que el de Aparecida es más fluido y directo. En ambos casos serán análisis generales, sin que podamos explicar todo ni detenernos en los detalles.

I. La TL y su funesta ambigüedad
La cuestión: ambigüedad epistemológica acerca del fundamento
Al hablar de la TL, no nos referimos a la TL ideal, tal como fue proyectada y propuesta por sus Padres fundadores, sobre todo por Gustavo Gutiérrez. Nos referimos más bien a la TL "que existe realmente", la que tiene casi cuarenta años de camino y cuyo desarrollo deja ver aspectos que exigen crítica y rectificación.
Ahora, la actual TL confiere práctica y explícitamente la primacía (prioridad o centralidad) al pobre y su liberación, siendo su eje o centro epistemológico la "opción por los pobres". También se dice que el pobre, o la realidad del pobre, es el "punto de partida" de esta teología, que adopta así la "óptica del pobre". Todo esto se sabe y es, de hecho, lo que la caracteriza.
La prioridad del pobre y su liberación se convirtió, para la TL, en un presupuesto que es casi "evidente por sí mismo". Sin embargo, aparece de una manera teóricamente indecisa y confusa, permitiendo ambigüedades, equívocos y reducciones.
Es indudable que en la TL la "opción por los pobres", como tema fundamental, se basa teológicamente en la Biblia y la tradición. Sin embargo, como principio epistemológico particular, que confiere una perspectiva determinada, no ha sido reflexionada y discutida en los medios "liberadores". Simplemente ahí está, sin advertencia epistemológica, generando confusión tanto en la teoría como en la práctica.
En este sentido, el mismo lenguaje "liberador" carece de rigor. Jon Sobrino, por ejemplo, habla de los pobres como la instancia que da la "dirección fundamental" a la fe y como su "lugar más decisivo". Evidentemente estos dos calificativos, "fundamental" y "decisivo", son empleados de manera descuidada, pues no corresponden en absoluto a los pobres, sino a la "fe apostólica transmitida por la Iglesia", como recuerda de manera pertinente la "notificación" romana que cuestiona ciertos puntos de la cristología del mencionado teólogo (n. 2). A lo sumo se puede adivinar, y tal vez justificar, lo que quiere decir Sobrino con tales expresiones.
Ahora, cuando se cuestiona el pobre como principio y se pregunta si no es antes el Dios de Jesucristo, la TL suele retroceder y no lo niega. Y es que no podría hacerlo pues, por definición, Dios está en primer lugar. Razón y fe se unen para afirmarlo. En teología, esto es una "evidencia incuestionable" que, paradójicamente, se convierte en una "evidencia cegadora". No es que la TL afirme "a pies juntillas" la primacía epistemológica de los pobres y su liberación; tampoco rechaza explícitamente la primacía de Dios y la fe. Lo que constituye el problema de la TL es su indefinición en una cuestión que es capital en el ámbito metodológico.
Si por "estatuto epistemológico" entendemos la base firme y el marco seguro que confieren a una disciplina científica el orden de su discurso (como lo indica el étimo "st" de e-st-atuto y de epi-st-emología), debemos decir que esto es justamente lo que hoy parece faltarle a la TL.
Y es de temerse que el uso del lenguaje analógico en esta teología (liberación: social y espiritual; pobre: económico y existencial; Reino: de justicia y de gracia, etc.) en vez de resolver la falta de definición teórica, la complique aún más, por el hecho de favorecer el carácter escurridizo del discurso. Esto permite que el teólogo, acosado en un plano semántico, se deslice de modo subrepticio hacia otro plano, y la analogía deja de ser un instrumento indispensable de articulación teológica para convertirse en un "subterfugio de indecisión".
Podemos entonces decir que la TL vive el siguiente "drama teórico": lo que es decisivo permanece en la indecisión. De ahí su falta de consistencia epistemológica. Pero sin consistencia epistemológica, ¿cómo puede una teología ser teóricamente consistente? Y sin una teología consistente, ¿cómo puede ser consistente la pastoral que se apoya en ella?
Ahora, en una situación de indefinición, la tendencia es "hacia abajo", y esto por razones que no viene al caso discutir aquí, pero que cualquier teólogo con olfato puede percibir. Así, en un contexto de duda epistemológica, entre Dios y el pobre, el pobre lleva la ventaja; entre salvación y liberación, ésta es favorecida. De esta forma, con la complicidad de la neblina epistemológica en que está inmersa, la TL introdujo furtivamente el prius teológico del pobre.
Recapitulando, por no contar con una epistemología rigurosa y clara, la TL cae en ambigüedades. Al caer en ambigüedades, cae en el error de principio, y el error de principio sólo puede tener consecuencias funestas, como veremos enseguida.
Es un hecho que la TL está elaborada totalmente desde la "óptica de los pobres". Basta con analizar su producción más reciente, en la que el sesgo "liberador" es más evidente. La misma "pastoral de la liberación", desarrollada particularmente en las "pastorales sociales" y en las CEB, está completamente centrada en los pobres. No hay más que asistir a los encuentros de los agentes y militantes de la liberación para darse cuenta cómo la palabra "pobres" domina el discurso. Y lo que ayer fuera sesgo, hoy es vicio.
Por otro lado, la TL acepta sin mayores problemas que la fe en el Dios revelado es el primer principio de la teología. Pero en ella ese principio no opera en serio; representa apenas un presupuesto dado que ya se quedó atrás, pero no un principio operante que continúa siempre activo. Es un artículo de fe que se confiesa, pero no una perspectiva teórica que otorgue un tinte dominante al discurso liberador. Es inevitable que dé algún tinte a este discurso, toda vez que se trata de teo-logía, pero es un color desvanecido, por no decir un simple matiz.
Ahora, éste es el nudo del problema. Como el primado de la fe no puede darse por supuesto desde el punto de vista existencial, tampoco puede serlo desde el punto de vista epistemológico. El principio-fe debe mantenerse siempre activo, y no sólo en la práctica de vida, sino también en la teoría teológica. Siempre que ese principio se mantuvo vivo, en la forma de sensus fidei, inmunizó a los buenos teólogos de la liberación contra errores más graves, como los relativos al principio rector de la teología.

La inversión y la consiguiente instrumentalización
¿Qué ocurre entonces en la práctica teórica de la TL? Ocurre una "inversión" del primado epistemológico. Ya no es Dios, sino el pobre, el primer principio operativo de la teología. Pero una inversión de este tipo es un error de prioridad, además de ser un error de principio y, por lo tanto, de perspectiva. Y esto es grave, por no decir fatal.
Que el pobre sea un principio de la teología o una perspectiva -óptica o enfoque-, es posible, legítimo e incluso oportuno. Pero esto sólo como principio segundo, como prioridad relativa. En estas condiciones, la teología que nace de ahí -como es el caso de la TL- sólo puede ser un "discurso de segundo orden", que supone en su base una "teología primera".
Sin embargo, no parece que la TL tenga conciencia de esto, pues se considera, para todos los efectos, como una teología completa, sustituyendo o prescindiendo de la "teología primera" y fundiendo o, mejor, confundiendo el nivel "trascendental" con el "categorial". En su práctica teórica sigue poniendo al "pobre" como su principio, su centro y su fin. Y aunque no lo haga con plena conciencia y consentimiento epistemológico, el resultado, en la práctica, es el mismo, debido a la ambigüedad con que se trata esta cuestión fundamental. Ahora, cuando el pobre adquiere el estatuto de primum epistemológico, ¿qué sucede con la fe y su doctrina en el nivel de la teología y la pastoral? Lo que sucede es la instrumentalización de la fe en función del pobre. Se cae en el utilitarismo o el funcionalismo en relación a la Palabra de Dios y a la teología en general.
Es cierto que la fe es útil, pero esa utilidad no constituye su mayor parte ni la más importante. Una fe utilizada principalmente de modo instrumental, sufre fatalmente una capitis diminutio: es sometida a una selección y a una interpretación de acuerdo con los intereses de la "óptica del pobre". Es indudable que la fe llena plenamente esta óptica, pero también la desborda infinitamente por todos lados.
Ante las críticas de que estaría usando "anteojos ideológicos", la TL recurre a ideas como "márgenes de gratuidad" y "reserva escatológica" para afirmar su respeto a la trascendencia de la fe. En realidad, en esta teología la parte de la trascendencia es la menor y menos importante; la "parte del león" toca, como siempre, a la "lectura liberadora" de la fe.
El resultado inevitable es la reducción de la fe y, en especial, su politización. Se habla también, críticamente, de la transformación de la fe en ideología. Esto ocurre cuando se da a la ideología el sentido preciso que le da el Magisterio: el de una fe que cae de su nivel trascendente hacia la inmanencia de la política.

Gravedad de la cuestión y gravedad de los equívocos
Este es, entonces, el punto flaco de la TL: la falta de claridad en cuanto al alcance epistemológico de la opción por los pobres. Esta opción es clara como tema, pero no como principio de constitución y construcción teológicas. Ahora, la falta de claridad sobre el principio lleva necesariamente a la falta de claridad sobre el carácter teológico del discurso. De ahí la indefinición del discurso actual de la TL, al oscilar entre un discurso religioso y un discurso social y político.
Nada refleja mejor la ambigüedad y confusión en que cae la TL en este punto, que la polémica que se suscita siempre que se habla del "punto de partida" de la teología y la pastoral. Para la TL es incontestable: el punto de partida tiene que ser la "realidad de los pobres". Pero no se da cuenta que está confundiendo dos significados de "punto de partida": como mero comienzo (material, temático, cronológico o incluso práctico) y como principio (formal, hermenéutico, epistemológico o incluso teórico). "Pobre" puede ser "punto de partida" como "comienzo" (inicio de conversación), pero no como "principio" (criterio determinante).
Ciertamente "pobre" puede ser también un principio, al proporcionar lo que se llama la "óptica de los pobres". Pero también ahí se trata sólo de un principio segundo y dirigido, pero nunca de un principio primero y regente, como señalamos arriba. En esta discusión, la TL cae en ese equívoco al conferir inconscientemente a su punto de partida, el pobre, la dignidad de principio primero o fundamental. De ahí el error subsiguiente de considerarse una teología subsistente por sí misma.
Pero de esta manera -insistimos- la TL demuestra que ignora su estatuto propio: el de ser precisamente una "teología de segundo orden", que presupone teóricamente una "teología de primer orden", como la especie presupone el género. No se da cuenta que para ser un buen teólogo de la liberación no basta con ser sólo teólogo de la liberación: es necesario ser antes, además y principalmente, "teólogo de la fe" (con perdón del pleonasmo).
De modo que por falta de rigor, claridad y vigilancia epistemológica, la TL se coloca en un plano inclinado, resbalando cada vez más y cayendo en el fallo mortal señalado: el sesgo de la inversión de principio y la consiguiente instrumentalización social, política e ideológica de los contenidos de la fe. Decimos fallo "mortal" porque, llevado a término, acaba con la muerte de la TL, lo que sería una pérdida inmensa para los pobres y para la Iglesia.
Como se ve, estamos aquí ante una "cuestión de principio". Ahora, una cuestión de principio es, por definición, una cuestión grave, cuyas consecuencias pueden ser fatales. Y en una cuestión grave no es posible asumir una postura problemática, confusa y ambigua. Una cuestión de fundamento es una cuestión fundamental. Si el fundamento está mal puesto, todo el edificio está en peligro. De esta manera, ¿cómo puede una teología avanzar sin tropezar continuamente en aporías?

Gravedad de las consecuencias
Si la cuestión y sus equívocos son graves, entonces graves son también sus resultados, pues el principio da forma a todo un discurso. Cuando se inicia un camino en la dirección equivocada, cuanto más se avanza más lejos se está de la meta. Del mismo modo los frutos de la TL, verdaderamente valiosos, acaban deteriorándose con el tiempo. El resultado general de la inversión práctica de principio (de Dios al pobre) es debilitar e incluso vaciar la identidad cristiana, y esto ocurre en varios planos:

1. En el plano teológico. La teología va perdiendo su carácter propio, para adoptar un tono más sociológico y político, de tipo religioso-pastoral. Pierde también fecundidad teórica, reduciéndose sus producciones cada vez más a meras "variaciones sobre un mismo tema". Peor aún, las grandes intuiciones de la TL se convierten en clichés repetidos ad nauseam, sobre todo en la "vulgata militante" de la TL.
2. En el plano eclesial. La "pastoral de la liberación" se convierte en un brazo más del "movimiento popular". La Iglesia entonces se "ONGiza" y se vacía incluso físicamente: pierde agentes, militantes y fieles. Los "de fuera", salvo los militantes, sienten poca atracción por una "iglesia de liberación", ya que para el compromiso disponen de las ONG, pero para la experiencia religiosa necesitan más que la simple liberación social. Por otra parte, al no percibir la extensión y relevancia social de la inquietud espiritual actual, la TL se muestra culturalmente miope e históricamente anacrónica, es decir, "alienada" de su época.
3. En el plano de la propia fe. Reducida a ideología movilizadora, la fe va perdiendo cada vez más sustancia, hasta vaciarse completamente. Lo que queda es una "hermenéutica cristiana de la existencia humana", tal y como se explica de manera acabada en la vulgata teológica denominada "rahnerismo", que subyace a la TL y que no es posible discutir aquí. En suma, la sustancia de la fe termina en mero discurso, en una cosa irrelevante, pues como se escucha en los medios "liberadores", lo que importa no es tanto la Iglesia o Cristo, sino el Reino.
La "prueba de los frutos" revela que la TL necesita una oportuna fumigación crítico-epistemológica y, más aún, fertilizar sus raíces.

Por qué la inversión de base de la TL: el choque del contacto con la pobreza
A estas alturas necesitamos comprender, sin que eso signifique necesariamente aprobar, las razones que llevaron a la TL a centrarse realmente en el pobre, dejando en la sombra el fundamentum. Aquí seremos extremadamente sintéticos.
La explicación más inmediata es la señalada: el descuido metodológico y la inversión de principio que la TL autorizó tácitamente. De ahí que el pobre y su liberación tomaran el lugar preeminente de Dios y de su salvación (sin hablar de la inversión existencial que subyace a la epistemológica y que tiene que ver con el primado de Cristo en la propia vida).
Hablando ahora de un modo más general, podemos encontrar detrás de esa inversión un dato histórico-existencial, sobre el cual la TL insiste con razón al referirse a la "experiencia de Dios en el pobre": es el drama social de América Latina, marcado por pobreza, opresión y exclusión.
La "irrupción del pobre" en la Iglesia sacudió de tal modo a la teología, que ésta se tambaleó en sus propios fundamentos. Sucedió entonces un caso de hísteron próteron epistemológico: el después vino antes. No era preciso que fuera así (de jure), pero así fue (de facto). La fe no parece ser lo suficientemente fuerte para mantener o recuperar la polé position. De ahí que el principio in se sucumbió ante el principio secundum quid. El "régimen de las excelencias", donde Dios tiene la primacía, fue atropellado por el "régimen de las urgencias", apareciendo el pobre en primer lugar.
De esta manera, la "urgencia histórica" llevó a invertir cuento se pudo, del contenido de la fe, en lo que fue considerado como el opus maius: la liberación histórica de los oprimidos. De ahí también la tentación de "cualquierismo epistemológico" al estilo de Ia Feyerabend: nada pasa en teología desde que los pobres sacan ventaja de ello.
Pero, como el Magisterio no se cansa de recordar, ese inmediatismo, con todo el seudo-pathos, redunda a mediano o largo plazo en otras formas de pobreza y opresión. De hecho, la historia brinda sobrados ejemplos de que la inconsistencia de la verdad se paga con la inconsistencia sociopolítica. Sólo la verdad libera verdaderamente (cf. Jn 8, 32-36). Para obtener realmente la liberación hace falta más que sólo la liberación: hace falta -digámoslo sin miedo- ¡Salvación! Solamente la Trascendencia redime la inmanencia.

Cesión al espíritu de la Modernidad
Sin embargo, existe una razón mayor para explicar que la TL se haya centrado en la cuestión de la pobreza y su eliminación. Es el tributo que la TL pagó, de manera bastante ingenua -por otra parte- a la decantada Modernidad y su aplaudida "revolución copernicana". De hecho, la Modernidad puso al hombre en el centro, en lugar de Dios. Es el viraje antropocéntrico: el hombre, con su razón, libertad y poder, como el nuevo axis mundi.
Pero hagamos a un lado la tendencia fáctica de este hombre (que no es exclusiva del hombre moderno) para esa inversión y también las tentativas teóricas para justificarla, como la de los sofistas con su lema "el hombre, medida de todo", refutados por Platón, así como la del estoico Varrón y su teología política, rebatido por san Agustín. A diferencia de estas tentativas, la de la Modernidad reviste un carácter macroscópico, es decir, civilizatorio.
El hecho es que la teología cristiana también cedió al giro antropocéntrico del espíritu moderno, y lo hizo sin clara conciencia del costo que tendría para la fe. En el protestantismo eso se dio con Schleiermacher y la "teología liberal", impugnado por Barth con su "teología dialéctica" (que no fue lo suficientemente "dialéctica" como para incorporar los legítimos desafíos antropológicos enarbolados por la modernidad).
En el Catolicismo, la "modernización" teológica vino con el movimiento "modernista", reprimido con la Pascendi de Pío IX, y más tarde, con el nombre de "giro antropológico", con Rahner y su "teología trascendental". Esta última tuvo sus éxitos, aunque grandes teólogos como De Lubac, Von Balthasar y Ratzinger, mantuvieron ante ella una distancia cautelosa (sin llevar a cabo una crítica cerrada). Fue así que la teología se "modernizó" antropologizándose: el hombre como el sol, y Dios, su satélite. Omnia ad maiorem hominis gloriam, etiam Deus.
Cabe agregar que esa antropologización modernizante tuvo como sus grandes precursores a Lutero con su soteriologismo (Dios-para-mí) y a Kant con su moralismo (Dios = postulado de orden moral). Pero fue Feuerbach quien llevó este proceso hasta sus últimas consecuencias, al anunciar el principio primero de la "Filosofía del futuro": "Los tiempos modernos tienen como misión... la transformación y disolución de la teología en antropología". Aquí es a donde llega una teología que, en la inevitable danza con la modernidad, en vez de conducir al compañero se deja llevar por él.
En este contexto, es comprensible que la TL también haya entrado en la ruta antropocéntrica del espíritu moderno. Sólo que para ella el centro no era simplemente el hombre, sino el hombre pobre. El suyo era el antropocentrismo "de la liberación". Sin embargo, también en ella el nuevo centro temático y de perspectiva amenazaban con sustituir el antiguo y perdurable Centro de la fe, de modo que, aquí, el lema de la modernidad sonaría: omnia ad maiorem pauperis gloriam, etiam Deus.
De la inversión antropocéntrica se siguió la instrumentalización general a que la modernidad sometió todos los valores. En eso están de acuerdo Weber y los pensadores de la Escuela de Frankfurt, con su idea del "pensamiento instrumental", así como Heidegger con su teoría de Ge-stell (instalación, dispositivo). De tal instrumentalización no escapó ni siquiera la religión. En el ámbito económico, es de sobra conocida la manipulación que sufrió en las manos del Capitalismo, el retoño más robusto de la Modernidad. En el plano sociopolítico, la religión se vuelve entonces un mero instrumentum regni, como es patente en Hobbes y Rousseau. El swingliano Erasto será el primer teólogo en legitimar la sumisión de la religión al poder del Estado.
En lo que se refiere a la TL, no se libró de la tentación de politizar la fe, en la medida en que exhortó a los cristianos a la lucha social bajo la insignia, de sabor maurrasiano, libération d'abord. Aquí el Cristianismo es tomado como instrumentum regni de los pobres, pero ni por eso deja de ser utilizado instrumentalmente. En esta óptica la fe es vista, antes que nada, como función de la liberación de los pobres.
La historia muestra que, con el paso del tiempo, la religión politizada se fue disolviendo en la política, de manera que ésta absorbió la sustancia de aquélla, volviéndose ella misma religión: Ersatzreligion. Los totalitarismos no pasan de la expresión extrema de la "secularización de la religión", es decir, de su radical antropologización política, como vio, entre otros, K. Löwith. Por su parte, C. Schmitt mostró que, en el fondo, la política moderna es religión secularizada. El Estado sería un deus visibilis, como Hobbes representara en la figura de Leviatán.
El destino fatal de quien se pone en el lugar de Dios y lo usa para su beneficio es considerarse Dios. De manera análoga, una TL que "consume" la fe cristiana sobre todo para la liberación, se arriesga a "consumir" esa fe y también consumirse a sí misma. La "liberación" puede devorar a la "teología".

El sobrenaturalismo de la fe: responsable de la mundanización de la fe
Pero, ¿por qué la Modernidad antropologizó y politizó todo, incluso la fe cristiana? Como demostró especialmente H. Blumenberg, en buena parte eso ocurrió como una reacción violenta contra el "totalitarismo teológico" de la Iglesia de cristiandad, como quiera que ese totalitarismo haya sido llamado: sobrenaturalismo, divinismo, agustinismo político, espiritualismo, fundamentalismo o integrismo.
De ahí que el cristianismo histórico sea, a causa de su extremismo "divinista", parcialmente responsable del extremismo "mundanista" de la Modernidad, que le es diametralmente opuesto. Por otra parte, la apertura conciliar favoreció que el extremismo moderno pudiera entrar de manera violenta en el seno de la propia Iglesia, generando incluso rupturas.
Por consiguiente, la "irrupción del mundo" en el espacio eclesial implicó el riesgo de la "mundanización" de la teología, así como lo hizo la "irrupción de los pobres" en relación a la teología latinoamericana. Sólo que en este último caso el proceso se dio a la izquierda, y el riesgo fue en gran medida contenido por el vigoroso sensus fidei de los fieles y los pastores.
Con el cambio epocal que estamos viviendo, detrás de la "tesis" de la Cristiandad y la "antítesis" de la Modernidad, se presenta también para la Iglesia y la teología la oportunidad histórica de una "síntesis": la armonía entre fe y mundo y, en particular, entre fe cristiana y política de liberación.

Cierre de esta primera parte
Para concluir esta primera parte, queremos recordar que el cuestionamiento crítico hecho hasta ahora en torno a los fundamentos de la TL no pretende refutar esta corriente, sino reubicarla en sus fundamentos originales. Sólo así podrá "salvarse", "salvando" consigo los preciosos frutos que produjo, especialmente la opción preferencial
Como se ve de inmediato, esta primera parte es sólo la pars destruens de nuestra reflexión, aunque los principios de solución hayan sido claramente señalados. Para la pars construens queremos recurrir a Aparecida; las razones para hacerlo quedarán aclaradas con lo que diremos a continuación.

II. Aparecida: la lucidez del principio

Apreciación general del Documento y razón de su llamada de atención
Para empezar, digamos que Aparecida recapitula y lleva a su madurez todo el caminar de nuestra Iglesia latinoamericana y caribeña. Es una "sorpresa del Espíritu" (nada hacía prever este magnífico resultado), un "milagro de Nuestra Señora de Aparecida" (que, a petición del Papa, asumió la dirección de los trabajos), así como un "don del Padre de las luces" a favor de nuestras iglesias. Este documento honra al episcopado de nuestro continente.
En la base del éxito del texto episcopal están, entre otros, los siguientes factores: la madurez de nuestra Iglesia latinoamericana, tanto de sus pastores como de sus teólogos y sus comunidades eclesiales; el magisterio de Benito XVI, especialmente su mensaje en la apertura de la V Asamblea; y, sobre todo, el soplo del Espíritu Santo, invocado por tantos fieles de nuestras comunidades, "en unión con María, madre de Jesús" (Hc 1,14).
Pero lo que nos hace recurrir al Documento de Aparecida, en lo que toca al cuestionamiento de la TL, es el hecho de que dicho texto es una lúcida demostración de cómo es posible resolver satisfactoriamente la vexata quaestio aquí recogida: la correcta articulación entre fe y acción liberadora. Como ya vimos, la TL no resolvió de manera satisfactoria esta relación porque partió de un principio equívoco, por no decir equivocado. Ahora Aparecida resolvió esa relación, articulándola de manera afortunada, y eso justamente por el hecho de haber partido del principio claro y correcto, como demostraremos en seguida.

Confrontación pedagógica entre Aparecida y la TL
Es útil establecer aquí una breve comparación entre la metodología de la TL y la de Aparecida. Podemos, de una manera muy concisa, hacer esa comparación así: la TL parte del pobre y encuentra a Cristo; Aparecida parte de Cristo y encuentra al pobre. Decir que son metodologías recíprocamente complementarias no basta. Es preciso también, y principalmente, ver las respectivas diferencias y la jerarquía que se impone entre las dos.
Efectivamente, la metodología de Aparecida es una metodología originaria y principal, en tanto que la otra sólo puede ser derivada y subalterna. Por eso también la primera es más amplia. Si Benito XVI fue teológicamente acertado al abrir la V CELAM, al declarar: "la opción por los pobres está implícita en la fe cristológica", entonces queda claro que el principio-Cristo incluye siempre al pobre, sin que el principio-pobre incluya necesariamente a Cristo. En otras palabras: para ser cristiano es absolutamente preciso comprometerse con el pobre pero, para comprometerse con el pobre, no es necesario, en absoluto, ser siempre cristiano.
Además, la metodología de Aparecida es más lógica: de Cristo se va necesariamente al pobre, pero no necesariamente del pobre a Cristo. Por todo ello, la metodología de Aparecida puede incluir la de la TL y puede fundamentarla, pero a la inversa no es posible.

La cuestión decisiva: el punto de partida formal o fundante
Recordemos que nuestro cuestionamiento en este trabajo gira por completo en torno al principium o fundamentum de la TL. Ahora bien, cualquier teología, para renovarse o rectificar, necesita siempre "volver a la fuente", es decir, regresar a su principio vital, a su raíz.
Pues bien, la fuente original de la teología no es otra que la fe en Cristo. "Sólo Jesús salva", y en teología "salva" incluso la opción por los pobres. Este es el principium grande de todo en el Cristianismo, tanto en la vida como en el pensamiento. Y de esta arché, la fe en Cristo, se abre la verdadera perspectiva de toda teología auténticamente cristiana: ver todo "a la luz de la fe", en otras palabras, a la luz del Dios de Jesucristo. Aristóteles lo llama, a veces, el "principio regente" de kyrios. Ahora, el kyrios de la teología no puede ser otro sino el Kyrios de la fe, de la Iglesia y de la Historia. Pero, ¿cómo se procesa tal "señorío epistemológico" en el discurso concreto de la teología?
Nos parece que es precisamente en este punto que el Documento de Aparecida nos puede brindar el modelo. En él, todo parte de Cristo y, a partir de esa Arché, se recuperan todos los grandes temas que desafían a la Iglesia, inclusive (y principalmente) la cuestión de los pobres y del compromiso liberador (recuperándose, al mismo tiempo, la problemática actual de la Sinnfrage y de la búsqueda de lo divino, de manera que el Documento "mata dos pájaros de un tiro").
Incluso cuando la V Conferencia parte de los pobres, siguiendo el método "ver, juzgar y actuar", lo hace sólo materialmente (para alegría de los TL), pero formalmente parte siempre de Cristo. En otras palabras, la óptica de los pobres se ubica esencialmente dentro de una óptica anterior y mayor, que es la de la fe cristológica. Esta última no sólo se presupone, sino que sustenta por completo el discurso pastoral, confiriéndole su forma vital y también lingüística. De ahí que el Documento siempre habla de Cristo en "un tono más alto" de como habla de los pobres, para usar una feliz expresión de Barth.
En realidad, la afortunada articulación que establece Aparecida entre fe y compromiso, a partir de la fe, ya se había dado en el mismo lema de la asamblea: (1) "Discípulos (2) y misioneros de Jesús, (3) para que nuestros pueblos en El tengan vida". Los obispos sólo tuvieron que desarrollar en toda su amplitud los articuli ahí colocados.
Vamos a analizar en seguida cómo el episcopado latinoamericano y caribeño, in actu exercito de su discurso pastoral, se desobligó de esta tarea. Para tal análisis, ¿qué método debemos utilizar? De entrada descartamos aquí, por considerarla intelectualmente deshonesta, una "hermenéutica gambusina", que sólo busca lo que quiere buscar, perdiendo lo esencial del Documento.
Nuestro método procurará destacar primero el esquema general del Documento, es decir, su lógica interna, así como los principios que le brindan su estructuración y su dinamismo. Con lo "principal", esperamos obtener lo "esencial" del mensaje de la V Conferencia.
Cabe mencionar que constatar "sombras" en el magisterio de Aparecida es un acto casi rutinario de todo teólogo que desea ser crítico. Sin embargo, en relación con la problemática que tratamos aquí nos parecen tan irrelevantes, que las dispensamos.

1. Punto de partida: la fe como encuentro con Cristo

El Documento empieza bien. Empieza por donde debía empezar. "Empieza por el inicio": Cristo, la fe en Cristo, el Salvador, el Señor, el Hijo de Dios, el Amor del Padre manifestado al mundo.
Explicitemos este primer punto. La fe en Cristo es presentada como "experiencia de encuentro". "Encuentro" es la gran categoría, repetida más de cincuenta veces, y define la esencia íntima de la fe cristiana. Fe es encuentro de persona a persona, encuentro vivo con el Cristo vivo.
El Documento abunda: tal encuentro es necesariamente transformador. Transforma toda la vida, en todos sus niveles: personal, comunitario, social y ambiental-ecológico.
El "punto de partida" formal o determinante del Documento de Aparecida no es la realidad, la historia o la praxis, ni el pobre y el que sufre. Pero tampoco es la doctrina de la fe, los principios dogmáticos. El punto de partida es Aquel que es, en las palabras de la Escritura, el propio "Principio", el "Alfa" de todo, el "Primogénito", el "Príncipe" en absoluto.
El Documento de Aparecida subraya tan fuertemente el primado de la opción por Cristo que no quiso detenerse en el lado negativo que existe realmente en el mundo y también en la Iglesia. Sólo quiso pronunciarse a favor: a favor de Cristo, de los alejados de la fe, de los pobres y de su liberación.
Con respecto a la fe en Cristo, el Documento utiliza expresiones que buscan despojar a la fe del sentimiento de banalidad con que suele venir acompañada, devolviéndole el sabor original y el aura de excelencia. En este sentido, afirma que la fe es la "gran novedad" (n. 348), novedad perenne, que no pierde el vigor; es la Buena nueva permanente de la Iglesia, mensaje siempre nuevo; es la "prioridad no. 1" de la Iglesia; es el gran "descubrimiento", la "revelación", el "acontecimiento", el "tesoro" y la "perla preciosa" que la Iglesia posee y ofrece al mundo.
Ahí está el principio estructurante, y no sólo genésico, de toda la vida de la Iglesia: de su fe y de su misión. Ése es el fundamento de todo. Es la Fuente de agua viva, que brota permanentemente en la Iglesia y se vierte al mundo. En esta línea, el Documento declara que en toda la vida de la Iglesia, se ha de comenzar y "recomenzar de Cristo" (n. 12, 41 y 549).
Poniendo a Cristo en el principio del Documento, la CELAM optó por un abordaje plenamente teológico, externado en lenguaje existencial que suscita simpatía y conquista de inmediato el consenso. Por lo tanto, fue una gran "jugada" de nuestros pastores, una magnífica medida, y justo al inicio!
¿Qué implicaciones concretas (existenciales o pastorales) tiene el hecho de que nuestra Iglesia haya asumido, o mejor dicho, vuelto a asumir, este "punto de partida"?
Implica, antes que nada, favorecer de todas maneras una relación inter-personal, de amistad, de intimidad, de amor-pasión con la persona de Cristo. Eso es precisamente lo que significa ser "discípulo". Aquí, en verdad, somos remitidos a la esfera de la espiritualidad o de la mística.
Tal prioridad no vale sólo "para los otros", como suelen pensar los agentes de pastoral. Vale más bien para cada cristiano. La evangelización es, en primer lugar, auto-evangelización.
Y en esa interpelación de encontrar a Cristo a través de la oración, la Palabra, la Eucaristía, entran también los mismos pastores (n. 177). Los obispos se incluyen (n. 186) e incluyen también a los otros pastores: los sacerdotes (n. 199), los párrocos (n. 201), los seminaristas (n.319) y los agentes de pastoral en general (n. 352).
Impresiona y conmueve esta manera de auto-implicarse al hablar de espiritualidad. Es algo novedoso y extraño en un documento pastoral, dirigido a los otros, al pueblo, y sin involucrar normalmente a los emisarios.
Para operativizar pastoralmente este "encuentro con Cristo", contenido existencial de la fe, Aparecida ofrece una propuesta concreta para todo el continente (n. 277). Tal propuesta, según el texto, deberá implicar todas las estructuras pastorales. Se trata de un "itinerario" formativo (todo el cap. VI), que tiene su corazón en la mistagogia, es decir, en una primera "iniciación a la vida cristiana" (n. 286-294).
El objetivo de este itinerario, como se desprende del mismo término "iniciación", es iniciar a la persona en el misterio de Cristo, es decir, llevarlo, como de la mano, al encuentro directo con Cristo. ¿Cómo? A través de la escucha orante de la Palabra, del ejercicio de la oración, del amor a la Eucaristía.
El primer resultado interior del encuentro es la conversión: el volverse "nueva criatura", hijo de Dios. Eso es vida nueva, corazón nuevo. Es un cristianismo de "iniciados", de gente que "experimentó" Algo, de "místicos", como quería Rahner. Es a partir de ahí que irrumpe, casi automáticamente, la misión y el compromiso en el mundo, como veremos más adelante.
Tal es el dato originario de la vida de la Iglesia. Originario y también original, pues otorga originalidad a todo en la Iglesia: a la palabra, a su misión y a su empeño por la justicia. Ese comienzo cristológico-iniciático, además de ser acertado desde el punto de vista teológico, es acertado también desde el punto de vista pastoral.
Pues nuestro catolicismo popular, aunque exaltado en Aparecida (n. 258-265), incluso como el "tesoro más precioso que tiene el pueblo", es un catolicismo hecho más de tradición que de convicción personal, más de cultura que experiencia espiritual. De ahí su vulnerabilidad ante los avances, tanto de las "sectas" y su proselitismo como del actual "secularismo" y sus seducciones sensual-materialistas. Y de ahí también el déficit, que disminuyó desde Medellín aunque sigue siendo grande, en términos de conciencia social y compromiso político.
Incluso el Catolicismo de las minorías o elites (obispos, sacerdotes, religiosas, agentes, militantes, intelectuales) es más doctrinario que experiencial, más ideológico que personalista, más gnóstico que existencial, más moralista que místico, más muscular que cordial, en fin, más práctico que teo-pático.
Destacamos hasta el lenguaje, estilo o tono del Documento, que también fue acertado. Se trata de un lenguaje comunicativo, que despierta la alegría de creer, el entusiasmo de anunciar y el ardor de luchar. Además, es bastante homogéneo. Su unidad interna proviene de la unidad de su centro vivo que es Cristo, que es la fe viva en Cristo.
En fin, es un lenguaje espiritual, ungido, prometedor. Un lenguaje nuevo, original, justamente por ser originario, es decir, por nacer del asombro de un Encuentro. Se muestra en concordancia con su tema, "expresando de modo espiritual las cosas espirituales", como quería san Pablo (I Cor 2, 13)
¿Como llegó la Asamblea episcopal a semejante lenguaje, de verdadera comunicación evangélica? No fue por un esfuerzo meramente literario, cuya artificialidad lo habría delatado. Fue más bien porque el lenguaje emanó de la vida y la experiencia de nuestra Iglesia, interpretadas por los pastores y teólogos-asesores presentes en la Asamblea. Un lenguaje de este tipo no se consigue en tres semanas. Es una cuestión de vida. Habla de la vitalidad espiritual y pastoral de nuestras iglesias y de sus pastores.
Explicitemos rápidamente algunos de los rasgos más evidentes del lenguaje de Aparecida:
- es ágil: se lee bien; no es pesado ni fastidioso;
- es claro: lúcido, comprensible;
- es positivo: prefiere el incentivo a la crítica, aunque no deja de ser realista y profético a la vez; usa de buen grado términos evocativos como: alegría, placer, entusiasmo, ardor, audacia, felicidad, plenitud, belleza, maravilla, vida (muchas veces), amor, esperanza, gracia, acción de gracias, alabanza, bendición, tesoro, riqueza, don, presente, etc.;
- es estimulante: animador, lleva a la adhesión concreta; es práctico, pastoral y propositivo;
- es sereno: y seguro; hace "sentir firmeza"; infunde fe en el poder de la fe, pero sin falsa seguridad o presunción, más bien al contrario, con humildad;
- es equilibrado: armonioso, ordenado, bien articulado.

Para terminar esta parte, diremos que el hallazgo genial e inspirado de los obispos fue haber partido formalmente de donde parte -porque sólo de ahí puede partir- la vida cristiana: de Cristo, de la fe en Cristo, del encuentro vivo con Cristo.
Se dirá: "Pero eso es obvio. Es la evidencia misma". Sin embargo aquí está la gran ilusión: el dejà vu en relación al Cristianismo; descubrir que ya se conoce la fe cristiana; que ésta no ofrece ninguna novedad; que no necesita ser reencontrada, cada vez y siempre, en su originalidad perenne. Los obispos como los profetas -y los poetas y los niños-, vieron lo "obvio", proclamaron lo "evidente". Ahí está su genialidad.
Insistimos: Cristo, encontrado y seguido, es el principio determinante de todo lo demás. Lo que los obispos dirán después será todo conformado y moldeado por Él, como el viento curva todo el trigal en la dirección en que está soplando; como el fermento transforma toda la masa; como la sal da sabor a toda la comida.

2. Los desdoblamientos de la fe: evangelización y compromiso
Toda la vida de la Iglesia brota del encuentro con Cristo, de la comunión con Él por medio de la fe y, de manera especial -en esto insiste Aparecida-, de la Eucaristía. Por lo tanto, la misión de la Iglesia proviene del corazón de la fe. El encuentro con Cristo necesariamente impele a la Iglesia hacia el mundo.
Esta misión tiene dos momentos. El primero es el anuncio de Cristo, como Aquél que llena el corazón humano de alegría y paz, y llena la vida de sentido (por cierto, la "cuestión del sentido" es recurrente en el Documento, y se desarrolla en los n. 36-42). Quien arde con el fuego de Cristo, ilumina y calienta a los demás de manera natural. De ahí que el primer desdoblamiento de la fe sea la evangelización directa.
El segundo momento es el compromiso en el mundo, en la sociedad. Es volverse "ante los hombres" luz de verdad y fermento de justicia. Aquí se ubica toda la tradición profética y liberadora de nuestra Iglesia latinoamericana. Si la primera es propiamente la "misión religiosa" de la Iglesia, la segunda es específicamente su "misión social" (cf. GS 42).
Observemos la lógica entre la fe y la misión, sea ésta evangelizadora o social; entre el encuentro con Cristo y la tarea de anunciarlo a las personas y hacerlo presente en el orden social. La lógica es ésta: el segundo término siempre es un desdoblamiento del primero. La práctica de la misión, tanto religiosa como sociopolítica, brota de la experiencia de fe, así como el río fluye de la fuente, como la luz irradia del foco, y como la flor y el fruto provienen finalmente de la raíz del árbol. No hay entre estos términos ninguna oposición, pero tampoco mera yuxtaposición, sino precisamente desdoblamiento o consecuencia.

Vamos a explicitar en seguida esas dos formas de misión: evangelizadora y social.

2.1. Primer desdoblamiento de la fe: la evangelización
Una persona llena de Cristo, lo anuncia como por desbordamiento. El Documento habla de la misión evangelizadora en términos extremadamente positivos: se trata de irradiar la Luz recibida, de comunicar la Alegría del encuentro, de compartir la Vida del amor (n. 145).
Volvamos a subrayar la lógica que preside la misión de evangelización. Ésta deriva espontáneamente del encuentro con Cristo; es su primera consecuencia hacia fuera. De ahí fluye naturalmente el anuncio evangélico y evangelizador. El "discípulo" se vuelve necesariamente apóstol o "misionero", para evocar el lema de Aparecida.
Como vemos, aquí la misión no tiene nada que ver con el adoctrinamiento, la propaganda o el proselitismo. Es más bien irradiación. Es un "atraer" hacia Cristo, como un imán, el verdadero "polo norte del mundo espiritual", como decía Péguy.
Al mismo tiempo que proclama la alegría de creer, el discípulo-misionero profundiza, mediante la catequesis, la "doctrina cristiana", es decir, un conocimiento más orgánico y completo de la persona y la obra de Cristo.
En el plano del "encuentro de fe con Cristo", así como en el de la evangelización, Aparecida presenta una propuesta concreta, que exige el involucramiento y la reestructuración de todas las pastorales: es la "Gran Misión Continental" (n. 362-363).
Se trata de pasar de una pastoral pasiva, que espera que el pueblo venga a nosotros, a una pastoral activa, que "sale" al encuentro de los alejados (n.370), de los que no están en comunión de vida con Cristo, especialmente de la gran masa de los católicos indiferentes. Este no es un trabajo puntual, sino un esfuerzo continuo: es la Iglesia que se pone por completo en estado permanente de misión evangelizadora.
Lo que motiva esta misión no es el intento de "reconquistar" los miembros que la Iglesia ha "perdido", ni hacer la "competencia" a los otros grupos religiosos. Se trata, simple y sencillamente, de comunicar la vida de Cristo y compartir la alegría del Evangelio. Que esto haga aumentar el rebaño católico, es una consecuencia feliz e incluso deseada, pero no es la finalidad principal de la misión continental. La gloria de la Iglesia es la gloria de Cristo.

2.2. Segundo desdoblamiento de la fe: el compromiso de vida
Se trata aquí de un compromiso ético, que más allá de la vida personal involucra la vida social. El compromiso en la sociedad, "marca registrada" de la pastoral latinoamericana, es retomado aquí con nuevo vigor, vigor que en el texto tiene más de teología que de retórica.
¿Cómo se retoma el compromiso social? La respuesta es importante, pues tiene que ver con el punto verdaderamente crucial del debate que planteamos en la primera parte.
Ahora, en el Documento el compromiso social es retomado "a partir de la experiencia de fe en Cristo". Es por eso que el compromiso liberador deriva directamente del seguimiento. Quien ama a Cristo, ama también a los hermanos, especialmente sus preferidos: los pobres y todos los excluidos, cuyos rostros describe el Documento en varios apartados (n. 65, 402 y, en especial, 407-430).
Nótese también aquí que la lógica que anima el compromiso arranca del encuentro con Cristo. Quien encontró a Cristo va al encuentro del hermano pobre y sufriente. Aquí, lo social deriva de lo espiritual.
Ésta es la lógica que encontramos también en el NT, especialmente en Juan y en las cartas de Pablo. Se encuentra en la fórmula: "Si son luz, pórtense entonces como hijos de la luz" (Ef 5,8). Por lo tanto, esa lógica no es la de los obispos o de quien quiera que sea, sino que se basa en la propia naturaleza de la Revelación, que consiste en una vida nueva que naturalmente nos lleva a un nuevo actuar.
Con su idea de una acción que brota "de la superabundancia de la vida contemplativa", santo Tomás dice lo mismo (cf. ST II-II, q. 182, a. l, ad 3). Nietzsche, por su parte, predicaba la "virtud dadivosa", insistiendo en una acción que fuese fruto de la riqueza interior y no de la carencia personal (Zaratustra, parte I, último cap.). Pero, ¿para qué citar más autores? Esta es la lógica de las mismas cosas: agere sequitur esse: la acción brota del ser. Aparecida no hace más que aplicarla a la fe y a la pastoral.
Sin duda persiste la insuperable cuestión de las mediaciones concretas entre fe y política, pero éstas sólo se refieren a la forma externa de la acción, no a su sustancia íntima. La fe es llamada a ser "el alma" de toda política, incluso en su misma estructura. En sentido estricto, la política es autónoma, no autárquica. Esto significa que, a pesar de contar con sus propias leyes, la acción política permanece siempre dependiente de su Creador y, por lo tanto, abierta a una investidura religiosa. De aquí que entre fe en Cristo y vida social no haya paralelismo ni, menos aún, contradicción.
En esta óptica plena y claramente espiritual, de tipo existencial e interpersonal, el compromiso de liberación está todo impregnado de Cristo, a quien se encontró en el camino de la vida y se desea amado en la vida y reinando en la sociedad. De este modo, la fe conforma y anima de arriba abajo toda la misión de la Iglesia, incluso la sociopolítica.
Esto es válido particularmente para los cristianos laicos, que tienen en lo social su ámbito propio de práctica directa y concreta de la fe. En esto insiste Aparecida, destacando, como deber pastoral de la Iglesia, la necesaria formación política del laicado (n. 501-508), pues toda la práctica social de los laicos se desarrolla "con Cristo, por Cristo y en Cristo". Es el sentido de la frase: "en Él", introducida por el Papa en la segunda parte del lema de la V CELAM: "Para que nuestros pueblos en Él tengan vida".
Por último, el tema "vida" es la gran idea que estructura todo el Documento en sus tres grandes partes, apareciendo en el nombre de cada una de ellas. La división tripartita se hizo de acuerdo con la metodología, ahora clásica en América Latina, del "ver, juzgar y actuar", metodología que, insistimos, tiene más bien una validez material (temática y expositiva) que propiamente formal (determinante y fundadora).
Del mismo modo, es en la perspectiva de la fe-encuentro en la que se reasume la irreversible "opción preferencial por los pobres" (n. 391-398, esp. 396). Quien encuentra a Cristo no puede dejar de encontrar al pobre. El Documento insiste en la cualidad "evangélica" de esta opción, en el sentido de que debe estar toda empapada del espíritu de Cristo. Es por eso que tal opción es presentada lejos de toda exageración o "ideología", llámese politicismo, militantismo, activismo o incluso moralismo.
Aparecida no evita el vocabulario de la "liberación", pero lo usa poco, tal vez por las connotaciones ambiguas y polémicas que lo rodean. No obstante, recupera su contenido al abrigo de conceptos como promoción social, amor hecho justicia, transformación de las estructuras, pobres: sujetos de derechos, etc.
La V Conferencia no se detiene en las dificultades y crisis de nuestro tiempo, ni en la complejidad de la sociedad actual con los inmensos riesgos de la globalización. Apuesta, más bien, por el Cristo vivo, presente en la Iglesia, con su inspiración y su fuerza. Podríamos decir que los obispos "tienen fe en la Fe".
A diferencia de los dos puntos anteriores, para la parte social Aparecida no ofrece una propuesta continental concreta. Aunque no deja de ofrecer indicaciones prácticas, la V Asamblea parece apostar, sobre todo, por la "fantasía de la caridad". Esta es una provocación a la participación creativa y responsable de los cristianos laicos y también de los teólogos de la liberación, en la medida que ambos buscan "encarnar", en la teoría y en la práctica respectivamente, la Palabra eterna en la "carne" del tiempo.

Conclusión
Después de todas esas observaciones críticas -en la primera parte- y propositivas -en la segunda-, ¿cómo queda la TL? Nos parece que, grosso modo, ahora se está encaminando en la dirección correcta.
En primer lugar, se observa que buena parte de la TL se incorporó naturalmente en la teología. Pasó así a formar parte de la "teología normal" y del discurso de la Iglesia en general. Se insertó en el órganon de la teología general como su "dispositivo social", y se seguirá incorporando lentamente al arroyo de la teología global llevando consigo toda su sustancia, como un afluente al río principal. Así ocurrió también con los movimientos bíblico y litúrgico que, de movimientos particulares -antes del Concilio-, se convirtieron después en bienes comunes de toda la Iglesia.
Que incluso incorporada orgánicamente en la teología sine addito, la TL pueda seguir enarbolando la consigna que le da nombre, eso corresponde al legítimo pluralismo religioso. Así podrá recordar a toda la teología su deber de integrar cada vez más la dimensión socio-liberadora de la fe, protagonizada por los pobres. De hecho, es así como perduran, en la armonía del cuerpo eclesial, los grupos más diversos, privilegiando cada uno un carisma particular.
Pero también es posible que parte de la TL resista e insista en entenderse como una teología integral aparte, construida a partir de principios propios. Entonces será imposible evitar cierta polarización en relación a la teología en general, porque la inevitable clarificación de esa corriente pondrá en evidencia el carácter aporético de su método. Además, el pobre no podrá aguantar por mucho tiempo el peso del edificio de una teología que lo escogió como base: antes de ser aplastado por ella, cederá, como la historia no se cansa de enseñar.
Lo cierto es que la evolución teórica de la TL no se dará de modo automático, gracias a la simple "fuerza de las cosas", pues ninguna situación histórica resuelve por sí misma problemas teóricos. Los problemas teóricos se resuelven teóricamente; cuando se intenta resolverlos haciéndolos a un lado -mediante represión o simple desestimación-, reaparecen como la mala hierba cuya raíz fue dejada.
De ahí también la razón y la finalidad de estas líneas. Buscando intencionar la discusión sobre el estatuto epistemológico de la TL, y procurando así esclarecer y resolver su problemática de fondo, tal vez puedan contribuir a disolver la polarización generada por ella y favorecer, de este modo, la catolicidad sinfónica de la teología.
Sólo eso redundará en la felicidad de los pobres, la gloria de Dios y la confusión del demonio (cf. LG 17).
Curitiba (PR), Brasil, agosto de 2007

* Filósofo e Teólogo. Professor na Pontifícia Universidade Católica do Paraná
ADITAL , Martes, 17 de junio de 2008





Dilemas sobre la participación en democracia


Mario Meneghini

Muchos intelectuales católicos, en Europa y América, sostienen que la democracia –generalmente mencionada así, sin distingos, como si fuese un vocablo unívoco- conduce inevitablemente a la perversión en la sociedad donde existe; siendo moralmente ilícita cualquier participación en ese tipo de régimen. Consideramos necesario profundizar en este tema, pues da lugar a legítimos disensos, no sólo en los aspectos instrumentales de la acción política, sino también en la interpretación de los principios doctrinales. Por razones de espacio, los argumentos detallados de nuestra posición se encuentran en un blog[1], limitándonos en este artículo a resumir la conclusión.

Que la política contemporánea ofrece un panorama desolador nadie lo puede negar, pero ante este horizonte, consideramos que no basta con trabajar en el campo de la cultura, y criticar la realidad presente, esperando que se produzca un cambio positivo, puesto que: “El poder es la facultad de mover la realidad, y la idea no es capaz por sí misma de hacer tal cosa”[2].
Como se pregunta Gómez Pérez[3]: ¿qué hacer mientras tanto? Porque, si mientras damos el buen combate en el plano religioso e intelectual, nos abstenemos de actuar a través de las instituciones vigentes, “la política, que es un asunto humano de primera importancia, queda relegada al campo de lo casi pecaminoso y, de rechazo, el cristianismo se convierte en algo ya ultraterreno, cuando en realidad su dimensión trascendente no ahorra ahora sino que estimula la acción en las entrañas de la historia”.

Cuando se analizan cuestiones temporales, conviene recordar la afirmación de Fulvio Ramos[4], quien reflexionó sobre la democracia:
“Los cristianos sabemos que en la búsqueda de una recta ordenación social, las soluciones que se hallen serán siempre imperfectas como imperfecta es toda obra humana, y que el sumo bien y la suma perfección no son atributos humanos sino divinos, que sólo podremos alcanzar en la eterna bienaventuranza”.

En otro párrafo del mismo libro, al referirse Ramos a la enseñanza pontificia sobre las formas de gobierno y temas conexos, afirma: “Como ya expresamos, respecto de estas cuestiones tan contingentes y variables no caben las posturas dogmáticas. Lo que sí ha rechazado la Iglesia es el principio de la soberanía popular, el individualismo como base de la vida social y la democracia de masas que es su consecuencia”.

Precisamente, un problema, al abordar cuestiones políticas, es no precisar adecuadamente el límite entre lo doctrinal y lo prudencial. Por cierto que es lícito a todo católico opinar de acuerdo a su propio criterio en temas opinables, pero no en cuestiones que han sido definidas por la Doctrina Social de la Iglesia. Si se afirma, por ejemplo, “la intrínseca ilegitimidad de origen que posee todo gobierno democrático”[5], debe aclararse que se trata de una opinión, que no se basa en ningún pronunciamiento del Magisterio. Sorprende que personas inteligentes y honestas, crean que la acción cívica sólo se justifica cuando existen posibilidades de acceder al poder para aplicar íntegramente la sana doctrina.
Asumir una posición rigorista en temas de procedimiento, implica colocar a quien defiende la necesidad de actuar en la vida cívica, pese a las dificultades, en una situación casi herética, siendo que dicha participación ha sido insistentemente recomendada por los Papas.

El enfoque realista en materia política ha sido destacado por Joseph Ratzinger[6]:
“Ser sobrios y realizar lo que es posible en vez de exigir con ardor lo imposible ha sido siempre cosa difícil… El grito que reclama grandes hazañas tiene la vibración del moralismo; limitarse a lo posible parece, en cambio, una renuncia a la pasión moral, tiene el aspecto del pragmatismo de los mezquinos”.

Es cierto que, en determinadas circunstancias, el lícito negarse a participar activamente en política. Pero, la decisión de abstenerse, de manera permanente y en todas las instancias y niveles electorales, no puede fundamentarse en ningún documento pontificio. Pese a las objeciones que la Iglesia ha hecho al sufragio universal –método utilizado en casi todos los países- nunca ha afirmado que votar implique una falta; por el contrario, exhorta a votar como exigencia moral, según se indica taxativamente en el Catecismo de la Iglesia Católica (p. 2240), y en la Constitución Gaudium et Spes (p. 75).

Procurar el reemplazo de los procedimientos actuales de selección de gobernantes, constituye un noble esfuerzo, siempre que la alternativa propuesta sea factible y no una fórmula abstracta, para ser aplicada en un futuro indefinido. Sobre eso escribió Pablo VI: “La apelación a la utopía es con frecuencia un cómodo pretexto para quien desea rehuir las tareas concretas refugiándose en un mundo imaginario. Vivir en un futuro hipotético es una coartada fácil para deponer responsabilidades inmediatas”[7].

Para finalizar, nos estimulan a continuar el arduo camino de servir al bien común con los instrumentos disponibles, los consejos de Santo Tomás Moro[8], Patrono de los Gobernantes y Políticos:

-“Si no conseguís todo el bien que os proponéis, vuestros esfuerzos disminuirán por lo menos la intensidad del mal”.

-“La imposibilidad de suprimir enseguida prácticas inmorales y corregir defectos inveterados no vale como razón para renunciar a la función pública. El piloto no abandona su nave en la tempestad, porque no puede dominar los vientos”.


Córdoba (Argentina), junio 10 de 2008.-

[1] Para facilitar la lectura, hemos agrupado varios artículos en dos archivos, a los que puede accederse directamente desde este lugar:
a) Doctrina política de la Iglesia:

http://foroazulyblanco.blogspot.com/search/label/Doctrina%20pol%C3%ADtica%20de%20la%20Iglesia

b) Dilemas que plantea la acción política:

http://foroazulyblanco.blogspot.com/search/label/Dilemas%20de%20la%20acci%C3%B3n%20pol%C3%ADtica



[2] Guardini, Romano. “El poder”; Guadarrama, 1963, pág. 22.
[3] Gómez Pérez, Rafael. “Introducción a la política activa”; Editorial Magisterio Español, 1978, págs. 105/106.
[4] Ramos, Fulvio. “La Iglesia y la democracia”; Cruz y Fierro, 1984, págs. 200 y 183.
[5] Revista Cabildo, nº 74, editorial.
[6] “Cristianismo y política”; Revista Internacional Communio, julio-agosto de 1995.
[7] Carta Apostólica “Octogesima Adveniens”, p. 37.
[8] “Utopía”; Sopena Argentina, 1944, pág. 64.

Julius Nyerere



Fue un político tanzano, presidente de la Tanganica independiente (1962-1964), y después de la federación de Tanzania (1964-1985). Tras finalizar sus estudios en Edimburgo, volvió a Tanganica en 1952 y después de dimitir de su puesto de profesor se dedicó a la política en la Unión Nacional Africana de Tanganica (TANU) para defender así la doctrina de la emancipación.
Julius Nyerere ha sido uno de los grandes líderes del África Negra, que pasará a la historia como el padre del socialismo "a la africana". A diferencia de otros jefes de estado, nacidos con la descolonización, no quiso calcar el modelo de desarrollo tomado de la civilización occidental ni ser deudor del comunismo; trató de sustraer a su pueblo del círculo vicioso de la determinación extranjera y la dependencia.
Apodado popularmente como "Mwalimu" (maestro en lengua Kiswahili) condujo a su país a la independencia en 1961 y fue proclamado primer presidente de la República de Tanganika en 1962, que pasó a denominarse Tanzania dos años después tras unirse a Zanzibar. Mucho antes de que Robert McNamara hablara sobre la importancia del desarrollo rural, el presidente Nyerere lo convirtió en la parte medular de la estrategia de Tanzania, en la declaración de Arusha de 1967. Con la creación de los "Ujamaa" o comunidades voluntarias y democráticas de campesinos para cultivar colectivamente la tierra, sentó las bases del socialismo "a la africana". El resto de los sectores económicos : comercio, industria, transporte y banca fueron nacionalizados . Su prioridad económica era alcanzar la autosuficiencia.

Su política no evitó que Tanzania fuese uno de los países más pobres del planeta pero sirvió para cimentar la unidad de una nación dividida por antiguas querellas tribales mediante el desarrollo de la educación y la sanidad . Nyerere es para los tanzanos el " padre de la patria", el símbolo de la unidad que es ejemplo de convivencia entre religiones y etnias diferentes en la conflictiva región de los grandes lagos.
Cosechó importantes logros sociales en educación y sanidad (el 80 % de la población estaba alfabetizada y tenía acceso directo a los servicios sanitarios) pero demostró poca capacidad para impulsar propuestas económicas viables para Tanzania. El propio Nyerere haciendo gala de la honestidad y sinceridad que le atribuyen reconoció el fracaso de su proyecto colectivista diez años después "Tanzania no es ciertamente ni socialista ni autosuficiente".
La guerra contra Uganda en el 80 que acabó con Idi Amín , aceleró la ruina del país. La intervención fue aplaudida por la comunidad internacional quien incumplió su promesa de ayuda para sufragar los gastos causados por el conflicto.
Durante la guerra fría Nyerere supo mantener un difícil equilibrio entre los dos bloques, lo que le permitió recibir ayuda tanto de los Estados Unidos como de la U.R.S.S. , China o de los países escandinavos.
Fue el primer gobernante postcolonial que renunció al poder voluntariamente en 1985 por no querer someterse a los dictados del Fondo Monetario Internacional sobre la aplicación de las políticas de austeridad en cuanto a la inversión social que podían salvar el balance macroeconómico de su país. Ante las presiones del FMI, prefirió la dimisión:

"No he podido cumplir la misión que me había fijado: terminar con la pobreza, el hambre, la enfermedad; sólo la ignorancia ha sido vencida. Yo no puedo continuar dirigiendo un país que está obligado a mendigar su comida".
Este gesto le valió el respeto del pueblo tanzano que le reconoce la virtud, a diferencia de otros jefes de estado africanos, de no aprovecharse nunca de su cargo para enriquecerse personalmente. Dicen que volvió a su casa con una bicicleta y un viejo tractor.

En sus veinticinco años de gobierno Nyerere alcanzó una gran popularidad dentro y fuera de sus fronteras, como defensor tanto de los intereses de su país como de los demás estados africanos. Ha sido inspirador del panafricanismo, guía de los Países No Alineados durante la Guerra Fría y luchador contra el apartheid, apoyó a los movimientos de liberación como el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela. Soñó con un Estado Panafricano como respuesta a los retos internacionales del continente, pero tuvo que resignarse con una Organización para la Unidad Africana (OUA), de la que fue fundador en 1963 y que sólo tenía de unionista el nombre; todo su articulado tendía a preservar la continuidad de los Estados coloniales y de sus fronteras aberrantes, con el argumento mayoritario de que era preferible no tocar ninguna de las estructuras heredadas para no suscitar conflicto. De esta forma, los más destacados líderes anticoloniales aceptaban de buen agrado el reparto de África consumado en la Conferencia de Berlín, allá en 1885.
Tras su retirada de la política activa fue requerido por diversas organizaciones y Estados para arbitrar conflictos del África Central y del Este. Hasta su muerte Nyerere ha presidido las conversaciones de Paz en Arhusa, que tenían como objetivo poner fin al conflicto étnico en el vecino Burundi y que se encuentran ahora paralizadas.
Desde distintos foros internacionales, ha alertado a sus colegas estadistas sobre la equivocada suposición de que el Norte pueda ofrecer todas las soluciones a los problemas africanos y hasta el final ha levantado la bandera de la unidad y cooperación regional frente al afropesimismo que se ha extendido como una peste, tanto en el Occidente como en el mismo África. "Una vez que Nigeria se organice, tengo la impresión de que el papel que está desempeñando en África Occidental será igual al de Sudáfrica respecto a África del Sur. Es decir, una parte de los cimientos, un motor para el desarrollo", dijo Nyerere en uno de sus últimos discursos pronunciados en la sede del Banco Mundial.

En 1979 Tanzania fue invadida por las fuerzas militares ugandesas del presidente Idi Amin. Nyerere mandó contraatacar, expulso a las milicias extranjeras, y llegó a la capital, Kampala, derrocando a Amin.

Concedió especial importancia a la educación en su filosofía de la liberación, no sólo de la ocupación colonial sino también de la dependencia económica y cultural con respecto a los demás países, que es el único medio que permite edificar una identidad nacional auténtica en función de las necesidades males y de los objetivos sociales de Tanzania. Afirmó que el desarrollo social y político debía anclarse en las tradiciones aceptando al mismo tiempo los desafíos de la modernidad y que lo que tiene que hacer África no es decidir si cambia o no, sino cambiar o experimentar el cambio impuesto por la influencia de las fuerzas que escapan a nuestro control.
En 1986 abandonó voluntariamente el poder después de haber apoyado con valentía la lucha contra el apartheid, con el respaldo de Nelson Mandela, el otro "sabio de África". Se retiró a su pueblo natal de Boutiama, cultivó su pasión por el suajili (o swahili) que, en su opinión, creó las bases de la nación tanzana y amalgamó a tribus heterogéneas, lo cual no le impidió defender apasionadamente la causa de los países en desarrollo como Presidente de la Comisión del Sur y de la Fundación Nyerere.

En 1992 recibió el Premio Simón Bolívar junto con Aung San Suu Kyi y en esta ocasión declaró lo siguiente:
"Las innovaciones científicas y tecnológicas han convertido al mundo en UN mundo para lo bueno y lo malo. Los países están obligados a vivir juntos. Y la cuestión que se plantean ellos (y nosotros) es la de saber si nosotros y nuestras naciones queremos vivir en una comunidad mundial civilizada o en una serie de estados belicosos en los que reina la ley de la selva".

Beatificación
En el año 2005 la Iglesia Católica inició los trámites para su futura beatificación y canonización. Ya a la muerte de Nyerere, el cardenal Polycarp Pengo aseguró, en la homilía de su solemne funeral de Estado, que

“fue hijo de la Iglesia y tendrá su lugar en el Paraíso”

El inicio del proceso de beatificación se celebró el 21 de enero, aniversario del matrimonio entre Julius y Maria Nyerere. El proceso del Siervo de Dios está bajo la dirección del obispo de Musoma y el postulador de la causa es el padre Wojciech Koscielniak. El padre John Civille, de la arquidiócesis de Cincinnati, Ohio, y el padre Laurenti Magesa son los dos teólogos censores que colaboran en el proceso.

Entre las frases memorables de Nyerere, una de las más bellas es:

“Desearía encender una candela y ponerla en la cumbre del monte Kilimanjaro para que ilumine hasta más allá de nuestras fronteras, dando esperanza a los que están desesperados, poniendo amor donde hay odio, y dignidad donde antes sólo había humillación”

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La FAO y la crisis alimentaria

La producción de soja, trigo, maíz, arroz y cebada arrojaba en 1946 una suma de 375 millones de toneladas en el mundo. El público [población] era de 2,3 mil millones de personas. El mundo cuenta hoy con 6,6 mil millones de habitantes, pero, aunque la producción de los principales granos del mundo creció hasta los 2170 millones de toneladas, no alcanza. Así lo estima la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas. Y es por ello que organizó una cumbre cuyos ejes serán, hoy, el desafío de la seguridad alimentaria en el planeta, los efectos del cambio climático y la aparición de los biocombustibles.
Según documentos de la FAO, sólo en países como la Argentina, Brasil, Paraguay o Angola, por citar algunos ejemplos, poseen la posiblidad de expandir su frontera agrícola. En el caso argentino, existe un plus: el conocimiento de la ingeniería agrícola y la inversión histórica en el campo. Los conceptos no se minimizan por la coyuntura nacional, sino que marcan la necesidad de reconducir la crisis.
La inflación que sufrieron los precios de los alimentos en los últimos tiempos será uno de los temas conflictivos. Ayer, Cristina Kirchner y Lula coincidieron en que la responsabilidad debe caberles a “los países que ponen trabas”. Mas claro: a Europa y los Estados Unidos, que subsidian su producción agrícola. Esto, según los líderes de la Argentina y Brasil, genera inflación.
En algo parecen todos de acuerdo: la inflación del costo alimentario genera serios problemas en los países subdesarrollados o pobres. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo ayer a Cristina Kirchner que pedirá más inversión internacional en alimentos.

(La Nación, 3-6-08)

Intelectuales proponen un acuerdo por el Bicentenario


Un grupo de intelectuales, nucleados en el Foro del Bicentenario, emitió documento planteando sus inquietudes de cara al 200 aniversario de la Revolución de Mayo, que se cumple en dos años. Plantean:

“Vivir reconciliados en un proyecto común de coexistencia política. Respetar plenamente la Constitución. Rechazar todo proyecto hegemónico y desechar el sectarismo y la intolerancia”.
“Administrar el Estado con decencia y en función del bien común. Debe ser profesional y transparente, con funcionarios que ingresen por concurso”.
“Asegurar la independencia de poderes. Los órganos de control deben cumplir su tarea sin condicionamientos. Asegurar la libertad de prensa.
“Garantizar la igualdad de oportunidades en las elecciones. Fortalecer los partidos. Regular en forma ecuánime la distribución de los recursos del Estado. Garantizar la neutralidad del Estado en el proceso. Rechazar como indigna la manipulación de la pobreza con fines electorales”.
“Reducir la pobreza y la exclusión con medidas profundas, que estimulen el trabajo”.
“Avanzar hacia una comunidad segura, libre de amenazas, respetuosa con el prójimo. Enseñar a obedecer la ley, combatir la delincuencia y garantizar los derechos de los habitantes”.
“Elevar la calidad de vida, proteger la salud, defender y promover nuestro patrimonio y preservar el ambiente. Restablecer (…) una jubilación que garantice los derechos adquiridos”.
“Sostener un sistema educativo orientado hacia la excelencia y la integración social. Valorar el conocimiento, la tecnología y la ciencia. Mas escuelas, mas horas de clase, docentes bien pagos y mejor entrenados”.
“La economía debe ser libre e integrada al mundo. El sector privado debe ocuparse de producir. El Estado debe actuar con prudencia fiscal, defender al consumidor, promover la competencia, regular servicios públicos, proveer estadísticas confiables e incentivar las fuerzas creativas. Respetar los contratos”.
“Recuperar su prestigio, influencia y credibilidad internacional. La política internacional debe asumirse como una política de Estado que interprete, sin partidismos y con consenso interior, los intereses estratégicos de la Argentina en el mundo”.

El documento, que empezó a ser debatido el año pasado, lleva la firma de Marcos Aguinis, Rene Palestra, Felipe de la Balze, Rosendo Fraga, Maria Angélica Gelli, Mariano Grondona, Juan Archibaldo Lanas, Feliz Luna, Avelino Porto, Daniel Sabsay, Maria Sáenz Quesada y Horacio Sanguinetti.

(Clarín, 25-5-08)

El compromiso político de los cristianos


Monseñor Héctor Aguer


Buenas noches a todos y quiero agradecer esta invitación que me honra, se me ha pedido que hable sobre el Compromiso Político de los Cristianos, y yo quisiera introducir allí un sustantivo, el compromiso político de los laicos Cristianos, y quiero subrayar la noción de Laicos porque me parece que aquí esta la clave de la cuestión, se podría esbozar una historia de la participación de los Laicos Cristianos en la realidad política de los Estados, a lo largo del tiempo, allí donde les ha tocado vivir, en las distintas culturas y con los regimenes institucionales mas diversos, pero hay una historia reciente si se quiere que tiene que ver con una cierta promoción del Laicado, una realidad propia de la eclesiologia del siglo XX , de la nueva conciencia de la Iglesia que surge a lo largo del siglo XX. Los antecedentes de la situación actual están en por ejemplo en el pontificado de los Papas Pío XI y Pío XII, Pío XI con la Acción Católica, La Acción Católica según la inspiración original de Pío XI ofrecía a los Laicos un a escuela de formación en orden a que ellos fueran apóstoles en el lugar de su trabajo y de su compromiso temporal algo que no siempre ha sido comprendido y tenido en cuenta, en cuanto a lo de Pío XII su obra magisterial y sus orientaciones pastorales han sido las que prepararon la concepción sobre el papel de los laicos en el Vaticano Segundo, basta mirar los documentos del concilio, el papa mas citado es evidentemente Pío XII, es allí entonces donde se va perfilando la idea de una Misión propia de los Laicos en el orden temporal de tal modo que el Concilio Vaticano Segundo, puede decir que la misión de los Laicos consiste en consagrar el mundo a Dios, pero consagrar el mundo a Dios, eso supone que el laico católico bien conciente de que su consagración por el Bautismo no es algo que el debe usufructuar simplemente en lo más recóndito de su presencia o en el circulo participado de sus parientes o sus amigos, sino que tiene que volcarse a una consagración del mundo. Esto es algo que no es fácilmente comprendido incluso por aquellos laicos que tienen una participación muy activa en la vida de la iglesia, yo esto lo expreso a veces de una manera brutal, digo y a muchos no le gusta oírlo, el lugar del laico Católico no es la Sacristía sino el mundo, pero ocurre que en las ultimas décadas muchos laicos están contentos de meterse en la Sacristía y entonces eso muestra el mundo desprovisto de la presencia de Católicos, están allí pero nadie sabe que lo son y ellos no hacen demasiado por mostrarse tales, entonces el mundo va por donde va, pero que posibilidad tiene la iglesia, de hacerse presente en el seno de las realidades temporales sino es a través de los laicos, más aun, ocurre que el laicos que no advierte en este sentido de su misión, pretende que los obispos la cumplamos, y nos demandan muchas veces porque no hablamos de esto, de aquello, porque no hacemos tal o cual gestión que debieran hacer ellos, y primero debieran hablar ellos, no los Obispos, a nosotros nos corresponde enseñar magisterialmente, nos corresponde orientar, animar y sobre todo fortalecer la vida en comunión con Cristo, en el orden sacramental y en la dirección espiritual, pero no para reemplazar el papel imprescindible de los laicos en el seno de la Sociedad temporal, voy a referirme en todo caso para que no exponga yo aquí mis propias ideas, si pero lo que enseña el Magisterio de la iglesia a tres momentos recientes de orientación que la Santa Sede ha hecho respecto al papel de los laicos, como proemio quiero recordar esto, el concepto mismo de laico, etimológicamente el laico es el miembro del pueblo de Dios, en la palabra laico hay una raíz griega que significa pueblo, miembro del pueblo Santo de Dios, muchas veces se ha ofrecido un definición negativa del laicado, laico es el que no es sacerdote ni religioso, pero habría que ser al revés, el Sacerdote o el religioso es un laico que luego ha recibido una vocación especial, pero el punto de partida de toda la realidad eclesial lo constituye el laicado, y el Orden Sacerdotal esta al servicio del laicado para que el laicado pueda cumplir la Masón que corresponde en el mundo, yo no niego que halla laicos, y cuando digo laicos digo laicas también obviamente, yo no niego que halla laicos o laicas que se sientan llamados a una participación activa en la vida de la iglesia a dintra, y eso es necesario también, gracias a Dios que contamos con ellos, en la Catequesis, en la enseñanza, en otros servicios intraeclesiales pero me parece que la intención del Magisterio en la época moderna, es subrayar precisamente el papel de los laicos en la vida temporal de los pueblos, porque esa es la única presencia real de la Iglesia en la entraña de los problemas humanos, entonces me voy a referir a tres momentos de esta enseñanza del Magisterio sobre el papel del laicado.
La primera, la exhortación del Papa Juan Pablo II que se refiere precisamente a las misión de los fieles laicos, Christi Fidelis Laichi, donde el Papa dice que la Misión del laicado, es animar cristianamente el orden temporal, aquella otra formula que dice el Concilio, consagrar el mundo a Dios, aquí se concreta en este concepto, animar Cristianamente el orden temporal, la idea de animar trae a colación el concepto de alma, y hay un viejo documento del siglo II, La Carta de Omneto que dice precisamente esto, estamos pensando en la decadencia del Imperio Romano y en un Cristianismo creciente, dice que los Cristianos son al mundo lo que el alma es al cuerpo, ellos están en Ciudades Romanas o Bárbaras y no se distinguen por la ropa que visten ni por el lenguaje que hablan, sino por su estilo de vida, y así fue como transformaron la antigüedad en una cristiandad, bueno esa idea esta presente en esta descripción de la misión del laicado como animación cristiana del orden temporal, de tal modo que esto les exige a los fieles laicos la participación en la vida política, y lo dice el Papa Juan Pablo II en términos muy fuertes, los fieles laicos de ningún modo pueden aplicar de la participación en la política, pero aquí hay un concepto muy particular de política que también es importante notar, es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común, aquí hay una descripción muy notable de lo que es política en el sentido de la gran tradición occidental, de la Polis Griega, de ahí viene la palabra política precisamente, podríamos usar otro concepto abarcador y equivalente que es el concepto de cultura, y el Papa Juan Pablo II en otros documentos ha insistido mucho en esto, en el papel de los laicos en la evangelización de la cultura, o en la inculturacion del evangelio, cuando Juan Pablo II habla aquí, de la acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, este ultimo adjetivo puede ser el que engloba todo lo demás, entonces cuidemos de no proyectar sobre este tema, de la Participación Política de los Cristianos, o el Compromiso Político de los Cristianos la idea degradada de política que es la que tiene vigencia en la Argentina de hoy, aquí hay poca y mala política, todos creen que hay mucha política, existe una indebida y fatal politización que no es lo mismo, lo que falta aquí es política verdadera, y falta política verdadera no solo en los gobernantes y en los dirigentes, sino en la masa del pueblo también, entonces aquí el problema principal es el problema cultural, cual es la presencia de los Cristianos en la cultura de la Nación, en aquellos centros donde se gestan las nuevas vigencias culturales, donde se van determinando los cambios de la sociedad es allí donde la iglesia no puede hacerse presente más que por medio de los laicos, bueno la política en todo caso para pensar siempre con la mente en los antiguos, es el momento mas noble de la presencia cristiana en el orden cultural, para los antiguos la política era lo mas noble que había, parece mentira que hoy nosotros tengamos que registrar como un fenómeno el hecho de que mucha gente digna, inteligente, honesta, que muchos jóvenes que tienen inquietudes y demás abominen de una participación política porque no quieren mezclarse precisamente con esta realidad degradada de la política actual, y eso también lo hace notar el Papa Juan Pablo II, los laicos, insiste, tienen el derecho y el deber de participar en la política, y escuchen este párrafo: “Las acusaciones de arrivismo, de idolatría del poder, de egoísmo y corrupción que con frecuencia son dirigidas a los hombres de gobierno, del Parlamento, de la Clase dominante, del partido político, como también la difundida opinión que la política sea un lugar de necesario peligro moral, no justifican lo más mínimo ni la ausencia ni el escepticismo de los Cristiano en relación con la cosa publica, porque lo que esta en juego es la cosa publica, aquí hay otro vicio argentino ancestral, lo publico no es de nadie, entonces la cosa publica no existe, la cosa publica somos nosotros mismos, es la tradición de las costumbres, son nuestras instituciones, es la realidad concreta y palpitante de la vida social y de eso un laico Cristiano tiene que sentirse responsable, y ahí hay otro concepto en el cual el Magisterio insiste muchísimo, Juan Pablo II lo apuñaba así “Todos somos responsables de todos”, aquí ustedes se dan cuenta que es necesario una reconversión de pensamientos y de sentimientos, la superación de hábitos muy arraigados, para llegar a una nueva percepción de la necesidad de este compromiso, que no debe ser algo arrebatado, sino que supone un aprendizaje, un adiestramiento, una especie de escuela de re educación para la moral política, para la referencia a las cosa publica, bueno y en este texto, Juan Pablo II enumera criterios básicos de la consecución del bien común,. Que tiene que ver con la libre y responsable aceptación de las personas individualmente o asociadas, el advertir que la comunidad política existe en función del bien común, es algo que no es realmente no es reconocido de un ,modo espontáneo, la comunidad política existe en función del bien común, y el bien común supone una serie de condiciones de la vida social que permitan a cada una de las personas de los miembros de una comunidad y a todas sus instituciones alcanzar de un modo mas fácil y seguro su propia perfección, y aquí la política parece impostada en otros términos, y llevada adelante con otros criterios, se trata de la referencia necesaria al bien común, y ese es el criterio básico, el rumbo es la defensa y promoción de la justicia dice el Papa, entendida como virtud, como fuerza moral, justicia digamos, en un sentido emblemario, esto es no, no solo la justicia conmutativa, la relación entre las personas, y muchas veces por referencia a cosas materiales e inmediatas sino, la justicia como relaciones variadas en el cuerpo de la sociedad, también la justicia que cada uno de los miembros de la comunidad le debe a la comunidad en cuanto tal, y la comunidad en cuanto tal a cada uno de los miembros, especialmente a los mas indefensos, a los mas necesitados, eso es una dinámica de la justicia, la que debe ponerse en juego o como finalidad de la comunidad política, y termina el Papa Juan Pablo diciendo que el ejercicio del poder político eso lo puede alcanzar su fin y su referencia al bien común y cumplirlo con espíritu de servicio, unido a la necesaria competencia y eficiencia, ese espíritu de servicio es lo único que puede hacer transparente o limpia la actividad de los hombres políticos y les puede hacer superar entonces algunas tentaciones que son ancestrales también en la política de todos los países y de todos los tiempos, pero que es necesario enfrentar con espíritu virtuoso. Bueno pues en este sentido, entonces, el Papa Juan Pablo II nos ha mostrado que la Iglesia necesita de un compromiso de los laicos en el orden cultural concretamente en aquel nivel más alto del compromiso cultural que es la actividad política en cuanto tal. Ahora bien, como podríamos perfilar mejor este compromiso, el Papa Benedicto XVI en su primer Encíclica recuerda que esa aspiración a establecer un orden justo en la sociedad es la tarea especifica en la justicia y que para que ese orden de justicia pueda verificarse realmente es imprescindible que la sociedad sea presidida por un logs, por una razón moral, y allí inserta la acción y la función de la iglesia. Cual seria el aporte que la iglesia puede hacer para establecer un orden justo en la sociedad actual, el Papa habla de dos funciones de la iglesia, uno que ella ejerce de un modo mediato y esta pensando en la jerarquía de la iglesia, de los pastores de la iglesia, y sobre todo en la enseñanza de la iglesia en materia social, esta acción mediata de la iglesia consiste en una purificación de la razón, porque la iglesia tiene que recordar incesantemente que la justicia es del orden moral, no es un acomodo comentario que tiene que ver con el clientelismo, con la dadiva, sino que es la razón de ser de la comunidad política, de tal manera que mantenerse en el nivel ético que corresponde la consecución de la política exige ante todo una purificación continua de la razón y en esta encíclica “Deus Caritas” es, en cinco oportunidades a mi me ha llamado la atención este texto, en cinco oportunidades el Papa habla de esta función de purificación de la razón, por que, porque la razón puede empantanarse en la ceguera ética que deriva de la preponderancia, del interés y del poder que la deslumbran, y es un peligro que nunca se puede descartar totalmente, entonces, la iglesia tiene sobretodo con su magisterio y la orientación de los pastores recordar continuamente la característica ética de la justicia y eventualmente también denunciar cuando la justicia es enmascarada o negada, dice: “La política y la Fe se encuentran precisamente en esta tarea de purificación de la razón”pero la razón hay que pensar la razón social, es decir, el logs que preside el ordenamiento concreto de una sociedad, dice: “Es una fuerza purificadora la Fe para la razón misma” a partir de la perspectiva de Dios, la libera de su ceguera y la ayuda así a ser mejor ella misma, y este es el aporte que la iglesia puede hacer, y que el laicado debe asumir y convertirse en eco de esa orientación pastoral.
La iglesia desea simplemente contribuir a la purificación de la razón y aportar su propia ayuda para lo que es justo aquí y ahora pueda ser reconocido y puesto es practica, y esta es la función de la iglesia a través de su doctrina social, a través de su enseñanza social, esta es la función mediata, de modo que a los obispos, a los pastores de la iglesia no nos corresponde asumir concretamente los compromisos políticos, este año pasado hemos tenido un caso aquí en la Argentina, yo creo que ha sido un caso equivocado, ha sido un equivoco, y que muestra el desamparo político de la Nación, porque no corresponde a los pastores de la iglesia hacerse candidatos, nuestra función es precisamente mediata, es decir, ayudar a una purificación de la razón, y si lo pensamos bien se puede hacer mucho mas desde la cátedra que desde la tribuna, o desde una banca. Pero también la iglesia ejerce una función inmediata en esta tarea de conseguir la justicia en la sociedad, y dice el Papa Benedicto XVI, el deber inmediato de actuar a favor de un orden justo en la sociedad es propio de los fieles laicos, y esta distinción entre la acción mediata de la iglesia y la acción inmediata es muy importante, porque lo que el Papa esta suponiendo es que todos comprendemos muy bien que los laicos son tan miembros de la iglesia como los obispos, y que entonces la iglesia tiene esta doble función que una ejerce a través de sus pastores y otra ejerce a través de su cuerpo laical, y cual es esta misión en todo caso, es configurar rectamente la vida social respetando su legitima autonomía y cooperando con los otros ciudadanos según las respectivas competencias y bajo su propia responsabilidad, aquí hay otra cosa, mucha veces ha habido gente que quiere participar de la vida política, pero quiere el respaldo de los Obispos, no corresponde eso, quiere hacer en el fondo Política Clerical, no es el caso, hay una responsabilidad propia de los laicos, que los laicos escuchen a los pastores esta muy bien, pero esta relación entre la función mediata e inmediata de la iglesia respecto del orden de la sociedad, quedaría alterada si los laicos no se hacen cargo de su propia responsabilidad, y respecto precisamente de la Doctrino Social de la Iglesia, el drama es este, nunca como hoy la iglesia había perfilado un cuerpo de Doctrina Social que abarca todas las dimensiones de la realidad, porque en primer lugar se afirma claramente la centralizad de la persona humana, de su dignidad, de sus derechos, el papel de la familia, una visión orgánica de la sociedad, subrayando la importancia de las asociaciones más allá de aquel ordenamiento liberal que hacia de cada ciudadano un individuo frente al Estado, no, el individuo mejor dicho la persona se integra en la vida social normalmente a través de sociedades, la primera de las cuales es la familia, y las agrupaciones de familia y las otras instituciones de la vida social, que hacen rica y orgánica precisamente esa vida social, pues tenemos una doctrina sobre el orden económico que no es la dogmática económica vigente según las modas, las épocas, o la fama de determinadas universidades, sino que tiene que ver con este principio fundamental con la actividad económica es una actividad moral, lo mismo tenemos una doctrina acerca de la constitución del Estado, de las formas de gobierno y demás. Nunca como hoy ha habido una riqueza tal de doctrinas, pero esa doctrina de la Iglesia mucha gente la reconoce como un aporte valioso, interesante, y muchos se hacen lenguas de alabarla, pero yo creo que nunca se ha puesto en practica, a no ser de un modo muy parcial y momentáneo, porque, la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia, no es una función propia de la jerarquía de la iglesia, sino del laicado a través de mediaciones científicas y técnicas que vayan haciendo descender esos principios, Juan Pablo II decía que la Doctrina Social de la iglesia es teología, es una visión de las cosas temporales desde la luz de Dios, y es teología moral decía, porque esta subrayando precisamente a la naturaleza ética de la actividad temporal y de la justicia, entonces se trata de principios, pero no principios estratosféricos que flotan sobre la realidad y no tienen que ver con ella,. Sino son los principios que iluminan y alientan la marcha de las cosas, ahora son necesarias mediaciones científicas y técnicas para que esta pueda ser aplicada y va descendiendo analógicamente en distintos grados de realización, hasta el programa político completo que no es el resorte de la Jerarquía de la iglesia, no tiene porque comprometer a la iglesia, en este sentido, podemos descartar la necesidad de que halla un partido Católico, no tiene por que haber un partido Católico, por otra parte no se puede hacer una deducción unívoca de la Doctrina Social de la Iglesia a una determinada formula en el momento concreto, pero allí entra a jugar la libertad y responsabilidad de los laicos, ahora bien, como se procede, se procede si el laicado lejos de ser una masa informe se hace conciente de su responsabilidad y a través de sus propias instituciones comienza a pensar y a proponer distintas aproximaciones a esa realización de la doctrina Social, pienso concretamente en la función de las Universidades Católicas, que no han s ido creadas para producir, Chicago Bay o para dar dirigente al partido tal o cual, o al gobierno militar de turno, pienso en las otras instituciones, colegios o corporaciones profesionales y demás, y a todo aquello que hace a la vida concreta de la sociedad, bueno, pues es allí donde deben elaborarse los proyectos, en la encíclica”Populorium Progresium”, el Papa Pablo VI, decía que un modelo de país no puede ser producido por una fuerza hegemónica, o por un partido, tiene que ser el resultado del diálogos y de la confrontación de las distintas fuerzas sociales, donde todos aportan su visión de las cosas. Tiene que haber gente que lo haga, que se haga cargo de eso, y aquí hay algo que si se quiere es mas delicado todavía, que tiene que ver con una educación para la vida social, es algo que esta faltando en la Argentina, cuando digo educación para la vida social, estoy pensando, en que no solo los fieles laicos, sino también personas que no pertenecen a la iglesia, que no son Cristianos pero que quieren vivir en paz y aportar algo a la sociedad, tienen que hacerse cargo que de ellos depende el futuro de la sociedad, aquí muchas veces se ha recordado, aquella sentencia fatal, que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, bueno, es parcialmente verdad, se podría hablar mucho sobre eso, pero es parcialmente verdad, en la Biblia uno advierte, sobre todo en el Antiguo Testamento, en el Israel del Antiguo Testamento, tiene en vigencia un principio que se llama de la personalidad corporativa, que se ha dado también en la historia Cristiana, sobre todo también en la monarquía cristiana, es decir, entre el Gobernante y el pueblo, entre el príncipe y los súbditos existe una referencia reciproca constante, de donde salen los gobernantes, sobre todo en un régimen republicano o democrático de donde salen los gobernantes si no es del pueblo, de donde salen los dirigentes de la sociedad si no es del pueblo, y si no hay una base muy amplia de gente que se hace conciente de su papel de ciudadano, es muy difícil que halla dirigente que puedan conducirlas bien, esto es lo que hace falta todavía, y en el ámbito católico digo expresamente respecto de la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia, que quedara sino durmiendo en estos magníficos Documentos para que alguno cada tanto y otros estén todos de acuerdo y aplaudan, pero las cosas sigan igual, aquí hay algo que tiene que ver con la inteligencia y con la voluntad, y la tercera orientación mas reciente que yo quisiera mencionar, tiene que ver con un documento de la congregación para la Doctrina de la Fe del año 2002 sobre precisamente el compromiso político de los Cristianos donde hacia hincapié sobre algunas cuestiones fundamentales hoy día, en la oportunidad del documento tiene que ver con esta especie de crisis de la Civilización occidental y de un modo más preciso, con la situación Europea, es decir, con esa reticencia tan fuerte en la Constitución actual de la Unión Europea a reconocer las raíces Cristiana de Europa y eso es nada más que el punto de llegada de una serie de fenómenos culturales que se expresan como una especie de rechazo a la cosmovisión Cristiana, el Papa Benedicto XVI en la Exhortación Apostolica “Sacramentus Caritatis “ que acaba de salir retoma precisamente esa enseñanza de la congregación para la Doctrina de la Fe y habla de la coherencia de vida del Cristiano, en este párrafo, el Papa utiliza esta expresión: Coherencia Eucarística, que yo traduzco así, la gente que va a misa, se confiesa, comulga que reza, como es posible que después se comporte de una manera tan diversa, por no hablar de este drama Argentino, que aquí todos somos bautizados en la Iglesia Católica, el 85 %,aquí a misa va el 6 o 7%, así que ni siquiera este reproche papal le podemos endilgar, pero con mayor razón imagínense ustedes que desaguisados harán cuando se meten en política, si ustedes le preguntan, la mayor parte, hoy quizás no tanto, a la mayor parte de los políticos no les gustaría tener una posición publica tan anticatólica porque sieguen pensando que sigue el voto católico en nuestro triste país, pero lo de la coherencia eucarística es verdad, volvemos a mi planteo inicial, se trata de la vocación de los laicos en cuanto miembros del pueblo de Dios, entonces no se puede hacer una separación tal entre la vida cristiana persona, mi cumplimiento digamos así de los preceptos religiosos, o mis seguimientos, de la fe y de las normas morales de la Iglesia, y por otro lado la conducta publica, sea en las instituciones, sea en la vida política partidaria. Entonces aquí hay una cuestión de coherencia que es fundamental, y el Papa lo refiere a los graves problemas que se están dando en todo el ,mundo y que son una de las características mas siniestras de eso que se llama globalización. Yo quiero leer este párrafo, añadiendo mi comentario porque me parece muy elocuente, dice Benedicto XVI, “Es importante notar que la coherencia Eucarística a la cual esta llamada objetivamente nuestra vida, tiene que ver con el culto agradable a Dios, que nunca es un acto meramente privado sin consecuencias en nuestras relaciones sociales, al contrario, exige el testimonio publico de la propia fe, testimonio publico de la propia fe, pero fíjense las agachadas que se cometen cotidianamente, para no quedar descolocados precisamente porque uno aparece como Católico, no se trata de exhibir una camiseta, se trata simplemente de pensar como católico y aplicar coherentemente ese pensamiento, obviamente esto vale para todos los bautizados pero tiene una importancia particular para quienes por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas, estos valores no son negociables. Estas son palabras muy fuertes y fíjense ustedes lo que esta ocurriendo aquí en la argentina, como estamos en el lejano sur, siempre el eco de las bondades o de las maldades llega con retraso, a pesar de la rapidez de las comunicaciones llega con retraso, pero ahora el Congreso de la Nación, la Legislatura Provincial, y aun desbordadamente ciertos Consejos Deliberantes se ponen a dar normas sobre todas las realidades humanas, y lo que están haciendo es poniendo las bases de una destrucción sistemática del orden natural con leyes inicuas, ante las cuales parece que nadie tiene nada que decir, se votan casi sin discusión, en los cuerpos legislativos y son muy pocos los que dan testimonio de su fe si la tienen, pues aquí se juega algo fundamental, valores no negociables dice el Papa, el problema que hay es una gran falta de conocimiento de estas cosas, la gran falta de pertenencia concreta a la vida de la Iglesia, gente que se llama Cristiana, que se llama católica, pero que no lo es, o que incluso objetivamente lo ha dicho por ejemplo el ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires dice, yo como Católico respeto la opinión de la Iglesia pero no estoy de acuerdo, es una contradicción, si un Judío, o un Musulmán, un agnóstico me dice yo respeto la opinión de la Iglesia pero no estoy de acuerdo, yo le digo, lo felicito, es usted un hombre de bien, pero la opinión de la Iglesia son la Doctrina sobre estos valores no negociables, así estamos arruinados como ustedes comprenden, y sigue el Papa: “Así es pues los políticos y los Legisladores católicos concientes de su grave responsabilidad social deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia”, acá lo propone como un deber de conciencia, rectamente formada, para formar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana, a este nivel ínfimo hemos llegado, que la leyes no vayan en contra de valores fundamentales de la naturaleza humana, para decirlo con términos de Juan XXIII en la Encíclica “Pacem in terris” habría que decir que esas leyes no son leyes, son abusos legislativos, el Papa siguiendo la Doctrina de Santo Tomas dice precisamente eso, no tienen derecho los legisladores a legislar en contra del orden natural, entonces es un abuso de autoridad, pero acá estamos acostumbrados, y no solo que nos prepotean, además que si uno llega a decir esa es una ley inicua uno se con vierte en un troglodita, en un monstruo o en un fanático religioso, como me dijo a mi el Ministro de Salud de la Nación, un fanático religioso, esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía, dice el papa, pero claro para eso hay que saber de que se trata hay que saber que es la Eucaristía y uno tiene que vivir como un cristiano, los obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores, ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado, aquí entonces estamos concretando algo, muy particular acerca de la responsabilidad política de los católicos, ahora estamos en una situación muy embarazosa porque la Argentina tiene además una tradición muy negativa en este sentido, yo comparo a veces la situación actual con lo que ocurría a fines del siglo XIX, en las dos ultimas décadas del siglo XIX sobre todo en los años ´80 de aquel siglo, se libro en la Argentina un verdadero cultur cam, que tenia su eco en los problemas Europeos pero que aquí se manifestó alrededor de la concepción de la familia y el ordenamiento jurídico de la familia y la educación. Si uno lee los debates en el Congreso de la Nación sobre la famosa ley 1420, y esto era otro mundo, era otro país, fue un debate inteligente, había allí un laicado, pequeño en numero pero de una gran calidad intelectual y moral que libraron una batalla en la que resultaron vencidos pero con una gran dignidad, aquel debate fue un gran debate de ideas y además visto con mucha perspicacia, en los Católicos argentinos de aquella época piensen en Goyena, Estrada, Achabal Rodríguez, Pizarro y tantos otros, no que recibían los influjos de la Europa de entonces, plantearon el problema de la educación es términos de libertad de conciencia, ha sido una cosa avanzadísima, esta ley de educación nacional que se ha votado hace muy poco, se voto sin debate, no se debatió, hubo una consulta muy parcial y todo se arreglo en las comisiones, no hubo discursos, bueno en aquella época había un laicado que tenia una presencia en la vida política nacional, hoy día no existe, mejor dicho no existe un laicado de ningún modo, existen laicos sueltos, pero no existe un laicado, y mucho menos aquellos que puedan representar esa posición, que no es una posición convencional, resulta que hoy día la Iglesia es la que defiende los valores humanos, los valores de la naturaleza humana, pero aquí se da como una especie de soga que es la de los preámbulos de la fe, aquí no se trata de defender las verdades de la fe, se trata de defender sus preámbulos.

Aquí es donde hoy día se plantea el compromiso político de los católicos, es una cuestión de renovación de la inteligencia del Laicado Católico y de coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace, y luego también yo diría es un problema de concordia, este es otro problema muy serio, ancestral en la Argentina, es un país que ha vivido siempre en guerra civil, por medios cruentos o incruentos, y la dificultad mas grande que tenemos es la de la discordia, y esa discordia que es una especie de carácter nacional se mete también en las filas católicas, y mientras no se supere eso va a ser muy difícil ofrecer una solución concreta para os males argentinos, si uno pinta las cosas así, después de todo yo he presentado un panorama en cierto modo ideal, ideal pero posible, puede no digo atacarnos en escepticismo al cual hacia alusión aquí Juan Pablo II pero si una cierta falta de confianza,¿podremos hacer algo efectivamente? Porque las reiteradas frustraciones argentinas pueden inducir precisamente a una especie de fatiga, que en el fondo nos paraliza en la negligencia, y aquí tiene que ayudarnos la fuerza trascendente de la esperanza, hay algo por lo cual vale la pena vivir, trabajar, luchar y morir si es preciso, son en primer lugar las realidades del orden de la fe y de la salvación, pero son también las realidades entrañables de la familia y de la patria.
(Fundacion Adenauer)